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XXIII BIENAL DE ARTE PAIZ: UNA POSIBILIDAD DE VIDAS EN COMÚN

Producir e inaugurar una Bienal de arte contemporáneo en un país como Guatemala siempre es una tarea difícil y de gran resistencia. Desde su primera edición en 1978, justo en el centro de un conflicto armado interno que duró 36 años, la Bienal ha tenido retos que enfrentar en cada una de sus ediciones. Ya sea la inestabilidad política del país, la realidad de una población que en su mayoría no ha tenido un acercamiento al arte porque el gobierno no lo considera una prioridad, o bien la pandemia de Covid-19, que obligó a la XXII edición a retrasarse un año y posponer toda su ejecución para inaugurar con estrictas medidas sanitarias, e hizo imposible recibir a un público internacional e inclusive a los mismos artistas participantes.

Esta XXIII edición de la Bienal de Arte Paiz de Guatemala no fue la excepción y hubo un agitado contexto alrededor de la inauguración el pasado 14 de julio. Por un lado, el país enfrentaba la amenaza de un golpe a la democracia organizado por el oficialismo para cancelar el partido político de oposición que de manera democrática logró llegar a la segunda vuelta electoral que sucederá el 20 de agosto en el país. Por otro lado, la excusa de la Bienal provocó en el medio artístico local una efervescencia de gran colaboración entre sectores culturales que antes no habían logrado articular una verdadera escena artística guatemalteca. ¿Estaremos viviendo una segunda primavera?

Haber conseguido que un partido de oposición totalmente nuevo alcanzara la suficiente cantidad de votos para enfrentar a un partido de la vieja política es un acto sin precedentes y, al mismo tiempo, una esperanza para una población cansada de la corrupción en el país. El día de la inauguración de la Bienal, las calles estaban llenas de manifestaciones frente al Ministerio Público, el Tribunal Supremo Electoral y la Plaza Central. En las redes sociales se compartían convocatorias a más manifestaciones durante el fin de semana, y la incertidumbre del futuro de Guatemala estaba en boca de todos.

Al mismo tiempo, las galerías de arte de la ciudad inauguraron exposiciones dentro del calendario de la Bienal, los centros culturales tenían carteleras activas con conversatorios y conciertos durante esos mismos días, las calles estaban llenas de público que iba trasladándose de inauguración a inauguración, los centros gastronómicos recibieron comensales buscando lo mejor de la nueva cocina guatemalteca, la prensa internacional y los artistas invitados por la Bienal intercambiaron con los demás agentes y curadores del medio, algunos artistas abrieron sus estudios al público, e incluso se organizó en colaboración con muchas de las galerías de la ciudad La Licuadora, una fiesta para celebrar a la bienal y todos los esfuerzos de una comunidad artística que parecía más unida que nunca, todos beneficiándose de una energía imparable que en los últimos años ha puesto a Guatemala en el mapa del arte internacional.

Colectivo Tz’aqaat [Cheen (Cortez) y Manuel Chavajay], «Kawoq», 2023. Videoperformance, 3´10´´. Foto: Josué Samol.

En ese marco, inauguró la Bienal de Arte Paiz como un evento artístico que invita al público a reflexionar sobre temas globales que afectan la vida de comunidades marginalizadas, de violencias sistemáticas hacia la tierra, el territorio, el cuerpo, la cultura y la colectividad, cuestionando si es posible imaginar un futuro de posibilidades y vidas en común.

Bajo la curaduría de Francine Birbragher-Rozencwaig y Juan Canela, junto a la asamblea curatorial conformada por Minia Biabiany, Marilyn Boror Bor, Duen Neka’hen Sacchi y Juana Valdés, la bienal se extiende por cinco sedes, tres en Ciudad de Guatemala y dos en Antigua Guatemala, una ciudad colonial a 30 kilómetros de la ciudad capital. El título de la Bienal, bebí palabras sumergidas en sueños, es un verso del poema Nací Mujer de la poeta Maya Cú, cuya poesía se despliega por todas las sedes.

