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EL DORADO: MITOS DE ORO

Americas Society presenta El Dorado: Mitos de Oro, una exposición colectiva en dos partes que explora la leyenda de El Dorado como mito fundacional de las Américas. Reuniendo alrededor de 100 obras y objetos de más de sesenta artistas, desde el periodo prehispánico hasta la época contemporánea, la muestra reflexiona sobre la continuidad y la influencia del mito en las Américas hasta el presente.


El Dorado es una historia de búsqueda, delirio y violencia. Durante la colonización de las Américas, los rumores de un reino indígena repleto de oro y piedras preciosas calaron rápidamente en el imaginario europeo, impulsando la invasión del continente sin tener en cuenta las vidas indígenas, los territorios ancestrales o las preocupaciones medioambientales.

La narración histórica más cercana a nuestra comprensión de un El Dorado real es la leyenda de un Rey dorado del pueblo Muisca. Se cree que este relato tiene cierta base en la realidad, apoyada por hallazgos arqueológicos como la famosa balsa dorada Muisca expuesta en el Museo del Oro de Colombia.

Según el mito, este Rey de oro participó en un ritual de investidura en el que se cubrió de oro y se sumergió en un lago, ofreciendo varios tesoros dorados a los dioses. En 1981, el artista venezolano Pedro Terán recreó este mito en una obra titulada Nubes para Colombia. La performance es una suerte de ceremonia chamánica que combina elementos visuales, sonoros y simbólicos para explorar temas de identidad, mitología y arte.

El artista, vestido de blanco, lleva a cabo una serie de acciones rituales mientras el sonido monótono de maracas y el agitar de telas tricolores ambientan el espacio. Terán comienza cubriendo un lienzo blanco con tres telas de colores representativos (amarillo, azul y rojo), cada una acompañada de una fotografía polaroid relacionada. Posteriormente, el artista se despoja de sus ropas, ata sus genitales y se cubre el cuerpo con polvo dorado, aludiendo al mítico lugar de El Dorado y las expediciones frustradas en el Nuevo Mundo.

El lienzo blanco, ahora expuesto, es intervenido por Terán, quien traza un triángulo y escribe las palabras «arte-artista-público» con esténcil. Para finalizar, distribuye fotografías polaroid que capturan imágenes de nubes detenidas y revela una maraca emplumada.

Izq: Pedro Terán, Nubes para Colombia, 1981. Vista de “El Dorado: Mitos de Oro”, Parte I. Art at Americas Society, Nueva York, 2023-2024. Foto: Arturo Sánchez

Una fotografía a gran escala que documenta esta acción forma parte de El Dorado: Mitos de Oro, una exposición en dos partes que se presenta en la galería de la Americas Society en Nueva York desde el 6 de septiembre de 2023. Curada por Aimé Iglesias Lukin, directora y curadora en jefe; Tie Jojima, curadora asociada; y el profesor de Historia del Arte Edward Sullivan, presenta más de 100 objetos y obras de arte que exploran el mito de El Dorado como narrativa fundacional de las Américas, evaluando su continuidad en el presente y ofreciendo una mirada crítica y un camino de resistencia.

Al reunir obras de arte históricas y contemporáneas, la exposición facilita el diálogo entre el pasado y el presente para investigar cómo el mito ha configurado el valor del oro, así como el de los territorios, los pueblos, las creencias religiosas y la naturaleza.

“A través del uso del oro, tanto físico como metafórico, los artistas de esta exposición nos enfatizan el poder ambivalente del mito para condicionar quiénes somos como región, abriendo un espacio para resistir políticas extractivas y reconsiderar lo que estamos buscando”, escribe el equipo curatorial de la exposición.

Al concebir el proyecto, los curadores acordaron que el enfoque no sería únicamente histórico, sino que una gran parte de las obras provendrían de artistas contemporáneos comprometidos con estos temas en la actualidad. Muchos de estos artistas emplean el oro como material en sus obras, no solo con fines estéticos, sino también con un sentido crítico.

Mientras algunos profundizan en las complejidades históricas, otros abordan con ironía el concepto del oro y las leyendas asociadas a este metal precioso, recontando y replanteando los relatos de formas alternativas.

