POLÍTICAS DEL SABOR
Por Inés Tapia Cabezas
El Centro Cultural Recoleta presenta Políticas del sabor, una exposición colectiva curada por Larisa Zmud que propone un cruce entre arte contemporáneo y cocinas comunitarias como prácticas de imaginación, cuidado y resistencia. A partir de experiencias colectivas de distintos países y obras de artistas de diversas épocas, la muestra invita a pensar la cocina como un espacio político, poético y de construcción de comunidad.
Frente a los discursos apocalípticos que anuncian el fin del mundo, Políticas del sabor propone encender fuegos comunes y ensayar desde el arte nuevas formas de sostener la vida. En este contexto, arte, feminismos y prácticas comunitarias convergen para imaginar modos de vida sostenibles, donde el optimismo funciona como una forma de resistencia y el acto de cocinar se convierte en una herramienta para pensar, cuidar y transformar lo común.
La exposición se plantea como un brebaje afectivo y político frente a los discursos que paralizan. A través de prácticas de cocinas comunitarias y experiencias de arte contemporáneo, abre preguntas sobre lo colectivo: ¿qué subjetividades se construyen al compartir la cocina?, ¿qué memorias culturales emergen al cocinar juntos?, ¿qué placeres caben en la militancia por la vida?
En este recorrido, la comida aparece no solo como alimento, sino como una práctica política capaz de generar nuevas formas de comunidad. La muestra explora las intersecciones entre feminismos populares, ecofeminismos, prácticas artísticas colectivas y ollas populares, revelando cómo estas experiencias pueden reconfigurar lo real y proponer nuevas formas de cuidado.


El Comedor Gourmet ocupa un lugar central en la exposición como un dispositivo artístico-político que concibe la cocina como espacio de transformación social. Se trata de un comedor popular gratuito, activo semanalmente, donde se sirven platos sabrosos, bellos y coloridos, desafiando las jerarquías que determinan qué vidas tienen acceso al goce y a la belleza.
La iniciativa forma parte del colectivo Belleza y Felicidad Fiorito, fundado en 2003 por Fernanda Laguna e Isolina “La Negra”, y establecido como comedor en 2017 en Villa Fiorito (Lomas de Zamora). Participan Gisela Rivas, Ailin Santillán, Stella Maris Díaz (Julia), Yudith Rodríguez, Paula Vega, Claudia Giménez, Paula Giménez, Sasha Giménez, Natalia Giménez, Mayra Giménez, Nadia Madariaga, Susana Laguna, Fernanda Laguna, Florencia Romero, Micaela Iribarren, Gal Vukusich y Larisa Zmud, con quien conversamos para que nos compartiera su mirada curatorial.

Curar la cocina
¿Cómo dialoga la experiencia territorial de la cocina comunitaria con el espacio institucional del Centro Cultural Recoleta?
No quería que la experiencia territorial de Fiorito o de los otros colectivos entrara al Recoleta como algo «exótico» o solo como una representación detenida, documental. En ese sentido, me pareció importante hacerme la pregunta sobre cómo exhibir las cosas como son e intentar incluir vida y acción a aquellos objetos no tradicionalmente artísticos. Para lograrlo, el diseño de la sala fue central: jugar con las grandes mesas de comedor, los tenders de la calle, los platos y las ollas a la mesa. De esta manera, hay algo del territorio que entra a la sala. Y, a la vez, está la cocina en todo sentido: desde los colores de las paredes, que remiten a los azulejos, hasta el tacho de basura y la digestión. La institución se abre para que los saberes de las ollas y las cocinas sean el centro.
La puesta en sala recrea una cocina doméstica. Las paredes de la sala Cronopios están pintadas en colores cálidos —verdes y amarillos—, mientras repasadores de distintos diseños cuelgan sobre las cabezas de los visitantes. A diferencia de las cocinas fastuosas y pulcras, minimalistas y con mesones elegantes, el ambiente de Políticas del sabor es familiar: el visitante se siente casi como en casa, todo resulta cercano.
En este espacio, cocinar y comer juntxs se vuelve un acto de insurrección afectiva, una forma de hacer otros mundos y sostener la vida en común, en un diálogo con distintas experiencias colectivas centradas en arte y cocina. Entre ellas, Cozinha Ocupação 9 de Julho, de Brasil, ubicada en un edificio ocupado por el Movimiento de los Sin Techo del Centro de São Paulo, que funciona como centro de cuidado y activismo. El espacio surge como respuesta política a la gentrificación y a los proyectos inmobiliarios que expulsan a las personas más vulnerables de las grandes ciudades. De ahí su lema: “Cozinhar é revolucionário”.
Pero la curaduría dialoga principalmente con la emblemática obra Sin pan y sin trabajo, de Ernesto de la Cárcova, para invertir su sentido. Según Zmud, la idea fue “darle vuelta al concepto” y pensar la exposición como “Con pan y con trabajo”. Esta premisa organiza la sala en dos líneas: por un lado, el pan, representado por obras vinculadas a la comida; por otro, el trabajo, relacionado con el acto de cocinar.