Una decisión administrativa que llama la atención de esta edición es su fecha de cierre, que la limita a estar abierta al público solo por 15 días. La decisión hace cuestionar si vale la pena la inversión que la Fundación hace en reunir a tantos artistas y sus obras, comunicar a la comunidad internacional de la apertura, y convocar al público local a vincularse con la bienal de manera cotidiana. Sin embargo, llego a pensar que esta misma limitante de tiempo fue lo que propició la dinámica paralela del resto de espacios, que aprovecharon la plataforma de la Bienal para su agenda.

Lourdes de la Riva, “La antimaqueta”, 2023. Instalación con vigas y parales de madera de 1870 intervenidos por las termitas, espejos, estructura de metal, madera, tela negra y pintura, 190 x 350 x 300 cm. Foto: Karen Bethancourt/Byron Mármol. Cortesía de Fundación Paiz.
Lourdes de la Riva, «Caligrafía de la destrucción», 2022. Instalación con maderas de 1870 intervenidas por termitas, 150 x 60 x 100 cm. Karen Bethancourt/Byron Mármol. Cortesía de Fundación Paiz.
Lourdes de la Riva, "Caligrafía de la destrucción", 2022. Instalación con maderas de 1870 intervenidas por termitas, 150 x 60 x 100 cm. Foto: Sergio Muñoz para Fundación Paiz
Lourdes de la Riva, «Caligrafía de la destrucción», 2022. Instalación con maderas de 1870 intervenidas por termitas, 150 x 60 x 100 cm. Foto: Sergio Muñoz para Fundación Paiz
Lourdes de la Riva, «Caligrafía de la destrucción», 2022. Instalación con maderas de 1870 intervenidas por termitas, 150 x 60 x 100 cm. Foto: Sergio Muñoz para Fundación Paiz.

MUNDOS POSIBLES

La Bienal de Arte Paiz surge en 1978 como un premio nacional al “talento artístico”, y desde su edición número XVI, la Fundación Paiz para la Educación y la Cultura ha seleccionado un curador internacional para realizar la curaduría del evento, al lado de un comité curatorial nacional para así crear intercambios entre la escena internacional y el arte local. En versiones pasadas, la Bienal ha contado con curadora/es como Nelson Herrera Yslas, José Roca, Santiago Olmo, Cecilia Fajardo-Hill, Alma Ruiz, Gerardo Mosquera y Alexia Tala, cada una/o con su comitiva curatorial local propiciando el diálogo con el contexto y la escena en Guatemala.

El discurso curatorial de esta bienal se diluye en varias voces de los artistas que presentan distintas problemáticas críticas sobre el arte, el poder, el cuerpo, la identidad, la historia y los recursos naturales. La selección de los artistas incluye en su mayoría artistas mujeres, incluyendo también artistas de las disidencias y artistas mayas. Los ejes de la Bienal están muy alineados a las tendencias de las preocupaciones institucionales del arte global. Dicho esto, se observan algunas líneas difusas entre temáticas, ejes y discursos.

En el Centro Cultural Municipal Álvaro Arzú Irigoyen se muestra el trabajo de dos guatemaltecos, Lourdes de la Riva y Yavheni de León, acompañados de las obras de Risseth Yangüez Singh (PA), Verónica Navas González (CR), Carolina Alvarado (MX-GT) y Duen Neka’hen Sacchi (AR).

La obra de Lourdes de la Riva es parte de la investigación que inició en 2011 trabajando con las termitas y los rastros y huellas que dejan a su paso en la madera y el papel. Una escultura grande, titulada Antimaqueta, llena la sala. Es la construcción de un paisaje onírico con vigas de madera intervenidas por las termitas que crean formas únicas reflejadas en un vidrio como base. También hay dos videos parte del proyecto y un pequeño detalle que reposa sobre un escritorio con una tenue luz, descubriendo el trabajo que las termitas dejan en los objetos que tienen memoria.