La religión y el ritual son temas significativos en toda la exposición, con un amplio abanico de imágenes protagonizadas por vírgenes. La curaduría procuró incluir a artistas contemporáneos que están subvirtiendo estas imágenes tradicionales, a través de subjetividades que históricamente han sido excluidas de tales representaciones.

Vista de “El Dorado: Mitos de Oro”, Parte I. Art at Americas Society, Nueva York, 2023-2024. Foto: Arturo Sánchez

Capítulo I

A pesar de que nunca se encontró, El Dorado funcionó como un ethos fundacional para la colonización de las Américas, un mito que definió al continente como una tierra vacía a merced de los exploradores y que persiste incluso hoy en día. La ciudad del oro se ha transformado en valores personales y colectivos más intangibles, aunque igualmente poderosos -como el individualismo, la codicia y el consumismo-, que son fundamentales en las sociedades capitalistas contemporáneas.

A medida que nos enfrentamos a los enormes efectos sociopolíticos y medioambientales a largo plazo de esta dinámica operativa, se hace acuciante la necesidad de reevaluar su influencia en nuestra identificación como seres humanos y miembros de una sociedad globalizada.

El Dorado: Mitos de Oro profundiza en el impacto de la búsqueda de El Dorado en las poblaciones indígenas anteriores a la colonización europea. Asimismo, reflexiona sobre el modo en que la búsqueda de riqueza y poder ha tenido históricamente consecuencias ecológicas y humanas, que resuenan en la época contemporánea, en la que la extracción de recursos naturales sigue adelante sin tener en cuenta las graves repercusiones que genera.

Para Iglesias Lukin, tanto a lo largo de la historia como en los tiempos modernos, las promesas de fortuna llevaron a la apropiación de recursos, como ha sido el caso de las minas de Potosí en Bolivia, el caucho en Brasil, el petróleo en Venezuela y, más recientemente, el litio en Sudamérica.

Vista de “El Dorado: Mitos de Oro”, Parte II. Art at Americas Society, Nueva York, 2023-2024. Foto: Arturo Sánchez

Uno de los temas centrales de la primera parte de la exposición es la profunda influencia de El Dorado en la cartografía de los territorios y la conceptualización de las Américas. La búsqueda de El Dorado desempeñó un papel importante en la percepción y representación del continente, dando lugar a la creación de nombres para territorios y lugares de todo el mundo.

En una de las salas, se exhibían mapas desde la época colonial hasta la contemporánea, destacando la conexión entre el pasado y el presente. Esta yuxtaposición ilustraba cómo el legado de El Dorado perdura en nuestra memoria colectiva.

En esta primera parte de la muestra, otra artista abordó la conexión entre El Dorado y los cuerpos. Esta aproximación exploró la intersección entre mitología, historia y experiencia humana, profundizando en cómo el mito de El Dorado ha influido en la percepción cultural del cuerpo y su relación con el poder y la riqueza.

Vista de “El Dorado: Mitos de Oro”, Parte I. Art at Americas Society, Nueva York, 2023-2024. Foto: Arturo Sánchez

En el centro de la sala se encontraba una instalación del artista estadounidense de origen ecuatoriano Ronny Quevedo (1981), inspirada en su historia personal y familiar. Tanto en esta pieza como en los desaparecidos (the arbiter of time), presentada en la segunda parte de la muestra, el artista aborda la historia de migración, desplazamiento y adaptación de su familia en el contexto más amplio de la conquista y la colonización.

los desaparecidos incorpora materiales e imágenes que hacen referencia a las profesiones de sus padres y a la cultura de su país natal. Los fragmentos de un patrón de camisa con aplicación de pan de oro aluden al trabajo de su madre como costurera, así como a los cuerpos de los desaparecidos bajo brutales regímenes dictatoriales.

La artista brasileña Leda Catunda exhibió una de sus obras de la serie El Dorado, un mapa textil que va más allá de la simple cartografía para evocar una representación del mito impregnada de misterio. En este mapa se encuentran referencias al enigmático lago Guatavita y al legendario reino de El Dorado.

El lago Guatavita, situado en un cráter rodeado de bosques en el centro de Colombia, tiene un profundo significado como lugar sagrado para el pueblo muisca. Aquí se arrojaban ofrendas de oro a sus profundidades, lo que dio origen a la leyenda de El Dorado y desencadenó numerosos intentos inútiles de desecar el lago.

