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VÍCTOR GRIPPO. PREEXISTENCIAS

¿Qué es aquello que preexiste a las obras de Víctor Grippo (Argentina, 1936-2022), que habita en sus trabajos como latencia y le insuflan vitalidad y esa asombrosa capacidad de devolver, en cada pieza, un fragmento de la condición humana, simple, íntima, frágil, efímera, sensible?, escriben Diana Wechsler y Florencia Battiti en el ensayo curatorial Grippo antes de Grippo, que acompaña la muestra Víctor Grippo. Preexistencias, instalada hasta hoy en el MUNTREF Centro de Arte Contemporáneo – Sede Hotel de Inmigrantes, Buenos Aires.

Este proyecto expositivo surge de una propuesta de Paulina Vera, hija del corazón de Víctor Grippo. Testigo y partícipe privilegiada de experiencias, espacios y vivencias cotidianas a lo largo de las horas, los días y los años junto a Grippo en su casa-taller, Paulina propone una aproximación a esas ‘preexistencias’, a esas búsquedas íntimas y desconocidas del artista, que son parte fundamental de su obra y su pensamiento. 

“Trabajaba en su taller como un obrero, como un científico, como un alquimista. Todos los días de jornadas interminables, coronadas muchas veces con cenas que incluían papas, porotos, tostadas finitas cortadas a cuchillo, queso, pan y vino. En cada cena, el llano y su paisaje. En cada cena, la refundación de la existencia”, cuenta Paulina Vera

Víctor Grippo, Naturalizar al hombre, humanizar a la naturaleza – Energía vegetal, 1977/2022, papas, 8 ó 10 frascos de laboratorio de usos diversos, tapones de goma, torundas de algodón y tintas de dibujo de diferentes colores diluidas en agua, mantel de lienzo blanco, placa de bronce con texto, madera, caballetes y pintura blanca, 15 x 110 x 700 cm. Cortesía: MUNTREF
Víctor Grippo, Tiempo, 1991, papas, electrodos de zinc y cobre, cables eléctricos, reloj digital y texto, 5 x 50 x 50 cm. Cortesía: MUNTREF
Víctor Grippo, Todo en marcha (Índice del movimiento general de los seres y las cosas), 1973/2022, soluciones salinas (sulfato de cobre, dicromato de potasio, sulfato de níquel, sulfato de hierro, sulfato de sodio), cinco matraces aforados de vidrio sin tapa de 500ml, cinco vasos de cristalización de vidrio de 11cm de diámetro x 6cm de altura, papas en putrefacción en un matraz Kitasato de 1000 ml tubo de goma de seguridad para escape de gases y frasco de Wolf sin tapa de 1000 ml conteniendo líquido coloreado con las diferentes sustancias químicas, tapones de goma perforados y de algún, tubo de netrone, cinco papas en proceso de germinación sobre base de vidrios (placas de petri), texto; todo sobre una mesa con caballetes blancos, 90 x 170 x 70 cm. Cortesía: MUNTREF
Víctor Grippo, NH3 + HCl = NH4Cl (Amoníaco + Ácido clorhídrico = Cloruro de Amonio + Agua), 1971 (Reconstrucción de objeto, 1995), dos matraces (tipo Kitasato y tipo aforado), tubo de plástico, tubo de caucho, bomba de aire accionada eléctricamente, amoníaco, ácido hidroclórico, tapones de goma, en caja de acrílico incoloro y acrílico opaco celeste sobre un tubo de acero inoxidable y base hueca de acrílico y chapa de bronce con ecuación química grabada, 220 V, 70 x 58,5 x 24,5 cm. Cortesía: MUNTREF

La alquimia, que tanto interesó a Víctor Grippo a lo largo de su proyecto poético, conlleva iguales dosis de misterio y de magia. Fue la práctica que ofició como metáfora de las posibilidades de transformación material y espiritual que tanto lo desvelaban. Nadie como él supo iluminar con elementos cotidianos zonas de la realidad que permanecen invisibles o nos resistimos a ver. Sus iluminaciones poéticas, a partir de lo que él llamaba “fragmentos de la vida cotidiana”, y su capacidad de “resignificarla alterando su contexto habitual” provocaron –y aún provocan–- una conmoción de sentidos en quienes abordan su trabajo. 

