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CARLOS ARIAS. BORDAR LA CHILENIDAD

Después de haber pasado cuatro años sin exponer en su tierra natal, y no haber quedado como finalista para representar al país en la Bienal de Venecia, Carlos Arias decidió concretar la exposición ante los ojos de los chilenos en el Museo Nacional de Bellas Artes, en la que reflexiona en torno a su biografía y la práctica del bordado.

Se autoexilió de Chile junto a su familia 35 años atrás, pero las experiencias vividas en el contexto del Golpe de Estado siguen aferradas en su memoria. A través de las 23 obras expuestas en Chile: Amnesia de la Verdad, el artista externaliza los recuerdos que configuran su identidad chilena.


Carlos Arias, El lienzo de los anónimos (detalle), 2021. Bordado, 210 x 620 cm. Propiedad del artista. Foto: Alenka Wellmann

Lo primero que hicieron al enterarse de lo que estaba pasando fue prender la radio y sintonizar la estación Magallanes, topándose con las últimas palabras del presidente Allende. La hermana de Carlos Arias había regresado del colegio a la casa antes de la hora habitual, advirtiendo que estaban bombardeando La Moneda. El artista recuerda haber mirado por la ventana que daba hacia el Centro Cultural Ñuñoa, observando a los Hawker Hunter cercenar las copas de unos pinos viejos.

Algunos días después de lo sucedido, a la imagen traumática de los aviones sobrevolando la ciudad se sumó otra, que se convirtió en un recuerdo no menos brutal. Se trataba de un cuerpo humano en el suelo, tapado con páginas de El Mercurio, tendido sobre la calle Dublé Almeyda. Carlos no recuerda exactamente por qué decidió tomar esa ruta para ir a su colegio, pero piensa que quizás fue por miedo.

Generalmente se iba por la calle Juan Moya, hacia Irarrázaval, pero hasta ese momento Dublé Almeyda le parecía más amena. Esa calle había sido el escenario de reconfortantes recuerdos infantiles entre él y sus amigos, de cuando tocaban los timbres de las casas vecinas para molestarlos y salir corriendo. Sin embargo, desde ese día en adelante, la imagen del cuerpo en el suelo eclipsó las memorias alegres.

45 años después, Carlos Arias inmortalizaría aquel cuerpo en una tela colorida, cuyas tonalidades rojas dificultan la lectura de las letras. El bordado forma parte de Chile: Amnesia de la Verdad, la muestra abierta en el Bellas Artes hasta el 17 de diciembre. Compuesta por 23 obras que dan cuenta de las vivencias del artista en su tierra natal, muchas de estas imágenes están relacionadas con la dictadura. De hecho, el bordado referente al cuerpo en el suelo está rodeado por otros dos textos alusivos a recuerdos violentos: a su derecha se denuncia el fusilamiento de Ricardo García, el 18 de octubre del 73, y a su izquierda se expone el recuerdo personal de una intimidación.

“Fue una madrugada de invierno y debieron haber sido las cinco o seis de la mañana. Me acuerdo perfectamente de haber estado durmiendo, en total oscuridad, cuando dos milicos me apuntaron al estómago y al pecho, obligándome a levantarme,” relata el artista.

Carlos Arias, Biografía, 1995. Bordado, 66 x 115 cm. Propiedad del artista. Foto: Alenka Wellmann

Reforzar los recuerdos con hilo

En el texto titulado Cuando la Memoria pende de un hilo, Nelly Richard plantea que “el tacto del bordar a mano el dato referencial (un nombre, un lugar, una fecha de ejecución política) rellenándolo con hilos tan amarrados a la tela que se vuelve inseparable de su urdimbre, hace de conjura para que este dato de referencia no termine vaciado como cifra o como número en el universo estadístico -indiferente- de la desaparición masiva”. Efectivamente, la naturaleza de bordado de tales imágenes textuales pareciera incrementar su poder, permitiendo revelar la humanidad detrás de los datos.

