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FERNANDA LAGUNA: “YO SOY EL COLECTIVO”

Desde una práctica expansiva y múltiple, pero a la vez personal y afectiva, Fernanda Laguna (Buenos Aires, 1972) produce obra, gestiona espacios, milita desde el feminismo y escribe. Se constituye desde la multiplicidad, la dilución y el hacer colectivo. Recientemente inauguró una muestra en el Institute for Contemporary Art de Virginia y existen varios proyectos (más muestras y libros) que empiezan a pensar, investigar e historizar su recorrido. Sin embargo, ella escapa a las miradas nostálgicas y reactualiza su innegable capacidad de ser puro presente: sigue abriendo lugares de encuentro, proponiendo nuevas identidades y sosteniendo formas de aprendizaje situadas y recíprocas.

Vista de la exposición «Fernanda Laguna: As Everybody», en el Institute for Contemporary Art de la Virginia Commonwealth University, 2020. Foto: David Hale
Vista de la exposición «Fernanda Laguna: As Everybody», en el Institute for Contemporary Art de la Virginia Commonwealth University, 2020. Foto: David Hale
Vista de la exposición "Fernanda Laguna: As Everybody", en el Institute for Contemporary Art de la Virginia Commonwealth University, 2020. Foto: David Hale
Vista de la exposición «Fernanda Laguna: As Everybody», en el Institute for Contemporary Art de la Virginia Commonwealth University, 2020. Foto: David Hale

Bárbara Golubicki: Tu muestra individual, recientemente inaugurada en el Institute for Contemporary Art (Virginia Commonwealth University, Virginia, EEUU) se titula Fernanda Laguna: as everybody. La traducción al español es ambigua, podría entenderse “Fernanda Laguna: como todo el mundo” y así deducir que sos como cualquiera de nosotres, que tu obra piensa el mundo desde lo común (y lo comunitario). Pero otra interpretación podría remarcar la dimensión más performática: vos en varios roles en esta película, porque una de tus cualidades es justamente lo prolífica que es tu práctica y que en definitiva constituye una forma de vida. Hay varias Fernandas en esta exhibición. La artista pero también la activista, la escritora… ¿cómo ves, como curadora también, ese perfil que se construye en el montaje de todas tus prácticas simultáneas? ¿Qué ves cuando se ponen en relación?

Fernanda Laguna: A mí me gusta todo lo que las personas hagan, que le den la interpretación que quieran a las cosas. Igualmente, no están todas las Fernandas en esa muestra. Siempre quise ser muchas para que muchas me conozcan más a mí. Y poder verme en otras yo, poder ver lo que hacen. Muchas veces me parecen hechas por alguien extraño y a la vez me parece extraño lo que hice, de dónde salí. Porque yo de alguna manera me disocio: cuando pinto, por ejemplo, me alejo de mí y es como si estuviera en otro lado. El arte me saca una parte más descontrolada en un sentido infantil. Me cuesta pensar estas cosas de ser muchas. Trato de ser sincera con eso y para serlo tengo que entenderme antes. Para esto tengo que probar y decir cualquier cosa, así que todo lo que digo es y no es así. Cuando era más chica quería pintar como muchas personas, quería poder tener los cuadros del mundo que quisiera pintándolos yo misma. Para poder hacerlos tenía que entrar en personaje. Cuando pinto abstracto soy muy diferente a cuando hago otras cosas, por momentos soy muy minuciosa, y todo mi cuerpo se hace chiquitito, y en otras mi cuerpo se pone expansivo, diferente. Es la misma pintura que me convierte en lo que es. Yo hago los cuadros pero en ellos también hay algo que se da que una no controla, sucede. Mi obra en la multiplicidad funciona mejor, es lo que le es natural. En la muestra de Virginia, se seleccionaron grupos de obras muy distintas. Pinturas con algodón pegado, las pinturas a las que llamo Formas negras -que tienen tajos y formas caladas sobre la tela-, mis pinturas con marcos de mimbre, collages en cartulina, gobelinos. En los grupos de obras que armamos no hay un diálogo, se complementan. Cada obra es imperfecta, inconclusa. Algo siempre les falta, pero con el resto de las piezas toman cuerpo. Se “alagunan”.

