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UNA YEGUA EN ARGENTINA

El artista Francisco Casas llegó a Buenos Aires en diciembre del año pasado procedente de Lima, donde vivía, pero el amor o más bien un impulso (un deseo podría ser más preciso) lo hizo tomar una determinación poco común: conseguir una combi, de esas que transportan en Chile a estudiantes de colegios, empacar algunas de sus cosas (y a su querida perra Vilka) y cruzar la Cordillera de los Andes.

La decisión era loca, pero no más loca que las acciones de arte que hacía junto a Pedro Lemebel en el colectivo Las Yeguas del Apocalipsis durante la dictadura chilena. Por supuesto que el primer intento de cruce de frontera fracasó, pero después lo logró y atravesó ese territorio conocido como la pampa, que como consignó Borges es ideal para la creación. Esta aventura está recogida en su novela Hitos de frontera, que saldrá publicada en 2024.

Pero eso fue hace nueve meses. El último sábado de agosto Pancho, o Panchita como le gusta que le digan, inauguró La piedad de Ucayali en Pasto galería, en el barrio porteño de San Telmo, y el miércoles realizó en arteba la performance El rodete de Evita. Tanto la muestra como la perfo están inscritas dentro de las actividades de la feria de arte más grande de Argentina. Es decir, esos nueve meses de permanencia en Buenos Aires ya han dado sus frutos.

Pancho Casas en colaboración con Julio Urbina, La piedad de Ucayali, registro de performance. Pasto galería, Buenos Aires, 2023. Cortesía: Pasto
Pancho Casas en colaboración con Julio Urbina, La piedad de Ucayali, registro de performance. Pasto galería, Buenos Aires, 2023. Cortesía: Pasto

Ucayali es el nombre del río que le da el nombre a la ciudad amazónica peruana y todo indica que Casas, con La piedad de Ucayali, quisiera demostrar su lugar de pertenencia, tanto geográfico como de identidad. Si bien algunas de las obras ya habían estado en la muestra Yeguas (PROA 21, Buenos Aires, 2019), que fue una especie de retrospectiva que abarcaba su trabajo con Las Yeguas del Apocalipsis y su trabajo con el artista peruano Julio Urbina Rey, esta vez la muestra tiene más solidez, porque aborda una zona geográfica que recién está siendo invadida (¿o penetrada? sería más preciso) por el ser humano y una zona erógena (homoerótica) también a punto de ser penetrada. Ambas zonas además se funden, se compenetran. Y es que el cuerpo y la Amazonía son lugares de deseo, en un caso son manifestación de amor y en el otro manifestación de muerte.

La piedad de Ucayali está curada por Rodrigo Barcos, quien se desempeña como curador del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y quien le dio simpleza a una muestra que destaca por su fuerza, y esa fue la gracia de Barcos: ser simple para descubrir toda la potencia del arte de Pancho Casas. A mi juicio destacan dos retratos, dos desnudos: uno donde el sexo de Casas aparece cubierto con bananas y otro donde aparece Julio Urbina travestido de sirena en el borde del río Ucayali. Algún ingenuo podría señalar que se trata de retratos solamente, una especie de registro, pero hay que tener cuidado con las apariencias, y voy a explicar por qué.

A fines del siglo XVIII, Caroline y August Wilhelm Schlegel escribieron el ensayo Las pinturas: conversación en el Museo de Dresde, un texto emblemático del romanticismo alemán y de la sinfilosofía (que se caracterizaba por cuestionar la autoría y por pretender una aproximación progresiva y colectiva a lo Absoluto). Las pinturas es una mezcla de ensayo, poesía, teatro y crítica de arte, y hay frases que iluminan lo que es la apariencia. “[La pintura] es en realidad el arte de la apariencia, así como la escultura es el arte de las formas”, escribe el matrimonio Schlegel, para luego añadir que “en la realidad nos acostumbramos a ver más allá de la apariencia; hasta cierto punto, todo el tiempo la estamos aniquilando”.

En otras palabras, si en la realidad estamos aniquilando la apariencia a cada momento, ¿por qué nos cuesta aniquilarla en el arte? Y los Schlegel responden que, a diferencia de la realidad, en el arte (ellos hablan de pintura, pero se entiende que hablamos de los orígenes de la estética) todo es apariencia, por tanto “debemos permanecer en la apariencia”.

Cuando digo entonces que hay que tener cuidado con las apariencias me refiero precisamente a lo que señalaban los Schlegel: el arte debe permanecer en la apariencia para preservar su autonomía. Es ahí, en ese territorio, donde trabaja el artista. Y dicho esto resulta evidente que las fotografías de La piedad de Ucayali se caracterizan por su reelaboración, que da a las obras un pathos pop, de arte pop para ser más precisos. Es decir, no son retratos realistas, o no al menos como se los podría pensar.

