ÉRASE UNA VEZ: VISIONES DEL CIELO Y DE LA TIERRA
En 1977, la NASA lanzó las sondas Voyager 1 y 2 al espacio interestelar, equipadas con discos de oro que contenían 116 imágenes representativas de la vida en la Tierra: seres humanos, animales, estructuras arquitectónicas, escenas cotidianas y símbolos de progreso tecnológico. Estos registros visuales fueron concebidos como un mensaje para posibles civilizaciones extraterrestres, ofreciendo una visión idealizada de nuestro planeta.
En 2017, el artista y cineasta británico Steve McQueen presentó la instalación fílmica Érase una vez, en la que proyecta estas imágenes acompañadas por una banda sonora compuesta por voces infantiles en diversos idiomas. A través de esta obra, McQueen invita a reflexionar sobre la narrativa construida por la NASA, destacando las omisiones significativas de la representación oficial: la pobreza, los conflictos bélicos, la devastación ambiental y las tensiones religiosas. Su intervención crítica revela cómo la selección de estas imágenes configura una memoria parcial y edulcorada de la humanidad, cuestionando qué historias decidimos contar y cuáles preferimos silenciar.
Esta obra de McQueen inspira el título de la exposición Érase una vez: Visiones del cielo y de la tierra, inaugurada el 25 de octubre de 2024 en la Pina Contemporânea, São Paulo. Curada por Ana Maria Maia, Lorraine Mendes y Pollyana Quintella, esta muestra colectiva reúne obras de 34 artistas de distintas generaciones y procedencias, que viajan simbólicamente en el tiempo y el espacio para reflexionar sobre el fin del mundo y la posibilidad de imaginar otros futuros.

La exposición articula una constelación de miradas que, desde perspectivas cosmológicas, políticas y poéticas, confrontan distintas formas de habitar e inventar el planeta. Entre la memoria y la anticipación, entre la catástrofe y la reinvención, las obras proponen lecturas críticas desde 1969 —año de la llegada del hombre a la Luna y de la publicación del primer informe de la ONU sobre problemas del medio ambiente urbano— hasta nuestros días, cuando el colapso ecológico se ha vuelto uno de los ejes centrales del debate global.
En este contexto, la muestra se presenta como un espacio de imaginación radical que combina enfoques documentales, especulativos y ficticios para diagnosticar la crisis y, al mismo tiempo, ensayar otras realidades posibles. El pensamiento cosmológico de algunos de los artistas presentes en la exposición se alinea con teorías queer y decoloniales al cuestionar los modelos normativos y las estructuras de poder patriarcal, heteronormativa y capitalista, proponiendo vínculos más sensibles, diversos y horizontales con la Tierra y sus múltiples formas de vida.
“La cuestión es que el arte no va a resolver la crisis; el problema está más que anunciado, ya está ahí”, afirma la curadora Lorraine Mendes en una entrevista con Mariana Martins para el blog de la Pinacoteca. “Pero el arte también dice lo indecible, opera con unos signos que sensibilizan, trae a lo sensible lo que se intenta olvidar, borrar”.
Su comentario resuena con las palabras de Ana Maria Maia, curadora en jefe del museo, para quien el arte cumple una doble función: denunciar las realidades que nos aquejan y, al mismo tiempo, alimentar una imaginación capaz de romper con los círculos viciosos del presente.

ENTRE EL ASOMBRO CÓSMICO Y EL DESEO DE EXPANSIÓN
La exposición se divide en tres momentos. El recorrido comienza con una serie de obras que dirigen la mirada hacia el espacio exterior, en un ejercicio de exploración e imaginación que trasciende los límites de la Tierra. Este primer segmento nos sitúa en una zona de tránsito entre el asombro cósmico y el deseo de expansión, tal como ocurre en las obras Yauti en los Cielos (Saturno, Alunizaje y Llegada a la Luna) (1988-89) de Regina Vater, y Érase una vez (2002) de Steve McQueen, pieza que inspira el título de la exposición.
En este mismo corredor se presenta también Negativo / Positivo (1970), del artista brasileño Luiz Alphonsus, uno de los principales exponentes del arte conceptual en Brasil y precursor del Land Art en el país. Lector apasionado de temas astronómicos, Alphonsus se sintió fascinado por los imaginarios en torno a los cúmulos de galaxias y las estructuras invisibles del universo, concibiendo la Tierra como un minúsculo grano de arena suspendido en una vasta red cósmica.
Su producción está profundamente marcada por las formaciones geológicas y situaciones geográficas de su entorno, donde el paisaje y su relación con el ser humano se vuelven temas fundamentales.
Negativo / Positivo es el registro fotográfico de una acción efímera realizada en la playa, en la que el artista cavó una figura rectangular en la arena y creó un contraste entre luz y oscuridad, entre día y noche, utilizando el fuego como elemento mediador. En esta obra, Alphonsus explora la naturaleza como objeto y como cámara fotográfica al mismo tiempo, utilizando el tiempo transitorio e incandescente del fuego para realizar una suerte de “escritura de luz”. A través del dibujo y la palabra, traza mapas físicos y subjetivos que interrogan nuestro lugar en el mundo.


