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INTER-EXISTENCIA Y RE-EXISTENCIA. CONSTELACIONES EN TORNO A LA OBRA DE CECILIA VICUÑA

Mi trabajo habita en el todavía no, el futuro potencial de lo no formado, donde el sonido, el tejido y el lenguaje interactúan para crear nuevos significados

Cecilia Vicuña

abrazarte/ y vivir/ es una sola pausa de asombro en los acentos de la boca/ Fiu fiu fiu fiu/ Que no suba wekvfe que no/ Suba

Adriana Paredes Pinda


El trabajo de Cecilia Vicuña se mueve de manera multidimensional, tejiendo interrelaciones entre diversos elementos humanos y no-humanos y distintas nociones de tiempo y espacio. Constelando todo un sistema poético, estético, político, decolonial y ecocrítico que reclama el sentir, el pensar y el hacer como dimensiones de la praxis humana; configurando zonas de aproximación a cuestiones complejas del mundo actual, como son la destrucción del medio ambiente, los derechos humanos y la dignidad de la vida.

Escribo estas palabras un día de mucha lluvia en Santiago, territorio Pikunmapu/Qullasuyu, algo inusual en el último tiempo; también es víspera de We Tripantu y se respira un aire de renovación, de recambio. Dejo a mi hija en el jardín y parto al Museo de Bellas Artes a recorrer, a sentir y pensar la obra de Cecilia Vicuña. A dejarme envolver y entregarme a la potencia de la experiencia estética y poética de su trabajo, ahondar en su imaginario, en su belleza.

Mi posición es de apertura frente a las cosas que me rodean, de apertura a ese mundo por des-cubrir al que nos invita Cecilia. De tal forma, me siento convocada a ser parte de las distintas relaciones que conforman un todo o un no-todo en su trabajo y, puntualmente, en su muestra.

En este breve recorrido interpretativo -visual y analítico- por la exposición Soñar el agua. Una retrospectiva del futuro (1964-), mi relato se articula siguiendo los hilos que Cecilia Vicuña ha ido tejiendo a lo largo de décadas junto a todo un sistema de significados y gramáticas visuales.

Cecilia Vicuña, Sol y Dar y Dad. Una palabra bailada, 1980, film de 16 mm transferido a video, 7:25 min, color, s/sonido. Still cortesía de la artista

1. La idea de una “retrospectiva de futuro” resulta sumamente estimulante para pensar una narrativa del tiempo distinta a la del proyecto moderno/colonial que trazó un relato basado en la idea de negación del pasado con su respectivo “borramiento” de las memorias (históricas y ancestrales), situando al sujeto en un presente continuo, que lo contiene a la vez; una rentabilidad del tiempo como elemento fundamental del progreso, y la concepción de desarrollo que proviene de la idea de progreso ilimitado y naturaleza como recurso inagotable.[1]

En el trabajo de Cecilia Vicuña podemos ver justamente un movimiento opuesto. Desde Tribu No se reclama el ocio, el “tiempo libre” como un espacio de creación e imaginación ilimitada, contrario al tiempo del progreso que atrapa a los sujetos y sus subjetividades en una dinámica que los sustrae de sus propios tiempos en tanto la actividad productiva se constituye en el sentido de la existencia.

También sus Objetos Precarios, o “basuritas”, contienen una memoria de lo descartado del mundo, lo desechado, lo que no tiene valor desde una visión productiva y funcional. La artista rescata el valor de aquello que no es útil; cuida y preserva estos objetos que son también la historia de una gran parte del mundo.

Cecilia Vicuña, Pueblo de altares, 1990/2023. Instalación in-situ, arena y objetos precarios. Colección Cecilia Vicuña. Foto: Romina Díaz, MNBA.

Pueblo de altares, por ejemplo, posibilita otra relación entre el tiempo y el espacio. Esta obra, de carácter ritual, evoca espacios ceremoniales andinos que contienen la idea de un tiempo “otro”, lo que me recuerda el aforismo aymara del que habla Silvia Rivera Cusicanqui: “Hay que caminar por el presente mirando con los ojos del futuro (atrás) y el pasado (adelante)”.[2]

Esos ojos de un futuro que esta atrás y ese pasado que se nos pone enfrente rescatan otras formas de estar en el mundo, con una temporalidad en onda, que contiene la pluralidad de todo lo vivido; una pluralidad abierta de experiencias vividas, de memorias ancestrales, de relaciones con el mundo, los mundos, o lo que Rolando Vázquez llama un tiempo relacional[3] para distinguirlo de un tiempo lineal y circular. O lo que en la Universidad de la Tierra de Chiapas está llamando el ancho presente.

Cecilia Vicuña, Quipu Menstrual, la sangre de los glaciares, 2006/2023. Poema en el espacio. Lana teñida sin hilar. Cortesía de la artista. Foto: Romina Díaz, MNBA.

2. De modo similar, recuperar otras formas de percibir el mundo implica también un ejercicio de memoria, donde rememorar se vuelve cada vez más importante para comprender, percibir y transformar el mundo. Es en el acto de recordar donde invocamos, vivenciamos en el espacio las experiencias junto a las ausencias, tanto de un pasado negado como las ausencias/no-existencias en la contemporaneidad, posibilitando así otras formas de relacionarnos con lo vivido y con nuestros mundos.

