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EXCAVAR HASTA LLEGAR A LAS ESTRELLAS

Si desenterramos cosas preciosas de la tierra, invitamos al desastre.
Cerca al día de la purificación, habrá telarañas girando de un lado a otro en el cielo.
Un contenedor de cenizas podría un día ser arrojado desde el cielo, quemar la tierra y hervir los océanos.

Profecías Hopi. Letra en la canción Profecías
Último segmento de la banda sonora de la película Koyaanisqatsi, compuesta por Philip Glass.


Del 14 de septiembre de 2024 al 28 de marzo de 2025, la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá presenta Excavar hasta llegar a las estrellas, una exposición que aborda el desequilibrio contemporáneo a través de un diálogo transversal y polifónico entre distintas generaciones y procedencias artísticas. La muestra reúne obras de artistas emergentes de diversas regiones del país y de creadores que han participado en programas como Imagen Regional o Nuevos Nombres, junto a obras de artistas de mayor trayectoria y otras destacadas de la Colección de Arte del Banco de la República.

Bajo la curaduría de Luis Fernando Ramírez Celis, la exposición presenta el trabajo de artistas cuyas obras revelan los síntomas del desajuste global y cuestionan problemáticas como la explotación de la tierra, la robotización de la industria, el absurdo de la guerra y el narcotráfico, el vacío de la tecnología, la conquista del espacio y la paradoja de aspirar llegar a las estrellas antes de garantizar el bienestar de la humanidad. En contraste, la introducción de la muestra reúne obras que evocan un mundo anterior al caos, en las que la naturaleza, el paisaje y la vida rural aparecen como vestigios de equilibrio.

La curaduría toma como referencia libre el guion de Koyaanisqatsi (1982), película de Godfrey Reggio que, a través de un ensayo visual y sonoro de carácter documental, contrapone el mundo en armonía previo a la civilización con un entorno urbano desbordado por la tecnología, la autodestrucción y el desequilibrio. El título de la película, tomado del idioma hopi, significa ‘vida en desequilibrio’ y su montaje transita de imágenes de pinturas rupestres, formaciones geológicas y paisajes naturales a secuencias de minería a cielo abierto, pruebas nucleares, ciudades caóticas y autopistas congestionadas.

En este contexto, los artistas contemporáneos trabajan desde la permeabilidad ante los cambios y amenazas del mundo. Sus obras se erigen como respuestas urgentes frente a la crisis, el caos y las incertidumbres del futuro: algunas denuncian, otras recurren a la ironía frente a la desesperanza y muchas documentan las anomalías propias de este estado de desequilibrio.

Julia Bejarano López (Bogotá, 1991), Entre tierras. Entre chicharras, 2018-2022. Instalación sonora con atarraya, totumos, parlantes y material electrónico. Dimensiones variables. Vista de la instalación en ARTECÁMARA © Cámara de Comercio de Bogotá. Foto: 48 por Segundo
Carlos Alfonso (Popayán, 1986), Fuego, 2021. Óleo y acrílico sobre madera, 31.5 x 29.5 cm

VIDA EN EQUILIBRIO, INDICIOS

Para comprender el caos, es imprescindible la presencia de su opuesto: el orden, o lo que podríamos llamar un “estado de equilibrio”. La sección Vida en equilibrio introduce la obra de artistas que exploran alternativas frente al desequilibrio contemporáneo. A través de sus prácticas, buscan en culturas ancestrales, en la protección de la naturaleza y los territorios, en la vida rural y en el paisaje, una esperanza para la humanidad mediante formas de vida más sostenibles. Sus propuestas artísticas reflejan principios de armonía que existen en paralelo a una civilización inmersa en la tecnología.

Julia Bejarano López (Bogotá, 1991) representa el paisaje colombiano de tierra caliente a través de una composición sonora que entrelaza el canto de las chicharras con voces que nombran los ríos del país. La sección continúa con pinturas que remiten a las culturas ancestrales de Colombia, en el trabajo de Carlos Alfonso (Popayán, 1986) e Ismael Manco Parra (Duitama, 1982), mientras que Aimema Uai (La Chorrera, 1996) reinterpreta la estructura de una maloca, abierta al mundo en un gesto de deconstrucción y apertura.