Un fenómeno similar ocurre con los bordados que aluden a las lecturas escolares del artista, quien a los 18 años ya había devorado textos completos de Gramsci, Marx, Maquiavelo y Jean Paul Sartre.

—Tuvimos la suerte de que en México, en los 70, por lo menos en la educación privada que me tocó a mí, se mantenía el interés por educarnos con valores que coincidían con los de familia. Es decir, con responsabilidad y disciplina, pero sin dejar de tener una actitud crítica de cara a la sociedad y frente a la historia.

Aunque su autoexilio en México le haya brindado la oportunidad de escapar del impacto de la dictadura en la educación chilena, todavía le afectan otros efectos del golpe, como su inclinación a suprimir ciertos recuerdos. El artista admite que incluso en la actualidad prefiere omitir información privada que le llega, como si un mayor conocimiento pudiera estar aparejado de un mayor peligro.

— Yo creo que la tendencia a obliterar se me tradujo en un interés por la historia. Si tú te fijas en mis bordados hay mucha narración. Me interesa registrar el nombre de los muertos, anotar sucesos, revisar la historia del arte y de sus estilos, repasar la historia de ciertos personajes de la teoría del conocimiento y de la filosofía.

El artista explica su interés por cuestiones que trascienden las circunstancias, un tipo de discurso cuya naturaleza describe como arcaica y fluctuante en lo que respecta a la sociedad.

— Son asuntos que le pueden competer a un personaje del siglo XIII como a uno del siglo XXI, temas como la maternidad, la ética o el hedonismo.

Carlos Arias, La filosofía como arma de la revolución, 2016. Bordado, 45 x 70 cm. Propiedad del artista. Foto: Alenka Wellmann

En Chile: Amnesia de la Verdad, obras que podrían parecer circunstanciales por su estrecho vínculo con sus contextos de producción, se proyectan hacia periodos históricos y procesos que resurgen de manera constante. Tal es el caso del bordado Chile: un país del cual debes huir, que surgió en 2019 a raíz de la incredulidad de Arias ante la reelección de Sebastián Piñera, pero que tras el Estallido Social se podría reinterpretar como el deseo de escapar del clima convulso del país.

Carlos llegó a temer que su bordado pudiera ser interpretado como una expresión de conformismo por parte de un ciudadano que busca mantener el statu quo. Sin embargo, después del plebiscito, el bordado adquirió una nueva dimensión de interpretación: el anhelo de escapar que surge, precisamente, como respuesta a la inercia del modelo neoliberal.

— La lectura de esa obra va dependiendo de los momentos históricos. En esa línea también podría decir ‘Francia: un país del cuál debes de huir’. Es decir, yo creo que todos los seres humanos buscamos un lugar espiritual que viene del mundo religioso, arcaico. El deseo de un espacio de ensoñación con la naturaleza, como una especie de paraíso terrenal.

Carlos Arias, Jornadas, 1995-2021. Bordado, 221 x 60 cms. Propiedad del artista. Foto: Alenka Wellmann
Carlos Arias, Jornadas, 1995-2021. Bordado, 221 x 60 cms. Propiedad del artista. Foto: Alenka Wellmann
Carlos Arias, Jornadas, 1995-2021. Bordado, 221 x 60 cms. Propiedad del artista. Foto: Alenka Wellmann
Carlos Arias, Jornadas, 1995-2021. Bordado, 221 x 60 cms. Propiedad del artista. Foto: Alenka Wellmann
Carlos Arias, Jornadas, 1995-2021. Bordado, 221 x 60 cms. Propiedad del artista. Foto: Alenka Wellmann

Vaivenes (Vas y vienes)

Hasta el día de hoy, Carlos Arias no tiene muy claro si fue parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez o no. Solo sabe que en 1983 se reunió unas cuantas veces con un grupo de jóvenes que estaba en contra de la dictadura de Pinochet. La inscripción en aquella agrupación política, realizada por un primo de segundo grado, y el llamado a participar como personaje extra de nacionalidad chilena en la película Missing, habían empujado al artista a contemplar la idea de regresar al país del que había huido junto a su familia a los 10 años.

