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VARINIA BRODSKY: “LOS MUSEOS SON ESPACIOS FUNDAMENTALES DEL ‘PODER HACER’”

Camila Alegría y Varinia Brodsky Zimmermann discuten las propuestas de transformación que la nueva directora del Museo Nacional de Bellas Artes de Chile busca implementar, orientadas a convertirlo en un ente cultural dinámico, inclusivo y adaptable a los desafíos contemporáneos de la museología.

Desde una visión de liderazgo ampliada que reconoce a los museos como actores políticos y agentes de transformación social, Brodsky tiene entre sus principales metas destacar la obra de artistas mujeres, incorporando una mirada feminista en la programación.

Como parte de esta perspectiva inclusiva, considera necesario establecer vínculos duraderos con comunidades fuera de la región Metropolitana y explorar estrategias para llegar a las generaciones más jóvenes, que representan una parte significativa del público del MNBA.

Además de acercarse a los públicos locales, para la directora es crucial mirar hacia afuera, estableciendo alianzas interinstitucionales a nivel internacional, en particular con América Latina.


Camila Alegría: Varinia, antes que nada, felicitaciones por este nuevo rol de directora que te toca desempeñar. ¿Era algo que ya se venía urdiendo? ¿Te habías imaginado como directora del Museo Nacional de Bellas Artes?

Varinia Brodsky: Gracias Camila. Para ser sincera este no es un cargo que tenía en mente dentro de mis opciones. Sí había estado buscando liderar un proyecto en primera línea, porque siempre había estado tras bambalinas, como nos pasa a muchas mujeres, y en cultura no es la excepción.

Trabajé casi siete años en el Ministerio de las Culturas. Entré durante la gestión del ministro Ernesto Ottone y posteriormente continué con mi trabajo como encargada del Área de Artes Visuales. Fue un período complejo, sobre todo el último tiempo, pero desde ahí se desprenden proyectos muy valiosos y una enorme experiencia en muchos sentidos.

Como lo he mencionado en otras ocasiones, de los proyectos más hermosos de este último período son sin duda las publicaciones Mujeres en las Artes Visuales en Chile (2010-2020), coeditada con Mariairis Flores, y el catálogo de obra razonada Ximena Cristi 100 años, editado por Daniela Berger. Ambos proyectos editoriales contaron con equipos de mujeres super potentes.

Otra iniciativa, menos conocida, y que en su segunda versión no ha logrado ver la luz, es un proyecto itinerante que tiene una función educativa y descentralizadora. Este partió a propósito del centenario de Nemesio Antúnez, recorrimos siete comunas del norte de Chile, pasando por Alto Hospicio, Alto del Carmen, Paihuano, entre otras.

Pero sin duda, uno de mis focos en cuanto a proyectos ha sido relevar y visibilizar a las mujeres.

En este contexto y volviendo a tu pregunta, cuando renuncio al ministerio y entro al MNBA como coordinadora artística, era un espacio de desarrollo en un ámbito que siempre ha sido movilizador para mí. Los museos son espacios políticos como articuladores sociales, y creo en el arte como un elemento esencial para la transformación sensible de las personas. Son espacios fundamentales del poder hacer.


Nunca me imaginé siendo directora del Bellas Artes, para mí es como un techo. Pero postulé, sin ninguna expectativa, y cuando salí electa fue muy emocionante. Y me lo tomo con mucha responsabilidad.


CA: ¿Qué fue lo primero que pensaste para este lugar? ¿Tenías algún enfoque en mente, algún cambio específico que quisieras hacer?

VB: Tengo una cuestión súper clara y es que el MNBA, con una historia de 143 años en el Palacio de Bellas Artes, indudablemente ha respondido a cuestiones convencionales y canónicas desde la tradición inscrita en las hegemonías. Su sola infraestructura habla de eso. Las dos directoras mujeres que tuvo el museo asumieron en contexto de dictadura, y como institución perteneciente al Estado no estaban libres del régimen. Es decir, no por el hecho de ser mujeres iban a tener una visión de género con mirada crítica.

Entonces, en lo personal, un primer enfoque tiene que ver con entender qué hago yo aquí, desde el lugar simbólico que significa eso. Hay un cambio de paradigma que responde a un fenómeno bastante más amplio y que evidentemente me trasciende. Pero también me toca liderar un equipo mayoritariamente de mujeres que han trabajado durante mucho tiempo en el museo, y una de las cosas que me parece importante es generar espacios de desarrollo personal a partir de la experiencia con la que cuenta este equipo.