Clemencia Echeverri (Salamina, 1950), Sin cielo, 2016. Video un solo canal, sonido 11 min; 12 seg.

VIDA EN DESEQUILIBRIO

Excavar, explotar

Excavar la tierra para extraer riquezas, para sembrar, para construir. Herramientas cada vez más precisas y potentes permiten excavar más rápido, más hondo. Se excava en busca de metas ambiciosas y remotas, persiguiendo los minerales esenciales para el desarrollo de tecnologías que prometen el progreso de la humanidad.

En este capítulo, los artistas invitan a reflexionar sobre la explotación del suelo, su uso y abuso, y las profundas consecuencias que esto tiene tanto para los seres humanos como para el mundo no humano.

Sin Cielo (2017), de Clemencia Echeverri (Salamina, 1950), es un video de nueve canales que documenta la actividad minera en Salamina (Caldas) y su devastador impacto en las aguas. A través de fragmentos de imágenes que se descomponen y recomponen en una cuadrícula, la obra muestra cómo el paisaje del noroccidente colombiano, especialmente en Marmato (Caldas), es transformado por las agresivas huellas de la minería de oro.

El video expone un territorio tóxico y olvidado, donde el cianuro y el mercurio contaminan las aguas, dejando devastación y ruina moral. Marmato, un pueblo con 400 años de explotación minera, primero local y ahora multinacional, aparece como un escenario de sufrimiento, donde los mineros, tal vez ajenos al daño ambiental, contribuyen a un ciclo de destrucción. El título Sin Cielo parece reflejar la desesperanza de quienes trabajan bajo tierra y la sombría realidad de un territorio arrasado, donde no hay riqueza, solo caos y devastación.

Santiago Reyes Villaveces (Bogotá, 1986) recuerda la tragedia de Armero (1985) a través de un video que registra la enorme roca que descendió con la avalancha provocada por la erupción del volcán Nevado del Ruiz. El desastre, que cobró la vida de más de 23.000 personas, fue producto de la negligencia gubernamental, al desestimar las advertencias de los vulcanólogos y no evacuar a la población. Hoy, en el lugar donde estuvo el pueblo, se erige esta roca como un monumento a la tragedia. Cada día, un hombre llamado José coloca una escalera de madera sobre la roca para que los visitantes puedan subir, dejar mensajes de duelo o curiosidad en su superficie, que se ha convertido en un palimpsesto de inscripciones bañadas por el óxido rojizo de la roca, similar a una lápida.

Tatyana Zambrano (Medellín, 1982) en colaboración con Roberto Ochoa (Cartagena 1982), Compañeros, ¡YO ME ENCARGO!, 2016. Instalación. Escenografía, merchandasing, utilería, video.
José Ruiz (Bogotá, 1994), Al terminar el mandato del gobierno actual favor retirar su retrato, 2022. Serigrafía sobre vidrio, 15 piezas, 50 x 370 cm
Juan David Laserna (Bogotá, 1980), SET (Mercedes Benz), 2017. Óleo sobre tela, 106 x 190 cm
Leonel Castañeda Galeano (Bogotá, 1971), Machina anémica. De la serie Insumisión, 2020 – 2021. Plomo acero y lámina galvanizada, 200 x 300 x 185 cm

Guerras: fría, tibia, caliente

En el contexto de la convulsiva situación global actual, donde el miedo a la guerra nuclear se suma a los conflictos en Palestina y Ucrania, surge una reflexión sobre la violencia, la política y los conflictos que atraviesan al mundo. Este temor colectivo a la guerra, ilustrado con humor en una caricatura de Adolfo Samper (Bogotá, 1900-1991) de finales de la década de los cincuenta, se conecta con las obras que abordan los efectos de la violencia en Colombia, como el narcotráfico y las guerrillas.

La presencia de una enorme bandera de plomo, realizada por Leonel Castañeda Galeano (Bogotá, 1971), invita al espectador a reflexionar sobre los símbolos nacionales y la violencia en Colombia. La obra establece un diálogo con las fotos de Carlos Garaicoa (La Habana, 1967), que muestran impactos de municiones en los rascacielos, con las pinturas de Juan David Laserna (Bogotá, 1980) que representan atentados vinculados a Pablo Escobar, y con los dibujos de Camilo Restrepo (Medellín, 1973), que abordan los alias asociados con el narco en Medellín de manera caricaturesca y compulsiva.

