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WALEKERÜ. APUNTES SOBRE LAS TEJEDURAS DE GEORGE LAVARCA

“La voz que he encontrado es la de Walekerü (araña en Wayuunaiki), y a través de la línea he reflejado una forma de escritura, una poesía por medio del tejido desde el proceso de búsqueda e indagación, mezclando el oficio, el entorno, lo cotidiano, lo simbólico y el carácter de tomar e interpretar esa voz de origen ancestral del ser Wayuu”

George Lavarca para The Winwood Times (julio, 2021).


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El artista emergente Wayuu, George Lavarca, nace en La Concepción, estado Zulia, en el año 1992. Junto a su madre, una auténtica Wayuu, pertenecen a la casta Jayaliyuu (que significa perro). George entiende el Wayuunaiki pero no lo habla perfectamente. Su padre es mestizo. En búsqueda de mejores condiciones, la familia se instala definitivamente en la ciudad de Maracaibo.

George ha trabajado desde pequeño -pastoreando ovejas y recolectando cebollas en una granja- y, ya siendo un adolescente, limpió jardines de ciertas zonas marabinas. Pasado un tiempo, se gradúa como Licenciado en Artes Plásticas (Mención Dibujo) por la Universidad del Zulia (LUZ), en el año 2015. Mientras estudiaba arte, vivía con su abuela que tejía y tenía como acompañante un telar Wayuu, que le narraba recorridos míticos.

“En lo esencial, cada obra mía está arraigada a mi ascendencia, pero, desde una perspectiva actual y conceptual, al minimalismo», me cuenta George. «Yo creo que el hilo, con el viento, juega, y esa toma del espacio o el adueñarse del espacio, así como las arañas lo hacen con los territorios de la casa, en cada esquina, se parece a lo que hago. Hay una frase que creo que dice que uno de los animales que viven en la casa del rey es la araña, es decir, es una dicha la existencia de ellas, incluso en los palacios, para construir. En el libro de Ramón Paz Ipuana, Mitos, Leyendas y Cuentos Guajiros, se cuenta la historia de Waleker, que resume narraciones sagradas de la cultura oral wayuu. En uno de esos relatos, un joven descubre a una muchacha que expulsaba hilos por su boca y él la intenta agarrar; pero ella corre, se sube a un árbol y luego se pierde. Solo quedan ovillos de hilo en las manos de él. Ella entonces se convierte en una araña del bosque. Hay una gran influencia de ese mundo en mis piezas, al adueñarme de esos territorios”.

Yo pienso que este joven Araña, más allá de sus acercamientos a la obra de Gego, quien dibujaba también en tridimensionalidad, elabora sus composiciones como construyendo su propio bohío interior, moldeando sus alambres a la manera de una casa bordada que guarda los relatos de una infancia aruñada por las necesidades y abrazada por lo mejor de su abuela. Es allí donde me conecto con mi amigo George y su absoluta cercanía con esa abuela Araña que teje y desteje en su memoria y los afectos, así como con el arte más vívido.

George Lavarca, Conos, 2018, textil, hilo. Cortesía del artista

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Cuando yo tenía 18 años y estudiaba en la Universidad del Táchira (UNET), empecé a visitar pueblos indígenas, en especial a los Yu´pa de la Sierra de Perijá, en el Estado Zulia. Cuando nació George Lavarca, en el año 92 y en ese mismo estado, yo era un voluntario “indigenista”, por así decirlo, un activista social por la causa aborigen para una ONG en la Amazonía venezolana. Trabajé con los indígenas Piaroa; algunos de ellos me llamaban Purenishä, en referencia a un mito cosmogónico o, lo que es lo mismo, Araunischä Itti (hijo del personaje sagrado Araunisha). Una vez conocí un indígena Pemón de la Gran Sabana que hablaba Pemón, español e inglés, y eso me extrañó mucho. Es más, sabía algunas palabras en francés.

Todas estas conexiones entre George y mi persona se configuran como una red de vivencias muy cercanas, de investigación, estrategias pedagógicas, estéticas y poéticas entre el arte y lo aborigen. Tenemos algunos proyectos en común y hemos conversado sobre volver al Amazonas, a la Guajira, Maracaibo y Caracas (posiblemente), y de repente crear canales o nodos dialógicos entre obras colectivas, talleres o experiencias contextuales, quizás performáticas, además de pedagógicas.  También me conecta con él su labor en la educación para el arte. Creo mucho en el colaboracionismo y la agrupación solidaria; de hecho, desde hace años he venido realizando proyectos en colaboración con artistas como Óscar Salamanca (Colombia), Ruth Vigueras Bravo (México) o mujeres refugiadas colombianas en Venezuela.

George Lavarca en el montaje de obra para la muestra colectiva “Destete” en el Centro de Bellas Artes junto a la Universidad del Zulia y la Facultad de Arte FEDA. Performance colectivo de estudiantes de artes plásticas, danza, teatro y música. Año 2016
George Lavarca. Instalación de obra en la muestra colectiva “Destete” en el Centro de Bellas Artes junto a la Universidad del Zulia y la Facultad de Arte FEDA. Performance colectivo de estudiantes de artes plásticas, danza, teatro y música. Año 2016.

