Skip to content

UN ARCHIVO VIVO: GORDON MATTA-CLARK BAJO LA MIRADA DE ARIEL FLORENCIA RICHARDS

Pocos libros logran desbordar las categorías convencionales y abrir nuevas formas de leer tanto un archivo como a su sujeto. Gordon Matta-Clark: Contra viejas superficies, de Ariel Florencia Richards, recién publicado por Ediciones Metales Pesados, es uno de esos libros. No es simplemente un texto sobre el célebre artista conocido por sus cortes arquitectónicos; es una exploración literaria de las dinámicas del archivo, entendido aquí no como un depósito estático de memoria, sino como un entramado vivo de decisiones, afectos y silencios que condicionan nuestra relación con el pasado.

En sus páginas, la autora entrelaza novela, ensayo, crónica, biografía y diario, generando lo que puede definirse como una ficción de archivo. Este término, que propongo para describir el libro, alude a aquellas narrativas híbridas que transforman los documentos archivísticos en motores narrativos. Lejos de ser simples vestigios del pasado, en esta ficción de archivo, los materiales documentales —cartas, cuadernos, fotografías, objetos— no son tratados como pruebas ni evidencias. Ariel Florencia Richards los convierte en piezas de una narrativa dinámica que sitúa al archivo como un espacio donde convergen lo contingente y lo especulativo. El libro no solo reconstruye lo que se encuentra en el archivo de Gordon Matta-Clark; también pone en el centro a Ella, la investigadora que, a través de su interacción con los documentos, reimagina al artista, sus intervenciones y el acto mismo de investigar.

El texto se articula en torno al viaje de Ella a Montreal, donde explora el archivo de Matta-Clark. Sin embargo, su búsqueda tiene un origen previo en Chile, cuando un hallazgo inesperado —un accidente de archivo, como diría Javier Guerrero— en el Museo Nacional de Bellas Artes revela un registro de la intervención del artista en 1971, una obra casi olvidada por las instituciones culturales locales. Este descubrimiento, aparentemente menor, es en realidad un punto de partida que cuestiona las dinámicas de conservación y las geografías del arte, iluminando la marginación sistemática de la dimensión chilena de Matta-Clark en favor de su centralidad en Nueva York.

A lo largo del libro, Ariel Florencia Richards introduce fragmentos del diario de Ella, escritos en cursivas, que trasladan al lector al plano más íntimo del trabajo de archivo. Estas entradas no solo exponen las emociones de la investigadora —sus frustraciones, obsesiones y epifanías—, sino que también reflexionan sobre el carácter procesual de la escritura y la investigación. Aquí, el archivo se revela como un espacio que resiste interpretaciones unívocas y exige a la investigadora una negociación constante con los materiales, las ausencias y los silencios.

En varios de sus capítulos, el libro adopta la estructura de una biografía. Sin embargo, lo hace desde las lógicas del archivo, es decir, desde la acumulación de huellas, trazos e indicios que rehúyen la linealidad cronológica. Ariel Florencia Richards reconstruye la figura de Gordon Matta-Clark no solo a partir de sus obras o documentos, sino también a través de sus relaciones familiares y afectivas. Es especialmente relevante el espacio que la autora dedica a Anne Clark, madre del artista, cuya influencia emerge como un eje central en la formación de su sensibilidad comunitaria y transgresora. Igualmente, el archivo permite releer la compleja relación de Gordon con su mellizo Batán, marcada por una mezcla de complicidad, distancia y tensión creativa, así como los vínculos con su padre, el artista Roberto Matta, de quien Ariel lee una constante tensión entre roces e ideas con su hijo, así como también los afectos femeninos que rodearon su vida —la autora plantea que el legado de Matta-Clark ha estado siempre a cargo de mujeres.

Esta aproximación íntima y contextual amplía nuestra comprensión del artista y sitúa su obra en un entramado de vínculos personales que habían sido pasados por alto o que parecían poco relevantes para entender su obra. Por ejemplo, tras leer el libro, no podemos entender Window Blow-Out (1976), la acción de Gordon Matta-Clark para la exposición Idea as Model en Nueva York, sin lo que significó la muerte de su hermano.

Narrativamente, el libro destaca por su capacidad para describir los documentos con un detalle que invita al lector a imaginar sus texturas, colores y materialidades. Las cartas, fotografías y cuadernos adquieren una presencia casi táctil en el relato. Sin embargo, la ausencia de imágenes en el libro introduce una tensión significativa: aunque el texto compensa esta falta con una prosa evocadora, como lector quedo con el deseo latente de poder ver directamente esos materiales.

El libro también introduce una dimensión detectivesca que resulta inherente a todo trabajo de archivo. Ella no solo consulta documentos; también se pone en contacto con personas que formaron parte de la vida de Matta-Clark, algunas de las cuales nunca habían hablado públicamente sobre el artista. Este aspecto detectivesco no solo enriquece el relato y lo regresa al plano más literario que formalmente ensayístico, sino que también destaca cómo el trabajo de archivo puede convertirse en una red de encuentros humanos, afectos y memorias que desafían la lógica del documento frío y aislado en un depósito de una biblioteca o institución cultural.