A mi manera de ver, el museo tiene tres corazones: su colección, sus públicos diversos y los artistas. Es muy sencillo: sin artistas no hay museo. Por ello, otro asunto que es muy importante es que el museo tiene que, en primera instancia, relevar a los y las artistas de manera dialogante con la colección, con el edificio y con las comunidades. Fortalecer estas relaciones a través de líneas editoriales que logren identificarse como un sello, una mirada.

En mi caso, tiene que ver con esa mirada de género; una mirada feminista. Es muy importante abrirse a interrogantes que podamos abordar museológicamente: la relación con el llamado “público”, las relaciones que éstas establecen con el adentro y el afuera, cómo el museo se expande y cruza sus propias fronteras y cómo permea en las personas. Son muchas las reflexiones que hay que hacer y en ello me interesa poder abrir esos canales de comunicación.


Los jóvenes constituyen prácticamente la mitad de nuestro público. Han aumentado las visitas considerablemente; en 2023 recibimos casi 400.000 mil personas, lo que en el contexto chileno es bastante bueno y también desmitifica la creencia de que “a los museos no entra nadie”.


CA: ¿Cómo hacer que las paredes del museo se permeen; cuáles son esas estrategias para comunicarse con los públicos; cómo conectar con el norte, con el sur; cómo conectar con las generaciones más jóvenes? Los “centenials”, por ejemplo, ¿están yendo al museo?

VB: Creo que hay un efecto post-pandémico, y no solo en Chile, que es bien importante considerar. Durante el encierro, para salir de las realidades que cada persona estábamos viviendo en los contextos domésticos y familiares, aparece una necesidad de acceder (a través de internet) a distintas programaciones culturales.

Desde el mundo del arte y la cultura fue un modo de subsistencia e incluso de resistencia a un momento donde todo tendió a desaparecer. Yo creo que ahí se abrió un horizonte. Los jóvenes constituyen prácticamente la mitad de nuestro público. Han aumentado las visitas considerablemente; en 2023 recibimos casi 400.000 mil personas, lo que en el contexto chileno es bastante bueno y también desmitifica la creencia de que “a los museos no entra nadie”.

La gente joven ha llegado con sus celulares, con sus redes sociales, con Tik-Tok, hacen sus selfies… han sido ellos mismos quienes han permeado al museo, no hemos sido nosotros. Es la propia juventud la que ha entrado y ha expandido el soporte museo. Y creo que esto es un fenómeno global al cual hay que sumarse de manera virtuosa, no desde una relación pasiva.

Entonces, cómo el museo aprovecha esta oportunidad para generar una proyección con futuro… ahí hay una ventana de posibilidades muy potentes que estamos explorando y que por supuesto pasa por entrar en la transformación digital. Es un desafío que muchos espacios de la cultura y el arte están incorporando, el asunto es cómo el Museo Bellas Artes lo integra desde su naturaleza.

Respecto de permear, también es urgente conectarse con comunidades que se encuentran fuera de la región Metropolitana, aportar a nutrir imaginarios, pero desde una lógica recíproca, no desde “implantar” lo que creemos necesario. Potenciar estos canales y dialogar es un desafío que en primer grado requiere de la voluntad mutua y del enriquecer las redes colectivas.  


Todo esto de alguna manera parte por quebrar los conceptos, por ejemplo, de público o audiencias, que ya están siendo un poco obsoletos a la hora de pensar un museo en expansión.


CA: En ese sentido, ¿el museo tiene alianzas concretas con otros espacios culturales dentro de Chile? ¿Instituciones con quien comparta exposiciones itinerantes o que estén en contacto con respecto a sus públicos?

VB: Sí, hay varias plataformas de alianzas y otras que podemos fortalecer. Por una parte, al ser este museo perteneciente al Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, naturalmente cuenta con una red de museos públicos que pertenecen a este servicio, ahí están todos los museos regionales; en total son alrededor de 26 museos entre los cuales se comparten obras para distintos proyectos curatoriales, de investigación y exhibición.

Pero movilizar colecciones de arte es muchas veces difícil para nuestra realidad. Se debe cumplir con requerimientos técnicos para la conservación de las obras muy rigurosas y no todos los museos ni espacios cuentan con ello a lo largo de Chile. Esta es una brecha que debemos abordar en conjunto desde la institucionalidad.