“Mi abuela es tejedora desde que era una jovencita. Teje chinchorros, bolsos, suéteres, vestidos… Es una araña, una auténtica wale’kerü. Ella me decía: ‘nieto, sácame los telares, desenrédame los hilos, ármame los conos, pésame los hilos (para un chinchorro se usan tres kilos de hilo, generalmente un kilo por color), tórchame los hilos’. Yo hacía estas tareas en las mañanas muy temprano, en las tardes al llegar de clases, y los fines de semana. Y mientras trabajábamos, me echaba cuentos”.

George Lavarca en entrevista para El Estímulo (2019)


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La espiritualidad en las narraciones sagradas primigenias nos asoma los “causales” (no casuales) tejidos o conexiones holísticas entre el ser humano y el cosmos, entre las arañas, las dendritas y células entrecruzadas del cerebro o de nuestros átomos; porque todo está conectado. Somos hijos del universo, como nos lo dicen Morin & Kern. De la noche del jaguar también venimos, y de las rocas del espacio, inclusive desde el sudor de las estrellas (lo digo poéticamente, claro está).

La ciencia ya comprobó que no existen razas puras o absolutamente separadas pues, a pesar de las particularidades diversas entre culturas, somos todos de algún modo primos hermanos. “Antes de ser animales, fuimos plantas”, me dijo un poeta mexicano de apellido Estrada, quien explicaba que por eso sabemos curarnos con tantas hierbas hermanas. Eso de que “éramos plantas” suena algo absurdo o anti-científico, pero es hermoso y lírico, y de eso trata la poiesis.

Pintarse con una especial preparación de semillas diversas, plantas específicas, cortezas y otros elementos, es algo absolutamente indígena.

Ender Rodríguez, «Yo y mis hermanos”, 2014, foto-performance. Foto: Ruth Vigueras Bravo

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En rituales Piaroa en los que participé en el año 1994, un chamán consumía ñopo, oraba y trataba de sacar desde partes de mi cuerpo el mal o la enfermedad interior; luego hacía como escupitajos o soplos de sanación hacia lo exterior, como quien saca lo dañado de dentro. Hoy día, muchas figuras espirituales y muchos rituales y su sentido, están debilitados o hasta extintos.

El macabro proyecto del Arco Minero del Orinoco ha echado por tierra el equilibrio ecológico y cultural, y si no nos levantamos organizadamente ante esta hecatombe de la mano del autoritarismo entreguista y anti-nacional que rige a nuestro país en in-volución, existe la posibilidad de terminar de acabar con lo más vital de la Orinoquía venezolana y sus inmensos recursos.

George Lavarca junto a su obra “Destete”, 2016. Muestra colectiva en el Centro de Bellas Artes junto a la Universidad del Zulia y la Facultad de Arte FEDA. Performance colectivo de estudiantes de artes plásticas, danza, teatro y música

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Los Wayuu son seres tejidos y que tejen en su territorio sus historias, inclusive en su camino a Jepira, el camino a los muertos, a lo invisible y a ciertos sueños. Sobre los senderos de lo onírico, me dice George:

“Los sueños para mí tienen algo muy sagrado; tienen que ver con algo que antes yo no creía o desconocía, pero que trato cada vez más de sentir y entender. Soy de las personas que he tendido a comprender y sueño con cosas que creo me dicen algo, son una alerta, un descubrimiento. Los sueños hoy día yo los atesoro, y busco asesoría en una maestra Wayuu que vive cerca de casa y me dice que los sueños son mensajes, alertas, alegrías o situaciones que asoman posibilidades para descifrar realidades cósmicas. Yo le tengo respeto a ese mundo espiritual por ser tan valioso y simbólico. También existe el camino donde los muertos van a descansar y es Jepira; nosotros debemos seguir la ruta de nuestro propio sendero y ver hasta donde Maleiwa nos permite llegar”.  

Mientras escucho detenida y respetuosamente a George, pienso en Laura Anderson Barbatta, a quien conocí en los noventa trabajando en comunidades yanomami para su Yanomami Book Project (Owë Mamotima). De su “arte social”, como ella misma lo denomina, se desprenden otros acercamientos, intervenciones y colaboraciones entre pueblos aborígenes, rurales, campesinos y cultores, proyectos donde inclusive la artista conecta el tema de la transgresión y el artivismo con los zanqueros de México y las Antillas, entre otros pueblos. Ella llama a todo eso transcomunalidad

En su acercamiento al mundo yanomami, Laura ha apoyado al valioso artista yanomami Sheroanawe Hakihiiwe, cuya obra ha sido premiada y ya recorre el mundo.

