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EL DORADO. UN TERRITORIO

El Dorado, ¿existió o no? El supuesto caudal de metales preciosos y extraordinarias riquezas que se encontraban en América despertó la fascinación de los aventureros en el siglo XV, entonces convencidos de la existencia real de un lugar llamado El Dorado, una “región de riquezas incalculables, cuya imagen surge del relato deformado de las ceremonias de los chibchas en la laguna del rey Guatavita y se despliega luego en el imaginario de la mítica ciudad de Manoa.

Se trata de un auténtico u-topos, un no-lugar cuyo espejismo desata las más exageradas ilusiones, motoriza penosas aventuras y acaba en tremendas acciones”, escribía en sus apuntes Graciela Sarti, a propósito de un ensayo publicado en 1990 por el Grupo CAyC.

Esos tesoros yacían a lo largo y ancho del continente y eran sustento esencial de las comunidades locales. Papa, batata, maíz, territorio, América del Sur, oro, artesanía y alimentos aparecen en las obras de los artistas que integran la muestra El Dorado. Un territorio, presentada por Fundación Proa (Buenos Aires), que revisa el impacto de uno de los mitos americanos más influyentes en la historia de la humanidad.

Procedentes de instituciones públicas y privadas y colecciones particulares, las obras de artistas latinoamericanos seleccionadas atraviesan temas como la materialidad, el sincretismo, los procesos de transformación y el paisaje de un territorio pródigo en recursos y materias primas que cambiaron el mundo a partir del siglo XVI.

Al fondo: Carolina Caycedo, Patrón Mono: Ríos Libres, Pueblos Vivos, 2018/2022; al frente: Clorindo Testa, El espejito dorado, 1990. Cortesía de los artistas. Foto: Proa
Al fondo: Carolina Caycedo, Patrón Mono: Ríos Libres, Pueblos Vivos, 2018/2022; al frente: Clorindo Testa, El espejito dorado, 1990. Cortesía de los artistas. Foto: Proa

El Dorado. Un territorio es un proyecto conjunto de Fundación Proa, Americas Society y el Museo Amparo. Las tres instituciones se reunieron entre 2021 y 2022 para profundizar en la problemática del mito de El Dorado y su vigencia.

El resultado de esta iniciativa se estructura en tres exhibiciones, no itinerantes, a desarrollarse a lo largo de 2023 y 2024 en Buenos Aires, Nueva York y Puebla. Cada una de ellas busca reflejar dilemas y puntos de vista propios sobre la leyenda y el alcance que tuvo en sus respectivas regiones.

La exhibición recibe al visitante con la obra inmersiva de Carolina Caycedo, que nos sumerge en el río Cauca, donde se encuentran, flotando con una singular belleza, pepitas de oro. La balsa de Clorindo Testa y el barco de Víctor Grippo, junto a Turismo/El dorado, de Fernando Bryce, se convierten en la metáfora del viaje, la precariedad, la ilusión y la codicia. El poder de la palabra aparece en la obra de Leopoldo Maler, cuando evoca al metal a través de su nomenclatura.

Las implicancias religiosas, pero también de poder, de la materialidad de la pintura, del cuerpo y del espacio arquitectónico del mito están presentes en las obras de Mathias Goeritz, Stefan Brüggemann, Leda Catunda, Laura Vinci y Olga de Amaral.

En diálogo con estas obras contemporáneas, se presentan las capas pluviales doradas usadas por los sacerdotes en las peregrinaciones, atavíos que demuestran, una vez más, que lo performático es fundamental tanto para la religión como para el poder. Se trata de una sala introspectiva, contemplativa y silenciosa en la que el color asume una relevancia absoluta en sus distintas formas de representación.