Desde la ficción, Francisca Jiménez (Bogotá, 1993) presenta un video en el que una mujer recuerda su amorío con un soldado colombiano durante la invasión a China en 1984. Por otro lado, Tatyana Zambrano (Medellín, 1982) y Roberto Carlos Ochoa (Cartagena, 1982) montan una oficina de comunicaciones de las FARC.

María Isabel Arango (Medellín, 1979) descompone un discurso presidencial, repitiendo las palabras más recurrentes, mientras que José Ruiz (Bogotá, 1994) trabaja con el devenir del poder a través de una sucesión de retratos de los mandatarios de Colombia.

Lina Mazenett (Bogotá, 1989) y David Quiroga (Bogotá, 1985), Excavar hasta llegar hasta las estrellas, 2015. Planisferio, técnica mixta, brea y distintos minerales sobre lienzo, 3 x 6 m (4 paneles). Cortesía de los artistas
La Decanatura (Elkin Calderón, Bogotá, 1975; y Diego Piñeros, Bogotá, 1981), Centro espacial satelital de Colombia. Video, 12 min; 4 seg.

Apuntar a las estrellas

La exploración del espacio, considerada la frontera del progreso civilizacional, convierte la observación del cielo en algo más que un acto contemplativo. Mientras la Tierra enfrenta innumerables problemas causados por el ser humano, los cielos no están exentos de la misma influencia. En este capítulo, los artistas observan el cielo y establecen vínculos con la tierra, mediante conexiones poéticas, simbólicas, existenciales y científicas.

Lina Mazenett (Bogotá, 1989) y David Quiroga (Bogotá, 1985) muestran la obra Excavar hasta llegar a las estrellas, que da título a esta exposición. Mediante la imagen de un planisferio de gajos, cuya forma es, en potencia, una esfera que se completa en la mente del espectador, los artistas llevan la bóveda celeste a un plano pictórico, utilizando brea y diversos minerales extraídos del fondo de la Tierra para representar la oscuridad del cosmos y el brillo de los astros.

El colectivo La Decanatura (Elkin Calderón [Bogotá, 1975] y Diego Piñeros [Bogotá, 1981]) presenta el video Centro espacial satelital de Colombia, el registro de una performance protagonizada por una banda de jóvenes músicos vestidos de científicos. La escena, cargada de incongruencias y una estética improbable, resulta en un poema documental, extraño y sin lugar ni época definidos.

El concierto tiene lugar en las ruinas de un centro de comunicaciones fundado en los años setenta en Colombia y cerrado por obsolescencia en la década siguiente. La Decanatura cuestiona la idea de modernidad en su país, viéndola como un proyecto fallido e inconcluso, lleno de episodios no contados que la historia oficial ha ignorado.

Sofía Reyes (Bogotá, 1982), Nuevas ansiedades, 2017. Video, 11 min; 10 seg.
Gertjan Bartelsman (Países Bajos/Colombia,1949), Pogo V, 1989-1990. Fotografía blanco y negro, 50 x 60 cm

Nuevas, viejas ansiedades

En este apartado de la muestra, los artistas se posicionan como observadores y participantes de un entorno contemporáneo al borde del colapso, afectado tanto por causas históricas como la desigualdad económica y los conflictos regionales, como por fenómenos más recientes, como el calentamiento global. A través de sus obras, abordan la dimensión psicosocial del peso de un mundo cada vez más difícil de soportar.

Sofía Reyes (Bogotá, 1982) crea en Nuevas ansiedades un collage audiovisual a partir de fragmentos de YouTube, donde combina diálogos sobre desamor con imágenes de desastres naturales y accidentes. La obra reflexiona sobre la pérdida de su pareja, David, y otras relaciones, mientras la artista se enfrenta al insomnio, la ansiedad y la falta de presupuesto. Utilizando únicamente material de la plataforma, Reyes construye un collage inspirado en el zapping de su infancia, explorando el reciclaje audiovisual y la presión sobre los artistas para generar contenido nuevo.

