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SINTONÍAS DE UN POZO. PINTURAS DE IVÁN PALMAROLA

Hasta el 19 de noviembre se presenta en Galería NAC la muestra Pinturas, del artista chileno Iván Palmarola (1979). Mediante recursos como la distorsión de la óptica del modelo, la utilización de los errores en la traducción del dibujo o el uso ostensible del color, sus obras muestran escenas vívidas y extrañas, ambientes íntimos y ambiguos, vagamente reconocibles, en los que las figuras parecieran posar indiferentes, como disolviéndose en su entorno.

Los estados de los sujetos y sus alrededores, su advenimiento y disipación, se muestran de manera patente, registrando su transitoriedad y su pérdida de control, mediante la densificación paulatina o la fluidez súbita que posibilita el medio pictórico.

Existe en el trabajo del artista una búsqueda por transferir una impresión de lo primario, lo desconocido y lo inmediato de la realidad, utilizando aspectos de la pintura convencional, como la composición y el motivo central. Sin embargo, Palmarola aprovecha lo rudimentario del medio para ampliar sus posibilidades expresivas, atmosféricas y de dislocación superficial en la figuración, haciendo un retrato en vivo en el que se plasme la inmediatez de una presencia o creando escenas en las que se revela una sensación de lo intuitivo a través de la pintura.

El artista Cristóbal León (1980) conversa con él sobre sus aproximaciones a la pintura y la serie de obras que componen esta muestra.

Iván Palmarola, Daydream II, 2022, óleo sobre tela, 62 x 46 cm. Cortesía del artista y Galería NAC

Cristóbal León: Me imagino tus pinturas como un televisor mal sintonizado o como el reflejo en un pozo… me imagino que para ti lo líquido es importante. Es importante que las imágenes no lleguen a fijarse.

Iván Palmarola: Un reflejo en un pozo, sí, pienso que tiene algo que ver con el reflejo, y me gusta la idea de pozo; podría ser un pozo mal sintonizado también, o quizás yo estoy mal sintonizado [risas]. No sé si yo estoy preocupado de que las cosas no se fijen, sino que me quedan así como por accidente, y yo diría que respeto el accidente y lo uso, pero también uso lo definido, el ojo y la mente ven así ¿no? Difuso y definido, y justamente la pintura permite hacer eso.  

CL: Quizás porque te conozco y porque veo la manera en que trabajas y te relacionas con el acto de pintar, siempre he pensado que para ti la pintura es una especie de tecnología mística que usas para atrapar cosas que para ti son sagradas.

IP: No realmente. Es definitivamente una tecnología, pero me llamó la atención la palabra que usaste, “místico”, me produjo dudas, me parece que tiene demasiadas connotaciones imprecisas, entonces no sabría decir qué es, quizás hablaría de la conciencia o la mente. Lo místico lo relaciono con una invención social demasiado amplia, una idea común de algo supuestamente “sagrado y divino”, y no creo en eso. Yo soy un poco materialista y casi nada supersticioso. En ese sentido creo solo en lo que veo, y en las estadísticas, algo así, aunque lo que uno pueda imaginar es ya otra cosa.

Iván Palmarola, Habitación, 2012, óleo sobre madera, 70 x 90 cm. Cortesía del artista y Galería NAC
Iván Palmarola, Interior con silla rota, 2020, óleo sobre tela, 46 x 53 cm. Cortesía del artista y Galería NAC

CL:  Voy a insistir con mi idea. Creo que quizás de forma inconsciente te relacionas con la pintura como si fuera un hechizo, y este hechizo que estás tratando de hacer dependiera de que la superficie sea una cosa inestable e inmaterial: un portal.