Oscar Masotta, en los 60, dio una interesante definición de arte pop, alejándola de la manida y canónica definición que había hecho Lawrence Alloway. El crítico de arte estadounidense Arthur C. Danto, en su libro Warhol, nos recuerda que dicha definición databa de 1958 y se debía a Alloway, “un crítico británico que lo empleó para designar la cultura popular mediática estadounidense, en concreto el cine de Hollywood”.

Siempre me ha parecido un tanto amplia esta definición y por tanto vaga; por eso, cuando di con la definición de Masotta, me pareció más rica: “No es ni un realismo de los objetos, ni un realismo de contenidos. La única ‘realidad’ aquí son los lenguajes, esto es, esos productos de la acción social, esos circuitos semánticos, esas reglas de restricciones y de prohibiciones que laten en el corazón de la vida social”.

Pancho Casas en colaboración con Julio Urbina, La piedad de Ucayali, registro de performance. Pasto galería, Buenos Aires, 2023. Cortesía: Pasto

Creo que hay una parte de la obra de Francisco Casas (y por extensión de Las Yeguas del Apocalipsis) que puede ser catalogada como arte pop. Las dos Fridas, sin ir más lejos, está al nivel de varias obras de Warhol, por su trabajo con el imaginario pop (latinoamericano en el caso de Las Yeguas), pero además porque si tomamos qué son Las dos Fridas llegaremos a que son lenguajes sobre lenguajes: primero es la fotografía (como primer lenguaje) de Casas y Lemebel, que a su vez es cita y homenaje a una tradición ya existente (el arte mexicano y por extensión el latinoamericano), y segundo esa foto deja de ser una cita y homenaje para sostenerse como una obra independiente, autónoma, en definitiva como arte. La apariencia nos sitúa de este modo en la autonomía.

Si el arte pop es un arte de lenguajes, Casas ha hecho de esto una consigna, y esos lenguajes se pueden rastrear en su vida como escritor y poeta, cineasta, artista y profesor de performance. Y esto lo ha hecho viviendo por casi toda Latinoamérica: Chile, México, Perú y ahora Argentina. Cada uno de esos lenguajes y cada uno de esos territorios y tradiciones se encuentran contenidos en su propuesta estética, o para ir más lejos, están tatuados en su cuerpa.

En una reciente charla con Panchita me dijo que una de las tantas intenciones de la muestra de galería Pasto era establecer un diálogo con Marta Minujín, más específicamente con Pago de la deuda externa argentina a Andy Warhol, una performance de 1985 donde Minujín aparece con Warhol y una pila de choclos.

En esta expo Casas cambia el elemento choclo por el de la banana, asumiendo algo incluso más potente para la actualidad argentina: lo de país bananero, o más bien dependiente del FMI por prácticamente cuarenta años desde la recuperación de la democracia. Salvo el periodo del kirchnerismo, donde el país se fue desendeudando y se desvinculó del FMI, en el resto de su historia reciente ha establecido algún tipo de dependencia con el organismo de préstamo. Y como sabemos, hoy Argentina es el mayor deudor del FMI. Aclaro que cuando uso el término bananero me estoy refiriendo a la definición que encontré en Google, es decir “país que tiene una organización estatal frágil dominada por un grupo oligárquico”.

Pero Casas incluso va más allá cuando dice que “es una deuda bananera. Porque no se trata de una deuda con el Fondo Monetario Internacional, estamos hablando de una deuda con todo, es la misma deuda que tienen los españoles con nosotros por el oro que se llevaron. Pero esa deuda parece haberse revertido, ahora nosotros les debemos a ellos. Entonces de qué deuda están hablando. No hay deuda. Y si hay deuda, como hizo Minujín, se paga con choclo. Pero nosotros no sólo la hemos pagado ya con choclo, la hemos pagado con vidas. Recordemos que todos los golpes de Estado han sido instigados desde Estados Unidos, que es el país que más pesa dentro del FMI”.

Tiendo a creer que Casas, si bien valora la obra de Marta Minujín y la considera una gran artista, encuentra que Pago de la deuda externa argentina a Andy Warhol es un poco frívola, sobre todo por el contexto en el que se vivía no sólo en Argentina, sino en la región, con países recién saliendo de las dictaduras. El juicio a las Juntas acontecido ese mismo año 1985 constituye una excepción a este cuadro general.

