artistas bolivianos

CUANDO NO HAY SOMBRA ES MEDIODÍA. LA ALINEACIÓN PERFECTA DE LOS TIEMPOS

Esta muestra colectiva en Nube Gallery, Bolivia, presenta obras de 18 artistas de diferentes generaciones que trabajan en Bolivia y Brasil. La exposición, curada por Juliana Caffé, explora diferentes reflexiones sobre las relaciones de la naturaleza con el hombre y la idea de América Latina.

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MUTACIONES Y AFECCIONES. #CUERPOSPANDÉMICOS

Ante la carencia de espacios de formación académica en artes en Bolivia, el Centro Cultural de España, en alianza con otras instituciones y gestores culturales de La Paz, han diseñado un programa de talleres que se ha convertido en una alternativa de enseñanza para artistas jóvenes o en ciernes. Uno de ellos, «Mutaciones y Afecciones. #CuerposPandémicos», derivó en la exposición que aquí presentamos.

River Claure, Warawar Wawa XII [de la serie Warawar Wawa (Hijo de las estrellas)], 2019, impresión giclee sobre papel algodón, 100 x 66,7 cm. Ed. 5. Cortesía: Vigil Gonzales

RIVER CLAURE: WARAWAR WAWA. SON OF THE STARS

«Warawar Wawa (Son of the stars)», exposición del joven fotógrafo boliviano River Claure en Vigil Gonzales (Valle de los Incas), añade a la identidad del pueblo boliviano un sistema de imágenes de pertenencia al margen de las perspectivas ajenas que han hecho de lo “boliviano” una puesta en escena con dos llamas y un indio mascando coca.

TRADUCIR O NO TRADUCIR. SOBRE LA IMPOSIBILIDAD DE COMPRENDERNOS COMO INICIO DE VIAJE

¿Qué traducimos? ¿Por qué traducimos? ¿Qué se puede traducir de las lenguas indígenas? ¿Qué ganamos y perdemos en una traducción o transferencia? ¿Se puede traducir el arte? ¿Las experiencias? ¿Traductores o intérpretes? En este texto, el artista y curador paraguayo basado en Bolivia, Joaquín Sánchez, analiza la traducción como aquella transferencia de significados lingüísticos y visuales, que permiten un intercambio cultural entre individuos y lenguajes.

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ARTE, SALUD Y CONTEXTO. EN KIOSKO GALERÍA, BOLIVIA

Las obras de la exposición online «Salud» giran alrededor de tres puntos que se combinan entre sí: el problema médico, el humano y el político. Con la participación de 22 artistas latinoamericanos que respondieron a la convocatoria abierta de Kiosko, en Santa Cruz (Bolivia), se trata de la primera de una serie de muestras que este espacio está llevando a cabo durante el encierro.

BIENAL DE SANTA CRUZ: EL ARTE ENTRE LO PÚBLICO, LAS INSTITUCIONES Y EL INCIERTO FUTURO

La última versión de la bienal de arte más antigua de Bolivia se inauguró “milagrosamente” en marzo de 2020, eludiendo tres hechos históricos, relevantes y trascendentales: primero, su riesgo de cancelación; luego, su postergación tras la convulsión política en el país; y después, el confinamiento por el COVID-19, decretado a pocos días de su inauguración. En esta reseña crítica, Narda Alvarado plantea que para que una bienal cruceña esté hecha a la medida de su sociedad y para que funcione en lo discursivo y en lo práctico, habría que analizar, en primer lugar, si conviene que se adscriba, o no, al paradigma hegemónico de “el arte por el arte”. Y en segundo lugar, habría que poner en tela de juicio la auto-referencialidad del arte contemporáneo que se produce en este contexto artístico. En conclusión, su función en una sociedad como la cruceña tendría que ser reevaluada.

ILLIMANI IN SITU

En una dinámica sin precedentes, la mayoría de los 14 artistas incluidos en el proyecto «Illimani in situ» viajaron hasta la montaña andina Illimani –el hito cultural – para realizar obras in situ que se alejasen del típico punto de vista urbano, ese que ha domesticado de alguna forma a la montaña desde ventanas y miradores. Esta fue la oportunidad de romper con la representación tradicional –la mirada convencional, repetida hasta el agotamiento–, que persiste en la pintura y en la fotografía locales, entre otros medios y usos recurrentes.

Iván Cáceres, La orejona primigenia, 2019, instalación (Ecultura) videoarte. Dimensiones variables. URRA, Tigre, Argentina, 2019. Cortesía del artista

FÓRMULA PRESENTE: IVÁN CÁCERES, LAS VANGUARDIAS ANDINAS Y TIGRE 100 AÑOS DESPUÉS

En «La Orejona» (objeto/escultura/máquina, video/performance/acción y dibujo, 2019), de Iván Cáceres, hay una recuperación histórica de las vanguardias latinoamericanas del siglo pasado que es pertinente, aunque el artista no lo plantee como tal. El trabajo que desde hace mucho tiempo realiza Cáceres sobre el subconsciente le permite hablar/discutir/retratar/performar pasados remotos, pasados cercanos, y algunos de sus caracteres. Incluso, a veces, Cáceres afirma reencarnar trabajadores coloniales, re-acomodándolos en el presente, desencadenando, incluso, la sanación de esos personajes, y a través de ellos, una sanación de la historia.

Guaico Títeres, de la comunidad mapuche urbana We Folilche de Playa Ancha. Valparaíso, Chile, 2019. Foto cortesía de Tsonami

NEWEN KIMÜN: LA FUERZA DE LA SABIDURÍA. ENTREVISTA A OZZO UKUMARI

En una estructura jerárquica de los sentidos, nosotros venimos de un proceso de razonamiento que es de un pensamiento occidental, y lo máximo que dice es ‘ver es creer’. Por eso es que todo nuestro mundo está organizado de una forma visual, pero ahora, en esta crisis de pensamiento, se ha demostrado que eso no siempre es así. Todo el tema de las fake news, de la posverdad, viene de la idea de ‘ver es creer’. Tal vez, esta crisis de pensamiento es también una crisis en el orden jerárquico en que hemos organizado nuestra percepción del mundo. En primera cosa, la visualidad nos separa del mundo porque necesitas alejarte para mirarlo, entonces, nos separa de la naturaleza y nos hace ajenos a ella. En las culturas más antiguas, el pensamiento siempre ha sido que nosotros somos parte de la naturaleza, no estamos divididos de ella, y por eso es importante volver a replantear el tipo de pensamiento que tenemos. Existe una gran necesidad de volver a lo oral, de volvernos a encontrar. Creo que por eso la oralidad juega un rol muchísimo más importante, por el hecho de estar cerca del otro.

LAS PIEDRAS HABLAN. PAISAJE EN LA BOLIVIA CONTEMPORÁNEA

Santiago Contreras nos plantea una nueva naturaleza, entonces, dispuesta al suicidio que, sin caer en el fatalismo, apunta al final del paradigma antropocénico. En un país donde se están retomando sistemas indígenas de conocimiento, quizás imaginarnos una naturaleza con características humanas universalistas (a veces las mejores y a veces las peores), resulte una limitante. Sin embargo, el artista contribuye a ejercitarnos a reconocer la posible agencia de una nueva naturaleza.