IP: No sé si usaría la palabra hechizo… quizás es solo un experimento de voluntad, de concentrarse un rato en una imagen que me atraiga. Pinto como veo las cosas. No es que yo esté preocupado de que sea impreciso, sino que así aparece, no es tan deliberado. Quiero atrapar cómo imagino las cosas, y traspasar esas imaginaciones a un espacio bidimensional para poder mostrarlas, compartirlas y comentarlas con gente; así ese dialogo interior se expande y refleja en otros, eso es lo más interesante. Mientras pinto imagino cosas, a veces puede ser por ejemplo imaginar que la pintura es información que “me llega” de otro lugar, así se siente a veces, pero claro, ese otro lugar es solo la mente. 

CL: En la muestra en NAC se pueden ver algunos cuadros tuyos antiguos. Me di cuenta de algo que no había sido consciente hasta ahora. Antes no pintabas tantas personas y ahora lo haces más. Yo pensé que tenía que ver con que tus pinturas tienen que ver con capturar una dimensión no física de las cosas, aunque estoy entendiendo que te carga pensar de esa forma. Lo relacioné con las películas antiguas de Jesús, donde no podían mostrar la cara de Jesús. Ahora hay más personas en tus pinturas, pero son más bien muñecos Waldorf o cuerpos derretidos, o muñecos de plasticina, o recuerdos de dibujos animados. Representar rasgos lo haría demasiado físico, demasiado material.

IP: Ya, como las películas de Jesús… [risas] En realidad no tenía nada prohibitivo con las caras, de hecho, siempre he dibujado gente (con cara y todo), tampoco me molesta la idea de lo no físico, solo que creo que lo no físico es solo la mente y nada más. Me gusta que la pintura tenga una densidad y un aspecto que a mí me parezca que valga la pena mostrarse. Pensaba que si pintaba a alguien tendría que valer la pena para lo específico que es ese medio, porque si no lo podría hacer con dibujo nomás. Obviamente una persona es un fenómeno mucho más complejo que un paisaje, involucra muchas más cosas.

Había pintado algunas pocas personas y siempre estaban como derretidas, como tú dices. Quizás siento que nos estamos derritiendo ¿no? Todo es super impermanente, por lo mismo, quizás los rasgos faciales no me interesan tanto ahora, quizás después si me meta en eso, voy por partes…

Luego la pandemia también tuvo que ver con estar muy solo y encerrado, y era inevitable en ese estado imaginativo que aparecieran personajes; entonces fue súper entretenido cómo aparecieron, sentía que cuando terminaba algunos de esos cuadros, los personajes se me quedaban mirando desde el cuadro hacia afuera con cara de complicidad diciendo “¡listo!”… Entonces ahí terminaba el cuadro.

Iván Palmarola, Camp, 2020, óleo sobre tela, 50 x 67 cm. Cortesía del artista y Galería NAC

CL: En tus cuadros más recientes han aparecido figuras más de caricatura, como personajes de animación infiltrándose en mundos naturalistas. Es como si el portal fallara y sintonizara dos canales o dos universos al mismo tiempo. 

IP: Es difícil desvincularse de la apariencia de los medios electrónicos, ¿cierto? Además, la imagen mental también tiene un glitch, es super imprecisa, siento que no es una falla, sino que la vista y la imaginación no son tan nítidas en realidad. En cuanto a lo tecnológico, me gusta esta idea de lo rudimentario que tiene la pintura como dispositivo, en el fondo es automático, cuelgas un cuadro y ya está ahí funcionando “sin pilas”, solo necesita ser visto, sin más parafernalia, ni idioma, ni explicación, es super universal, simple y automático. Es interesante que sea algo tan básico.

Hay unas pinturas romanas que son de hace 2.100 años y es súper bonito poder verlas y que transmitan algo figurativo y realista-inmediato sobre la realidad y sobre cómo sigue siendo ahora. Transmiten y conservan una percepción básica sobre las cosas que seguimos teniendo en común. Por eso no uso operaciones formales ni conceptuales complicadas, quizás no soy tan “contemporáneo” en el sentido de lo novedoso. Son más bien cosas y temas básicos densificados plásticamente en un lienzo convencional. Son pinturas que tienen un tema central, hay una cosa, un personaje, una iluminación focalizada para la escena con un horizonte claro, arriba cielo, abajo la tierra, etc. Eso es algo super naturalista como tú dices. Junto con eso, me interesa cómo la imagen mental es paralela a la del ojo y cómo se mezclan… quizás por eso viste mezclas de tipos de representación en un mismo cuadro.

