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LA PRESENCIA LATINO/IBERO/AMERICANA EN LA BIENAL DE MALTA 2026

Tiempo de lectura: 14 minutos


Ana Álvarez-Errecalde (Argentina, 1973)
El nacimiento de mi hija (2005)
Museo Nacional de Arqueología, Valletta

Ana Álvarez-Errecalde sitúa la maternidad en el centro de los debates sobre representación, corporalidad y autonomía. En El nacimiento de mi hija, un autorretrato realizado durante el parto, desafía las imágenes idealizadas y desexualizadas de la maternidad difundidas por la historia del arte, el cine y la publicidad. Mostrándose de pie junto a su hija recién nacida y aún unida por el cordón umbilical, la artista reivindica el parto como una experiencia de transformación física y agencia personal, donde la mujer aparece como sujeto activo de su propia representación.

Las obras de Álvarez-Errecalde cobran un significado particular en el Museo Nacional de Arqueología de Malta, ya que dialogan con vestigios de antiguas culturas mediterráneas y, especialmente, con la célebre figura neolítica de la Dama Durmiente. A través de esta proximidad simbólica, que vincula la experiencia contemporánea de la maternidad con imaginarios ancestrales asociados a lo femenino, se cuestionan los relatos patriarcales que históricamente han modelado la representación del cuerpo de las mujeres.

Priscilla Monge (Costa Rica, 1968)
El peso de la sangre. Un ritual contemporáneo (2026)
Palacio del Gran Maestre, Valletta

Priscilla Monge es reconocida por una práctica conceptual que explora las violencias inscritas en la vida cotidiana y las construcciones culturales en torno al género. En la Bienal de Malta presenta una escultura pequeña, pero de fuerte carga simbólica, que reubica la sangre desde el lugar de la herencia biológica hacia el de los vínculos elegidos. La pieza consiste en un cubo de acrílico de cinco centímetros de lado que contiene una mezcla de la sangre de la artista y la de su hijo adoptivo.

Como un ritual íntimo que se hace público, Monge resignifica la sangre —tradicionalmente entendida como marca de herencia y pertenencia— para convertirla en una metáfora de los lazos elegidos. Encapsulada en esta estructura transparente que oscila entre la muestra científica y el relicario, la pieza cuestiona las concepciones convencionales de identidad y filiación, ampliando el significado cultural del parentesco.

Wilfredo Prieto (Cuba, 1978)
La democracia se discute en el campo de golf (2025)
Fuerte de San Telmo y Museo Nacional de la Guerra, Valletta

A partir de la economía de gestos y la reconfiguración de objetos y símbolos cotidianos, Wilfredo Prieto incita lecturas críticas sobre las estructuras sociales contemporáneas. Como vemos en el título de su obra para la Bienal, aquí el artista traslada el ejercicio de una supuesta democracia hacia un espacio históricamente asociado al privilegio y la exclusividad.

La acción de intervenir la Plaza de Armas del Fuerte de San Telmo con banderas de golf, aunque mínimo, alude a cómo este deporte se ha convertido en espacio de negociación —informal y elitista— para cerrar acuerdos políticos, empresariales y financieros a escala global. A partir de esta referencia, Prieto expone la tensión entre participación democrática y desigualdad estructural. El campo de golf se convierte así en una metáfora de los mecanismos —a menudo invisibles— que distribuyen el poder y organizan la vida política y económica.

Tau Luna (Colombia, 1989)
Antes de que fuéramos humanos (2023–2026)
Palacio del Gran Maestre, Valletta

Tau Luna cruza arte, investigación y pedagogía para indagar en los efectos del colonialismo sobre los territorios y los cuerpos, así como en las relaciones entre migración humana y no humana. En Antes de que fuéramos humanos, la artista reflexiona sobre las formas de orientación y desplazamiento que comparten distintas especies, inspirándose en la magnetita, un mineral presente tanto en el núcleo terrestre como en los organismos de numerosos animales migratorios.

La instalación reúne textiles teñidos con magnetita y materiales susceptibles a la oxidación junto con registros sonoros de campos magnéticos, en una convergencia temporaria de procesos geológicos, biológicos y sensoriales. A la manera de un gran amuleto para las vidas migrantes, la obra habla de aquellas rutas invisibles que conectan cuerpos, territorios y recuerdos, y desplaza lo humano del centro para pensar formas de coexistencia entre especies.

Daniel de la Barra (Perú, 1992)
No conocen el camino (2026)
Museo Marítimo de Malta, Birgu

Daniel de la Barra, cuya obra examina las continuidades entre colonialismo, extractivismo y economía global, presenta No conocen el camino, una pintura monumental que dirige la mirada hacia el Mediterráneo como espacio de conflictos, circulación de mercancías y riquezas. El artista toma como referencia a Dante para imaginar este mar como un infierno expuesto por las luces de la propaganda, la vigilancia y el comercio internacional.