En la misma sede, De León presenta un proyecto complejo que abarca el arte objeto, el performance, el videoarte y el texto para hacer una crítica a los discursos promovidos por la institución del arte contemporáneo y el lenguaje teórico y curatorial que “domina” los discursos expositivos. Así, diseccionó los textos curatoriales de todas las exposiciones a las que ha asistido desde que comenzó su carrera artística, y recopiló los conceptos que más se repiten para describir las obras y las exposiciones.

El resultado fueron ocho palabras que reprodujo en 220 barras de chocolate artesanal que fueron expuestas y vendidas a manera de performance durante las distintas inauguraciones. Estas palabras (conceptual, decolonial, relacional, interseccional, disidente, comunitario, tropicalia y posmoderno) sin duda marcan tendencias en la producción y el pensamiento artísticos, creando una especie de “Teoría Pop” que satiriza el consumo y el mercado del arte, así como la academia y la creación artística.

El comentario de la obra también problematiza el lugar que tiene una bienal en un país como Guatemala, donde el único museo público de arte se encuentra en condiciones de gran precariedad, y nuestro primer y único museo de arte contemporáneo (NuMu) es un huevo de 2 x 2.5 metros que con gran esfuerzo muestra el proyecto de un artista periódicamente.

Yavheni de León, "Ingesta teórica", 2023. Performance, grabado y video. Foto: Byron Mármol. Cortesía de Fundación Paiz.
Yavheni de León, «Ingesta teórica», 2023. Performance, grabado y video. Karen Bethancourt/Byron Mármol. Cortesía de Fundación Paiz.
Yavheni de León, «Ingesta teórica», 2023. Performance, grabado y video. Karen Bethancourt/Byron Mármol. Cortesía de Fundación Paiz.

¿Qué papel tiene una Bienal de Arte que ocurre dentro de los edificios cuando en las calles hay manifestaciones para exigir que la corrupción nos devuelva el país? ¿Qué papel juega una bienal de arte en un país con grandes carencias educativas? Considero que sin duda tiene una gran responsabilidad de promover la asociación, la crítica y el diálogo sobre realidades que nos afectan a todos, y cuestionar los sistemas de opresión que en todo el mundo siguen violentando a poblaciones que son vistas desde la otredad, y cuyas voces pueden resonar en un espacio crítico como lo es el arte. Pero ¿a quién le llegan estos discursos? Y ¿acaso los modelos de bienal no replican también estos sistemas de jerarquía ante los “otros”? ¿Qué rol cumple el arte para esta transformación en un país como este?

Lo cierto es que la Bienal de Arte Paiz siempre ha sido un espacio que propone la conversación sobre la actualidad, a través de los intereses de los mismos artistas que aplican a su convocatoria, o que bien son seleccionados por la alineación de sus propuestas. Pero, en esta edición, lo más importante es que fue la chispa que desencadenó distintas explosiones de energía entre las galerías, los artistas y la escena cultural del país, generando una oportunidad para articular el circuito como parte de la agenda de la próxima bienal.

Durante la misma semana de inauguración, la Galería Extra abrió una exposición del artista hondureño Adán Vallecillo sobre la exportación de aguacates a Estados Unidos y sus implicaciones con el narco y el peligro ambiental de su extrema demanda. La Galería Rebelde activó con una visita guiada a la exposición de la artista guatemalteca Diana de Solares, que reflexiona sobre la precariedad de los materiales y el proceso de composición de una geometría orgánica a través de fragmentos encontrados.

Proyectos Ultravioleta presentó una exposición colectiva que encajaba en la coyuntura política para describir cuáles son las Guatemalas en las que vivimos hoy. Proyecto Poporopo se sumó con una exposición colectiva que reunía artistas internacionales y guatemaltecos con proyectos de videoarte, gráfica y fotografía. La Antigua Imprenta Sánchez & De Guise alojó una exposición curada por Eduardo Crespín con la obra de seis artistas de El Salvador que exploran la relación de lo urbano y lo íntimo.

