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LAS PIEDRAS HABLAN. PAISAJE EN LA BOLIVIA CONTEMPORÁNEA

Durante el primer mandato del gobierno del presidente Evo Morales (2006-2010), Bolivia planteó un discurso nacional e internacional sobre la Pachamama o Madre Naturaleza que hacía entrever una postura indígena o, por lo menos, que reflexionaba sobre lo indígena en el país y los problemas medioambientales. Inclusive en 2009, Bolivia a través de su embajada ante Naciones Unidas en Nueva York, fue el país pionero de la resolución que declarara el día mundial de la Madre Tierra el 22 de abril. En la última década, sin embargo, ya se ha mencionado, discutido, y comprobado que este discurso se contradice en la práctica, dando continuidad y adhiriéndose a un sistema internacional capitalista de corte extractivista y desarrollista. Esta supuesta tensión entre discurso y práctica, entre colonialismo y descolonización, entre utopía y distopía, entre cambio y oportunidades fallidas, ha marcado el trabajo de los artistas contemporáneos bolivianos de la generación de Santiago Contreras, Maximiliano Siñani y Juan Fabbri que se han preocupado del paisaje de alguna o de otra manera, y han recurrido a esta temática para desarrollar dimensiones en la relación del arte contemporáneo con la naturaleza. Su quehacer artístico contribuye a complejizar la tensión de la que se desprenden: hablan del paisaje en Bolivia como un acto de política pública.

Santiago Contreras, Obsesionados por la topografía, 2019, serigrafía sobre cartulina (20 cartulinas serigrafiadas + grafos metálicos), 70 x 70 cm. Producción de Estudio DOS. Cortesía del artista
Santiago Contreras, Obsesionados por la topografía, 2019, serigrafía sobre cartulina (20 cartulinas serigrafiadas + grafos metálicos), 70 x 70 cm. Producción de Estudio DOS. Cortesía del artista
Santiago Contreras, Tratado físico para montañas, 2019, instalación + objetos (arena sobre mesa cernidora; arena sobre panel de trupán con ruedas; arena sobre plano inclinado de trupán, maqueta de plastoformo pintada), dimensiones variables. Cortesía del artista
Santiago Contreras, El Cerro Rico de Potosí en La Paz, 2019, fotografía, 75 x 75 cm. Cortesía del artista
Santiago Contreras, El Cerro Rico de Potosí en La Paz, 2019, detalle de maqueta. Cortesía del artista

Se presenta en La Paz Obsesionados por el Paisaje, una exposición individual de Santiago Contreras en la galería de arte Puro, un espacio que busca impulsar a nuevos artistas que están, a su manera, relacionados con la práctica ya consolidada de sus gestores, Erika Ewel, Keiko González y Gastón Ugalde.  Santiago Contreras, graduado de la Universidad de la Bauhaus de Alemania en Arte Público, fue alumno de pintura de Keiko en la temprana adolescencia, aunque haya una separación formal y de pensamiento muy amplia entre los dos artistas y sus generaciones.  En esta muestra, Contreras profundiza los temas que ya viene desarrollando en torno a nuestra relación con la naturaleza.

Desde 2015, Contreras cuestiona el paisaje formalmente (a momentos casi científicamente) y como unidad histórica. Hace referencia a lo que entiende como la tesis central de la exposición Principio Potosí (Museo Reina Sofía, 2010; Museo Nacional de Arte de La Paz, 2011), un vuelco revisionista de la modernidad europea desde el desciframiento centro-periferia y un entendimiento de cómo el capitalismo temprano afecta las relaciones norte-sur de hoy en día. Establece el punto neurálgico del problema en la agencia política de la naturaleza a través de los textos de Bruno Latour, y es desde esta y otras lecturas que desata el entretejido tendencioso de la modernidad, ratifica la posibilidad de que la propia naturaleza decida sobre sí misma. Se trata de un desafío al curso natural del relato y, en fin, a cualquier forma de naturalización de la modernidad misma que engrana en su narración la composición de un sistema colonial globalizado. Como en el Fitzcarraldo de Werner Herzog, busca domar el tiempo y el espacio a través del recorrido cuesta arriba de un barco en medio de la Amazonía. De alguna manera, forzando una cuesta arriba, una dirección contraria, Contreras establece un sujeto natural que actúa por sobre el caudal de la Historia y la Ciencia. Contreras quiere desviar el curso natural de la gravedad, pero a diferencia de ese Fitzcarraldo, aquí el agente que cobra vida, que tiene deseos, impulso, busca y logra objetivos, es la materia misma, aquella perteneciente a un territorio. Resuelve esta nueva naturaleza, a veces de manera lúdica, a veces de manera caprichosa, haciendo uso de recursos desde el performance, el video-arte y la instalación, o el dibujo de relieves topográficos. En un performance, por ejemplo, las piedras buscan solas el desplazamiento de un valle a otro valle de manera que controlan su deseo de pertenencia, impidiéndole al artista quedarse con ellas. Mientras más controlador y científico se sitúa el ojo del artista, parece que menos responden las piedras y más caprichoso el anhelo que viven. Ellas escogen cuáles viajan, cuántas, adónde, el por qué, etc. En este régimen de deseo, el propio Cerro de Potosí decide vetar sus vetas, cerrar sus huecos y viajar a distintos lugares del planeta. Por tanto, la plata se traslada sola, sin necesidad de los agentes europeos.