Vista de la exposición "El Dorado. Un territorio", en Fundación Proa, Buenos Aires, 2023. Foto: Proa
Vista de la exposición «El Dorado. Un territorio», en Fundación Proa, Buenos Aires, 2023. Foto: Proa

En la siguiente sala, se exhibe un video de Pedro Terán que reconstruye la ceremonia del pueblo muisca; un muestrario de colores realizado con montículos de tierra de diversas regiones y que conversa con el sol, presentado Teresa Pereda; la imagen intervenida de la selva colombiana del colectivo Mazenett & Quiroga, y las páginas también intervenidas de las primeras aproximaciones al estudio de la flora continental de Sandra Gamarra.

La obra de Betsabeé Romero problematiza la explotación del caucho y el maíz como elemento de valor (avasallado), Santiago Montoya presenta obras de y sobre el chocolate, y Ximena Garrido Lecca hace lo propio con el cobre, mientras que Gastón Ugalde despliega hojas de coca sobre el mapa de América del Sur. Todas estas obras trazan un exhaustivo panorama de los hallazgos y presentan, de forma compleja y diversa, tanto las materias primas como las problemáticas asociadas a su extracción.

La plata extraída del Cerro de Potosí se aprecia en las monedas encontradas en los cimientos de la Pirámide de Mayo; en tanto las alas plateadas, la coquera de plata (c. 1800) y las moscas de Andrés Bedoya dan cuenta de la excelencia del trabajo artesanal y de la importancia que tuvo para la Corona española la producción de plata en la formación de una economía global.

Cada una de esas piezas documentan o remiten a la destreza de los pueblos originarios y el aprovechamiento de la mano de obra indígena, con las injusticias y penurias que ocasionaron a las comunidades locales, primeras propietarias de estas tierras.

Andres Bedoya, Moscas, 2021-2023. Moscas de plata (detalle), dimensiones variables. Colección del artista

El maíz -el “oro latinoamericano”- adquiere protagonismo en El pago de la deuda externa con maíz, el oro latinoamericano en tanto aparece como soporte para el pago de la deuda externa por parte de Marta Minujín a Andy Warhol.

El maíz también condensa toda una serie de temáticas político-económicas en la obra de Benvenuto Chavajay Ixtetela, con los elotes, o espigas del maíz, hechos balas; y se manifiesta en la obra de Evi Tártari a modo de refugio y sostén.

El valor de la papa a nivel mundial, presente en la obra de Víctor Grippo y en la fotografía de Martin Chambi, junto con el valor del morrón (originario también de estas tierras) en el registro de la instalación de Florencia Sadir, así como la batata gigante hecha con aluminio y láminas de oro, de Iván Argote, y las obras de Tania Candiani bordadas y teñidas con la cochinilla, plantean la serie de conflictos surgidos a partir no solo del hallazgo de estas materias primas, sino las derivaciones que estos productos tuvieron en su inserción en la economía mundial moderna y contemporánea.

Para profundizar en la investigación y la concepción curatorial de El Dorado. Un territorio, compartimos una entrevista realizada a los tres directores de las instituciones: Adriana Rosenberg, de Fundación Proa; Ramiro Martínez, del Museo Amparo (Puebla, México) y Aimé Iglesias Lukin, de Americas Society (Nueva York).

Benvenuto Chavajay, Elote de balas, 2016. 4 elotes de maíz y balas calibre 48, 38 x 5 x 5 cm c/u. Colección del artista.

UN MITO CON MIL CARAS

Por Maite Paramio, Tie Jojima y Manuela Hansen | Asistentes curatoriales

Orígenes y realidades de El Dorado

¿Qué significa el mito de El Dorado y por qué piensan que es relevante examinarlo en la actualidad?

Adriana Rosenberg: Los mitos son un tipo de fenómeno con una temporalidad particular,más laxa, más extendida en el tiempo. Sus coordenadas pueden ir variando, y el mito puede incluso mutar en algunos de sus aspectos y de sus manifestaciones espacio-temporales sin perder por eso su núcleo y su fuerza.

No se trata de identificar un momento preciso en donde se vuelve importante el mito ‒este o cualquier otro‒, si fue significativo en un período anterior al actual o lo será después. Es oportuno reflexionar sobre este tema a lo largo del tiempo rastreando continuidades y diferencias en circunstancias y lugares específicos. Sin embargo, el tema no tiene más relevancia hoy que ayer.