Presentada en el Museo Marítimo de Malta, la obra confronta la noción romántica del paisaje marítimo con sus mismas redes de poder. De la Barra cuestiona así la llamada “ceguera marítima”, una forma de percepción que reduce el mar a un horizonte neutro donde se invisibilizan las dinámicas de explotación, desplazamiento y violencia de quienes recorren sus rutas. La pintura, situada entre la tradición pictórica de lo sublime y la estética de la comunicación corporativa, revela cómo las imágenes pueden contribuir tanto a visibilizar como a encubrir las estructuras económicas y políticas que organizan el mundo contemporáneo.

Saskia Calderón (Ecuador, 1981)
Las lunas que no vi (2021)
Parque Arqueológico Ġgantija, Gozo

La artista visual y cantante de ópera Saskia Calderón expone en la Bienal Las lunas que no vi, una obra que parte de los conocimientos astronómicos de las culturas prehispánicas de Imbabura, en Ecuador, para reflexionar sobre formas de conocimiento que han sido relegadas por los relatos dominantes de la historia. La pieza tiene como eje las llamadas “lunas muertas”, entendidas por la artista como vestigios de un tiempo pasado asociado tanto a los ciclos celestes como a saberes ancestrales hoy amenazados por el olvido.

En la performance, la artista se vale de un pilche o mate —cuya forma remite a la luna— como elemento central de una partitura construida a partir de las fases lunares. Calderón traduce cada fase en figuras y silencios musicales para dar con una composición coral inspirada en la astronomía y la ritualidad. Al ser expuesta en el Parque Arqueológico Ġgantija, uno de los complejos megalíticos más antiguos del mundo, se establece una conexión entre el patrimonio prehistórico maltés y las cosmologías originarias de los Andes.

Katia Sepúlveda (Chile, 1978)
Songwashing (2018)
Molino Ta’ Kola, Gozo

A partir de sus investigaciones sobre los feminismos decoloniales y la historia política, Katia Sepúlveda crea obras que examinan las relaciones entre cultura visual, poder y memoria. En Songwashing, la artista recurre a material de archivo vinculado a su propia infancia para cuestionar los relatos aparentemente universales que circulan a través de la cultura de masas y las formas en que estos se inscriben en la experiencia personal.

A partir de una canción que formó parte de su infancia durante la dictadura militar chilena, Sepúlveda propone un ejercicio de desmontaje crítico de aquellas narrativas aparentemente universales o consensuadas que circulan a través de la cultura de masas. El título del video es elocuente. Así como se habla de greenwashing o pinkwashing, Songwashing parece apuntar a cómo ciertas canciones, discursos humanitarios o productos de la cultura popular pueden suavizar, encubrir o neutralizar conflictos políticos e históricos.

Catalina Tuca (Chile, 1977)
Luma (2024)
Palacio del Inquisidor, Birgu

Catalina Tuca indaga en las relaciones entre territorio, recuerdos colectivos y sistemas de poder a través de objetos, relatos y formas de conocimiento situadas. En Luma, la artista parte de la polisemia de una palabra utilizada en Chile para designar tanto un árbol nativo del sur del país (Amomyrtus luma) como la porra policial originalmente fabricada con su resistente madera, cuyos golpes aún se conocen popularmente como lumazos, aunque hoy se produzcan con materiales sintéticos. A partir de esta doble acepción, la obra examina cómo un mismo elemento puede condensar historias de cuidado y violencia, naturaleza y control, memoria y represión.

Expuesta en la antigua sala de torturas del Palacio del Inquisidor, la instalación propone una reflexión sobre las distintas formas históricas de ejercicio del poder. Mientras el árbol luma remite a los saberes ecológicos y espirituales asociados al pueblo mapuche, así como a las amenazas que enfrenta el bosque nativo bajo las lógicas extractivistas contemporáneas, la porra nos traslada a la violencia ejercida por las fuerzas de represión, particularmente durante la dictadura militar de Pinochet.

Santiago Sierra (España, 1966)
Hooded Woman Seated Facing the Wall (2023)
Palacio del Inquisidor, Birgu

Santiago Sierra, uno de los artistas conceptuales españoles más ácidos de su generación, ha desarrollado una práctica que confronta de manera directa las condiciones materiales del capitalismo contemporáneo, enfocándose particularmente en la visibilización de las estructuras de poder que se infiltran en el trabajo, la desigualdad económica, la migración y la violencia institucional.

En Hooded Woman Seated Facing the Wall, una figura femenina aparece sentada de espaldas al espectador, con la cabeza cubierta por un capirote negro, en una escena de fuerte carga simbólica que recuerda tanto a los dispositivos de castigo como a las formas contemporáneas de invisibilización. La obra lleva la atención hacia la noción de anonimato como mecanismo de desubjetivación, donde el cuerpo es reducido a presencia silenciosa y sometida. En esta acción mínima y perturbadora, Sierra vuelve sobre su interés por la explotación del trabajo y las jerarquías que estructuran la vida social. Como es habitual en su práctica artística, sitúa al espectador en una posición incómoda entre la observación y la implicación.