Por esto es relevante también proponer otro tipo de acciones que tiene que ver con intereses comunes, intercambios, experiencias, laboratorios y otras prácticas contemporáneas que nutren el conocimiento hacia el patrimonio nacional y la experticia museológica. Todo esto de alguna manera parte por quebrar los conceptos, por ejemplo, de público o audiencias, que ya están siendo un poco obsoletos a la hora de pensar un museo en expansión.

CA: Y en términos internacionales, ¿qué tan conectados estamos como Cono Sur, por ejemplo?

VB: Chile es como una isla, somos “el último país del mundo”. Nos cuesta a nosotros mismos movernos de acá, y más nos cuesta movilizar proyectos de alto valor. Por eso esas alianzas entre países de la región son fundamentales. Y sin duda es una de las líneas que a mí me interesa explotar. La necesidad de generar redes entre países latinoamericanos es fundamental, no únicamente para compartir exposiciones itinerantes, como es el caso de la muestra retrospectiva de Cecilia Vicuña, sino también de otras prácticas que nos pueden significar grandes aportes mutuos.


La red de la región latinoamericana es una red prioritaria para mí.


CA: También pienso que es una buena estrategia como para que empecemos a conocer más artistas latinoamericanas y latinoamericanos, ¿no? Romper con los esquemas eurocentristas o gringos y empezar a poner en valor a lxs artistas de acá. Como es el caso de Cecilia Vicuña, por ejemplo, y la retrospectiva que ustedes hicieron de ella… yo sé que Cecilia Vicuña es conocida en Londres, pero no sé si es conocida en Brasil, ¿es así?

VB: Claro, y pasa mucho que artistas de nuestro país salen, hacen carreras afuera y cuentan con un reconocimiento desde el extranjero y en Chile no las conocemos y menos reconocemos. Entonces sí, la red de la región latinoamericana es una red prioritaria para mí.

Una cuestión que es fundamental para nosotras es justamente poder organizar, producir y captar exposiciones de artistas que nos permitan tener un muy alto nivel de relato y de reflexión ―pensando en artistas chilenas y chilenos―, y poder ofrecer esas exposiciones a esta red latinoamericana, y así generar vinculaciones que nos permitan trabajar en conjunto.

La verdad es que desconozco qué tan conocida es Cecilia Vicuña en Brasil, pero de lo que sí estoy segura es que encontrarán en la Pinacoteca de São Paulo un espacio de recepción y valoración enorme por su obra, al igual como lo está teniendo en el resto del mundo. Cecilia es una artista que ya saltó a otro nivel.

CA: ¿Cuál es el próximo proyecto grande del museo?

VB: Mira, lo que pasa es que el 2023, por la conmemoración de los 50 años del golpe, se produjo un escenario que nos permitió contar con mucho apoyo desde el Estado. Vino el presidente, el Ministerio de las Culturas ha estado muy involucrado… había una mirada común. Eso fue fundamental para organizar la exposición de Cecilia Vicuña, por ejemplo, que además se dio en un contexto en el que ella gana el León de Oro en Venecia y ya tenía el reconocimiento con el Premio Velázquez en España. Esto nos permitió subrayar la importancia que tenía para el país realizar una exposición retrospectiva de Cecilia Vicuña, para que la ciudadanía tenga la posibilidad de conocerla con mayor profundidad.

A esto se suman exposiciones tan relevantes como de la Lotty Rosenfeld, Alfredo Jaar y Carlos Arias, entro otros muchos que nos han permitido como museo ser unos de los espacios protagónicos en las reflexiones de este año. 

Ahora, para este año, lo que estamos haciendo es generar proyectos un poco más pequeños, pero con miradas potentes. Queremos visibilizar a artistas que son poco conocidas en Chile. Artistas de entre los 60’ y 90’, años donde hubo muchas artistas mujeres que no se conocen o no se les ha dado el valor que merecen. Hay muchas artistas que realmente han quedado en el olvido y otras que hicieron su obra afuera y que nos interesa que reciban un espacio de reconocimiento en su país natal. Los 80’ fueron marcados por la Escena de avanzada, y creemos importante poder abrir ese campo a cosas que estaban ocurriendo.


Hay que mirar con un ojo muy crítico el cómo estas y estos artistas tuvieron que salir de Chile para poder proyectar su trabajo. Hay que instalar eso a nivel de reflexión colectiva. Qué es lo que no estamos haciendo bien.


CA: ¿Y esas artistas paralelas a la «Escena de avanzada» se estaban moviendo en qué técnicas, por ejemplo? 