“El interés de Víctor Grippo por la alquimia se relaciona con su interés temprano por las transformaciones, por el cambio de estado de las cosas”, escribe Vera en un texto para la exposición. Luego lo cita: “Se dice que la química es una evolución de la alquimia y en mi caso la alquimia fue una evolución de la química. Mi comprensión, en lugar de ser cerrada y seca, es haber ido a algo mucho más humano y natural, tiene que ver con la poética, con el arte”.

Siempre pendiente de la búsqueda espiritual, y atento a los cambios sociales, su sensibilidad le permite desde el comienzo, y durante todo su trabajo, generar un discurso poético que hace un llamado a la conciencia. Su investigación tiene un sentido que traspasa la “búsqueda del oro material” y se trata más bien de la posibilidad de una metamorfosis progresiva del espíritu, en la que los metales viles podrían ser, en verdad, todo aquello que entorpece el desarrollo del ser humano auténtico, y la transmutación del plomo en oro la elevación del individuo hacia lo bello, la verdad, el bien. Será por eso por lo que en una Latinoamérica convulsionada por golpes militares y con una historia minada de violencia institucional, política y religiosa, Grippo dirá:

“(…) habrá que plantearse un humanismo para el futuro que contenga e integre las máximas circunstancias del hombre, como catalizador positivo, como transformador y como ser constructivo”.

Víctor Grippo, La comida del artista (puerta amplia, mesa estrecha), 1991, puerta de dos hojas, tabla sobre tres caballetes, cinco taburetes todo de madera pintada; siete platos de cerámica blancos con elementos orgánicos intervenidos (huevos, pan, maíz y berenjenas), yeso, pegamento y hojas de oro; texto impreso enmarcado, 210 x 195 x 630 cm. Cortesía: MUNTREF
Víctor Grippo, La comida del artista (puerta amplia, mesa estrecha), 1991, puerta de dos hojas, tabla sobre tres caballetes, cinco taburetes todo de madera pintada; siete platos de cerámica blancos con elementos orgánicos intervenidos (huevos, pan, maíz y berenjenas), yeso, pegamento y hojas de oro; texto impreso enmarcado, 210 x 195 x 630 cm. Cortesía: MUNTREF
Víctor Grippo, Vida, muerte, resurrección, 1980, cinco cuerpos geométricos huecos de plomo, cinco cuerpos geométricos huecos con porotos, base de madera pintada y vitrina de cristal, 60 x 120 x 80 cm. Cortesía: MUNTREF

A veinte años del fallecimiento del artista, esta exposición ofrece al público “algunas pistas sobre aquellas preexistencias que orientaron su acto creativo y que son, a su vez, las que hoy devuelven algunas otras dimensiones de sus haceres y sentires, una renovada aproximación a su obra”, según las curadoras.

Sobre estas preexistencias, señala Marcelo E. Pacheco en Víctor Grippo, anticipaciones de sus haceres y decires: “Podemos sospechar –las respuestas las tiene Paulina– que Grippo tenía dos preexistencias, dos mundos que anticipaban sus quehaceres. La primera, invisible y pura visión del alma y de las manos aún vacías, nacía en su cabeza como premonición poética. Una preexistencia fuerte pero que necesitaba del proceso material para mostrarse con vida, con un estar objetivo, y así poder empezar a ver a su alrededor, acurrucada desde uno de los rincones del taller. La segunda preexistencia le daba presencia a la pura subjetividad inicial. Primera y segunda anticipación, del respirar dentro del artista a su existencia concreta salida de entre herramientas y materiales, las obras se sintetizan en un tercer paso que completa sus tríadas dialécticas, tal como ha establecido hace ya más de un siglo la filosofía del arte. Sujeto enfrentado a un objeto, cruce que monta una nueva realidad que es, a su manera, cabecera de un próximo giro dialéctico, ritmo que muestra el acontecer histórico y también el comportamiento histórico del hombre”.

Víctor Grippo, Sin título, 1976. Cortesía: MUNTREF

VÍCTOR GRIPPO. PREEXISTENCIAS

Curaduría: Diana Wechsler y Florencia Battiti, sobre una idea de Paulina Vera a partir de un manuscrito de Víctor Grippo

MUNTREF Centro de Arte Contemporáneo – Sede Hotel de Inmigrantes, Buenos Aires.

Desde el 7 de julio hasta el 13 de noviembre de 2022

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