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TRANSBORDAR: TRANSGRESIONES DEL BORDADO EN EL ARTE

Transbordar: Transgressões do Bordado na Arte [Transbordar: Transgresiones del bordado en el arte] es una amplia e inédita exposición de obras históricas y contemporáneas, en su mayoría realizadas en Brasil, que reflexionan sobre el lugar que ha ocupado el bordado en el arte durante los siglos XX y XXI. Curada por Ana Paula Cavalcanti Simioni para Sesc Pinheiros, la muestra reúne a 39 artistas de diferentes generaciones y aproximaciones, como Ana Bella Geiger, Arthur Bispo do Rosário, Sonia Gomes, Nazareno Rodrigues, Nazareth Pacheco, Rosana Paulino, Regina Vater, Teresa Margolles y Zuzu Angel.

Sus obras subvierten los sentidos de ‘sensibilidad’, ‘delicadeza’ y ‘feminidad’ tradicionalmente atribuidos a esta práctica. Por otro lado, la curaduría se propone revisar la narrativa histórica oficial del bordado, toda vez que, al igual que otras prácticas artísticas, como la elaboración de tapices, vitrales y mobiliario, fue relegado por el circuito académico de la Europa del siglo XVI a la condición de “arte menor”, al contrario de lo que sucedió con la pintura y la escultura, denotadas como «bellas artes».

La exposición cuestiona la noción de bordado como ‘ornamento inútil’ o poco funcional, en un intento por borrar los límites existentes entre arte y artesanía, entre artista y artesano, entre “el artista” (en masculino, singular) y “las amas de casa” (en femenino y plural), a través de trabajos que incitan a pensar en los diferentes tipos de violencia extendidos en la sociedad contemporánea, ya sea de género, racial, contra las personas LGBT, contra la niñez y la juventud, contra el movimiento antiasilo o la gordofobia, en definitiva, contra aquellos cuerpos que no se ajustan a los estándares normativos impuestos socialmente.

Para la curadora, “el bordado es una práctica artística llena de significado. Generalmente se asocia con la producción femenina, doméstica y artesanal. Sin embargo, estas asociaciones no deben verse como algo natural, sino como el resultado de una historia del arte y la cultura que se construyó a partir de divisiones y jerarquías que, hoy, necesitan y pueden ser cuestionadas”.

Transbordar: Transgressões do Bordado na Arte, en Sesc Pinheiros, São Paulo, 2020-2021. Foto: Kazuo Kajihara
Transbordar: Transgressões do Bordado na Arte, en Sesc Pinheiros, São Paulo, 2020-2021. Foto: Kazuo Kajihara
Transbordar: Transgressões do Bordado na Arte, en Sesc Pinheiros, São Paulo, 2020-2021. Foto: Kazuo Kajihara

La exposición se estructura a partir de dos módulos: Artificando el Bordado y Transbordamentos. En torno a ellos se agrupan unas 100 obras dispuestas en el espacio expositivo de manera histórica y temática.

Artificando el bordado reúne obras de artistas pioneros en el uso de modalidades textiles dentro del sistema artístico, o que fueron parte de un proceso de transgresión de jerarquías artísticas que se inició en Europa al final del siglo XIX, y que fue acogido por varios movimientos de vanguardia en América Latina.

En este sentido, destacan las Arpilleras, una técnica chilena utilizada principalmente por las mujeres durante el período dictatorial como forma de denuncia y resistencia. “El carácter íntimo del bordado toma aquí un giro con el sentido social que portan estas obras. Esto se debe a que retoman tradiciones de conocimientos colectivos y anónimos para ser apropiados y transformados”, explica Cavalcanti Simioni, quien desde el año 2000 se ha dedicado al estudio de la relaciones entre arte y género en Brasil. “Estos recuerdos, individuales y grupales, se cosen o, como dice la artista Rosana Paulino, se ‘suturan’. Se trata de obras que transbordan las jerarquías, las fronteras a las que históricamente se ha limitado esta práctica. En cada una de estas piezas, el bordado demuestra su potencia para cautivar y perturbar, seducir y concientizar”.