Vista de la exposición «Fernanda Laguna: As Everybody», en el Institute for Contemporary Art de la Virginia Commonwealth University, 2020. Foto: David Hale
Fernanda Laguna, 55, 2013. Foto: David Hale

BG: Este momento de mirada hacia atrás y de “autoconciencia” respecto a tu recorrido se cristaliza también en la publicación de tu libro de pinturas de los años 90, Amor total, los 90 y el camino del corazón, publicado por la editorial Ivan Rosado (Rosario, Argentina), y el capítulo dedicado a vos de la exhibición virtual curada por Francisco Lemus, Orgullo y prejuicio, en tu galería argentina Nora Fisch, donde también hay una vocación por investigar tu paso por la galería del Rojas en los 90, pero incluye obras de los 2000, archivos de Belleza y Felicidad y un apartado dedicado a Belleza y Felicidad Fiorito. Por otra parte, en el Museo del Libro y de la Lengua (Buenos Aires, Argentina) este año exhibieron Mareadas en la Marea y ahora la muestra en Virginia que se enfoca más en lo que hiciste a partir de 2010. Tu trabajo empieza a contar con un principio de historización y periodización. ¿Qué descubrís en ese recorrido que se va trazando?

FL: Justo ahora estoy trabajando también en un libro con obras de los 2000. Voy a poner fragmentos de diarios porque las obras de esa época eran, muchas de ellas, para chicos que me gustaban, muy de tirar botellas al agua, un “Hola”, un “Para vos, amor”. Compartir ciertas cosas de los diarios inéditos de esos años me permite mostrar algo repetitivo, medio mantra, como “puedo hacerlo”, “tratar de estar bien”, que a la hora de leerlo se recupera ese humor y esa insistencia. Es un lenguaje para nada literario. Me gusta que se sienta esa cosa pelada, no embellecida. Hay una preocupación que aparece en los diarios sobre la idea de la comunicación, de la claridad.

Viendo todo junto descubrí que hay una vinculación de mi obra con cierto contexto y espacio. Cuando pasa eso la obra es más homogénea, cuando es en mi casa sola hago cualquier cosa, desde una bolsita hasta un papel de regalos, las remeras, los cuadros. En un punto para mí es todo lo mismo. El arte no es la producción de obras o eventos, es un camino: son los dibujitos de mis diarios, lo que se vende en mi tienda El Universo, en la mirada ya hay algo de creación. Las obras son como migas de un recorrido. Eso viene también del Tao del Arte, Gumier Maier lo decía. El formato es la convencionalidad que hace que algo sea transmisible. El lenguaje es un formato que hace que los sentimientos puedan ser expresados. El cuadro es un formato que expresa la idea de obra de arte, una bolsita comunica algo distinto.

Fernanda Laguna, ¡Qué triste estoy!, 2018. Acrílico y collage sobre tela. Cortesía: Galería Nora Fisch, Buenos Aires.
Fernanda Laguna, ¡Qué triste estoy!, 2018. Acrílico y collage sobre tela. Cortesía: Galería Nora Fisch, Buenos Aires.

BG: Sin embargo, en esa idea de arte, vos vas modulando intensidades de lo que hacés según las coyunturas. A veces aparece más fuerte la gestión, por momentos la escritura, por momentos la pintura. Vos tenés un termómetro de qué práctica va necesitando más de vos…

FL: La misma práctica es la que me lleva a poner el acelerador o frenar, yo no lo controlo. O por ahí es que todo lo que hago está relacionado con el arte, y parecen muchas más. Si une sumara todas las cosas que hace, serían un montón. En mi caso se van sumando en una misma categoría que es la del arte. Lo que sí siento es que hay diferentes velocidades. A veces siento que hay un vértigo en el paso de una a la otra; pero, por otro lado, también tengo otras que necesitan de tiempo y lentitud.