Sol del Río estrenó una exposición con la obra de Esvin Alarcón Lam, Simón Vega y Antonio Pichillá acerca de la herencia cultural de cada uno de los artistas. Casa Guardabarranco mostró la obra de Marlov Barrios producto de su residencia en el espacio. Segismundo abrió la muestra Ruina, del artista guatemalteco Alberto Rodríguez Collía. Punto D Contemporáneo inauguró una exposición del artista y diseñador Álvaro Sánchez y una intervención de Ronald Moran. La Casa Revoltosa tiene en muestra el proyecto Disturbios de Anamá Rojas. Osmosis presentó la obra de Gerardo Cordón y otros proyectos, como Perjura, Casa Amano y La Erre activaron sus espacios culturales.

Además, el día de la inauguración las sedes de la Bienal en la Ciudad de Guatemala estaban abiertas al público y se celebró un cóctel sin invitación en el Centro Cultural Municipal Álvaro Arzú Irigoyen que juntó a distintos sectores de la cultura en Guatemala por primera vez para la Bienal. En resumen, fue una licuadora de proyectos en red que articularon un circuito organizado de galerías que, uniéndose a la celebración de la Bienal, lograron crear una escena efervescente y activa… ¡Get ready para el Gallery Weekend de Guatemala!

Marilyn Boror, de la serie “Nos quitaron la montaña, nos dieron cemento”, 2023. Foto: Sergio Muñoz para Fundación Paiz.
Marilyn Boror, de la serie “Nos quitaron la montaña, nos dieron cemento”, 2023. Foto: Sergio Muñoz para Fundación Paiz.

De vuelta a la bienal, en la sede del Centro Cultural de España se presenta la obra de Josué Castro (GT), Juana Valdés (CU-EEUU), Eliazar Ortiz Roa (DO), Itziar Okariz (ES), Martin Wannam (GT-EEUU) y el proyecto de la guatemalteca Marilyn Boror Bor.

Marilyn es una artista indígena Maya-Kaqchikel originaria de San Juan Sacatepéquez, lugar que es conocido también como la Tierra de las Flores. Sin embargo, recientemente las acciones de la Cementera San Gabriel, propiedad de Cementos Progreso, y la oligarquía guatemalteca han desabastecido de agua a la comunidad, siendo la falta del vital líquido a causa del extractivismo una de las mayores problemáticas que atenta la vida y el paisaje del lugar.

Este contexto es importante para la obra presentada y que forma parte de la serie Nos quitaron la montaña, nos dieron cemento, donde denuncia por medio de pinturas, performance y una serie de intervenciones a vasijas y esculturas de barro las acciones de la cementera contra la cultura Maya-Kaqchikel de San Juan.

Los recipientes de barro son parte de la colección personal de la artista, obsequiados por sus tías, abuelas, su madre y otras mujeres de distintas regiones mayas. Algunos son muy antiguos, otros recientes, pero todos han sido utilizados para el transporte de agua y la cocina de atoles y comida. La artista los llena de cemento que, al solidificarse, rompe el barro uniéndose a la estructura y dejando fragmentos lastimados del recipiente original, una fuerte metáfora de la contemporaneidad donde el cemento tiene la misión de destruir y quebrar la cultura originaria de San Juan.

Al fondo de la sala también hay tres pinturas de rostros de la comunidad cubiertas con cemento. Durante la inauguración, la artista realizó la acción de quebrar esta capa para revelar la pintura, una acción que recuerda al performance Seventeen One Less de Michelangelo Pistoletto. A su vez, otra instalación, parte de esta misma serie, se encuentra expuesta en la sede de La Nueva Fábrica en Antigua Guatemala, con una excelente decisión de separar los proyectos para poder tener la conversación del trabajo de Boror Bor al lado de la obra de grandes mujeres pioneras del arte, como lo son Cecilia Vicuña, Ana Mendieta, Fina Miralles y Margarita Azurdia.