George Lavarca, Montaña de Agua, 2019, alambres, hilos, clavos, 120 x 120 cm. Cortesía del artista
George Lavarca, Fragmento tejido, 2019, alambre tejido, 80 x 50 x 14 cm. Expuesto en Salón de Artistas Noveles Rotary, Edición XXXI, Valencia – Carabobo, Venezuela. Cortesía del artista

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En el mundo Wayuu existen tejidos que van más allá de su cultura, tan transformada y a veces enajenada. Los Wayuu se enfrentan hoy día a una red de intereses en territorios cercanos a la Guajira, como el tráfico binacional de gasolina, drogas o productos alimenticios, el militarismo corrupto y la presencia de bandas armadas irregulares.

El ser Wayuu es un ser tejido”, dice Lavarca, una reflexión que el crítico de arte venezolano José Gregorio Noroño nos amplía: “Ciertamente el cuerpo humano, biológicamente, está constituido por una variedad de tejidos, aunque ‘el ser tejido’ al que se refiere Lavarca tiene un sentido más espiritual; alude al espíritu de una cultura”.

George Lavarca, Sin título, 2019, instalación con tela y nylon en MACZUL (Museo de Arte Contemporáneo del Zulia), Venezuela. Cortesía del artista
George Lavarca, Líneas frías, de la serie «Identidad», 2018, instalación con tela y nylon. Muestra «Latente», Arte Emergente Venezolano, Caracas. Cortesía del artista

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Con este joven Walekerü he conversado mucho sobre las posibilidades de apoyo al arte, becas, estímulos y demás utopías (enmarañadas entre distopías y el caos actual pandémico). Hoy, son temas difíciles de manejar y digerir en un país tan fragmentado, desestructurado, violento y violentado a diario. Y, aun así, intentamos seguir transitando el sendero de la creación y co-creación permanente, continuada, extensa, híbrida, re-construida, multiversa, resiliente. En una de nuestras charlas le pregunté quién le había puesto como nombre George. Él me respondió:

“Cuando me presentan en Laberinto, por los lados de La Paz (más allá de La Concepción) en el Estado Zulia, mi nombre queda en la cédula como Gorge Jesús Lavarca Fernández, porque quien transcribía los documentos se comió la letra “e”. Mi tío, que había estudiado en la Universidad, planteó que me nombraran George. Aunque de pequeño siempre me decían Gorgi. Además, mi apellido igualmente fue escrito mal desde que registraron a mi abuelo, pues debían escribirle su apellido Labarca con “b”, y quedó con “v”, Lavarca”.

George Lavarca, Fragmentos de Paisajes, 2020, dibujo sobre papel, hilo. Cortesía del artista
George Lavarca, de la serie «Fragmentos», alambre tejido. Cortesía del artista

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Sigamos el sendero del laberinto tejido, del bordado sin miedo, de la casa del caracol -en espiral- que, transfigurado desde el símbolo y signo de Walekerü, toma la aguja de la historia para hacer del todo su narración futura.  


Referencias

Entrevista personal a George Lavarca Fernández, 10 de agosto, 2021, Caracas.

Bibliográficas:

Paz Ipuana, Ramón. Instituto Agrario Nacional IAN, “Mitos, Leyendas y Cuentos Goajiros”. Caracas, 1976,

Virtuales:

https://artishockrevista.com/2019/03/04/sheroanawe-hakihiiwe-arco-illy/
https://www.coleccioncisneros.org/es/content/laura-anderson-barbata-habla-sobre-su-obra
https://elestimulo.com/climax/george-lavarca-mi-gran-referente-es-mi-abuela-tejedora-wayuu/?fbclid=IwAR3loi09fTrZ1_2VKRFpLnbx6RvNr0b_P1oHkg8ewC078BTpWbB9rnKCEk8
https://jgnorono.wordpress.com/2021/07/26/george-lavarca-reinterpretacion-del-tejido-wayuu/
https://www.latercera.com/noticia/la-irreverente-obra-de-joseph-beuys-el-chaman-del-arte-aterriza-en-chile/).
https://www.lauraandersonbarbata.com/
https://www.thewynwoodtimes.com/george-lavarca-artista-entrevista/

Ender Rodríguez

Nace en San Cristóbal, Venezuela, en 1972. “Creactivador”, escritor y artista multidisciplinario. Licenciado en Educación Integral (UNA, 2006). Ha publicado, entre otros libros, “Cantos del origen” (2001, CONAC); “Creactivo I. Apuntes sobre arte y creatividad” (Bariquía, 2007); “Rabo de Pez. Nuevos idiomas en la creación” (formato e-book, FEUNET, 2014), “Entrecruzamientos” (EAE - Editorial Académica Española, 2015); y “Creactivo II. Guía Visual” (Amazon, 2017). Publica además de forma independiente en plataformas como Scribd, Academia.edu, ISSUU y en la página web de la Universidad de Los Andes (Venezuela), SABERULA, sobre temas entre arte, pedagogía y sociedad. Sus obras visuales las ha expuesto en países entre América y Europa, y en Singapur.

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