En este punto observo y pienso en los Quipus como un registro de la memoria, o como una forma de “escuchar un silencio antiguo esperando ser escuchado”[4] y, por qué no, un escuchar esas voces y saberes negados, invisibilizados, excluidos y silenciados. El monumental Quipu menstrual, la sangre de los glaciares, ubicado en el centro del hall del museo, nos recibe con su enorme potencia, el rojo sangre que fluye como una fuente de memorias ancestrales, de territorios y cuerpos.

«La ruca abstracta» (o los ojos de Allende) fue concebida como una «casa espiritual» para Salvador Allende. Vista de la exposición «Cecilia Vicuña. Veroír el fracaso iluminado», en el Centro de Arte 2 de Mayo (CA2M), Móstoles, Madrid, 2021. Foto: Roberto Ruiz

También pienso en La ruca abstracta y en la invitación que nos hace este ensamblaje escultórico a mirar la realidad con los ojos de Allende, con su visión transformadora y su proyecto socialista. Pero también es una invitación a sentirnos parte de un cuerpo colectivo, de un tejido social que fue dinamitado por la violencia del Golpe cívico-militar. Este evento marcó también la obra de Cecilia, ya que gran parte de su trabajo se plantea como una respuesta simbólica a la violencia que el Golpe inaugura en nuestra constitución como sujetos, en nuestros deseos, formas de ser y de relacionarnos y, sobre todo, en nuestra posibilidad de imaginar el futuro.

La ruca abstracta, o también llamada Casita espiritual, formada por objetos mágicos, nos insta a revisar nuestras posiciones, alterar nuestra mirada y, en definitiva, a resistir desde la fragilidad de las formas precarias que convocan tiempos silenciados, ignorados que además contienen otras posibilidades, otras formas de relacionarnos y ordenar la presencia, de relacionarnos con el mundo, de habitar y nombrar nuestro mundo.

3. En este sentido, también las películas experimentales en 16 mm presentadas en la exposición, ¿Qué es para usted la poesía? y Sol y Dar y Dad, Una palabra bailada reclaman y se conectan con otras formas de habitar y nombrar el mundo, donde la oralidad -como conocimiento de un mundo popular- y la poesía son las protagonistas.

La artista advierte un gran valor en ese conocimiento que viene de “la gente de a pie”, donde muchas veces lo vivido y el sentimiento acompañan el acto de pensar. Silvia Rivera Cusicanqui, plantea que, en aymara, pensar y conocer son nociones que pueden tener dos significados distintos; el que nos interesa, es el modo de pensar amuyt’aña, que no reside en la cabeza sino en el chuyma, que puede traducirse como corazón. Un modo de pensar constituido por la respiración y el latido: “hablamos del pensar de la caminata, el pensar del ritual, el pensar de la canción y el baile”.[5]

Cecilia Vicuña, Sol y Dar y Dad. Una palabra bailada, 1980, film de 16 mm transferido a video, 7:25 min, color, s/sonido. Still cortesía de la artista
Cecilia Vicuña, Sol y Dar y Dad. Una palabra bailada, 1980, film de 16 mm transferido a video, 7:25 min, color, s/sonido. Still cortesía de la artista

En Sol y Dar y Dad. Una palabra bailada el movimiento de las palabras y los cuerpos generan nuevos lenguajes expresivos, lenguajes que quedan sujetos a la interconexión de los cuerpos. Estos cuerpos conectados no pierden su relación activa con la memoria como tiempo relacional.

En este sentido, la obra de Cecilia nos invita a pensar el cuerpo desde las experiencias corporales: el cuerpo como lugar de la experiencia histórica, que se entiende históricamente constituido y en relación con un pasado activo, con memorias ancestrales que lo constituyen. Un cuerpo situado, que no se ve a sí mismo como un “yo” separado, sino como un “yo comunal” encarnado, un yo relacional.[6]

Cecilia Vicuña, Muerte de Allende, 1973, óleo sobre tela, 57 x 40 cm. Cortesía: England & Co, 2013.

4. Otro de los aspectos fundamentales en la obra de Cecilia es la forma en que toma contacto y se relaciona con el mundo natural, con la materia y los seres no-humanos. Como sabemos, la dimensión ecológica y su lucha por el medio ambiente son en su trabajo primordiales. En Soñar el agua… esta relación se evidencia desde el principio.

Encontramos esta dimensión en la instalación del gran Quipu Menstrual, los Objetos Precarios y Basuritas, en Semiyo y, quizás de manera menos evidente, en la pintura La muerte de Allende. Con respecto a esta última, y como ha explicado Miguel A. López, curador de la muestra, en las gotas de sangre, en el movimiento del cuadro, Chile se convierte en un desierto; aquí el impacto del Golpe cívico-militar conlleva también los efectos catastróficos del neoliberalismo en el medio ambiente, así como en el paisaje social y cultural.[7]

Vemos, entonces, un movimiento doble: es el dolor por un territorio cada vez más desértico, donde se queman los bosques y se derriten los glaciares, como también el dolor por las muertes y las desapariciones forzadas. Y agregaría yo -en la línea de las memorias largas- la desaparición de los pueblos originarios o primeras naciones del territorio llamado hoy Chile.