Ramiro Martínez: El mito es una constante en la humanidad. Es una búsqueda, algo quegenera movimientos voluntarios, forzados, civiles, militares; en definitiva, lo que ha formado al mundo. Específicamente, El Dorado se genera en Latinoamérica, y en tanto búsqueda implica tanto ideas equivocadas como encuentros y sincronicidades en el camino. Suele suceder que lo que se va creando en el proceso resulta ser lo más importante. En efecto, el mito se trata de algo atemporal.

Aimé Iglesias Lukin: Es verdad que toda la historia de la cultura humana está organizada apartir de distintos mitos. Pero lo que tiene de interesante el mito de El Dorado ‒que es anterior a las Américas, ya aparece en la Edad Media, en las Cruzadas‒ es que esta idea de una tierra dorada es algo que explica mucho la actitud que tuvo Europa cuando llegó a América; y a partir de allí, cómo se conformó y cómo se armó la historia de nuestro continente.

Izq: Capa pluvial (España), siglo XIX; Dalmática (España), siglo XVIII. Der: obras de Stefan Brüggemann. Foto: Proa
Izq: Capa pluvial (España), siglo XIX; Centro: Dalmática (España), siglo XVIII. Der: obras de Stefan Brüggemann. Foto: Proa

¿Qué función creen que cumplió y que cumple el mito de El Dorado en América Latina?

Aimé Iglesias Lukin: Si bien hay mitos de El Dorado en distintos continentes, en distintosmomentos de la historia, para América Latina este mito popular es muy relevante porque explica la forma en la que el encuentro de los mundos se determinó: respaldaba el espíritu de búsqueda y violencia los conquistadores, de los exploradores que llegaban.

A la vez, explica la idea del descubrimiento de una tierra que organizó el encuentro con el territorio y con estas nuevas culturas que había en América Latina. Y eso se fue replicando a lo largo del tiempo. Y no solo explica ese comienzo del encuentro de las dos culturas, sino que también explica cómo ha ido evolucionando, cómo pensamos en América Latina hasta hoy a partir de la extracción, y cómo ha determinado la forma en que nosotros mismos en América Latina nos pensamos como americanos.

Olga de Amaral, serie Estela, lino, yeso, pintura acrílica, pan de oro. Cortesía de Lisson Gallery, Nueva York. Foto: Proa

¿Es El Dorado una metáfora sobre lo latinoamericano?

Adriana Rosenberg: No hay una identidad regional ni latinoamericana, ni es necesario quela haya. A partir de la idiosincrasia de la expedición, desde Proa comprendimos que las materias primas eran el aspecto del que verdaderamente podíamos dar cuenta. La propuesta, que incluye obras que trabajan con el oro, pero también obras que reflexionan sobre la diversidad de sustancias valiosas que se encontraban en el continente ‒tomate, papa, cacao, cobre, etc.‒, da cuenta de la diversidad y exuberancia de este territorio.

El Dorado es, desde nuestra perspectiva, una muestra sobre algunas metáforas vinculadas a los fenómenos de búsquedas –materiales, utópicas, comerciales, etc.– pero sobre todo un trabajo con materiales muy concretos y vigentes a nivel regional.

Ramiro Martínez: Uno de los grandes problemas ha sido tratar de meter todo en esta ideaexacta de lo latinoamericano, en algo que no nos representa.

Adriana Rosenberg: Tal vez, la discusión sobre la existencia de América Latina comoalgo unificador es más del orden del lenguaje.