BG: Por ejemplo, en el caso de Belleza y Felicidad Fiorito. También es un proyecto mutante, que no es estanco. Esa pulsión por generar espacios convive con tu capacidad de sostenerlos en el tiempo. Fiorito, en 17 años, fue cambiando. La misión hoy por hoy está enfocada en las políticas del cuidado. Una misión que se lleva adelante con el grupo de mujeres. Estas políticas del cuidado, ¿cómo se concretan en medio de la cuarentena? ¿Cómo cambiaron, qué proyectan, cómo se sostienen?

FL: Yo creo que llegué a Fiorito buscando aprender algo. Siempre me paré en ese lugar. Mientras haya algo para aprender yo me quedo. Voy aprendiendo con les otres acerca de mí misma también. Había algo de mí que necesitaba desarrollarse en este barrio, y no en el mundo del arte, en el under de capital donde yo me movía. Todo lo que hacemos proviene de aprendizajes. No hemos instalado ninguna idea que no sea aprendida en el barrio. Entonces los procesos son larguísimos y siempre colectivos. Por ejemplo, hasta llegar a la Asamblea Permanente de Niñes en la que trabajaron Victoria Musotto y Lucía Reissig, pasaron 16 años. A veces yo misma me sorprendo del tiempo. El proyecto ahora es no proyectar. Es trabajar sobre la grupalidad, sobre la idea de lo que es ser un colectivo interclase.

BG: El Comedor Gourmet, el Taller de arte de niñes, el Taller de serigrafía, el colectivo Ni una menos. Todo lo que sucede en Fiorito está marcado por esa relación más horizontal que rompe con la idea de asistencialismo, de cierta condescendencia…

FL: Todo es una construcción. La educación que tratamos de generar es una educación propia. No somos docentes yendo a un barrio. Nos interesa trabajar desde un lugar en donde en el taller de niñes elles deciden qué quieren aprender. Es una educación antiadultista, donde les niñes no son les que van a aprender, aprenden entre elles y elles toman decisiones. Están los proyectos más visibles. Pero eso es solo una parte. En paralelo está todo el trabajo humano, de relaciones, de aprendizaje, que es infinito. Es una parte tan importante como lo que se termina viendo. Ahora estamos haciendo unas clases a distancia con un argentino que vive en China, clases de cocina y cultura china por Zoom, cuatro domingos. Ahora vamos a hacer uno de comida italiana, que también incluye cultura. Forma parte del proyecto armado sobre los talleres de cocina latinoamericana y feminista para trabajar la comida desde el barrio en un sentido identitario y del derecho al placer, no pensándolo siempre desde la necesidad. Vamos a hacer otro de comida y cultura mexicana. Vamos haciendo lo que vamos consiguiendo. A mí me gustaría sumar un taller de cultura y comida mapuche.

Fernanda Laguna, Lágrimas, 2019. Acrílico y collage sobre tela, marco de mimbre, 100 x 79 cm. Colección Ama Amoedo. Cortesía: Galería Nora Fisch, Buenos Aires.

“Me han criticado por llevar alumnes a arteBA pero yo creo que todos los lugares son para todes las personas. No hay contradicción, porque yo no veo a un pobre, veo una persona”.


BG: La muestra del ICA va a contar con un diario de Belleza y Felicidad Fiorito y nuevos públicos van a conocer este proyecto, ¿Qué recepción tiene acá en Argentina ByF Fiorito?

FL: Yo creo que, a partir de la concreción de determinados proyectos, logró ser comunicado. Logramos formatear algo. Pero el proyecto es mucho más grande. Pudimos interpelar diversos ámbitos, el del arte contemporáneo, pero también el de la militancia territorial (durante este año muy vinculada a nuestro trabajo colectivo en el barrio junto a la Unión de Trabajadores de la Tierra) y la militancia feminista (desde nuestra participación en Ni una menos Fiorito). Me parece genial que esos ámbitos convivan porque creo que no se le puede negar la participación a nadie en ningún lado. Me han criticado por llevar alumnes a arteBA pero yo creo que todos los lugares son para todes las personas. No hay contradicción, porque yo no veo a un pobre, veo una persona. O a una persona pobre, que no tiene plata. Una persona como cualquiera.