Martín Wannam, Bailando en mi Legado y Brillantina, 2023. Instalación fotográfica, 152.4 x 381 cm. Foto: Sergio Muñoz para Fundación Paiz

La obra de Martín Wannam es un proyecto biográfico y de autodescubrimiento que incluye un videoperformance realizado frente al Palacio Nacional de Guatemala, donde le inscriben la palabra “Hueco” con un corte en la piel. La palabra, que en Guatemala es un insulto para referirse a la comunidad homosexual de manera despectiva, se tatúa en su piel como una herida permanente por la homofobia. Al lado del video se presentan un texto escrito por su abuelo que revisa su historia familiar y tres autorretratos del artista como un símbolo de orgullo ante su identidad.

La última sede en Ciudad de Guatemala es un espacio utilizado por primera vez por la Bienal como sala expositiva. En esta sede destaca el proyecto de La Nueva Cultura Material, colectivo conformado por los guatemaltecos Valeria Leiva y Bryan Castro.

El proyecto consiste en una parte física y una parte material. La parte física es un mural vivo producido por el hongo Pleurotus Ostreatus que se alimenta con sustrato de maíz, una de las principales fuentes de alimentación y trabajo para el pueblo guatemalteco. El biomural deja a la vista el micelio del hongo que irá cubriendo toda la materia conforme avance su vida en el tiempo. Cuando la materia esté completamente colonizada e inactiva se podrá colgar como una pieza mural sobre la pared.

La segunda parte del proyecto es una experiencia inmersiva digital a la cual se accede a través de un código QR puesto sobre una de las esculturas de micelio. Esta obra de arte generativo nos lleva a un universo donde el código dispersa esporas, calculando la ubicación, posición y tamaño del hongo que crecerá en el espacio digital. Así, el proyecto compara la tecnología orgánica y la tecnología digital, ya que el micelio es un conector que está en el subsuelo y transmite información y datos manteniendo el ecosistema, mientras que el código replica este proceso en su propio lenguaje digital. El proyecto total es una colaboración interespecie para generar obras en sinergia con el hongo, el código y los artistas, cuestionando así el concepto de autoría.

Es interesante ver proyectos de arte digital en la Bienal y legitimar a los nuevos medios dentro de su institución. Anteriormente, en la XVII Bienal, Andrés Asturias presentó el proyecto digital El Panteón como una página web, y en la XIX Bienal de 2014 se incluyó la obra digital Lurk de Diego Sagastume. En ambas bienales faltaron las herramientas para permitir que las obras funcionaran y fueran activadas y experimentadas por el público. Para esta edición, la sede Galería Portal también incluyó la obra generativa de la artista panameña Ix Shells y una instalación participativa de la brasileña Sallisa Rosa.

Sallisa Rosa, “Sembradores del maíz”, 2023. Performance participativo e instalación. Dimensiones variables (cada baldosa mide 30 x 30 cm). Foto: Sergio Muñoz para Fundación Paiz.

En la Antigua Guatemala, La Nueva Fábrica alojó el trabajo de grandes artistas pioneras que, a través del cuerpo, la palabra y la imaginación, propusieron un cambio de paradigma en sus contextos, como es el caso de la guatemalteca Margarita Azurdia (1931-1998).

Margarita Rita Rica Dinamita, uno de sus tantos nombres, fue una artista pionera del performance, del arte feminista y del arte abstracto. En la década de 1960 su pintura abstracta se contraponía al arte moderno figurativo en Guatemala y a los discursos comprometidos con la guerra, a pesar de que su abstracción también estaba basada en las culturas de Guatemala y su color.

En la XXIII Bienal de Arte Paiz se muestran tres de sus pinturas y la obra inmersiva Por favor quitarse los zapatos, presentada en la II Bienal de Arte Coltejer celebrada en 1970 en Medellín, Colombia. Esta recreación consiste en un pequeño espacio antecedido por una cortina negra que al abrirse presenta un cuarto lleno de arena y una bombilla amarilla en el centro.

