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CARLOS AMORALES: RAPSODIAS

Por Leonardo González | Curador

En su primera exposición en Honduras, el artista mexicano Carlos Amorales trabaja el término “rapsodia” en múltiples sentidos: remite tanto al campo musical como a la literatura, la historia y la cultura popular, en resonancia con las exploraciones discursivas que ha desarrollado a lo largo de su trayectoria.

Cada una de las piezas dialoga con las demás, conformando un entramado simbólico en el que ninguna obra funciona de manera aislada. Recorrer la muestra implica adentrarse en un espacio donde los límites entre lo íntimo y lo colectivo, lo ancestral y lo contemporáneo, lo humano y lo artificial, se desdibujan constantemente.

Uno de los ejes del trabajo de Amorales es su proyecto Archivo Líquido (1998), en permanente transformación desde hace décadas. A partir de un archivo personal de imágenes vectoriales, el artista produce composiciones que se apropian de diversos códigos culturales. Utiliza referencias que van desde la gráfica popular —como las máscaras de luchador, calaveras, pájaros, lobos y mariposas, todos ellos íconos de la cultura visual mexicana— hasta experimentaciones musicales que integran sonidos de festividades tradicionales y música electrónica. Muchas de estas composiciones son colaborativas y utilizan instrumentos inventados y diseñados por otros artistas, por él mismo y su equipo. En sus cortos y videos, se percibe la influencia del cine experimental o de autor, con referentes como Luis Buñuel, Andrei Tarkovsky y Jean-Luc Godard.

Vista de la exposición Rapsodias, de Carlos Amorales en el Museo para la Identidad Nacional, Tegucigalpa, Honduras, 2025. Foto: Leonel Estrada

Una de las piezas centrales de la exposición es Nube Negra (2007), una instalación compuesta por treinta mil mariposas negras hechas a mano en papel, adheridas a paredes, ventanas, techos, zócalos y recovecos del museo, generando un efecto de movimiento continuo. Según el artista, esta obra nació como una despedida simbólica:

“Viajé al norte de México para visitar a mi abuela. El año anterior había sufrido un ataque al corazón. Después de eso, su salud no se recuperó del todo, y en los días previos a mi visita se había sentido mal nuevamente. Posiblemente sería la última vez que la vería. Una noche que no lograba dormir, visualicé una imagen: una bóveda infestada de mariposas negras, completamente saturada. Esta visión me llevó a explorar la idea con mi equipo y realizar la pieza”.

Esta instalación también puede leerse como una evocación de la migración de las mariposas monarca, o como una referencia al Museo de las Mariposas en La Ceiba, Honduras, conocido por albergar una de las colecciones más extensas de lepidópteros del mundo. La obra alude al tránsito, a la vitalidad, a las fronteras físicas y espirituales. A su vez, puede entenderse como una forma de dibujo expandido, en el que las mariposas actúan como signos móviles que revelan un lenguaje cifrado, enigmático y envolvente.

Carlos Amorales (en colaboración con Julián Lede), Fantasía de Orellana (2013). Fotograma de película

Otra obra destacada es Fantasía de Orellana (2014), cortometraje realizado en colaboración con Julián Léde, en el que se documenta la actuación del compositor guatemalteco Joaquín Orellana, quien interpreta una partitura propia inspirada en la película Fantasía de Disney, utilizando instrumentos inventados por él mismo.

En el video, el cuerpo del músico aparece como silueta, fusionándose con sus creaciones sonoras. De esa interacción surge una entidad escénica ambigua, donde la frontera entre cuerpo, sombra y sonido se diluye. La obra establece un diálogo con lo fantástico y lo experimental, al tiempo que afirma con fuerza las poéticas sonoras latinoamericanas. Es una alegoría de las tradiciones musicales de la región, que abre espacio para voces históricamente marginadas. En esta pieza confluyen el sonido, el performance y una estética innovadora que desafía los límites de la percepción.

Vista de la exposición Rapsodias, de Carlos Amorales en el Museo para la Identidad Nacional, Tegucigalpa, Honduras, 2025. Foto: Leonel Estrada
Vista de la exposición Rapsodias, de Carlos Amorales en el Museo para la Identidad Nacional, Tegucigalpa, Honduras, 2025. Foto: Leonel Estrada

En Batalla (2025), Amorales introduce por primera vez la inteligencia artificial como herramienta de producción. La obra combina un video en loop, protagonizado por figuras humanas generadas mediante IA, con una intervención pictórica en las paredes del museo, donde el artista reproduce estas mismas siluetas en un mural de gran formato.

Las figuras, de contornos negros y aspecto primitivo, se enfrentan en un combate simbólico. No tienen rostro ni nombre. Lo que se presenta es una confrontación abstracta que remite tanto a luchas colectivas como a los conflictos armados que marcan la historia de territorios como Honduras. La obra puede leerse como una representación de la violencia contemporánea, pero también como una metáfora de la lucha simbólica con el lenguaje.

Vista de la exposición Rapsodias, de Carlos Amorales en el Museo para la Identidad Nacional, Tegucigalpa, Honduras, 2025. Foto: Leonel Estrada

Rapsodias es una experiencia que invita a habitar la ambigüedad, a reconocer la potencia de lo inestable y a reconciliarnos con la idea de que el lenguaje, como el arte, está hecho para ser disputado, reinventado y celebrado.

La exposición se presentó en el Museo para la Identidad Nacional en Tegucigalpa, Honduras, del 22 de mayo al 6 de julio de 2025. Fue curada por Leonardo González y producida por LL Proyectos en colaboración con el MIN.

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