BG: En ese punto, creo que la llegada de Ni una menos a Fiorito dio por cerrada esa contradicción aparente. Y me pregunto si el feminismo no puede ser pensado como la clave de lectura de todo lo que hacés. Está entretejido en tus producciones: literatura como especulación feminista, la pintura como disociación antiescencialista. En ese contexto aparece Mareadas en la marea, la idea de un archivo feminista vivo, en curso, que mostraste en Londres en la Galería Campoli Presti, en Buenos Aires (en Nora Fisch y en el Museo del Libro y de la Lengua), y ahora en Virginia.

FL: Me encanta trabajar Mareadas…en varios formatos: lo hacemos con Cecilia Palmeiro; ahora estamos trabajando un libro, donde Mareadas es un relato y también lo llevamos a un lenguaje instalativo de documentos de las manifestaciones, marchas y movilizaciones feministas. Su carácter vivo no tiene que ver solamente con que se trata de un registro de una lucha, sino también que está vivo porque puede adoptar muchas formas.

BG: Hay ahí toda una continuidad con la obra de los 2000, que explora mucho la precariedad desde los materiales y la cosa textual. Estas obras son cartulinas con gráficos, como banderas privadas antes de volverse públicas. Podrían ser también cartas que van variando de soporte; son esquemas para entenderte/se.

FL: Es que en los 2000 yo no tenía un peso, y tenía la librería en Belleza y Felicidad. Sacaba un poquito de pintura de los potecitos y con eso podía hacer unos detalles en acrílico, pero tiene que ver con lo económico. Mucho de esa dimensión textual va a aparecer en el libro de los 2000. Estaban las cartulinas, los cuadros sinópticos, la escritura como parte de unas ganas de entender. Pero a la vez, si las pensás a estas obras, nadie entendía nada, ni la entendían como arte. A mí me sorprenden. De dónde salió eso. Querer comunicar a través de toda la rareza, finalmente el mensaje se esconde. Por eso muchas tienen sobres con mensajes ocultos, bolsillos, puertas que se abren. En el fondo es el deseo de ser encontrada. El deseo de estar escondida y que me rescaten. Hay un poema que se llama Un llamado telepático de socorro.

Fernanda Laguna, Moños, 2018. Acrílico sobre tela, 71 x 59 cm. Cortesía: Galería Nora Fisch, Buenos Aires.

“No creo en la figura del artista genio aislado que no viene de ningún lado. Todo lo contrario. Yo creo en la mímesis, en copiar, en absorber todo del entorno y devolverlo, compartirlo y que otre lo absorba”


BG: Claro, hay una premisa en todo tu trabajo que tiene que ver con la imposibilidad de constituirte sin el otre. No hay “yo” sin “vos” y no hay nosotres sin esa ecuación previa. Estás permanentemente proyectando y ampliando una intimidad: las cartas, los diarios, los espacios. Pinturas con cartas dirigidas a alguien, dibujos de corazones que despliegan el relato de tu vida, la construcción de un yo colectivo, un nosotres con Mareadas en la marea, la militancia feminista y Fiorito. Ahí también se juntan la pintura con el activismo, la escritura con la gestión de espacios.