Pensada para que el espectador se quite los zapatos y tenga la sensación de la arena húmeda al recorrer el sitio en soledad, la obra presenta una faceta conceptual del trabajo de la artista y los inicios de sus reflexiones sobre el cuerpo, lo sensorial y lo espiritual, que luego trasladó a sus “rituales”, primeros performances registrados en Guatemala. Concebida también en una época en la que el arte buscaba crear experiencias sensoriales -como los Penetrável de Hélio Oiticica-, esta obra de Margarita es una de las más importantes de su carrera.

En esta misma sala se encuentra la obra de Fina Miralles (ES), Maria Thereza Negreiros (BR-CO), Hellen Mirra (EEUU), Duen Neka’hen Sacchi (AR), Juana Valdés (CU-EEUU), Laia Estruch (ES) y, de Cecilia Vicuña (CL), dos videos y un poema quipu que dialoga con la segunda obra de Marilyn Boror allí presentada. También se conecta conceptualmente el trabajo de Ana Mendieta (CU-EEUU) con una obra sobre la ritualidad del Colectivo Ixqcrear.

Colectivo Tz’aqol (Víctor Manuel Barillas y Marta Guadalupe Tuyuc), “Solik/Desatar”, 2022-2023. Monólogo, representación teatral. Karen Bethancourt/Byron Mármol. Cortesía de Fundación Paiz.

Uno de los ejes curatoriales de la bienal son los recursos de la escritura y la oralidad, cuyo uso en la cultura maya es lo que ha permitido que los saberes ancestrales hayan resistido años de colonización y se mantengan actualmente. Lo vemos en la participación del Colectivo Tz’aqol, formado por Víctor Manuel Barillas y Marta Tuyuc (GT), que inauguró la muestra de la sede del Centro de Formación de la Cooperación Española con una ceremonia de sanación junto al público.

Asimismo, el proyecto del Colectivo Tz’aqaat [Cheen (Cortez) y Manuel Chavajay] (GT), recoge saberes ancestrales en texto, textil y palabra. En esta última sede, el trabajo de Minia Biabiany (GL) reflexiona sobre su natal Guadalupe y la historia de despojo que sufrió la tierra al ser contaminada con fertilizantes para la plantación de plátano. El resultado es una tierra infértil que es representada por círculos de arena volcánica y una instalación de piezas colgantes.

En esta sala, también las acuarelas de Roberto Escobar (GT) narran la vida en espacios urbanos y su cotidianidad, buscando elementos simbólicos y escenarios con cierto cinismo alrededor del basurero de la zona 3.

Esta sede también mostraba la obra de Zoila Andrea Coc-Chang (GT-EEUU), Julieth Morales (CO), Adler Guerrier (HT-EEUU) y Diario de Sueños de Itziar Okariz (ES), una obra de mucha sensibilidad donde, por medio del texto, la artista registra día a día sus sueños en un poema concreto.

Instalación de Minia Biabiany. Foto: Sergio Muñoz para Fundación Paiz.

La XXIII Bienal de Arte Paiz tiene un discurso plural, donde el guion curatorial no se limita a una sola dirección, sino que abarca distintas problemáticas del territorio, el cuerpo, la naturaleza, la identidad y la cultura. Es radical crear una bienal en Guatemala dentro de su incertidumbre política y económica, en un país donde la lectura y la cultura no se promueven a nivel público y donde el arte sigue sin ser prioridad en las agendas que también satanizan hablar de saberes ancestrales, feminismos y género.

Nadie espera que una bienal de arte resuelva el mundo, pero sí que proponga el espacio de discusión para imaginar un mundo posible. Valdrá la pena estar atentos a la repercusión que el programa educativo tenga en esta edición y se agradece la activación paralela de todo un circuito que promete ir cobrando mucha más fuerza con los años. Porque si algo tiene esta Bienal es la premisa de imaginar una vida en común, que poco a poco parece hacerse más real.