Vista de la exposición “Cecilia Vicuña: Soñar el Agua. Una Retrospectiva del Futuro (1964 – )”, en el Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, 2023. Foto: Romina Díaz, MNBA.

En todos estos trabajos artísticos y poéticos está patente la relación activa y profunda de la artista con las dimensiones sensuales y corporales del mundo natural, material e inmaterial. Una relación de respeto, cuidado y agradecimiento hacia la naturaleza que genera un vínculo espiritual hondo.

Observamos en su trabajo dinámicas relacionadoras que se originan entre seres, territorios, ambientes y cosas. Como sugiere Tim Ingold, podemos hablar metafóricamente de «trenzados» de vida, constantes y abiertos[8]. Vemos cómo las relaciones sociales van más allá de lo humano para inscribirse en el mundo socionatural y espiritual, aludiendo a una dimensión de inter-existencia, a mundos que a su vez inter-existen con otros.

Cecilia Vicuña, ¿Qué es para usted la poesía? / What Is Poetry to You?, 1980, still de video, 23’ 20”. Cortesía de la artista

En Soñar el agua. Una retrospectiva del futuro (1964-), las imágenes, los poemas, el canto, los objetos nos susurran las fisuras en el actual orden de cosas; un orden que promueve la supremacía del hombre sobre la naturaleza, la falta de conexión con memorias largas y, sobre todo, la incapacidad de sentirnos -los humanos- parte de un todo en igualdad de condiciones (en cuanto existimos al igual que existen las montañas, los ríos, los bosques). Las imágenes también nos susurran sobre nuestra historia oscura, historia de muertes, cruzada por ríos de sangre y la contaminación del consumo.

Experimentamos el desasosiego que nos susurra Cecilia Vicuña como alarmas vitales que nos advierten que la vida, así como está, como la experimentamos hoy, no puede respirar ni fluir. Así, conectando distintos significados y gramáticas visuales, se articula una gran metáfora: la afirmación de la vida, abordada desde múltiples pliegues y capas.

Al re-definir y re-significar la vida en condiciones de dignidad y autodeterminación, y al reconfigurar relaciones entre nuestro presente y esas experiencias múltiples del pasado del que hemos sido escindidos, podremos enfrentar una realidad que domina, controla y mercantiliza a los sujetos y la naturaleza.

Reivindicar el mal-estar y afirmar la vida supone resistir a las tendencias dominantes de la subjetividad colonial-patriarcal-capitalista y extractiva, generando un cambio, una ruptura, una diferencia en relación al orden que conocemos, potenciado el acto creativo y la imaginación radical como movilizadores de nuevas formas de participación e interconexiones, nuevas formas de estar juntos y emocionarnos juntos, propiciando la germinación de otros mundos.


[1] Para indagar más en este problema, revisar: Albán Achinte, Adolfo (2017). Prácticas creativas de re-existecia. Más allá del arte… el mudo de lo sensible. Buenos Aires. Del Signo.

[2] Rivera Cusucanqui, Silvia (2018). Un mundo ch’ixi es posible. Buenos Aires. Tinta Limón. Pág. 128.

[3] Vázquez, Rolando; Barrera Contreras, Miriam (2016). Aesthesis decolonial y los tiempos relacionales. Entrevista a Rolando Vázquez. Calle 14, revista de investigación en el campo del arte. Bogotá, Universidad Distrital Francisco José de Caldas.

[4] En http://www.ceciliavicuna.com/biography

[5] Rivera Cusucanqui, Silvia. Op. cit. Pág. 121.

[6] Vázquez, Rolando; Barrera Contreras, Miriam. Op. Cit.

[7] Miguel A. López en Visita Guiada | Capítulo 11: Cecilia Vicuña. Soñar el Agua. Una Retrospectiva del Futuro (1964 – ). Canal Artv. https://www.youtube.com/watch?v=eabroEEsV80

[8] En De Munter, Koen. (2016). Ontología relacional y Cosmopraxis desde Los Andes: visitar y conmemorar entre familias aymara. Chungará (Arica)48(4), 629-644. Epub 25 de agosto de 2016.https://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562016005000030

Claudia Cofré Cubillos

Curadora e investigadora independiente. Es doctora en Artes por la Universidad Complutense de Madrid, España. Forma parte del GCAS Latinoamérica y de C.I.T.E.S. (Centro de Investigación Transdisciplinar de Estéticas del Sur). Ha participado en distintos congresos para presentar resultados de sus investigaciones, y ha realizado varias publicaciones en libros, revistas académicas y catálogos en Chile y en el extranjero. Es coautora del libro "Mario Pedrosa y el CISAC. Configuraciones afectivas, artísticas y políticas“ (Metales Pesados, 2019); y de "El Arte como Revolución. Debates, redes y actualidad del Instituto de Arte Latinoamericano“ (Metales Pesados, 2022).

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