En Brasil, la dictadura que comenzó con el golpe de estado de 1964 también generó reacciones de varios artistas, pero el bordado fue menos frecuente en este país que en Chile. Aun así, artistas como Anna Bella Geiger (1933), Paulo Bruscky (1949) y Regina Vater (1943), presentes en la exposición, muestran en sus obras una aguda conciencia crítica sobre el modo en que las relaciones imperialistas, especialmente entre las Américas del Norte y del Sur, se impusieron a Brasil. Y es justamente en Estados Unidos, más precisamente en el consulado brasileño en Nueva York, donde la afamada diseñadora brasileña Zuzu Angel (1921-1976) realizó, en 1971, un desfile de protesta. Motivada por su propia historia y su posición política, en sus vestidos bordaba armas, tanques, hombres uniformados, pájaros enjaulados y bombas como forma de exigir una respuesta de las autoridades respecto a la detención y muerte de su hijo.

En esta sección también se presenta el ya legendario video Marca registrada (1975), de Letícia Parente (1930-1991), donde aparece bordando la expresión Made in Brazil en la planta de su pie. Al respecto, Cavalcanti Simioni escribe: “El cuerpo convertido en cosa, una cosa producida en un lugar específico, en un país específico; cuerpo marcado como mercancía patentada, en una obra que permite diferentes interpretaciones sobre la violencia política, simbólica y de género”.

Lo que evidencian todos estos trabajos es que el uso político del bordado en América Latina fue profundo y denso, aunque con connotaciones relativamente diferentes a las que estimularon la producción feminista que se desarrolló en los países “centrales”. La dictadura y el imperialismo parecen haber sido las agendas más urgentes de los artistas del sur.

Transbordar: Transgressões do Bordado na Arte, en Sesc Pinheiros, São Paulo, 2020-2021. Foto: Kazuo Kajihara
Rosana Paulino, obra de la serie Bastidores, 1997. Cortesía de la artista

“Las preguntas relacionadas con mi condición de mujer y mujer negra siempre me han tocado. Mirarme en el espejo y ubicarme en un mundo que muchas veces tiene prejuicios y es hostil es un desafío diario. Aceptar las reglas impuestas por un estándar de belleza o comportamiento que trae muchos prejuicios, velados o no, o discutir estos estándares… esa es la cuestión. La elección y uso de objetos del dominio casi exclusivo de las mujeres, como telas e hilos, tiene el carácter de reforzar los temas que se discuten en mi obra”.

Rosana Paulino

Letícia Parente, Marca Registrada, 1975. Cortesía de la familia de la artista y Galeria Jaqueline Martins
Transbordar: Transgressões do Bordado na Arte, en Sesc Pinheiros, São Paulo, 2020-2021. Foto: Kazuo Kajihara

El segundo módulo de la exposición presenta un panorama indicativo de la excelencia que caracteriza el uso del bordado en una parte de la producción artística contemporánea, especialmente en Brasil. A partir de finales de la década de 1980, este proceso adquirió una vitalidad extraordinaria, situación que se atribuye a la gran influencia ejercida por el artista negro, autodidacta, humilde y recluido por 50 años en instituciones psiquiátricas Arthur Bispo do Rosário (1911-1989). O lo que la curadora Lisette Lagnado ha acuñado como “el efecto Bispo”.

A lo largo de sus períodos de encierro, Bispo do Rosário produjo unas 500 “obras” (término entre comillas, según la curadora de esta exposición, ya que él nunca se vio a sí mismo como un artista; más bien, creía que cumplía una misión divina que lo compelía a clasificar todas las cosas del mundo”. Bispo do Rosário conjuga, así, todas las artistas sobre las que esta muestra especula y cuestiona respecto al posicionamiento del bordado dentro de los grandes discursos de la historia (y no solo de la historia del arte).

“Aunque la incorporación de Bispo al sistema artístico es algo controvertida, una cosa es indiscutible: estas exposiciones de sus obras impactaron a una generación de artistas que surgió entre finales de los 80 y principios de la década siguiente”, afirma la curadora, entre ellos Leonilson (1957-1993), Lia Menna Barreto (1959), Edith Derdyk (1955) y la chilena asentada en Brasil, Pola Fernández (1958).