DEL CIELO A LA TIERRA
Al ingresar a la sala central, llama inmediatamente la atención una cúpula geodésica con paneles hexagonales que irradia energía y simbolismo. Se trata de Orbit Diapason (2021), instalación de la artista-sanadora Tabita Rezaire, cuyo trabajo conjuga pantallas, flujos de energía y saberes ancestrales.
Rezaire concibe las redes —orgánicas, electrónicas y espirituales— como tecnologías curativas para una transición hacia un grado de conciencia elevada. Desde Cayena, en la Guayana Francesa, cultiva una práctica artística y vital que atraviesa el arte, la agricultura y el yoga, articulando el pensamiento afro-eco-feminista con la metafísica y la historia política de la ciencia.
La estructura en forma de panal de Orbit Diapason evoca tanto las colmenas como las arquitecturas rituales. En su interior, una película nos transporta por paisajes reales e imaginarios: los círculos de piedra del sur de África —conocidos como “la cuna del sol” o “el calendario de Adán”—, las ruinas de Zimbabue, la danza de las abejas, las investigaciones de la NASA en busca de vida extraterrestre. Estas imágenes indagan en el deseo humano de expansión más allá del planeta, pero también en su anhelo de comunión con las energías que habitan la Tierra.

Frente a la cúpula de Rezaire, el viaje cósmico retorna a la tierra con los tótems escultóricos de Juraci Dórea, artista del sertão brasileño que ha desarrollado una práctica anclada en la confluencia entre arte contemporáneo, cultura popular y ecología rural. En los años ochenta, con el inicio de su Projeto Terra (1982 – en curso), Dórea abandonó los circuitos institucionales tradicionales para crear sus obras directamente en el paisaje del sertão bahiano, utilizando materiales orgánicos encontrados en el entorno.
En esta exposición, presenta Concerto para raposa e violoncelo (2006), una serie de pilares matéricos construidos con estiércol de ganado, bases de MDF y tubos de acero inoxidable. El estiércol —biomasa seca, residual pero fértil— deja de ser desecho para convertirse en cimiento de una poética del arraigo. Dórea construye con ella una metáfora de lo que fue y será: del ciclo que fermenta, transforma y retorna.
La relación entre los artistas y el planeta también se inscribe en tramas ancestrales y espirituales. En el video El nacimiento de Urana Remix (2020), Jota Mombaça se entrega al gesto radical de enterrarse, fundiéndose con la tierra, volviéndose parte del todo. El video extiende sensorialmente el universo de un relato distópico y ficticio escrito por la propia artista brasileña en 2017, donde lx protagonista huye de una fuerza colonial, militante y autoritaria excavando hacia las profundidades del subsuelo. Al hacerlo, propone una transición material hacia la tierra como cuerpo y como vínculo.
La obra se inscribe en la práctica más amplia de Mombaça, donde las visiones del fin del mundo son más bien umbrales, aperturas para repensar cómo habitar nuestros cuerpos en relación con el entorno natural. Aquí, la artista imagina una corporalidad que desborda los binarismos coloniales y las figuraciones hegemónicas de género, sexualidad y humanidad que históricamente nos han separado de la tierra.



Carolina Caycedo ha centrado su investigación en las formas de violencia extractivista que afectan los cuerpos de agua —especialmente los ríos— y las comunidades que los habitan, provocadas por megaproyectos de infraestructura como presas y explotaciones mineras. En los últimos años, su práctica se ha entrelazado activamente con las memorias de movimientos de defensa ambiental, con la esperanza de que estos saberes colectivos ayuden a interrumpir los ciclos históricos de despojo y destrucción.
América Latina es el eje de este trabajo, una región donde se registran cifras alarmantes de asesinatos de activistas medioambientales, pero también una geografía donde saberes ancestrales y formas de vida comunitarias persisten como estrategias de regeneración de la tierra. Su gran mural pintado a mano, Genealogía de la lucha (2017–2024), rinde homenaje a 200 activistas asesinados en la región en los últimos dos años, visibilizando sus rostros y trayectorias como parte de una historia de resistencia en expansión.
Como acto final de su participación en esta exposición, Caycedo organizó junto al Movimento dos Atingidos por Barragens [Movimiento de Afectados por Represas] (MAB) una vigilia en el Parque da Luz el 13 de abril, en memoria de estas historias truncadas, seguida de una plantación de árboles en Pina Contemporânea. Este gesto performativo devuelve a la tierra lo que la violencia intentó cortar.
Junto a la obra de Caycedo se presenta una serie de arpilleras realizadas por la Oficina de Arpilleras del MAB. Activo desde la década de 1980, el MAB ha denunciado sistemáticamente las violaciones a los derechos humanos asociadas al modelo energético brasileño, exigiendo reparaciones justas y promoviendo un paradigma más sostenible y democrático.
En este contexto, el bordado se ha consolidado como una herramienta de resistencia y memoria, inspirada en las arpilleras chilenas creadas durante la dictadura militar. Durante la exposición, el grupo organizó tres encuentros públicos para bordar colectivamente un gran tapiz, rescatando voces silenciadas y fortaleciendo la identidad colectiva a través de una estética de la resistencia popular.