El Rodete de Evita, performance de Pancho Casas; escultura de Rodrigo Rodríguez. Registro fotográfico: Rodrigo Rodríguez

La otra obra que Pancho Casas exhibió en esta edición de arteba fue El rodete de Evita, quetiene una marcada reivindicación por los derechos humanos. La performance se inicia en el lugar donde fue asesinado el excomandante en jefe del Ejército de Salvador Allende, Carlos Prats, en 1974. En el lugar hay una placa conmemorativa con los colores de la bandera argentina y chilena y que tiene la siguiente leyenda: “Aquí fueron asesinados por agentes de la dictadura militar chilena el 30-09-1974 el Gral. Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert por su lealtad al gobierno constitucional de Chile, presidido por Salvador Allende”. La placa fue instalada recién hace quince años por la Federación de Asociaciones Chilenas de Argentina, Casa de la Cultura Pablo Neruda y Barrios Por la Memoria y Justicia, y queda a sólo unas cuadras de la Embajada de Chile.

Para Francisco Casas, estamos “a cincuenta años del golpe de Estado y a 49 años del atentado a Prats, que fue el primer crimen de Pinochet fuera de Chile, aunque no sabemos a cuántos más habrá asesinado antes la DINA acá, porque la DINA operaba en Buenos Aires para exterminar a todos los que cruzaban la cordillera pensando con que acá se podían salvar. Todavía estaba Perón en el poder, pero estaba muy viejo y enfermo. Ahora, por qué una perfo en arteba; porque me parece interesante recordar, siempre recordar, pero además es un momento interesante en Argentina, porque está triunfando la ultraderecha”. La intención de Casas es unir la historia argentina y la chilena en una acción de arte y reivindicar, como siempre lo ha hecho, el respeto irrestricto a los derechos humanos.

Como bien recuerda Casas, Perón había muerto en julio de 1974 y con ello se extinguía la protección que hasta hacía poco había tenido Prats en Argentina. Por eso intentó junto a su mujer emigrar a España, pero las gestiones no prosperaron. Los agentes de inteligencia ya estaban instalados en el país, porque la dictadura chilena, previo incluso a la muerte de Perón, había dado la orden de muerte. Enrique Arancibia Clavel, que había participado de una serie de atentados contra el gobierno de Salvador Allende y que fue asesinado por la pareja de un taxiboy en 2011 en Buenos Aires, sería clave para la inteligencia armada en torno a la ubicación y rutinas del general Prats; Michael Townley, agente de la CIA y de la DINA, pondría la bomba y la haría detonar; Mariana Callejas, escritora y esposa de Townley, acompañaría al grupo e intentaría detonar por primera vez la bomba.

Prats y su esposa vivían en calle Malabia (hoy República Árabe de Siria) al llegar a Avenida Libertador. A unos metros vivía la chilena Nora Schaulsohn. La noche del atentado el escritor chileno José Leandro Urbina estaba en la casa de Nora, donde tenían, como exiliados, un pequeño taller literario. Era de noche cuando un bombazo sorprendió a Nora y a Urbina. Urbina recuerda que alcanzó a asomarse por la ventana y divisar al frente, justo en diagonal, una lengua de fuego que subía por el edificio donde hoy está la placa conmemorativa. Iban a salir, pero en ese instante se escuchó lo que pareció ser un balazo, por lo que se quedaron unos minutos más en el departamento. Luego bajaron del edificio y vieron cómo un restaurante cerraba y cómo llegaba la policía. Urbina pasó la noche en lo de Nora. Al otro día, cuando se fue al departamento donde se quedaba, compró el diario y vio la noticia del asesinato y de quiénes habían sido asesinados.

El Rodete de Evita, performance de Pancho Casas en arteba 2023. Foto: Julieta Tarraubella
El Rodete de Evita, performance de Pancho Casas en arteba 2023. Foto: Julieta Tarraubella

Casi medio siglo después y a las cuatro de la tarde Pancho Casas avanza hacia la placa conmemorativa del matrimonio Prats-Cuthbert. Es 30 de agosto de 2023, es decir, faltan trece meses exactos para que se cumpla medio siglo de aquel magnicidio. En este contexto es interesante que el artista haya optado por personificar la figura de Evita (de ahí el nombre de la perfo) en clara oposición a la figura de Isabelita que, para el asesinato de Prats, era la que regía los destinos de Argentina. Por eso no resulta extraño que Pancho luzca no sólo el mismo teñido que Evita, sino también un vestido muy parecido. A decir verdad, se trata menos de una personificación que de una encarnación.

Pero observemos bien. Pancho Casas camina sobre calle República Árabe de Siria con una ofrenda floral. Enfrente de la placa conmemorativa aguardan unas doce personas, cual apóstoles. Entonces las cámaras, incluida la mía, se activan. Registro, de eso se trata cualquier performance, en parte. Pancho avanza lentamente, como si la vida se le fuera en cada paso, y luego de unos cinco minutos llega hasta la placa. Allí, con voz emotiva y casi con lágrimas en los ojos, condena a las dictaduras de Chile y Argentina; denuncia las muertes y desapariciones, y entabla una fraternidad entre ambos países. En el fondo, nunca fuimos naciones enemigas, sino todo lo contrario, las dictaduras nos enfrentaron.