El mapa de Catunda no se limita a ser una representación de coordenadas geográficas; más bien, despierta simultáneamente la sensación de lugar y no-lugar. Atrae al espectador al universo de la mitología, donde las fronteras entre la realidad y la imaginación se desdibujan. Aunque presenta marcadores familiares de ubicación, en última instancia sirve como puerta de entrada al plano de la mente, donde el poder de la narración y el mito reinan supremos. La artista describe este trabajo como «una idea de la búsqueda de lo divino, como una idea del río, de un camino de agua, un camino que te va a llevar al oro o a la felicidad».

Juan Brenner, San Pedro Jocopilas, Quiché, Guatemala, de la serie Tonatiuh, 2017-19. Cortesía del artista.
Priscilla Monge, Huevos de oro, 1998. Cortesía de Hutchinson Modern & Contemporary.

En sus fotografías, Juan Brenner (Ciudad de Guatemala, 1977) explora temas como la identidad, la memoria y cuestiones sociales en el contexto de la compleja historia colonial de Guatemala y sus efectos en la sociedad contemporánea. Su serie fotográfica Tonatiuh se basa en la historia del colonizador Pedro de Alvarado, que invadió Guatemala en 1524 y al que los tlaxcaltecas llamaban «Tonatiuh» o «el Sol».

A mediados del siglo XVI, los sacerdotes crearon «La Danza de la Conquista», que mediante la alegoría enseñaba a los nativos la religión, las batallas y la importancia de Tonatiuh. Esta danza se interpreta aun durante celebraciones especiales. La seriede Brenner se centra en la representación de la sociedad guatemalteca contemporánea vista a través de la lente del legado de Tonatiuh.

En esta primera parte de la exposición también se incluyó la obra Huevos de oro (1998) de Priscilla Monge (Costa Rica, 1968), una pieza visualmente rica que desafía y cuestiona los conceptos tradicionales de masculinidad y virilidad.

Al laminar quince huevos de gallina con hoja de oro, Monge crea una metáfora poderosa que revela la fragilidad inherente a la construcción social de la masculinidad. Los huevos, como símbolo de fertilidad y nacimiento, están asociados comúnmente con la feminidad y la maternidad. Al recubrirlos con hoja de oro, un material lujoso y asociado con la opulencia, Monge subvierte esta asociación tradicional y despoja a los huevos de su naturaleza básica y frágil. La fragilidad del huevo se ve exacerbada por la capa de oro, lo que sugiere una vulnerabilidad oculta detrás de la fachada de la masculinidad dominante.

Por otro lado, la obra parece hacer referencia al proverbio “la gallina de los huevos de oro», lo que añade otra capa de significado a la pieza. Al aludir a esta narrativa, Monge señala la fragilidad y la insostenibilidad de los arquetipos de masculinidad basados en el poder y la acumulación de riqueza. La obra sugiere que la búsqueda obsesiva de la virilidad y la opulencia puede conducir a un vacío interior, dejando al descubierto la vacuidad detrás de la fachada dorada.

Vista de “El Dorado: Mitos de Oro”, Parte II. Art at Americas Society, Nueva York, 2023-2024. Foto: Arturo Sánchez

Capítulo II

La segunda parte de El Dorado: Mitos de Oro destaca el trabajo de artistas como Carlos Motta (Bogotá, 1978), quien profundiza en temas como el género y la sexualidad, el colonialismo y el activismo político. En su video Nefandus Trilogy presenta a dos individuos en un barco y dos monólogos, uno en español y otro en kogi, una lengua indígena, reflexionando sobre diferentes formas de opresión de los pueblos indígenas como resultado de la colonización.

Moara Tupinambá (Belém, 1983) es una artista indígena del pueblo tupinambá de Brasil, cuyo trabajo se centra en la cultura y el activismo indígena en la Amazonía. Su repertorio artístico incluye paisajes imaginarios creados mediante la combinación de imágenes contemporáneas e históricas, como fotografías exotizantes de sujetos indígenas anónimos. De esta manera, cuestiona la persistencia del colonialismo en el presente, al mismo tiempo que se enfrenta, a través de la fotografía y el collage digital, a las imágenes que suelen perpetuar las percepciones eurocéntricas.

