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LAS MEJORES EXPOSICIONES RESEÑADAS POR ARTISHOCK EN 2025, VOTADAS POR SU COMUNIDAD

En Artishock siempre hemos creído que el arte contemporáneo no se limita a las salas de exhibición. Continúa —y a veces comienza— en la conversación, en la lectura, en la discrepancia y, sobre todo, en la comunidad que se forma a su alrededor. Bajo esa premisa, y en el marco de la celebración de nuestros 15 años como plataforma, decidimos hacer algo distinto.

Durante 2025, en lugar de invitar —como es habitual en muchas plataformas especializadas— a curadores, críticos o directores de museos a elegir las exposiciones del año, optamos por ceder la palabra a quienes nos leen. A quienes nos acompañan día a día desde Instagram y Facebook —una comunidad que hoy bordea los 80.000 seguidores— y desde nuestra base de datos de cerca de 8.000 suscriptores orgánicos.

La invitación fue simple: votar por las mejores exposiciones del año entre todas aquellas que fueron reseñadas por Artishock durante 2025. El formulario estuvo activo durante casi diez días y la respuesta fue tan generosa como diversa. En varios países, la votación se dispersó entre numerosas muestras, lo que hizo que, en algunos casos, la exposición ganadora obtuviera menos del 25% de los votos. Lejos de ser una debilidad, ese dato habla de algo que celebramos profundamente: la vitalidad, la complejidad y la amplitud del ecosistema expositivo en la región.

Organizamos los resultados por países, considerando aquellos donde tuvimos mayor actividad editorial. En el caso de Panamá, Honduras, Guatemala y Costa Rica, optamos por agruparlos bajo la categoría Centroamérica, entendiendo la región como un territorio de cruces, resonancias y problemáticas compartidas.

Por razones de espacio, compartimos aquí los tres primeros lugares de cada país. Todas las exposiciones mencionadas fueron reseñadas por Artishock, y los textos están disponibles en nuestra web para quienes deseen profundizar en cada una de ellas.

Liliana Porter y Luis Camnitzer en el taller del NYGW, 1965. Fotografía de Basil Langton. Colección Liliana Porter

ARGENTINA

El primer lugar fue para Porter–Camnitzer. Los años del New York Graphic Workshop, presentada en el Museo Nacional de Bellas Artes, con un 18% de los votos. La exposición revisita las intervenciones históricas de Liliana Porter y Luis Camnitzer en 1969, en el marco del New York Graphic Workshop (1964–1970). A través de obras e instalaciones clave del conceptualismo latinoamericano, la muestra propone una reflexión lúcida sobre la circulación de imágenes, relatos e instituciones, y sobre la persistente actualidad de esas preguntas en el arte contemporáneo.

Le siguieron la muestra colectiva Museo del Devenir en el Centro Cultural de España en Buenos Aires (14%), y Ulises Beisso: Mi Mundo Privado en el MALBA (12%).


Vista de la exposición Rapsodias, de Carlos Amorales en el Museo para la Identidad Nacional, Tegucigalpa, Honduras, 2025. Foto: Leonel Estrada

CENTROAMÉRICA

Con una votación significativamente concentrada, el primer lugar fue para Rapsodias, de Carlos Amorales, presentada en el Museo para la Identidad Nacional de Honduras, con un 33,3%. En su primera exposición en el país, Amorales construyó una constelación de obras donde sonido, imagen y lenguaje se entrelazan bajo la noción de rapsodia: fragmentos que oscilan entre lo íntimo y lo colectivo, lo ancestral y lo tecnológico, componiendo una suerte de partitura abierta.

El segundo lugar fue para ¿Cómo se puede experimentar más?, de Margarita Azurdia, en Casa Guardabarranco, Guatemala (28,8%), y el tercero para Preservación del Fuego, de Darwin Andino, en el Museo para la Identidad Nacional de Tegucigalpa (12,4%).


Mariana Najmanovich, Animales sumisos I. Óleo sobre tela. Cortesía de la artista

CHILE

La exposición más votada en Chile fue Animales Sumisos, de Mariana Najmanovich, presentada en el Parque Cultural de Valparaíso, con un 13,6%. En esta muestra, Najmanovich despliega una reflexión poética y a ratos inquietante sobre los riesgos del deseo de trascender los límites de lo humano mediante una experimentación biotecnológica irresponsable, tensionando cuerpo, ciencia y control.

Le siguieron El cielo nace en el suelo, de Macarena Cortés, en el Museo de Arte Contemporáneo (11,6%), y Baño Público, de Constanza Hermosilla, en la Galería Gabriela Mistral (10,2%).