VB: Hubo mucha performance, el trabajo desde el cuerpo. La más conocida es Lotty (Rosenfeld), pero ocurrían muchas cosas paralelas que no se conocen fuera de un grupo muy especializado. Artistas por ejemplo de otras regiones. Y, volviendo a algo que hablábamos recién, creo que hay que mirar con un ojo muy crítico el cómo estas y estos artistas tuvieron que salir de Chile para poder proyectar su trabajo. Hay que instalar eso a nivel de reflexión colectiva. Qué es lo que no estamos haciendo bien.


Para mí el poder no es el poder como supremacía, sino el “poder hacer”, el “poder decidir”. Ahora, el tema es que las mujeres siempre estamos rindiendo exámen, aun tenemos que “demostrar” que somos capaces.


CA: Con relación al sector cultural, en términos de inclusión real; mujeres en cargos de poder como lo que está pasando contigo y la dirección del MNBA, ¿crees que es algo que se está dando o tu caso sigue siendo una excepción?

VB: No creo ser una excepción para nada, mi nombramiento se suma a un momento histórico. Las mujeres en espacios de poder siguen siendo insuficientes, pero sí está ocurriendo, hay un avance muy claro. Más mujeres estamos llegando a espacios de liderazgo, y el liderazgo, a mi juicio, tiene que ver con el poder. Ahora, el asunto está en cómo entendemos el poder. Yo creo que ahí está la pregunta.

Para mí el poder no es el poder como supremacía, sino el “poder hacer”, el “poder decidir”. Ahora, el tema es que las mujeres siempre estamos rindiendo exámen, aun tenemos que “demostrar” que somos capaces. Espero que un día realmente podamos establecer una relación equitativa en todos los sentidos.  

CA: Lo que está pasando en Argentina con Milei en la presidencia, ¿te remeció algo? ¿Sentiste un poco de miedo? ¿Piensas que tu puesto, tu posición o tu voz están en un suelo más frágil por el escenario del país vecino?

VB: Por sobre todo, pienso que debemos estar muy atentos. Debemos trabajar para fortalecer la institucionalidad cultural; defender el espacio de la creación; las manifestaciones culturales y la libertad de expresión como un valor fundamental. No es algo prescindible sino esencial para la vida de las personas. Respecto de mi continuidad en el cargo con un próximo gobierno, no es algo donde me interese situarme hoy, estoy recién comenzando una gestión y debo optimizar el tiempo y este espacio como una oportunidad única.


Los museos tienen relativa autonomía. Ahora, son instituciones públicas que dependen de organismos públicos. Tienen un financiamiento público que se decide año a año, y por ende no están exentos de las miradas del gobierno de turno.


CA: ¿Cuánto puede realmente meterse un gobierno en las curadurías o los proyectos del museo?

VB: Mira, no debería ser así. Los museos tienen relativa autonomía. Ahora, son instituciones públicas que dependen de organismos públicos. Tienen un financiamiento público que se decide año a año, y por ende no están exentos de las miradas del gobierno de turno. Por lo cual, pueden eventualmente tener distintas repercusiones, quizás no literales.

CA: Varinia, para ir cerrando, me gustaría saber qué te pasa como agente cultural, y ahora como representante del MNBA, con el horizonte de la inteligencia artificial.

VB: Estamos afortunadamente entrando en una sinergia de visiones comunes, viéndolo como un desafío que hay que abordar, como hablamos antes. Tenemos que entrar, no hay otra opción. Entonces, justamente estamos desarrollando un proyecto en el que queremos instalar un “lab”. Un espacio de laboratorio que va a tener como primer foco a las infancias.

La idea es poder introducirnos en ese mundo de a poquito, porque es algo que tenemos que ir conociendo con personas expertas en las distintas áreas, de forma interseccional. Debe haber un manejo responsable de la tecnología, aplicando prácticas seguras y que aporten generando un espacio de asombro, lo que se hace cada día más difícil dado el nivel de competitividad de la información, las imágenes y las comunicaciones en general. Queremos proponer un espacio de experiencia donde se aborde la colección como epicentro del conocimiento.

Camila Alegría

Chile, 1986. Artista Visual, Máster en Creación Artística Contemporánea de la Universidad de Barcelona. Se dedica principalmente a la investigación, la curaduría y la docencia. Es docente en la Universidad Finis Terrae y en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Forma parte del equipo de @el_gocerio (newsletter de arte y cultura), y administra un perfil de Instagram que se dedica a visibilizar la labor artística de mujeres y disidentes de la historia del arte: @reescribirlahistoria. Dentro de la investigación se dedica específicamente a la relectura de la historia del arte del siglo XX, con perspectiva de género aplicada.

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