Aimé Iglesias Lukin: América Latina sí existe, pero como lo plantea Walter Mignolo,existe como una idea. Esa idea es operativa a pesar de todo, de las resistencias y las especificidades de cada país y de cada una de las regiones. Y los países y las culturas tienen adscripciones múltiples, no solo a la idea de América Latina. Por ejemplo, para México estar en Norteamérica es un hecho geográfico y cultural que determina muchísimo en quiénes son. Mucho más de lo que le puede afectar a la Argentina. Hay una gran variedad de especificidades. Quizá la idea de América Latina es parte de una metáfora paralela a la metáfora de El Dorado, a una utopía paralela que está ahí flotando y que va afectando la historia de distintas maneras, en distintos momentos.

Adriana Rosenberg: En la era de la globalización, y en una era en la que el intercambioentre las culturas es mucho más fluido, hay, sí, componentes regionales pero no se puede hablar de América Latina. De manera que hay una situación muy híbrida en cuanto a las búsquedas de identidades y esa idea unificadora, hoy, ya no es una propuesta.

Leda Catunda. El dorado II, 2018. Acrílico sobre tela, voile y plástico. 284 x 470 cm. Colección privada. Foto: Proa
Leda Catunda, El dorado II, 2018. Acrílico sobre tela, voile y plástico, 284 x 470 cm. Colección privada. Foto: Proa

El Dorado es una manera de pensar el pasado, el presente y el futuro. ¿Estamos condenados a perpetuar la mentalidad y la ética de explotación de El Dorado?

Aimé Iglesias Lukin: El Dorado es mucho más complejo que una ética de la explotación.Es también, para bien o para mal, una fantasía de utopía que ha sido muy negativa, muy sentida, pero también ha impulsado el proceso de lo que somos hoy.Y eso es una realidad histórica. La idea consiste en no hacer asociaciones de un modo simple. Es algo que pasó, es un fenómeno. Y así como es polisémico, es poliético. De manera que es muy complicado.

Por otro lado, si aceptamos la hipótesis de que El Dorado es un mito fundador de América Latina, es bastante razonable entender que no podamos ir más allá del mito. Los mitos, como nos dice Lévi-Strauss, condicionan los comportamientos de la cultura a niveles muy profundos.

Además están las teorías y las interpretaciones que dicen que el mito de El Dorado fue una invención indígena, o que lo apropiaron para distraer a los conquistadores y enviarlos más lejos. En ese sentido, el mito de El Dorado pudo en esos casos haber sido una herramienta de liberación.

Vale recordar, en este punto, la propuesta que hizo Marta Minujín en 1985 con su obra con Warhol. El título de la obra es El oro latinoamericano, o El pago de la deuda externa con maíz, el oro latinoamericano. No es casual lo que está proponiendo Marta: precisamente esuna propuesta al mundo de que América Latina ya le pagó su deuda y sus préstamos a Europa. Por supuesto que es un chiste de Marta, pero como todo chiste es bastante serio.

Adriana Rosenberg: Al pensar en el oro de El Dorado, o en la idea de tesoro, o riqueza, sevienen de inmediato ciertas imágenes más bien literales vinculadas al metal y a sus representaciones más difundidas, que son también sus representaciones más ingenuas, por otra parte. Las riquezas del continente han estado siempre, y luego de 1492 han pasado a formar parte de un acervo occidental vital para la supervivencia de sus sociedades.

El territorio, y asociadas a este, las materias primas, han sido y son en la actualidad elementos tanto económicos como simbólicos: constituyen bienes de uso, de cambio, símbolos, formas de intercambio, incluso modos del lenguaje en ciertas culturas, ofrendas, commodities, etc. La idea de explotación no alcanza a abarcar la vastedad del fenómeno nila diversidad de sus manifestaciones.

Iván Argote. Batata, 2017. Aluminio y láminas de oro 24 kilates. 90 x 100 x 250 cm. Colección MUNTREF. Al fondo: fotografía de Martin Chambi. Foto: Proa
Al frente: Iván Argote, Batata, 2017. Aluminio y láminas de oro de 24 kilates, 90 x 100 x 250 cm. Colección MUNTREF. Al fondo: fotografía de Martin Chambi. Foto: Proa

Una investigación abierta

¿Qué podrían decirnos sobre el proceso de investigación colaborativa para la exhibición que involucra a las tres instituciones?