¿Qué criterios guiaron la conversación entre obras más objetuales (platos, ollas, pan) y obras performáticas o documentales?
Algo que apareció rápidamente fue la obra Sin pan y sin trabajo, de Ernesto de la Cárcova. Es una pieza fundamental de la historia del arte nacional y una imagen tan tremendamente —y criminalmente— vigente. Pensé en esa obra y sentí que era injusto para los colectivos que sostienen (contra todo pronóstico) espacios de placer y resistencia resignarse a esa premisa. Entonces, tomando algo que nos enseñaron las feministas —la idea de la especulación y de enunciar lo que deseamos—, decidí dar vuelta eso y pensar la sala como “Con pan y con trabajo”. Eso le dio forma a la nave central. El pan en sentido extenso, metafórico… y, del lado del trabajo: el fuego, las cacerolas, el cuerpo. Luego aparece la performance y el registro documental que da cuenta de la acción que implica la cocina, junto a un espacio doméstico, tipo cocina-comedor, para las actividades íntimas que se proponen en la muestra.

Mesas, Mesas: Experiencias colectivas
Políticas del sabor también reúne experiencias colectivas que abordan la cocina como una práctica artística y social. Entre ellas está PAISAnaJE (España), un grupo de exploración y acción que enfrenta la crisis ecosocial a través de proyectos vinculados a la comida. Entre sus actividades destacan Las comidas de los viernes, encuentros comunitarios que se organizan en torno a platos compartidos —cuscús, ceviche o lentejas— como forma de activar vínculos y conversaciones.
Desde España participa también INLAND – Campo adentro, un colectivo que busca desdibujar el binomio naturaleza-cultura al activar relaciones entre prácticas agrícolas, artísticas y sociales. En su trabajo, el arte contemporáneo funciona como una plataforma situada para imaginar y transformar las realidades rurales y urbanas.
Por su parte, el Museo del Puerto de Ingeniero White (Buenos Aires), fundado en 1987, parte de una premisa elocuente: “la historia empieza por el estómago”. En su aula-cocina, los saberes de las cocineras se transforman en memoria viva. Cada domingo, la Asociación Amigas del Museo prepara chocolate para los vecinos, celebrando una forma de resistencia cotidiana hecha alimento.

Genealogías del arte y la comida
Obra seminal del arte conceptual argentino, Analogía I, de Víctor Grippo, forma parte de una serie en la que el artista utiliza papas conectadas con cables y electrodos para generar electricidad. Al insertar metales como cobre y zinc en cada papa, estas producen una pequeña corriente eléctrica que, al sumarse, puede medirse con un voltímetro. De esta manera, la obra demuestra que incluso un alimento cotidiano contiene energía.
Una versión de esta instalación se presenta en Políticas del sabor, revelando que, más que un experimento científico, Grippo proponía una metáfora: así como cada papa guarda una energía latente, también las personas poseen una fuerza capaz de transformarse en pensamiento, conciencia y acción cuando se conecta colectivamente.



