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EL PARAÍSO EN EL NUEVO MUNDO

Hasta el pasado 15 de julio se presentó en Espacio El Dorado (Bogotá) la muestra El Paraíso en el Nuevo Mundo, un ejercicio de revisión crítica de la representación, conceptualización y narración del imaginario sobre la existencia del Paraíso en América Latina, una idealización que nos identifica hasta el día de hoy.

Según los curadores María Alejandra Toro y José Darío Gutiérrez, las obras de 14 artistas y un colectivo reflexionan sobre la paradoja que nos ha conducido hacia el extractivismo, la tenencia de la tierra, la idea de riqueza y de recursos inagotables, la imposibilidad de abarcar el territorio y el proyecto fallido de construcción de nación.

Carolina Borrero, Cuerpos de agua, piedras de aloe vera deshidratado. Cortesía de la artista y Espacio El Dorado

Cuerpos de agua, de Carolina Borrero, es un estudio de las piedras de un territorio como memoria del panorama social colombiano. En el proyecto se reconstruye la ladera un río, lugar donde la artista supone que murió su tío Rodolfo, desaparecido en el marco del conflicto armado colombiano.

Para ello, se vale de dos puntos de vista: el de su tío, a partir de sus fotografías del territorio, y la reconstrucción en aloe vera de las piedras de la ladera del río donde la artista cree que desapareció.

“Esta nueva ladera hecha con piedras de aloe vera deshidratado se convierte en una metáfora de la memoria y el olvido en relación con el flujo del agua: las piedras que tal vez tocaron el cuerpo de mi tío son su recuerdo a través de sus pliegues”.

Fabio Melecio Palacios, Carimbas aplicadas a los esclavos, 2013. Ensamblajes con hojas de cuchilla de afeitar sobre sustrato de carbonilla, poli resina y látex, 77 cm x 70 cm x 2,5 cm c/u. Cortesía del artista y Espacio El Dorado

En Recalcitrante, Fabio Melecio Palacios parte de la recopilación de la mayor cantidad de imágenes de archivo de carimbas (marcas de esclavos) para reconstruirlas. Así, establece un puente imaginario para conectar la inscripción en el cuerpo como una huella transitoria y fugitiva con un reflejo que pervive bajo otras dinámicas: la etiqueta, los cortes de cabello y los tatuajes.

“Todos ellos son grafías que provienen de la práctica de marcar a los esclavos, que a su vez reflejaron un estatus para quienes las realizaban o un desprestigio para quienes las portaban. Poseer estos signos en la actualidad es sinónimo de aceptación o pertenencia”, explica.

Leonel Castañeda, Sin título (serie Insumisión), 2022. Collage a partir de fotografía sobre papel, 55 x 150 cm. Cortesía del artista y Espacio El Dorado

Una bandera de plomo en caída, ondeante y suspendida por una corriente de viento inexistente, es un síntoma del fracaso de la guerra, un comentario desolador que emite Leonel Castañeda sobre los mecanismos que pueden desembocar en la catástrofe y el resquebrajamiento de los acuerdos mínimos sobre los que, se supone, se deben soportar los proyectos nacionales que pretenden ser sostenibles.

La contradicción se hace patente ante la imposibilidad fáctica del despliegue en ondas de placas de un metal tan pesado, tóxico y dañino, como maleable: el mismo material neutraliza el significado de las banderas y cuestiona el sentido identitario de los símbolos patrios. El gesto de su punta de lanza señalando al suelo se vincula con un movimiento global que pone en duda las estructuras verticales sobre las que se ha construido el mundo que transitamos.

Luna Acosta, Mapa Cheje, 2017. Bordado sobre tela de algodón (bordadorxs: Rosana Greciet, Rosa Surribas, Florencia Flanagan, Maróia Benzano, Sofía Beceiro, Graciela Laport, Mercedes Artola, Ana Campanella, Myriam Valenzuela, Cristian Kis, Iara Bouhid, Manianela Ferreyra, Diego Wisoczynski, Omar Bohuid), 5 x 4 m. Cortesía de la artista y Espacio El Dorado

A partir de recorridos y caminatas por Montevideo, conversando con migrantes latinoamericanxs, Luna Acosta intentó generar un mapa que graficase los recorridos y movimientos posibles dentro del territorio. Entablar diálogos callejeros hizo de nuevo evidente que el fenómeno migratorio sur-sur no solo pone en crisis la ficción política que es en sí misma la frontera, sino que además entabla re-mestizajes y nuevas relaciones geo y micropolíticas.