FL: Para mí un artista es contextual. Las personas son en un contexto, o mejor, son el contexto. Yo no sería yo si no tuviera el contexto de Buenos Aires, el contexto del under y todas las personas que conozco y conocí, todas las situaciones económicas, todas las coyunturas. Una no sería nada sin el suelo, es parte de una. Para mí trabajar en los contextos es parte de trabajar en mi yo colectivo. No creo en la figura del artista genio aislado que no viene de ningún lado. Todo lo contrario. Yo creo en la mímesis, en copiar, en absorber todo del entorno y devolverlo, compartirlo y que otre lo absorba. Es ser como el micelio, ese hongo que es un solo ser pero colectivo. Por eso me cuesta que me reconozcan como una entidad sola. Porque no es así, yo soy el colectivo. Por ejemplo, ahora con Santiago Villanueva, con el que hablo permanentemente y tenemos muchas coincidencias, llegamos a una idea de formar un solo ser. Que no es una sumatoria. Es un solo ser, un ser curatorial que puede ser ocupado por más personas también. No es una autoría, es un programa libre de uso. Le pusimos de nombre comex_lin. Es algo androide. Es hacia dónde van los géneros en algún sentido, a seres múltiples, una persona con otra que es otro ser ¿Qué pasaría si en el futuro hubiera seres compuestos por varias personas? ¿Que tengan un DNI pero sean varias? Cuerpos colectivos. Seres colectivos. Es medio futurista. Es una idea cyborg frankenstein. Ciencia ficción. No es un agregado, es comex_lin. No tenemos nombre dentro de esa entidad, y a su vez esa entidad puede ser compartida por cualquiera. Vamos a curar muestras, firmadas por comex_lin. Es un comienzo de experimentación: cómo es este ser, cómo produce. Sin individualidad; es como una tipografía de computadora.

BG: Forma parte de esas mutaciones habitables. Me hizo acordar a la entrevista de apertura de la muestra en Virginia, que Cecilia Palmeiro le hizo a Dalia Rosetti. En el caso de la escritura, es una decisión adrede; escribir la narrativa como Dalia te da la posibilidad de adquirir otras cualidades, volverte otra.

FL: Dalia Rosetti no podía ser una persona que tenía una galería de arte, o que expone en Virginia. Porque ella es una piba a la que no le interesan ese tipo de cosas. Ella misma se deshizo de Fernanda, de todo ese peso, incluso de ese nombre. Dalia Rosetti es mucho más desconocida y tiene que ser así porque es parte de su ser. Cuando escribo se despierta Dalia, en el momento de escribir. Sucede y trae todo un pensamiento nuevo para mí, me da otra velocidad, y me hace sentir las cosas diferentes. La tristeza con Dalia es muy distinta a mi tristeza. Su cuerpo está hecho de texto. Como en el caso de la pintura, hay algo de locura también. No es algo que me parece simple, entrar y salir cuando quiero. Es real, aunque no sé hasta qué punto.

Mareadas en la marea, co-curada por Fernanda Laguna y Cecilia Palmeiro. Foto: David Hale

“No me interesa un mundo que no imagino. Eso siempre digo sobre la diferencia entre Rosario Bléfari y Lady Gaga: Lady Gaga le canta a un mundo diverso, lleno de gente. Rosario le cantaba a un mundo que ella imaginaba: yo me siento más cerca de ella”.


BG: Pero Dalia Rosetti, podría pensarse, por momentos se cruza con aspectos de tu vida. Dalia pisa tus propios ámbitos, como en la novela que estás por sacar sobre el mundo del arte, por Random House. En este sentido, evidentemente, estás en una etapa en que tu obra artística y literaria se está abriendo a nuevos públicos, como si se estuviera cumpliendo ese deseo naif que aparecía en tu serie de videos, This or this, o Quiero ser una artista internacional