Vista de la exposición "Obsesionados por el Paisaje", de Santiago Contreras, en galería de arte Puro, La Paz, Bolivia. Cortesía del artista
Santiago Contreras, 5458, 2018, libro de artista +dibujos originales + collage fotográfico (Libros: 20 x 20 cm, tapa de trupán) + hojas papel bond; 20 x 20 cm. Cortesía del artista
Santiago Contreras, 5458, 2018, libro de artista +dibujos originales + collage fotográfico (Libros: 20 x 20 cm, tapa de trupán) + hojas papel bond; 20 x 20 cm. Cortesía del artista

En el post-performance, el artista, en cambio, sufre con el desplazamiento de estas experiencias a un soporte textual. A través del dibujo de la topografía, por ejemplo, accede a un tipo de vivencia ya no solamente visual, si no más bien, procesual. ¿De qué maneras se puede representar esto que es la construcción y destrucción del paisaje? En esta exposición, se resuelve esta problemática desde la producción de un texto literal. En uno de los videos, los subtítulos leen un Manifiesto de las Partículas de 16 puntos. Ya no se trata entonces únicamente de establecer la naturaleza dentro de un paisaje pictórico (el propósito principal del indigenismo de principios del siglo XX), sino más bien de que la materia cobre su propia agencia en un paisaje literario. «En los textos las piedras se van a una mina abierta en la Amazonía, se rebelan, y explican el por qué a través de una reinvención de nuestras historias y mitos,” dice Contreras.

En las partes más poéticas de este cometido, la plata de Potosí decide venir a La Paz a buscar cerros gemelos al de Potosí por añoranza a la forma del cerro que es una pirámide cónica invertida. En las partes más dolorosas de este cometido, el paisaje planea su propia auto-destrucción. En pequeñas imágenes tipo planos que se montan en el fondo de la sala se usan manchados negros muy espontáneos que rompen con la topografía (su forma y su lógica) y se someten a la mancha.

Santiago Contreras nos plantea una nueva naturaleza, entonces, dispuesta al suicidio que, sin caer en el fatalismo, apunta al final del paradigma antropocénico. En un país donde se están retomando sistemas indígenas de conocimiento, quizás imaginarnos una naturaleza con características humanas universalistas (a veces las mejores y a veces las peores), resulte una limitante. Sin embargo, el artista contribuye a ejercitarnos a reconocer la posible agencia de una nueva naturaleza.

Santiago Contreras, Mesa para dos, 2017, video performance + resultados de estudio de agua. Mina Inti Raymi, sector Chuquiña. Cortesía del artista
Santiago Contreras, Mesa para dos, 2017, video performance + resultados de estudio de agua. Mina Inti Raymi, sector Chuquiña. Cortesía del artista

Marisabel Villagómez

Nace en La Paz, en 1976. Es graduada de postgrado (ABD) de la Universidad de Georgetown en Historia Latinoamericana Contemporánea. Dirige un Presidio de la Cátedra Unesco de la Universidad de Basilicata en el que desarrolla una investigación sobre el paisaje cultural de la hoja de coca. Es curadora de la exposición Lo Normal (2016) y de Illimani InSitu (2019).

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