XXIII BIENAL DE ARTE PAIZ

Saberes Compartidos: 30 marzo – 30 julio 2023

Exposición: 13 – 30 julio 2023

Curaduría de Francine Birbragher-Rozencwaig y Juan Canela

Curadora del Programa de saberes compartidos: Esperanza de León

Asamblea curatorial: Minia Biabiany (Guadalupe); Marilyn Boror Bor (Guatemala); Duen Sacchi (Argentina); Juana Valdés (Cuba-Estados Unidos)

Carolina Alvarado (México-Guatemala); Margarita Azurdia (Guatemala); Minia Biabiany (Guadalupe); Marilyn Boror Bor (Guatemala); Zoila Andrea Coc-Chang (Guatemala-Estados Unidos); Josué Castro (Guatemala); Roberto Escobar Raguay (Guatemala); Laia Estruch (España); Adler Guerrier (Haití-Estados Unidos); Colectivo Ixqcrear – Elena Caal Hub, Ixmukane Quib Caal e Ixmayab’ Quib Caal – (Guatemala); Yavheni de León (Guatemala); Ana Mendieta (Cuba-Estados Unidos); Fina Miralles (España); Helen Mirra (Estados Unidos); Julieth Morales (Colombia); Verónica Navas González (Costa Rica); María Thereza Negreiros (Brasil-Colombia); La Nueva Cultura Material – Bryan Castro y Valeria Leiva (Guatemala); Itziar Okariz (España); Eliazar Ortiz Roa (República Dominicana); Lourdes de la Riva (Guatemala); Sallisa Rosa (Brasil); Duen Neka’hen Sacchi (Argentina); Ix Shells (Panamá); Colectivo Tz´aqol – Victor Manuel Barillas y Marta Tuyuc – (Guatemala); Colectivo Tz’aqaat – Cheen (Cortez) y Manuel Chavajay (Guatemala); Juana Valdés (Cuba-Estados Unidos); Cecilia Vicuña (Chile); Martín Wannam (Guatemala- Estados Unidos); Risseth Yangüez Singh (Panamá).

Josseline Pinto

Guatemala, 1996. Es curadora independiente, investigadora y poeta. Co-fundadora y directora del proyecto curatorial MANIFESTO-espacio, dedicado a la exhibición, formación, investigación y producción de arte contemporáneo. Actualmente es también curadora de la Fundación Nacional para las Bellas Artes y la Cultura FUNBA, y coordinadora del Programa Educativo del Museo Arte Guatemala a abrirse en 2020. Fue co-coordinadora del Laboratorio de Arte Contemporáneo de Fundación Paiz y sus ensayos se han publicado en el libro “Agentes Culturales” (2016), en las revistas especializadas Arte al Día, Artishock, Revista Gimnasia y esQuisses; y para los proyectos Residencia Chichicaste y el catálogo de la 20 Bienal de Arte Paiz. Anteriormente trabajó como asistente de la curadora Alma Ruiz, durante la misma bienal y en las galerías The 9.99 Gallery y Proyectos Ultravioleta. Sus proyectos curatoriales recientes incluyen “Ernesto Bautista: Un vacío infinito llenándose con la memoria”, en la Galería Valenzuela Klenner en Bogotá (2019), y la colectiva “Después de mí el sueño”, en MANIFESTO-espacio (2018). Ha publicado los poemarios “Objetos1” (2017, Sión Editorial) y “Cartas Íntimas” (2015, Chuleta de Cerdo Editorial), así como en antologías de El Salvador, México y Guatemala. Fue seleccionada para el Programa de Formación Curatorial de TEOR/éTica Costa Rica y para el Curatorial Intensive Mexico City de Independent Curators International (2018). Fue parte de la tercera edición de la Escuela de Crítica de Arte, La Tallera, Cuernavaca, México.

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