FL:  Sí, pero siento que yo siempre le hablé al mundo. Me acuerdo una vez que estábamos en la radio de una amiga, Mariela Scafatti y Lola Granillo. Hablábamos en una radio caserísima que tenía el alcance de una cuadra. Y te juro que agarrábamos el micrófono y le hablábamos al mundo. Por más que sabíamos que estábamos transmitiendo a una cuadra, lo que decíamos lo decíamos para todes las personas que conocíamos y más. Yo siempre tuve esa sensación. Cuando hacía los libritos en fotocopias en Belleza y Felicidad sentía lo mismo, que le iban a llegar al mundo. Por más que es imposible con esos libritos. Pero de alguna manera, picando en lugares y después con internet mi literatura también fue llegando, entonces esa voz viajó. No es a todes. Esta es otra editorial y llegaré a otras personas. Como ya me pasó con el libro de Los grandes proyectos que saqué por Página12. Hay un mundo que me interesa a mí que es el mundo que yo imagino. No me interesa un mundo que no imagino. Eso siempre digo sobre la diferencia entre Rosario Bléfari y Lady Gaga: Lady Gaga le canta a un mundo diverso, lleno de gente. Rosario le cantaba a un mundo que ella imaginaba: yo me siento más cerca de ella. Ese mundo que imagino pueda estar en cualquier lugar. Está en China con este chico que nos da los talleres. Está en la señora que le causó algo tal o cual cuadro en Virginia, y le va a llegar a no sé quién. Por más que tu obra esté en un museo no va a empatizar con todos. Yo siento que mi obra la hice para ser amada. Requiere de que la otra persona se enamore para que le guste. Hay una especie de demanda de amor para ser gustada. Tiene que ver con la ternura. Una se puede enternecer con algo roto. En lo mío hay cosas que no son tan lindas o parecen que las podría haber hecho cualquiera; te tenés que enamorar para poder integrarla.

BG: Esa declaración de amor aparece en el espacio que abriste este año, junto a Andrés Politano, Para vos… Norma mía!

FL: Hay una banda de cumbia que se llama Los del fuego y el cantante cuando arranca un tema dice Para vos… Norma mía! Andrés Politano, mi pareja, siempre me decía Para vos…Norma mía! Como diciéndome “te quiero”. El local nuevo es una forma de decir “te quiero”, decirle a alguien eso. Una declaración. Retomo algo de la regalería, de Belleza y Felicidad, que era también una librería… el espacio El Universo también es una tienda de objetos personales y extraños. Norma mía… reúne muches amigues, artistas y curadores, editoriales amigas también. Es muy afectiva.

BG: Y no es casual que lo hayas abierto en medio de la cuarentena. Seguiste trabajando con Fiorito intensamente durante este año de pandemia. Siempre que abriste espacios fue en momentos de crisis: ByF en los 2000, Belleza y Felicidad Fiorito, El Universo y 2019 Spazio de Arte a finales de 2019 (al final del gobierno de Macri), y en 2020 Para vos… Norma mía! ¿Cuál es la potencia que encontrás en las situaciones de vulnerabilidad? ¿Cómo transformás las situaciones de crisis en espacios de encuentro, en espacios de gestión, en proyectos?

FL: Los espacios marginales son mucho más espontáneos que otros donde la improvisación no tiene lugar. Yo me siento más cómoda creando en esos ámbitos porque me permiten improvisar. En un museo es mucho más difícil. Los pocos recursos de los espacios marginales te empujan a usar la imaginación. Me gusta que pueda ser algo colectivizable. Este espacio, por ejemplo, es re chiquito, cualquiera puede abrir un cuarto, un espacio. Que sea algo que sea accesible para el resto también. Me gusta una idea de Andrés: trabajar con la figura del baldío, donde lo que prevalece es la espontaneidad de las plantas.

Fernanda Laguna, Un momento difícil, 2017. Foto: David Hale

Fernanda Laguna: As Everybody (Como todo el mundo), permanece abierta del 10 de octubre de 2020 al 10 de enero de 2021 en el Institute for Contemporary Art (VCU).

Bárbara Golubicki

Bárbara Golubicki

Estudió Historia del Arte (UBA). Trabaja en gestión, curaduría y crítica. Formó parte de la Dirección de Industrias Culturales del Ministerio de Cultura de la Nación (Buenos Aires, 2012-2018), donde coordinó el MICSUR (Mercado de Industrias Culturales del Sur). Realizó programas públicos para el Museo Nacional de Arte Oriental (Buenos Aires). Escribió textos para diversos medios, publicaciones y espacios (Otra Parte Semanal, Actividad de Uso, entre otros). Desde 2019 trabaja en asistencia, archivo y gestión para la artista Fernanda Laguna.

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