A estas razones se sumaba un deseo de independencia de sus padres y la expectativa de que el gobierno de Pinochet ya estuviera cercano a su fin. En 1988, tras terminar sus estudios en Chile, Carlos regresó a México para cursar un posgrado en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, y se quedó viviendo allí. No obstante, Chile se mantuvo como una presencia constante, cuya memoria se colaba silente entre los hilos de algunos bordados.

– ¿Aprendiste algo nuevo de tu chilenidad mediante esta muestra?

— Redescubrí una distancia con los chilenos. Siempre me sentí lejano, pero no entendía realmente por qué, ni dónde residía esa distancia. No sabía si se trataba de una especie de patudez de mi parte, un desinterés, o la búsqueda de un estatuto personal fuera de Chile. Sin embargo, después me di cuenta de que sí hay un sentido de distancia, pero que lo tienen los propios chilenos.

Arias destaca el fenómeno de que ni a sus mismos compatriotas les pareciera importar sus propias identidades ni historias, más allá de ocasionales costumbres superficiales como la cueca que se baila el 18 de septiembre. Dice que este es un país geográficamente aislado del resto del mundo, cuya actitud distante se extrapola a la relación entre los ciudadanos y su territorio, lo que tras el rechazo a una nueva Constitución se ha hecho más patente.

— Como que ahora me justifico mucho más estar lejos de Chile, porque la pérdida del imaginario de nación se hizo aún más evidente. Era una noción que, para mí, ya se había perdido con el golpe, y que ahora, realmente, a pesar de que obviamente debe estar, ya no tengo el interés de que exista en mí.

Vista de la exposición “Chile: Amnesia de la Verdad”, de Carlos Arias, en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), Santiago de Chile, 2023. Foto: Alenka Wellmann
Vista de la exposición “Chile: Amnesia de la Verdad”, de Carlos Arias, en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), Santiago de Chile, 2023. Foto: Alenka Wellmann

Carlos había olvidado la existencia de algunas de las obras que expone en el MNBA y cuenta que fue gracias al curador Cuauhtémoc Medina y a la teórica Nelly Richard que se motivó a recopilar aquellas obras que se relacionan con sus experiencias en el país. Remitiéndose al bordado Fue tan violento lo de Chile…, reconoce que en parte lo hizo por su propia salud mental.

— Estéticamente a mí no me parecía tan atractiva esa obra y encuentro que el tema es del terror. Se trata de un bordado difícil, cuya lectura es complicada, por tener letras rojas sobre un fondo del mismo color. Entonces, era una obra que yo tenía borrada de mi mente (…) Creo que la existencia es tan corta, que uno tiene que vivir el cotidiano de una manera muy gloriosa y fructífera. No podemos estar pegados en el pasado o viviendo en otros lugares.

Esta misma actitud de aceptación distingue a Carlos Arias cuando se refiere a la Bienal de Venecia, a la que postuló junto a Medina con El Lienzo de los Anónimos. A pesar de que su propuesta fue seleccionada como finalista pero no elegida para representar a Chile, decidió seguir adelante con la obra que ya estaba en proceso. Mentalizándose a encontrar una forma de exhibirla ante el público chileno, finalmente encontró la oportunidad en el Museo Nacional de Bellas Artes.

— Creo que igual es sano que te digan usted no va a representar esta cosa, pero no por eso no es importante. En este escenario tenía dos opciones: o entristecerme y sentir que nadie aprecia mi trabajo, o decir qué bueno que estuve presente, porque finalmente esa vigencia depende de mí. Aunque yo jamás vaya a Venecia, siento que ya fui.