La Decanatura (Elkin Calderón, Bogotá, 1975; y Diego Piñeros, Bogotá, 1981), Centro espacial satelital de Colombia. Video, 12 min; 4 seg.

COLOMBIA

En Colombia, la exposición más votada fue Excavar hasta llegar a las estrellas, presentada en la Biblioteca Luis Ángel Arango – Casa Republicana, con un 19,1%. Curada por Luis Fernando Ramírez Celis, la muestra reúne obras que evidencian distintos desajustes del mundo contemporáneo: la explotación de la tierra, la robotización de la industria, la guerra, el narcotráfico y el vacío tecnológico. Frente a ese panorama, la exposición contrapone imágenes de un mundo previo al colapso, donde la naturaleza y la vida rural emergen como memorias —y posibilidades— de equilibrio.

En segundo y tercer lugar quedaron, respectivamente, Liturgias del cuerpo. La mirada del coleccionista, en la misma Casa Republicana (15,7%), y el 47° Salón Nacional de Artistas (9%).


Pamela Cevallos, Museo Itinerante del Mocarro. Vista de la exposición Reversiones y Ficciones de la Nación en Arte Actual FLACSO, Quito, 2025. Foto cortesía del artista y FLACSO.

ECUADOR

En Ecuador, el primer lugar fue para Reversiones y ficciones de la nación, presentada en Arte Actual FLACSO, Quito, con un 16,2%. Curada por Jaime Sánchez Santillán, la muestra reúne a artistas de Ecuador y Bolivia para cuestionar las narrativas oficiales de la nación, desmontando relatos hegemónicos del mestizaje y proponiendo futuros plurinacionales e interculturales a través de ficciones especulativas y gestos performativos.

El segundo y tercer lugar fueron para Susurros: El lenguaje del viento, de Irina García (14,4%), y La Avanzada Ancestralista: 1956–1980 (13,4%), ambas en el MAAC de Guayaquil.


Vista de la exposición Israel: apuntes expositivos para una obra de teatro de José Revueltas, Museo de la Ciudad de Querétaro, México, 2025. Foto: Eduardo Lindacher

MÉXICO

La exposición más votada fue Israel: apuntes expositivos para una obra de teatro de José Revueltas, presentada en el Museo de la Ciudad de Querétaro, con un 24%. La muestra revisita los paisajes literarios de Revueltas para reimaginar el proyecto de nación en México, abordando algunas de sus fisuras más urgentes. Producida por TheUrbanX.org y curada por Vivianne Njoku y Bryan Joseph Lee, la exposición se articula en torno al trabajo pictórico de Pepx Romero como una forma de dramaturgia expandida, con la participación de Claudia Luna y Alfonsina Lugo.

Le siguieron Magali Lara: Cinco décadas en espiral, en el MUAC (8%), y Gran Basamento, de Deborah Castillo, en el Laboratorio Arte Alameda, Ciudad de México (7%).


Luna Dannon, El que no sabe de amores, llorona, no sabe lo que es martirio (2023). Grabado. Cortesía de la artista

PERÚ

Con una votación contundente, el primer lugar fue para Lo que vive en esta selva, de Luna Dannon, presentada en el ICPNA, con un 50%. La exposición surge de la experiencia de la artista en un proyecto de salud mental que recorrió 105 comunidades amazónicas durante la pandemia. Frente a la violencia estructural y las injusticias normalizadas, el arte aparece aquí como un dispositivo de cuidado, memoria y supervivencia.

Le siguieron La piel de mi reino, de Claudia Coca (28,1%), y Las reglas para romperlas, de Elena Tejada Herrera (7,8%), ambas también en el ICPNA.


***

Mirando hacia adelante, este ejercicio nos permitió identificar tanto presencias como ausencias. En 2026 esperamos ampliar y profundizar nuestra cobertura en territorios que consideramos fundamentales para el mapa del arte contemporáneo latinoamericano, como el Caribe, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Venezuela. Espacios donde, pese a las dificultades estructurales, políticas o económicas, siguen emergiendo prácticas artísticas potentes, críticas y profundamente situadas.

Estos resultados no buscan cerrar un año ni establecer jerarquías definitivas. Operan, más bien, como una constelación afectiva —necesariamente incompleta— de exposiciones que marcaron nuestro 2025: prácticas, gestos y preguntas que desbordan el tiempo de la muestra y continúan reverberando en nuestra manera de pensar, mirar y habitar el arte contemporáneo.

Gracias a quienes leyeron, votaron y sostienen esta conversación que, por suerte, nunca se agota.

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