Adriana Rosenberg: La investigación comenzó con un seminario de seis meses deduración coordinado por Edward Sullivan ‒sin cuyos aportes el trabajo hubiera sido muchísimo más complejo‒. Los encuentros fueron plurales y heterogéneos, y se organizaron bajo grandes temas conceptuales: sueños, comercio, codicia, viajes, cielo e infierno. En cada uno de ellos, exponían tres o cuatro especialistas de toda América Latina y los Estados Unidos.

Algunos se refirieron al oro de manera literal, como metal, soporte, reliquia o atavío; y otros, por el contrario, plantearon temas más conceptuales, relaciones entre artistas y resonancias contemporáneas del mito de El Dorado. Todos los encuentros fueron grabados para su posterior estudio, y de allí surgió un enorme archivo visual y documental que constituyó la base de las primeras listas de obra. La idea de hacer un seminario, que fue de Aimé, le dio cuerpo a una situación que era muy compleja de abordar. Esos desarrollos teóricos proveyeron de un territorio sobre el que asentarse para decidir el cuerpo de obras.

Teresa Pereda, Habla la tierra – Territorio posible, 1993-2023. Tierras e impresión digital sobre vinilo. Colección de la artista. Foto: PROA

¿Cómo se vincularon los temas o problemas específicos que cada institución aborda?

Ramiro Martínez: En el comienzo, la idea consistía en una exposición para las tres sedes;sin embargo, a medida que la investigación avanzaba, resultó claro que El Dorado significaba algo diferente para cada uno de los lugares. Por eso, la conclusión consistió en que cada sede debía trabajar desde una perspectiva propia.

Esta metodología se relaciona con el respeto. Resulta fundamental el respeto hacia las particularidades de cada institución, de cada región, de cada país, para llevar a buen puerto una colaboración de estas características. Y lo que surge en el proceso de trabajo ‒charlas con especialistas, consultas que abrieron diferentes perspectivas‒ ha sido lo más enriquecedor y forma parte de un proceso de aprendizaje muy valioso.

Respecto del tema, del modo de trabajo, el proceso que atravesamos muestra una forma muy acorde a los tiempos: se evitan movimientos gigantes de obra y traslados. En definitiva, se trata de preguntarse por un tema que es global con una aproximación local. Obviamente, los aspectos en común de todo el trabajo, como los programas públicos, promueven nuevas colaboraciones conjuntas.

Adriana Rosenberg: La decisión de tener tres exhibiciones distintas que se combinaranfue el resultado de una evolución, de una maduración en el trabajo con el tema, con las aproximaciones teóricas al fenómeno y con los artistas. Y fue también consecuencia de una idea de no forzar un solo acceso a la problemática ni de simplificarla. Porque, evidentemente, México tiene sus propias problemáticas y los Estados Unidos las suyas.

Por otra parte, además de que América del Sur tiene, por supuesto, sus especificidades, en aquel período el territorio era muy diferente al actual. No se pensaba en el Sur asociado a una idea de riqueza, sino más bien a su contrario: era equivalente al desierto.

La autonomía de las sedes entonces responde a la idea de respetar la idiosincrasia de cada circunstancia (social, cultural, regional) desde donde se piensa El Dorado. Y tanto el espectro de temas y sentidos que el tema alcanza como las preguntas que se disparan apuntan a un respeto por esas particularidades, que no son solo espaciales, culturales, etc. sino también temporales. El hecho de que las tres instituciones plantearan ese respeto por los orígenes y por las distintas regiones desembocó en la idea de que no existe una región común.

En esta oportunidad, se dio una conjunción en la que las tres instituciones (Americas Society, de Nueva York, el Museo Amparo, de Puebla, México, y Fundación Proa) se unieron y llevaron adelante una investigación y un seminario al respecto.

Si bien Proa comenzó su propia investigación para conformar el listado de obras, el campo teórico desplegado en las ponencias que conformaron el seminario nos permitió pensar de modo profundo y polisémico nuestra aproximación al fenómeno.