Horno de barro de Gabriel Chaile. Cortesía: Centro Cultural Recoleta | Olla de Gabriel Chaile. Políticas del Sabor, Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, 2026. Foto: Paula Otero

También se presentan ollas de Gabriel Chaile provenientes de comedores populares, que el artista interviene grabando en ellas rostros inspirados en vasijas indígenas del noroeste argentino. Para reunirlas, Chaile compró baterías de cocina nuevas y las intercambió en comedores comunitarios por las antiguas ollas de aluminio: abolladas, bruñidas por el uso y quemadas en la base por años de fuego al cocinar para quienes no tienen qué comer.
Otras obras incluidas son las de Andrés Piña, La Chola Poblete y Marta Minujín. De esta última se exhibe el registro de El pago de la deuda externa con choclos, el oro latinoamericano (1985), una foto-performance realizada en Nueva York junto a Andy Warhol. En la acción, Minujín “paga” simbólicamente la deuda externa argentina entregándole maíz rociado en oro —al que llama “el oro latinoamericano”—, argumentando que América Latina ya saldó su deuda con el mundo al haber dado origen a este alimento fundamental que hoy nutre a millones de personas.
Destaca, asimismo, el registro del happening La Marabunta de Narcisa Hirsch, realizado en el Cine Coliseo de Buenos Aires el 3 de octubre de 1967. La artista lo describía como “una ceremonia de antropofagia colectiva” en torno a un esqueleto de cuatro metros cubierto de comida, que contenía en su interior palomas y cotorras vivas pintadas con colores fosforescentes, las cuales salían volando mientras el público comía. Fue a partir de esta acción que Hirsch comenzó a filmar, iniciando así su camino en el cine experimental.


Activación de Wawaskunas, de Tiziano Cruz en Políticas del Sabor, Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, 2026. Cortesía del artista
Activaciones y experiencias en vivo
Durante la muestra también tuvo lugar la activación de Wawaskunas, de Tiziano Cruz, una experiencia que explora prácticas culinarias andinas vinculadas a la memoria y al ritual, como la elaboración de ofrendas de pan destinadas a hacer presentes a los difuntos, aquellos que han dejado el plano terrenal para habitar el ámbito ancestral.
A través de esta actividad, el artista propuso un retorno simbólico a su propia infancia y a su comunidad, compartiendo con el público estas ofrendas como una forma de revisitar la cosmogonía andina y reflexionar sobre los vínculos entre vida, muerte y memoria colectiva.


Imaginar futuros desde la cocina
¿Cómo pensaste la experiencia del visitante: como espectador, como comensal, como participante?
Para mí, lxs visitantes son más bien invitadxs a la mesa. Viste que la mesa es ese lugar donde todxs se sientan y algo se desjerarquiza. Además, hay una dimensión emocional que tiene que ver con lo común; esa política de los comunes me parece clave porque es lo que une a diversos públicos. En la era de la hiper-individualidad, creo que es lo que más necesitamos. Tal vez, con suerte, quien entra a la expo como unx visitante más, sale con una chispa, con una idea de cierto compromiso, de cierta certeza de la interdependencia que nos constituye: la noción de que somos responsables de sostener la vida.
La exposición habla de encender “fuegos comunes” frente a discursos apocalípticos. ¿Qué imaginarios de futuro emergen desde estas cocinas?
Frente al discurso del fin del mundo, estas cocinas proponen un presente que escapa a los relatos de futuros puramente tecnocráticos e individualistas, y se compromete profundamente con lo que hacemos cotidianamente, con el detalle, y sobre todo con lo colectivo. Los imaginarios que emergen son los de la sostenibilidad afectiva: la idea de que podemos transformar la vida a través del cuidado de los detalles más mundanos. Como dice la cacerola manifiesto del Museo del Puerto de Ingeniero White: «¡Ay de esos museos que quieren contar la historia sin hablar de las cocinas! ¡Sin cocina no hay historia!». Y eso mismo pienso con relación a pensar el futuro; el futuro también es parte de la historia, y ¡sin cocinas no hay futuro!”


Marcela Sinclair, De la serie Fuga, joya. Collares de fideos. Foto: Paula Otero
Cozinha Ocupaçao 9 de Julho, Paisanaje, Inland – Campo adentro, Floating University, Comedor Gourmet de Belleza y Felicidad Fiorito, Museo del Puerto de Ingeniero White, Marta Minujín, Narcisa Hirsch, Grupo Escombros, Clemente Padín, Víctor Grippo, Lucía Reissig, Gabriel Chaile, Marcela Sinclair, La Chola Poblete, Ignacio Tamborenea, Hoco Huoc, Tiziano Cruz, Gabriel Baggio, Las Deudas, Andrés Piña.
Sala Cronopios — Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires
Del 13 de noviembre de 2025 al 26 de abril de 2026
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