El Rodete de Evita, performance de Pancho Casas en arteba 2023. Foto: Julieta Tarraubella
El Rodete de Evita, performance de Pancho Casas en arteba 2023. Foto: Julieta Tarraubella
El Rodete de Evita, performance de Pancho Casas en arteba 2023. Foto: Julieta Tarraubella

Media hora más tarde la escena se traslada a Costa Salguero, donde hoy se inaugura arteba, y la performance continúa. Pancho vuelve a avanzar como si la vida se le fuera en eso; recorre los pabellones de arteba con otra ofrenda floral, hasta que llega a un lugar donde hay dos fotos suyas con el mismo look que luce ahora, un atado de rocas suspendidas sobre su cabeza, un micrófono y un asiento. Tanto las fotos como las piedras han sido cuidadosamente trabajadas por el artista y escultor argentino Rodrigo Rodríguez, quien además está haciendo el registro de la perfo.

Después de un silencio que es la ocasión perfecta para acomodar su vestido, ocupa el asiento y se acerca Julio Urbina. Urbina, también vestido de negro, le retoca el pelo, y enseguida saca unas tijeras y comienza a cortarle el pelo teñido. Cuando Julio Urbina termina su labor, Pancho se pone de pie y comienza a leer un discurso, que en un punto es muy parecido al que pronunció en la calle República Árabe de Siria. Esta vez, sin embargo, resulta más duro.

En una de sus partes recuerda su participación en la marcha de este año por memoria, verdad y justicia, marcha que se hace todos los años el día que ocurrió el golpe de Estado. “Pasé entre cientos de carteles con rostros que se niegan a desaparecer en el relato tremendo del luto. Pensé en Chile y en Argentina, pueblos fraternales, divididos por las botas milicas […] Una frontera de penales divide nuestra Patagonia adonde la cordillera cae sin huesera al mar y se besan los océanos, con pieles pehuenches, onas, mapuches. Pensé en el sanguinario chacal dictador chileno, pensé que murió en su cama, ¡impune!, del Hospital Militar. Pensé en Videla, sentenciado a cadena perpetua; en el miserable reo Leopoldo Galtieri. Pensé en Margaret Thatcher y las Malvinas, la pseuda Dama de Hierro ya sin poder, necesitando conflictos armados para asegurar su trono. Pensé en las Malvinas, argentinas por derecho propio”.

Cuando finalizó el discurso, vino una cantante de ópera que, detrás de escena (casi invisible), entonó, de un modo irreconocible al principio, el himno de la hinchada argentina en el Mundial de Catar. Unos días antes, cuando Pancho me dijo que iba a utilizar el “Muchachos, hoy nos volvimos a ilusionar”, me pareció inadecuado, pero al escucharlo en arteba me hizo sentido, porque se trataba de incentivar al pueblo argentino, pese a todo y a todos, a seguir siendo campeones del mundo, pero en derechos humanos.

Eso fue un lindo y emotivo cierre de la performance El rodete de Evita, porque además me di cuenta del verdadero significado de rodete. Una de las acepciones y que se usa en mecánica es “rosca de lienzo, paño u otra materia que se pone en la cabeza para cargar y llevar sobre ella un peso”. Las piedras (o el peso) sobre la cabeza de Pancho Casas parecían ser entonces el verdadero rodete. Pero las piedras también eran el peligro, la espada de Damocles que se cierne, todavía, sobre la sociedad argentina, sobre la región y el mundo.

El Rodete de Evita, performance de Pancho Casas en arteba 2023. Foto: Julieta Tarraubella

Gonzalo León

Escritor y periodista chileno. Ha publicado las novelas “Serrano” (Mansalva, Argentina, 2017), “Manual para tartamudos” (Narrativa Punto Aparte, Chile, 2016), “Cocainómanos chilenos” (Mansalva, 2012), “Vida y muerte del doctor Martín Gambarotta” (La Calabaza del Diablo, Chile, 2011), los libros de cuentos “Un imbécil leyendo a Nietzsche” (mención honrosa del Premio Municipal de Santiago, 2010) y “Orden y Paria” (LCD, 2001). Compiló, prologó y anotó “Lemebel Oral” (Mansalva, 2018). Entre 2007 y 2012 fue editor del sello independiente La Calabaza del Diablo. Escribe periódicamente para secciones de cultura en Chile y Argentina. También dictatalleres y clínicas de obra. Vive y trabaja en Buenos Aires desde 2011.

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