ESPECULACIÓN IMAGINATIVA
En el Antropoceno —término que describe el impacto global de las actividades humanas sobre el planeta—, los artistas nos invitan a concebir nuevos mundos que emergen desde la resistencia y la imaginación radical. En este segmento de la exposición, el artista visual, escritor y dramaturgo brasileño Yhuri Cruz nos traslada a un universo especulativo titulado Revenguê (2023), una “instalación-escena” inspirada en la estética de la space opera y el afrofuturismo.
A lo largo de la exposición, Cruz activó la obra junto a otros seis artistas, quienes presentaron trabajos de sus series Efeitos da Maré, Altos Túmulos, Arcadas y Pés de Pã. Juntos narraron la historia de Plenér y Revenguê, dos planetas vecinos situados en un sistema planetario ficticio, donde las leyes de la política, la vida y la venganza se reconfiguran bajo nuevas lógicas cósmicas.
Revenguê es una reflexión sobre la venganza y la política de la presencia en un mundo alterno, abordando cuestiones de poder, resistencia y reconstrucción en clave galáctica. Cruz no solo nos invita a imaginar estos mundos posibles, sino también a repensar los valores y estructuras que modelan nuestras realidades, tanto en la Tierra como en el cosmos.

Pasando por debajo de unas gradas, al fondo de este espacio visualmente hipnótico, se encuentra una videoinstalación de la artista colombiana Astrid González, inspirada en el mito afro-ficcional de Drexciya: un imaginario país subacuático en el fondo del Atlántico. La obra evoca una comunidad submarina descendiente de las mujeres africanas embarazadas que fueron arrojadas al mar durante la trata transatlántica de esclavos entre 1525 y 1866.
En su trabajo, González emplea la cámara lenta y la yuxtaposición de planos para crear capas de información que sugieren no solo el movimiento físico, sino también la temporalidad, la memoria histórica y los espíritus que habitan este país oculto bajo el Atlántico. A través de esta fabulación, la artista construye una contra narrativa cultural que reimagina una sociedad libre, evocando los conceptos expuestos por Paul Gilroy en Atlántico Negro (1993).

Al lado de estos espacios, en una pequeña sala, un gran papel mural exhibe una fotografía de Uýra, quien aparece transformade en un “árbol caminante” por las calles de Gamboa, la región portuaria de Río de Janeiro conocida como la «Pequeña África». Esta zona, clave en la historia de Brasil y su población afrodescendiente, alberga el Cais do Valongo, el mayor puerto negrero de América, donde más de un millón de africanos llegaron al Brasil Imperial entre 1777 y 1872. Hoy, el Cais es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El embarcadero fue desmantelado y rellenado en varias ocasiones para ocultar su pasado nefasto. Sin embargo, en 2011, durante las excavaciones para las Olimpiadas, se redescubrió el sitio, revelando miles de objetos africanos. A pesar de las promesas de crear el Museo de Valongo, el estado de Río de Janeiro no cumplió con la preservación adecuada de los hallazgos, que incluían restos humanos.
Uýra aborda este contexto histórico en su obra, utilizando elementos orgánicos como follaje, corteza y fibras para crear vestimentas que desdibujan las fronteras entre humanos, animales y plantas. A través de estas transformaciones, la artista se pregunta cómo reviven las historias olvidadas. Para ella, las plantas que crecen a través de las grietas del concreto en Gamboa susurran esas historias ancestrales, que deben ser contadas para seguir vivas.
Las criaturas híbridas que surgen en sus foto-performances se desplazan libremente entre el bosque y la ciudad, reflejando el impacto del antropocentrismo y la industrialización. Con su trabajo, Uýra celebra la diversidad, la disidencia y la adaptación como estrategias fundamentales de supervivencia.

Artistas participantes
Anna Bella Geiger, Anna Maria Maiolino, Arthur Luiz Piza, Astrid González, Bu’ú Kennedy, Carla Santana, Carlos Zilio, Carolina Caycedo, Castiel Vitorino Brasileiro, Celeida Tostes, Cipriano, Edival Ramosa, Erika Verzutti, Feral Atlas, Humberto Espíndola, Iole de Freitas, Jaider Esbell, Janaina Wagner, Jota Mombaça, Juraci Dórea, Luciana Magno, Luiz Alphonsus, Mariana Rocha, Mayana Redin, Movimento dos Atingados por Barragens (MAB), Mira Schendel, Patricia Domínguez, Regina Vater, Steve McQueen, Sueli Maxakali, Tabita Rezaire, Uýra Sodoma, Xadalu Tupã Jekupé y Yhuri Cruz.
Hasta el 27 de abril de 2025 en la Pina.
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