El pogo como expresión de desesperanza y falta de futuro, en pleno auge del narcotráfico y el sicariato en Colombia, fue registrado a comienzos de los años noventa en Medellín por la cámara de Gertjan Bartelsman (Laren, Países Bajos, 1949). Su serie Pogo (1989-1990) retrata las fiestas de rock y punk que se llevaban a cabo en bodegas abandonadas, donde jóvenes exorcizaban su frustración a través de la música y el baile frenético.

A finales de los años 80, Medellín atravesaba la era del cartel y el sicariato, mientras la ciudad se expandía aceleradamente y se consolidaban las comunas. En este contexto de presión social, Bartelsman capturó con su lente la energía de una juventud atrapada entre la violencia y la resistencia cultural. “Yo creía que así apaciguaban su corazón esos jóvenes”, recuerda el fotógrafo. “Aunque me decían que no fuera, que esas zonas eran difíciles y peligrosas, allí estaba la vida. En esas bodegas se sacaba el dolor y la rabia de esos muchachos, muchos de ellos sicarios o miembros de bandas criminales”.

El trabajo de Bartelsman revela su interés por lo cotidiano y lo que considera la “verdadera identidad colombiana”. Con su cámara recorrió calles, pueblos y ciudades en busca de rostros e historias que, de otro modo, permanecerían en el anonimato.

Linda Pongutá, Transmisión, 2017. Ensamblaje de objetos. Frutas descompuestas sobre cemento, 202 x 111,5 x 5 cm. Colección Banco de la República, Bogotá
Adriana Martínez Barón (Bogotá, 1988), Tutti Frutti Market, 2017. Frutas decorativas cubiertas con calcomanías, canastos de plástico, mallas y sombrilla. Dimensiones variables

Caos ordenado

El tráfico, los cruces peatonales atestados, las autopistas, la velocidad de las máquinas, el hiperconsumo y el reciclaje conforman Caos ordenado, el ensayo visual que cierra la muestra.

Mientras Linda Pongutá (1989) experimenta con frutas embebidas en una loza de concreto y las huellas que dejan en la superficie, Adriana Martínez Barón (Bogotá, 1988) presenta Tutti Frutti Market, una instalación que recrea un puesto de mercado con canastas de frutas listas para ser compradas. Las frutas están cubiertas por múltiples capas de etiquetas adhesivas con los logos de las principales empresas productoras del mundo.

La obra estudia la infraestructura del mercado internacional de frutas y los extensos recorridos que estos alimentos realizan desde su lugar de cultivo hasta su destino de consumo. Por un lado, los adhesivos hacen visibles las condiciones geopolíticas que determinan la distribución de recursos y trazan las rutas comerciales globales. Por otro, evocan los sellos de un pasaporte, aludiendo a las restricciones impuestas a la libre circulación de personas entre países. Así, Martínez condensa en su instalación la contradicción del liberalismo económico, que permite la exportación de recursos naturales desde países cuyos ciudadanos, en contraste, no son bienvenidos fuera de sus fronteras.

Comité Transitorio para el Manejo de Crisis Emergentes (COCRI) en la exposición Excavar hasta llegar a las estrellas, Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, 2024-2025

La muestra también incluye el proyecto Comité Transitorio para el Manejo de Crisis Emergentes (COCRI), una oficina temporal que invita a inexpertos y entusiastas a proponer soluciones para crisis imaginarias, actuales o futuras. Liderado por la historiadora Paula Ronderos y un equipo de mediación de los museos del Banco de la República, el comité funciona como un espacio de reflexión sobre la crisis como parte de la experiencia humana y el interés del arte contemporáneo por los síntomas del desequilibrio global.

Las sesiones plantean escenarios hipotéticos para explorar respuestas colectivas: un fármaco que promete felicidad masiva distribuido en el agua de la ciudad; una plaga que devora el papel, obligándonos a elegir qué conservar para la historia; y un cambio atmosférico que pone en peligro la supervivencia humana mientras favorece a especies reptiles.

Finalmente, en la sala “L” de Casa Republicana se presenta la instalación sonora MurmurURMUR(iI)osos, un sistema de proyección de sonidos de Bogotá compuesto por dieciséis canales y ochenta y ocho altoparlantes. La obra despliega un flujo electroacústico que transita desde la ciudad arcaica y originaria, pasando por la urbe construida sobre la voz, lo sacro y lo festivo, hasta disolverse en la Bogotá tecnológica y mediática, como un oleaje sonoro en constante transformación.

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