Aimé Iglesias Lukin: Lo destacable de este proceso, en el que trabajamos con distintaslistas de obras, es que genera un modo de trabajo respetuoso no solo de las idiosincrasias y las historias particulares de cada una de las regiones que está tratando, sino que también es respetuoso ‒y da cuenta‒ de la complejidad del tema.

Esta no es una muestra que habla sobre un proceso histórico puntual donde el discurso por razones históricas o sociales tiene que estar controlado, sino que estamos hablando de un mito. Por definición, es un material flexible, que las distintas culturas adaptan según el espacio, el tiempo y sus necesidades. Tiene igual fuerza que la historia, pero tiene una maleabilidad distinta.

Y me parece que incluso si hubiéramos podido armar una lista de obras unificada que diera cuenta de todas las problemáticas y las particularidades de los tres lugares, eso hubiera limitado, censurado la polisemia del mito en sí mismo. Lo que logramos es mucho más interesante. Esta polisemia del mito es precisamente lo que lo hace tan duradero, polivalente y efectivo a lo largo del tiempo.

Betsabeé Romero. Guerreros en cautiverio, 2008. 3 llantas de camión grabadas y con incrustaciones de hoja de oro. 104 x 104 x 27 cm c/u. Colección de la artista. Foto: Proa
Betsabeé Romero, Guerreros en cautiverio, 2008. 3 llantas de camión grabadas y con incrustaciones de hoja de oro, 104 x 104 x 27 cm c/u. Colección de la artista. Foto: Proa

¿Cuál es el vínculo que une previamente a las tres instituciones?

Aimé Iglesias Lukin: En Proa estaba ya la idea de hacer esta exhibición, que me resultabafabulosa; y acordamos, desde Americas Society, en sumarnos. Adriana deseaba incorporar además una sede en México considerando sobre todo el papel estructural de esta región en el tema, y pensó en el Museo Amparo porque había trabajado previamente con Ramiro Martínez, su director.

Nos resultaba importante el hecho de que, dado que era una muestra sobre un problema tan continental, estuviera en tres lugares clave del continente. De hecho, la muestra recorre geográficamente todo el hemisferio, y eso no es casualidad.

Ramiro Martínez: La muestra recorre tres países que presentan sus diversas perspectivashacia un fenómeno tan rico como El Dorado. Y, además, contábamos con la experiencia de trabajos previos, en los que quedó de manifiesto la consideración, el respeto por nuestras ideas, por nuestras diversas formas de hacer las cosas.

Adriana Rosenberg: La historia del trabajo de las instituciones y de las relaciones quetuvimos a lo largo de los años se vincula con las afinidades electivas, con los puntos de vista intelectuales, de trabajo y de sensibilidad con el tema. El Dorado surgió como consecuencia de colaboraciones previas y de una cercanía en los modos de aproximación a los temas y las formas de trabajo.

Marta Minujín, El pago de la deuda externa argentina, “el oro latinoamericano”, 1985. Instalación y fotografías a color de foto performance. Estudio Marta Minujín, Buenos Aires. Foto: Proa

El Dorado: un territorio para el arte contemporáneo

Hay muchas maneras diferentes de contar la historia de El Dorado. ¿Qué puede decir el arte contemporáneo acerca del mito de El Dorado?

Ramiro Martínez: Hablamos de El Dorado desde hoy, desde donde lo vivimos, y no tantode la historia, que es otro tema aparte. Ese es el reto. Y si incluimos alguna obra, alguna pieza colonial o prehispánica por supuesto tiene un sentido, pero la idea es indagar sobre qué significa para nosotros en la actualidad El Dorado.

Adriana Rosenberg: Proa se dedica al arte contemporáneo, o al arte de la última centuria,más que a otras situaciones. La idea de mostrar la vastedad de los conceptos y de las materias primas tiene que ver con preguntarnos cuál fue verdaderamente El Dorado.