Las “dobladuras” que amarran tradiciones (eruditas y populares; nacionales e internacionales), que cosen memorias colectivas e individuales atravesadas por cuestiones de raza y género y que son constitutivas de la historia de Brasil, se pueden leer en las obras de Niobe Xandó (1915-2010), Sonia Gomes (1948), Janaina Barros (1979), Ju Bernardo (Jucélia da Silva) y Rosana Paulino (1967).

También se incluyen aquí las obras de Nazareth Pacheco, Rosana Palazyan, Beth Moysés, Brígida Baltar, Nara Amélia y Jeanete Musatti. En ellas, los materiales nos seducen por el brillo de los tejidos, de los metales, abalorios, perlas y encajes, o por bordados cuidadosamente elaborados.

Angela Od, Lavanda é a cor mais livre 3, 2019. Cortesía de la artista

Un aspecto notable de la muestra es la incorporación de artistas hombres, para rebatir la idea generalizada –el estereotipo- de que el bordado es solo cuestión de mujeres. Como dice la curadora en su ensayo para el catálogo de la exposición, “el acto de bordar, en manos masculinas, es en sí mismo transgresor”. Se exhiben de este modo obras de Rodrigo Mogiz, Rick Rodrigues, Fábio Carvalho, Nazareno Rodrigues, Fernando Marques Penteado, Rodrigo Lopes, Pedro Luis, Nino Cais y Paulo Lima Buenoz, donde el bordado se convierte en una práctica que transgrede los atributos de género naturalizados en la historia del arte. De hecho, una búsqueda de Google con la frase “hombres que bordan” arroja resultados insospechados para muchos.

Cuestionar la feminidad “natural” del bordado es un impulso que atraviesa toda la exposición. Los trabajos de Angela Od, Ana Miguel, Teresa Margolles, Rosângela Rennó, Sol Casal, Caroline Valansi y Karen Dolorez invitan, a través de soluciones muy diferentes entre sí, a repensar este asunto, al explotar la idea misma de un sujeto femenino único, estable, conforme a las expectativas sociales. Sus trabajos, además, traspasan límites y fronteras entre tipologías de medios.

Algo a destacar, según la curadora, es que “la escala de algunas de estas obras va más allá incluso del espacio expositivo de los museos, llevando el bordado a las calles. Este carácter ‘artivista’ desafía claramente cualquier mitología asociada a la docilidad, la feminidad y la domesticidad ‘naturales’ del acto de bordar”.

A partir de diversas poéticas y técnicas, los y las artistas y obras reunidos en Transbordar: Transgressões do Bordado na Arte muestran cómo el bordado, antes visto como dócil y domesticador, fue apropiado, politizado, desestabilizado. El bordado transbordó las jerarquías, identidades y fronteras que le fueron impuestas histórica y socialmente.


*Texto elaborado a partir de material de prensa y ensayos incluidos en el catálogo de Transbordar: Transgressões do Bordado na Arte. Gentileza: Sesc Pinheiros.

Transbordar: Transgressões do Bordado na Arte, en Sesc Pinheiros, São Paulo, 2020-2021. Foto: Kazuo Kajihara

Transbordar: Transgressões do Bordado na Arte [Transbordar: Transgresiones del bordado en el arte] se podrá ver en el Sesc Pinheiros hasta el 8 de mayo de 2021.

Aldo Bonadei, Anna Bella Geiger, Ana Miguel, AngelaOD, Arpilleras, Beth Moysés, Bispo do Rosário, Brígida Baltar, Caroline Valansi, Edith Derdyk, Fábio Carvalho, Fernando Marques Penteado, Janaina Barros, JeaneteMusatti, Jucélia da Silva, Karen Dolorez, Leonilson, Letícia Parente, Lia Menna Barreto, Nara Amélia, Nazareno Rodrigues, Nazareth Pacheco, Nino Cais, NiobeXandó, Paulo Lima Buenoz, Pedro Luis, Pola Fernández, Regina Gomide Graz, Regina Vater, Rick Rodrigues, Rodrigo Lopes, Rodrigo Mogiz, Rosana Palazyan, Rosana Paulino, Rosângela Rennó, Sol Casal, Sonia Gomes, Teresa Margolles, Zuzu Angel.

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