Núria Güell y Rosa Casado (España, 1981 y 1971)
Innocent Passage (2026)
Museo Marítimo de Malta, Birgu

La obra de Núria Güell y Rosa Casado creada especialmente para la Bienal consiste en un crucero por las aguas territoriales de Malta para develar aquello que el comercio global suele mantener oculto. A bordo de una embarcación turística, el público recorre rutas determinadas por los barcos anclados en zonas de abastecimiento dentro de las aguas maltesas y las denominadas “banderas de conveniencia” que estos portan, lo que evidencia la compleja relación entre soberanía, jurisdicción y circulación global.

Durante el recorrido, la performance invita a pensar cómo aquellas categorías aparentemente inamovibles —como territorio, ciudadanía o Estado— se transforman en el contexto marítimo, donde el derecho internacional introduce zonas de excepción y ambigüedad. Las artistas buscan que esta travesía marítima gatille posicionamientos ante las infraestructuras invisibles —jurídicas, económicas y políticas— que sostienen el comercio contemporáneo.

Concha García (España, 1960)
Vasijas del silencio. Viaje y memoria del Mediterráneo (2026)
Pabellón de España — Antigua Armería de Birgu

Como representante del Pabellón de España en la Bienal, Concha García desarrolló un proyecto enraizado en la tradición cerámica mediterránea, donde la vasija aparece como forma arquetípica y contenedor simbólico. A partir del hallazgo de moldes de escayola provenientes de un antiguo taller de alfarería en Portillo (Valladolid), la artista se acerca a saberes artesanales transmitidos durante generaciones, vinculándolos con imaginarios históricos del Mediterráneo y su constante circulación de bienes e ideas.

Las piezas resultantes —vasijas de barro con relieves inspirados en estos moldes e influencias de la imaginería románico-cristiana— crean un puente entre la tradición y la contemporaneidad. El proyecto engloba así nociones de espiritualidad, herencia cultural y desplazamiento, extendiéndose hacia una reflexión más amplia sobre el Mediterráneo como espacio de tránsito y sedimentación histórica, en el que los objetos son portadores de historia.

Tania Berta Judith (España, 1988)
Katédesmoi in gold: the end of the hero (2026)
Molino Ta’ Kola, Gozo

En Katédesmoi in gold: the end of the hero, Tania Berta Judith borda sobre una sábana heredada una relectura de La balsa de la Medusa de Géricault, entrelazándola con referencias al viaje de Ulises y a los katádesmoi, antiguos conjuros griegos en los que el acto de atar equivale a sellar o alterar el destino. A través de cordones de oro que hacen las veces de nudos rituales, la artista reformula el relato del héroe clásico y desplaza el foco hacia la figura de Calipso, quien interrumpe la linealidad épica para abrir una grieta en la narrativa dominante.

Asociado históricamente a la domesticidad y al ámbito privado, el bordado se convierte aquí en una tecnología de pensamiento y resistencia capaz de reescribir los relatos heredados. La sábana —objeto cargado de memoria afectiva y corporal— funciona como un soporte desde el cual imaginar otros mitos posibles, no centrados en la épica del viaje heroico, sino en la posibilidad de ejercer la propia voluntad y reescribir el destino desde la cotidianidad.

Rocío Berenguer (España, 1987)
BADDANCEWITHTHEBADWEEDS (2025)
Ċittadella & Victoria, Gozo

En BADDANCEWITHTHEBADWEEDS, una instalación participativa y experiencia inmersiva, el público es invitado a formar parte de un colectivo transespecie —THEBADWEEDS— donde cuerpos humanos y vegetales se confunden en una coreografía de mutación. A través del movimiento, la artista persigue una transición ecológica desde el deseo, el humor y la resiliencia que, a fin de cuentas, redirija los discursos catastrofistas hacia una narrativa afirmativa y lúdica.

En este universo eco-futurista, las “malas hierbas” se convierten en formas de vida que prosperan en los márgenes, aptas para habitar tanto los espacios urbanos como los naturales. La artista conduce al visitante a una experiencia de transformación corporal y sensorial, donde el futuro se imagina como un proceso de hibridación entre especies, afectos y tecnologías.

Albert Moya (España, 1989)
Arca – “Ritual” (video musical) (2023)
Palacio del Inquisidor, Birgu

Cineasta español cuya obra transita entre el videoclip, el cine experimental y el documental, Albert Moya construye imágenes marcadas por una estética de lo onírico y lo fragmentario, en diálogo con tradiciones del cine de autor y del audiovisual contemporáneo. Su trabajo, influido por referentes como el Dogma 95, Fassbinder o Reygadas, se caracteriza por una aproximación narrativa que oscila entre lo íntimo y lo performativo, y que ha dialogado también con el ámbito de la moda y la cultura visual global.

El video musical Ritual, realizado para la artista, DJ, intérprete y compositora venezolana transgénero Arca, viene cargado de intensidad afectiva y política. La artista encarna una comunidad de cuerpos disidentes —migrantes, marginados, desplazados, otras formas de lo “otro”— que enuncia desde su propia gestualidad visceral. Arca es, en sí misma, un espacio de pertenencia para quienes han sido excluidos de los relatos normativos. La música y la imagen se alzan como formas de resistencia, cuidado y afirmación de identidades no normativas.


Todas las imágenes son cortesía de la Bienal de Malta, a excepción de las de Catalina Tuca y Tania Berta Judith (gentileza de las artistas).

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