Desde Proa, entendemos que la idea de El Dorado no es el metal ‒ese que vinieron a buscar con mucha ambición y mucha codicia‒. Ni todo lo que se pueda decir con respecto al poder.

En nuestro caso, para los temas elegidos ‒las materias primas y lo territorial‒ la idea fue trabajar con herramientas contemporáneas. De la multiplicidad de factores que entran en juego alrededor de El Dorado, elegimos la idea de territorio para poder desandar ciertas ideas enquistadas que se vinculan con el sur del continente.

La zona del actual México fue la que recibió el primer impacto; las civilizaciones que habitaban esas tierras fueron las primeras en encontrarse y recibir a los europeos y todas sus consecuencias. Mientras que, en el Sur, las tierras parecían yermas, casi sin población, inadvertidas de lo que estaba sucediendo más hacia el Norte.

De ahí que quisiéramos rescatar la idea de territorio y de las materias primas que este proveía y provee: la idea es señalar, siempre de forma polisémica, abriendo sentidos, que el territorio y sus frutos fueron y son una de las formas de El Dorado, de riquezas, tesoros, o valiosos elementos que estuvieron y que siguen vigentes.

Intentamos revisitar la historia a través del abordaje de este tema con herramientas del presente generando un lenguaje que propicie una afinidad entre la curaduría y el público. Esas son las herramientas con las que cuenta un centro de arte en la actualidad para hablar de la historia.

Aimé Iglesias Lukin: Inicialmente había una intención de incluir una gran cantidad depiezas históricas, pero en el proceso de investigación aparecieron tantas obras contemporáneas que estaban hablando de este tema que se volvió casi necesario contar la relevancia actual del tema, más allá de la historia en sí. Fue natural, no fue planeado.

Obras en chocolate de Santiago Montoya en "El Dorado. Un territorio", 2023. Foto: Proa
Obras en chocolate de Santiago Montoya en «El Dorado. Un territorio», 2023. Foto: Proa

¿Cómo da cuenta esta exhibición del vastísimo conjunto de obras que los artistas han producido durante décadas para referirse al mito de El Dorado?

Adriana Rosenberg: En la exhibición elaborada desde Proa se proponen muchos artistasque trabajan con materiales que son, fueron o remiten a las materias primas y al entorno.

La perspectiva desde Proa, dedicada al territorio y a las materias primas, da cuenta de que sí encontraron El Dorado. El Dorado en el sentido de la riqueza y del aporte que todo este territorio le dio a la historia de la civilización occidental.

No estamos en una situación que solo el extractivismo pueda explicar, sino que también podemos desarrollar aproximaciones que tengan en consideración toda la riqueza que se ha encontrado en el continente americano y que este ha dado. Incluso podríamos invertir cierta autopercepción vigente y vernos, a través de El Dorado, como un territorio fértil, exuberante, rico, generoso. Hoy, entonces, son válidas preguntas tales como: ¿qué es El Dorado? ¿A qué tesoro remite en la actualidad?

Por último, no hay que olvidar que es el punto de vista curatorial el que le “da valor a las obras”, o contextualiza estas obras. Los artistas no trabajan necesariamente El Dorado como problema, sino que es el contexto que se crea desde lo curatorial lo que ubica a las obras en un nivel más de lectura de lo que podrían tener. Es en el gesto de las instituciones donde toman sentido.

Aimé Iglesias Lukin: Lo importante es la flexibilidad del tema. La polisemia permite quese entienda desde distintos lugares. Los artistas no necesariamente están hablando sobre el mito de El Dorado, sobre la conquista en particular, o sobre las materias primas en especial, sino que al hablar de eso terminan hablando de cosas que se asocian a este problema curatorial.

En este caso, precisamente por la apertura que tuvimos al no forzar la creación de una agenda común para las tres instituciones, o al no intentar pensar el fenómeno específicamente a través de un solo lugar, se pudo trabajar en forma mucho más abierta. Y esto permite a las obras lucirse en su comentario metafórico y poético con respecto a todos estos problemas.