En términos conceptuales, Contra viejas superficies dialoga con la idea de la “pulsión archivística” que Hal Foster identifica como central en el arte contemporáneo. Según Foster, el archivo no es solo un espacio de preservación, sino un terreno donde las narrativas dominantes son desafiadas y reescritas. Ariel Florencia Richards lleva esta idea al terreno narrativo, utilizando el archivo para devolver a Matta-Clark su dimensión chilena, un aspecto eclipsado durante décadas por su prominencia en el circuito neoyorquino. La intervención de 1971 en el Museo Nacional de Bellas Artes no es simplemente un dato rescatado del archivo; es un punto desde el cual se cuestionan las jerarquías y exclusiones que operan en la construcción del canon artístico.

Como lector no pude evitar al leer este libro en las asociaciones meditativas de W.G. Sebald en Los anillos de Saturno, donde la narrativa fluye entre episodios históricos, imágenes y reflexiones personales, construyendo un recorrido cargado de melancolía y complejidad. Por otro lado, Huesos sin descanso de Cristóbal Marín combina una crónica rigurosa sobre las violencias coloniales sufridas por los pueblos fueguinos con una dimensión íntima, profundamente marcada por los rituales mortuorios y los recuerdos familiares del autor.

Tanto Sebald como Marín —y ahora Richards— comparten una sensibilidad que aborda el pasado no como un depósito de memorias clausuradas, sino como un terreno en constante disputa, donde lo individual se revela inseparable de las estructuras colectivas que lo contienen y lo deforman. En sus obras, las marcas del pasado no son simples vestigios, sino superficies activas que catalizan preguntas sobre las formas en que historia, subjetividad y poder se entrelazan. Richards, desde la materialidad del archivo de Matta-Clark, consigue no solo evocar un tiempo perdido, sino crear un espacio donde los ecos personales y culturales se reconfiguran, desafiando los límites entre memoria e imaginación.

Hacia el final del libro, Ella reflexiona: “Hoy es casi imposible experimentar una obra de Matta-Clark presencialmente. Salvo la del Museo Nacional de Bellas Artes en Santiago, no quedan edificios en pie en los que él hizo cortes; todos fueron demolidos. Por ello, Ella cree que la materialidad y el espesor conceptual de su trabajo arquitectónico se han traspasado a su archivo, a su colección de documentos. Es aquí, anotó Ella durante su residencia, entre estos papeles, que la obra todavía proyecta su aura”.

Esta observación encapsula una de las ideas más sugerentes del libro: el archivo no es únicamente un espacio de preservación, sino un lugar donde la ausencia física de las obras se transfigura en una presencia conceptual que desafía el paso del tiempo. Ariel Florencia Richards, al convertir este archivo en un espacio narrativo, logra que los documentos sitúen al artista en nuevas coordenadas afectivas, culturales y críticas.

Gordon Matta-Clark: Contra viejas superficies no es únicamente un libro sobre un artista, ni siquiera sobre su archivo. Es una meditación literaria que redefine el archivo como un espacio de creación. Con una prosa tan amena como evocadora, Ariel Florencia Richards nos invita a repensar cómo habitamos los restos del pasado, cómo los interrogamos y cómo, en definitiva, todo archivo es el resultado de una dinámica colaborativa y afectiva que no cesa.  

Gordon Matta-Clark: Contra viejas superficies es un libro que nos permite ver a este artista como nunca antes lo habíamos hecho: como un chico sensible, creativo, que tras la muerte de su mellizo tuvo una pulsión de archivo que lo hizo guardar cada papelito, cada objeto, cada vestigio de significado. En sus páginas, Richards no solo reconstruye al artista, sino que lo hace visible de un modo nuevo, íntimo y emocionante. Y lo hace, además, con un estilo narrativo que deslumbra, difícil de olvidar.

Alejandro Arturo Martínez

Caracas, 1989. Profesor y Director de Programa Archivos de la Universidad Diego Portales. Doctor en Spanish and Portuguese con especialidad en estudios latinoamericanos por la Universidad de Princeton, en Estados Unidos. Investiga sobre artes visuales, cine y literatura del cono sur, especialmente a partir de la década de los sesenta. Su tesis doctoral, titulada "Poesía expandida. Artefactos poéticos, medios y participación en Chile durante la Guerra Fría (1952-1989)" está en proceso de edición para ser publicada como libro. Su próximo proyecto de investigación se centrará en las relaciones entre cine de animación y cine documental en América Latina. Junto con Thomas Matusiak, edita un libro sobre cultura visual y el giro documental en América Latina. Ha organizado numerosos eventos académicos, exposiciones y foros en Estados Unidos, Chile y Venezuela.

Más publicaciones

También te puede interesar

Mariana Najmanovich:la Colonia

La exposición La Colonia, de Mariana Najmanovich, reflexiona en torno a Colonia Dignidad, una comunidad fundada en el sur de Chile en 1961, integrada por aproximadamente 250 personas de origen alemán. Esta serie de…