En sus paisajes, la artista representa situaciones apocalípticas, como minas a cielo abierto, degradación ambiental y social, símbolos de enfermedades como mosquitos y virus, y estructuras industriales. En la segunda parte de la exposición se exhiben dos de estas obras: Takuá y Kuêra, ambas de 2021.

Moara Tupinambá, Takuá & Kuêra, 2021, collage digital (impresión fotográfica). Cortesía de la artista

“Vi un barril mediano de petróleo, oxidado. Lo agarré, me lo llevé a la casa… eso fue en 1975. Lo limpié, le quité el óxido, le hice un tratamiento en un taller de herrería, lo pinté de dorado, y lo firmé: esa es mi primera obra del petróleo, se llama Barril encontrado”. Esta es la anécdota del artista venezolano Rolando Peña (1942) sobre esta obra, que alude a la Venezuela saudita de la década de los setenta, cuando el boom de los precios petroleros instala el consumismo en el país.

Barril encontrado también remite a la idea de que «el petróleo es el oro negro de Venezuela», una frase atribuida al expresidente venezolano Juan Pablo Pérez Alfonzo, también conocido como el «Padre de la OPEP”. Con esta expresión, buscaba resaltar la importancia estratégica del petróleo para la economía venezolana y su potencial para generar riqueza y desarrollo. La frase se ha convertido en un lema emblemático que encapsula la relevancia del petróleo en la historia y la identidad de Venezuela.

El artista peruano Fernando Bryce (Lima, 1965) presenta Turismo El Dorado, una obra en la que reproduce en dibujos a tinta revistas e impresos sobre política latinoamericana y occidental de la posguerra. Entre 1932 y 2001, estas publicaciones difundían representaciones pintorescas del Perú en anuncios y folletos que promocionaban el turismo en el país. Bryce destaca la imagen de un Perú neutralizado y controlable promovida en estos anuncios para demostrar la doble cara del turismo. Esta industria, de la cual dependen muchas comunidades, generalmente se basa en una visión de los habitantes locales despolitizada, creada para la exportación.

Fernando Bryce, Turismo el Dorado, 2000, 50 dibujos (tinta sobre papel). En “El Dorado: Mitos de Oro”, Parte II. Art at Americas Society, Nueva York, 2023-2024. Foto: Arturo Sánchez
Obras de Rolando Peña y Denilson Baniwa en “El Dorado: Mitos de Oro”, Parte II. Art at Americas Society, Nueva York, 2023-2024. Foto: Arturo Sánchez
Izq: Una de las «Estelas» de Olga de Amaral. Vista de “El Dorado: Mitos de Oro”, Parte II. Art at Americas Society, Nueva York, 2023-2024. Foto: Arturo Sánchez
Vista de “El Dorado: Mitos de Oro”, Parte II. Art at Americas Society, Nueva York, 2023-2024. Foto: Arturo Sánchez

El video Azougue 80 (2019) documenta una performance de Denilson Baniwa (Amazonia, 1984) en la que ingiere agua y pescado contaminados para hacer referencia al impacto negativo y potencialmente mortal de la minería de oro en las comunidades indígenas. Durante la acción, Baniwa escucha un discurso del expresidente brasileño Jair Bolsonaro en el que defiende los beneficios de la minería de oro para el país. En respuesta, el artista rechaza el discurso del político con su acción de consumir y luego expulsar los objetos contaminados.

En Chão de estrellas [Suelo de estrellas], el artista brasileño Tiago Sant’Ana (1990) se pregunta cómo buscar imágenes asentadas en las turbias aguas de la memoria. A través de un repertorio visual no necesariamente ilustrativo, esta película fabula imaginarios sobre la fuga, la autonomía y la libertad, en la encrucijada de los tiempos históricos en la región de Chapada Diamantina, marcada por la explotación de mano de obra esclavizada, especialmente en la minería de oro y piedras preciosas.

En El Dorado: Mitos de Oro también se exhibe la documentación de la instalación de Liliana Maresca (Buenos Aires, 1951-1994) titulada El Dorado – Ecuación (1991). Esta imponente estructura trapezoidal de madera, revestida con melanina roja brillante, evoca la base de una pirámide y sostenía un cubo y una esfera dorados, formas que hacían referencia a la alquimia.