“Esta indisciplina migratoria nos permite reconocernos, y reconocer los territorios que somos y que llevamos a cuestas”, expresa Acosta.

José Ruiz, Imprimir País. Mapa actualizado del territorio, 2022. Impresión en tipografía móvil sobre papel. Dimensiones variables. Cortesía del artista y Espacio El Dorado

El territorio muta con sus habitantes y un mapa actualizado del país es irrealizable, aún con los progresos de la ciencia. De esta imposibilidad surge el proyecto Imprimir País, en el que el artista José Ruiz intervino el hall central de la Biblioteca Nacional de Colombia con carteles impresos en tipografía móvil con fragmentos de las descripciones del territorio colombiano que alberga la Biblioteca Nacional, hechas por geógrafos y viajeros desde la publicación de la Jeografía física i política de los Estados Unidos de Colombia hasta la actualidad.

A través de jornadas de impresión abiertas a la participación del público, realizadas a lo largo de un mes, se construyó el ‘mapa actualizado del país’. Las impresiones con las descripciones que ocupan las paredes de Espacio El Dorado fueron originalmente expuestas en el vestíbulo central de la Biblioteca. Durante las jornadas de impresión, y al desmontar el mapa, el público se llevó carteles impresos para que las descripciones recorran el territorio junto a sus habitantes.

Durante las elecciones presidenciales de 2021 en Perú el artista José Ruiz desarrolló el proyecto Panorama Político Actual, en el que intervino material electoral con textos e imágenes.

Después de la toma de posesión de Pedro Castillo como presidente, la prensa repetía el titular “El sol cayó”, haciendo referencia a la devaluación de la moneda local frente al dólar tras el miedo infundido que causaba un gobierno de izquierda. Utilizando la tipografía de uno de los periódicos tradicionales de derecha, el artista imprimió el titular sobre hojas de papel que repartió en la calle y durante la inauguración de una exposición en la que también ubicó espejos impresos con la consigna, sobre los que se reflejaban rayos de luz.

El sol cayó no solo alude a la inestabilidad económica peruana del 2021, sino también al proceso colonizador que llevó a la caída del imperio Inca, el imperio del sol.

Paula Milena Sánchez, Memorial de la tierra, 2019. Video monocanal, envueltos en adobe, tierra y ceniza. Dimensiones variables. Cortesía de la artista y Espacio El Dorado

Envolver o hacer envueltos es una práctica en su mayoría femenina, en la cual las mujeres se reúnen después de haber recogido el maíz para generar una mezcla que, luego de ser empacada en ameros u hojas, es cocinada y da como resultado el envuelto, alimento para la vida y ejercicio identitario de muchas comunidades que siembran y cultivan maíz en Colombia.

De esta manera, el envuelto se constituye como objeto o material simbólico que con su contenido seco y agrietado nos habla de la pérdida de la vida y lo vivo, de las prácticas campesinas (rituales) de la siembra, la cogida, el rastrojo, el desgrane, o la roza, acciones y vivencias públicas y colectivas.

Durante muchos días el sol quema las hojas y las parcelas de maíz hasta dejarlas completamente doradas. Así mismo se secan los envueltos, bajo el sol, hasta que su piel se adhiere completamente a la materia, consiguiendo dejar el vestigio de la vida.

“Guardan las voces de los habitantes del municipio, que tras la llegada de Monsanto (semillas de maíz transgénico) han cargado con el miedo y el duelo de abandonar sus prácticas y memoria colectiva. Es el despojo de un ritual que sostenía el invisible lazo del hombre con la naturaleza y el buen vivir. Hoy esa tierra, esos envueltos, invaden los espacios para recordarnos la soberanía alimentaria, la identidad campesina y la garantía de nuestro patrimonio de semillas en el país”, relata la artista. 

Santiago Montoya, Condenados al éxito, 2020. Pan de oro sobre papel hecho a mano a partir de billetes de dólar triturados, 45,7 × 61 cm. Edición de 20. Cortesía del artista y Espacio El Dorado

Participaron Leidy Chávez, José Ismael Manco, Leonel Castañeda, Fernando Pareja, Francisca Jiménez, Paula Milena Sánchez, Taller 4 Rojo, Umberto Giangrandi, Santiago Montoya, Luna Acosta, Juan Carlos Echeverri, José Ruiz, Carolina Borrero, Julieth Morales y Fabio Melecio Palacios.

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