El Dorado es el eje organizador y es el disparador, en todo caso, de una cantidad de problemas alrededor de la historia del continente: el presente, el pasado, el futuro y la riqueza de nuestra historia. En definitiva, no es una muestra donde el tema determina las obras, sino que hay una retroalimentación orgánica entre las obras que se fueron encontrando y la manera en la que fueron definiendo los temas de la muestra.

Ramiro Martínez: El tema es una palabra, o dos, que abren una lista de subtemas que seencontraron durante las conversaciones llevadas con especialistas de diversas disciplinas. En un nuevo simposio habría una nueva gran lista de subtemas. Se trata de una búsqueda. Entonces, es totalmente abierto. Los artistas responden no a El Dorado, sino a sus propios intereses, a sus propias búsquedas. Y, en ese sentido, hay una plasticidad del tema y de los modos de tratarlo.

Izq: Mazenett y Quiroga, Selva intervenida II (Pacífico, Colombia), 2018; der: Sandra Gamarra, El orden de los factores (la cosecha de mujeres), 2022. Foto: Proa

¿Qué impresión les gustaría que dejara esta exhibición?

Ramiro Martínez: Es un trabajo en pos de visibilizar, o tratar de visibilizar una historia; o

de presentar una de las millones de preguntas que hay: ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué

es lo que pasó? Y lo más importante: cómo vamos hacia adelante.

Aimé Iglesias Lukin: La idea es proponer preguntas y proponer metáforas. Es cierto queuna exhibición no va a dar respuestas a todos los problemas del mundo. Lo que puede hacer es recordarnos un montón de preguntas y de conflictos. Sería poco responsable pedirles a los artistas que den respuesta de algo tan complejo como la historia de la cultura occidental en las Américas.

Toda la exhibición está organizada a partir de un mito que es una metáfora para pensar los hechos históricos y para pensar la organización del mundo y de la sociedad. Entonces, es una muestra que está realizada a partir de esa primera metáfora y, a la vez, incluye un montón de metáforas de distintos artistas.

El arte contemporáneo trabaja mucho con la metáfora sobre la narración. Pretender que podemos dar cualquier tipo de respuesta o tesis en una exhibición sería traicionar el espíritu del tema de la muestra y del tipo de arte que estamos mostrando, que es un tipo de arte que se apoya en la pregunta, en la metáfora.

Lo interesante será ver cuánto de esto va a resonar con el público. La flexibilidad de una agenda que se ajusta a las distintas regiones que cubre cada institución, va a permitir esa adecuación con las audiencias de forma ‒ojalá‒ más acertada.

Adriana Rosenberg: El sentido de la investigación y de la muestra tiene que ver no conenseñar sino con visibilizar las capacidades que tenemos. La primera de ellas es poder estar hablando desde América Latina, que desde el Sur es como una entelequia. Hay una dificultad extra en concebir el territorio desde el Sur. De manera que todo consistió en hacer una especie de viaje en el túnel del tiempo para ubicarnos en el grado cero del territorio y no en el grado cero de esa situación de encuentro, de llegada.

El grado cero del territorio remite a un ejercicio de búsqueda, de rescate y de señalamiento de la vigencia de la fertilidad del terreno. Se trata de una forma de evidenciar valor ahí donde, en los relatos de entonces, e incluso en algunas narrativas del presente, solo se describe un vacío.

De manera que tanto el territorio como las materias primas fueron ejes organizadores en nuestra investigación y en la conformación de la lista de obras y artistas. Con la multiplicidad de sentidos, tramas, realidades históricas y tratamientos que ha recibido el mito de El Dorado, era imperioso que a través de las herramientas que da el arte contemporáneo pudiéramos reabrir muchas preguntas vinculadas a lo identitario, al medioambiente, a la historia, a nuestro vínculo con el continente y al papel del arte.


EL DORADO. UN TERRITORIO

Fundación Proa, Buenos Aires

Del 1 de abril al 8 de agosto de 2023

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