Iván Palmarola, Mujer en paisaje, 2020, óleo sobre tela, 80 x 60 cm. Cortesía del artista y Galería NAC
Iván Palmarola, Hereafter, 2017, óleo sobre tela, 65 x 54 cm. Cortesía del artista y Galería NAC

CL: Creo que en tus pinturas hay una gran resistencia a cualquier cosa que pueda armar un relato. Esto ocurre dentro de las pinturas, pero también entre las pinturas. Creo que la gramática narrativa en tus cuadros es básica, no en un sentido negativo. Si fueran palabras serían palabras sueltas o sonidos y no frases o párrafos. Yo veo algo deliberado en eso, y creo que eso tiene que ver con decisiones como que los personajes no tienen rasgos. Esto es claramente muy contrastante con la mayoría de los pintores que tienen temas: política, cultura, etc. Tus cuadros, por ejemplo, son muy difíciles de situar territorialmente. ¿Con qué tiene que ver?

IP: No es tan así… creo que lo básico es super potente, por eso lo uso. La pintura figurativa sobre todo es una forma de mostrar la realidad, por lo tanto, creo que sí hay relatos ahí, aunque no sea un relato que tenga una historia clara o que no se ancle a la “gran Historia”.

En mi caso tiene que ver con un interés en los relatos sobre cosas esenciales y comunes, es decir, son historias muy singulares. El otro día oí el concepto “historia mínima”… quizás tienen más que ver con eso. Si quieres relacionarlos con la palabra relato o narración, yo diría que son narraciones que no apuntan tanto a lo mainstream, sino a lo íntimo, pero que nos es común: lo perceptual, anímico, atmosférico y lo desconocido, sobre todo. Quizás relatan formas de percibir y de sentir.

También tienen mucho de contemplativo ¿Hay un relato en eso? Creo que se acercan al tipo de relato que se da en la música, que transmite algo que llega de otra forma, muy desde las emociones o desde las atmósferas, del ritmo, del tono, y donde muchas veces importa menos lo literal. Me interesa lo básico y lo rudimentario que tiene la pintura; creo que permite armar relatos por otros lados, y que se suman estas descripciones entre mis pinturas. Creo que eso es lo interesante que tiene la pintura: puede construir relatos acerca de ámbitos que son muy extraños e innombrables, y me interesa profundizar esos ámbitos.

Al acercarme a la figura humana inevitablemente empezó a aparecer el relato de forma automática, porque viene la pregunta sobre este personaje, qué está haciendo, etc., y empieza a existir un contexto con muchos cabos, que prefiero dejar sueltos y que el espectador los complete, dado que yo tampoco busco un principio o un final.

Iván Palmarola, Naked in beach chairs at night, 2016, témpera y gelatina sobre cartón, 24 x 30 cm. Cortesía del artista y Galería NAC

Hasta el 19 de noviembre en Galería NAC, Américo Vespucio Nte. 2878, Vitacura, Santiago de Chile.

Cristóbal León

Nace en Santiago de Chile, en 1980. Artista visual y cineasta. Estudió Diseño en la Universidad Católica de Chile, obtuvo una beca del DAAD en 2007 y se fue a Berlín para un programa de un año en el UdK en 2009. En 2011, realiza una residencia en The Ateliers, Ámsterdam. Desde 2010 integra el dúo León & Cociña, junto al artista y cineasta Joaquín Cociña, especializándose en cine de animación y videoarte a través de la productora Diluvio (junto a Niles Atallah). Entre sus producciones destaca el largometraje en stop-motion “La casa lobo” (2018) [Premio Caligari, Festival Internacional de Cine de Berlín]. Su obra es representada por Upstream Gallery, Ámsterdam.

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