Concebida como un banquete real, la estructura estaba enlazada por una alfombra con una silla a manera de trono, invitando al espectador a sentarse y «consumir» el oro geométrico. A un costado, sobre un escritorio de oficina, un ordenador imprimía periódicamente los resultados de una ecuación que calculaba la relación entre los kilos de oro enviados a España y los litros de sangre indígena derramados durante la colonización. De esta manera, la obra cuestionaba el valor de esta extracción mineral al exponer las pérdidas humanas que acarreaba.

El interés de Olga de Amaral (Bogotá, 1932) por el oro como material proviene de las historias entrecruzadas del arte prehispánico y colonial, a saber, los usos religiosos y ceremoniales del material en la sociedad precolombina, y su posterior saqueo por los españoles y aparición en el arte colonial.

En la muestra se presentan un par de Estelas (1996-2018), estructuras típicamente presentadas en grupos que la artista elaboró experimentando con técnicas tradicionales de tejido. La cara de cada estructura está cubierta con pan de oro y está hecha de numerosos cuadrados individuales tejidos que han sido endurecidos con gesso. Las Estelas se inspiran en las piedras erguidas del mismo nombre, a menudo realizadas en conmemoración.

Liliana Maresca, Objeto / Object, 1991, madera chapada en plomo y bronce.
Liliana Maresca, El Dorado-Ecuación, 1991. Documentación de instalación.

El Dorado: Mitos de Oro incluye obras de artistas de la civilización Lambayeque en la costa del Pacífico norte del Perú, así como placas de metal de artistas de la región del Gran Chiriquí, que abarca geográficamente lo que hoy es el sur de Costa Rica y el oeste de Panamá. Además, presenta la reposición de una performance fundacional de Marta Minujín (Argentina) y el estreno de performances de Seba Calfuqueo (Mapuche/Chile) y Camilo Godoy (Colombia).

El 26 de marzo pasado, Marta Minujín volvió a montar en Americas Society su pieza Pago de la deuda externa argentina a Andy Warhol con Maíz. El oro latinoamericano. En el montaje original, creado durante una visita de Minujin a Nueva York en 1985, la artista invitó a su amigo Andy Warhol a participar en una foto-performance en la que pagaba al icono pop, símbolo de la cultura estadounidense, con la deuda externa argentina representada en maíz rociado con oro, alegando que la región ya había cubierto su deuda con el primer mundo con la «invención» del maíz, un alimento básico que hoy alimenta a millones de personas en todo el mundo.

La ingeniosa pero no por ello menos seria propuesta aborda directamente el colonialismo comercial al que está sometido el Sur Global por parte de potencias mundiales como Estados Unidos. Al colocarse al mismo nivel que Warhol, el artista más famoso de aquella época, Minujín también comentaba sobre la desigualdad del comercio del capital cultural en el mundo del arte. «El maíz, el oro latinoamericano, debería equilibrar estas desigualdades y poner a las regiones del mundo al mismo nivel”, afirmaba Minujín.

A diferencia de la performance de 1985, en esta reposición se presentaron cinco «Warhols» y cinco «Minujíns», porque, como explica la artista, ahora la «deuda es mucho, mucho, mucho mayor». Siguiendo el espíritu de la performance original en el Empire State Building, en la que los artistas repartieron el maíz entre los asistentes, se invitó al público de Americas Society a llevarse a casa el maíz o «el oro latinoamericano».

Marta Minujin, Pago de la deuda externa argentina a Andy Warhol con Maíz. El oro latinoamericano. Performance en Americas Society, Nueva York, 26 de marzo 2024. Foto: Michael Palma
Marta Minujin, Pago de la deuda externa argentina a Andy Warhol con Maíz. El oro latinoamericano. Performance en Americas Society, Nueva York, 26 de marzo 2024. Foto: Michael Palma

El 29 de noviembre de 2023, durante el primer ciclo de la exposición, se estrenó la performance Cu-tter, de Seba Calfuqueo, la cual establece vínculos históricos entre el cobre y la humanidad, desde las cosmovisiones indígenas hasta los proyectos extractivos a gran escala que contaminan la tierra. La pieza vincula la extracción del cobre con el sufrimiento del cuerpo y del territorio, con las zonas de sacrificio resultantes de la contaminación del «progreso» económico.