Carlos Arias, Los ancestros, 2021-2022. Bordado, 210 x 220 cm. Propiedad del artista. Foto: Alenka Wellmann

Pasado encontrado (o punto atrás)

Carlos Arias aprendió a bordar en kínder. Al igual que sus compañeros, recibió un cartón con el dibujo de un pato y un ovillo de lana. La imagen estaba conformada por puntitos mediante los cuales aprendió que tenía que hincar la aguja por donde había sacado el hilo en la puntada anterior. Se trataba del movimiento más básico dentro del mundo del bordado, y recibe el nombre de pasado encontrado o punto atrás. Hoy, más de cinco décadas después de haber aprendido la técnica, el pasado encontrado sigue siendo una de las únicas dos puntadas conocidas por el artista, que se limita a utilizar esta y la que se usa en los ojales de las camisas.

—Todas las demás puntadas son ornamentales: una hace un nudito, otra tiene forma de cruz, pero ese aspecto decorativo no permite ninguna libertad. En cambio, la puntada básica es comparable a la pincelada que uso como pintor: puede variar en grosor, longitud, profundidad, saturación, transparencia, pero, en el fondo, el pincel es el mismo siempre.

Si bien Chile: Amnesia de la Verdad es una exposición compuesta principalmente por bordados, Carlos Arias, quien es pintor de formación, nunca pasó más de una década lejos de un pincel. A pesar de que le costó retomar la pintura en 2004, por el miedo que le generaba el haber dejado la práctica por tanto tiempo, hoy trabaja ambos formatos de manera paralela.

— Las decisiones de parar de bordar o dejar de pintar han sido más que nada porque se me acababan los temas. Cuando no tenía mucha inspiración, tomé distancia, pero descubrí que había dejado hilos pendientes, o en la pintura había dejado pinceles pendientes. Son como mis amantes: el hilo y el óleo.

Carlos Arias, Chile: Amnesia de la verdad, 1990. Óleo sobre tela, 160 x 200 cm. Colección MNBA, Chile. Foto: Alenka Wellmann

Arias dispone de más tiempo tras haberse retirado de la docencia, un factor que es evidentemente fundamental para el bordado, y aunque por distintas razones, también lo es para la pintura. 

— Aunque el bordado es muy lento, una vez que lo planteas ya no tienes que volver a pensar: el cerebro comienza a funcionar de manera mecánica y la reflexión se va a un ámbito más personal, político, lo que tú quieras. En cambio, en la pintura siempre está presente esta materialidad que hay que estar trabajando. Tienes que estar siempre alerta, como si fueras un actor suplente que tiene que estar disponible si se enferma el protagonista de la telenovela.

— ¿Crees que empezar a bordar cambió tu estructura de personalidad?

Sí, por supuesto que sí. Me trajo mi lado campesino, esa cosa como agraria, doméstica, de la casa, del jardín, el taller, los libros, los materiales, los seres queridos, mis estudiantes, mis colegas. Como que todo se hizo más armónico porque se hizo más lento, más de observar el entorno y no de esperar con ansias ningún resultado.

El tema del bordado es que es doméstico y está normalizado. No sé por qué, quizás por tratarse de textil, porque tiene que ver con la materialidad de la ropa, de los manteles de la casa, las frazadas, las sábanas. Hay algo en la historia del hilo que hace que sea cercano al público, ya sean adolescentes o adultos, de clase media, obrera, popular, intelectuales, no intelectuales. Abarca un espectro mucho más amplio.

Victoria Abaroa

Licenciada en Comunicación Social por la Universidad del Desarrollo (UDD - Chile), donde se desempeñó como ayudante de Periodismo Interpretativo. Cuenta con una especialización en Social Marketing de Northwestern University, y ha realizado múltiples cursos sobre comunicaciones en el campo de las artes visuales dictados por Node Center for Curatorial Studies (Berlín). Sus textos han sido publicados en Artishock y en la Revista Ya.

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