El cobre es un metal del que diversas culturas se han apropiado y utilizado desde el inicio de los asentamientos humanos, desde el punto de vista decorativo hasta el funcional. Este metal es un material conductor, es decir, permite la conducción de electricidad, convirtiéndolo en uno de los materiales más comunes en objetos tecnológicos desde la modernidad. En el contexto chileno, el cobre se presenta como símbolo de poder, considerado el material predilecto de la economía, significando el «progreso» del país en su exportación de bienes nacionales.

Performance Cu-tter, de Seba Calfuqueo, en Americas Society, Nueva York, 29 de noviembre de 2023. Cortesía: AS

Finalmente, el 15 de mayo, y como parte de las celebraciones del cierre de la muestra, se estrenará la pieza Amor Eficaz, de Camilo Godoy, en colaboración con Music of the Americas y la artista Mariel Mayz. Amor Eficaz combina oratoria, danza y música para invocar el activismo del sacerdote colombiano Camilo Torres Restrepo (1929-1966).

Antes de unirse a la lucha armada revolucionaria, Torres Restrepo pronunció su último discurso destacando la justicia económica, política y social mediante una resistencia contra la extracción oligárquica y la represión. Godoy lo relaciona con el mito de El Dorado y su papel en la formación de un ethos extractivista en América.

Un grupo de pecheras ornamentales en forma de espiral que el artista descubrió en el Museo del Oro de Bogotá le inspiró para relacionar estas ideas políticas con las percepciones indígenas de la temporalidad y el eterno ciclo del cambio político en Colombia. Inspirada en la Teología de la Liberación latinoamericana y en la ideología del progreso, la performance del artista aborda el legado colonial de injusticia, trauma y política subversiva.

«El Dorado ha definido territorio, ha definido pueblos, ha definido mano de obra, ha influido en la inmigración de personas, en la cantidad de viajes dentro de América y también en el trabajo forzado», dice la co-curadora Tie Jojima. «Quizá nuestro nuevo El Dorado que debería buscar la sociedad contemporánea sea la naturaleza. Pero no se trata de extraerla, sino de preservarla. Se trata de cultivar».


El Dorado: Mitos de Oro es organizada en colaboración con la Fundación PROA en Buenos Aires (Argentina) y el Museo Amparo en Puebla (México). En Americas Society, la exposición se desarrolló en dos partes: la parte I, desde septiembre hasta diciembre de 2023 y la parte II, desde enero hasta mayo de 2024.

El Dorado: Mitos de Oro reúne obras de Olga de Amaral, Denilson Baniwa, Bruno Baptistelli, Andrés Bedoya, Charles Bentley, Juan Brenner, Fernando Bryce, Wendy Cabrera Rubio, Leda Catunda, artista Chiriquí, artistas Coclé, william córdova, Juan Covelli, Covens & Mortier, Theodor De Bry, Darío Escobar, Scherezade García, Anna Bella Geiger, Mathias Goeritz, Joaquín Gutiérrez, Thomas Hariot, John Harris, Pablo Helguera, Ana Mercedes Hoyos, Alfredo Jaar, Nancy La Rosa & Juan Salas Carreño, artista Lambayeque, Jaime Lauriano, Mariano León, Hew Locke, Karen Lofgren, Juan Pedro López, Liliana Maresca, Esperanza Mayobre, Sara Mejia Kriendler, Ana María Millán, Marta Minujín, Herman Moll, Priscilla Monge, Santiago Montoya, Carlos Motta, Eamon Ore-Giron, Rubén Ortiz Torres, Ebony G. Patterson, Rolando Peña, José Antonio Peñaloza, Armando Queiroz, Ronny Quevedo, Mazenett Quiroga, artista de estilo Quimbaya, Freddy Rodríguez, Carlos Rojas, Miguel Ángel Rojas, Luis Romero, Harmonia Rosales, Johann Moritz Rugendas, Tiago Sant’Ana, Julia Santos Solomon, Vicente Telles, Pedro Terán, Ernest Charton de Treville, Moara Tupinambá, artista Veraguas, Laura Vinci, y Alberta Whittle.

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