GABRIELA CARMONA SLIER: CUANDO EL SONIDO DEL MAR SE DETUVO
El Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA) presenta Cuando el sonido del mar se detuvo, la más reciente exposición de Gabriela Carmona Slier (Santiago, 1980), en la que la artista indaga en el cuerpo, la memoria y el dolor desde una mirada tanto personal como colectiva. La muestra se articula en torno a la videoperformance homónima, realizada en 2021, y se complementa con una serie de piezas textiles, objetos, fotografías y dibujos inéditos que reflexionan sobre la pérdida, la desaparición forzada y la sanación.
Carmona utiliza diversos medios para abordar temas como la corporalidad, la memoria del cuerpo y la construcción subjetiva de su biografía. Su trabajo performático, íntimo y visceral, se convierte en una invocación al sufrimiento colectivo y a la experiencia de la violencia estructural. A través de su arte, la artista conecta su propio dolor con el dolor social del país, estableciendo un puente entre lo personal y lo político. En esta exposición, Carmona refleja especialmente el impacto de la dictadura civil-militar de Chile, cuyas huellas perduran en la memoria colectiva, marcadas por las muertes y desapariciones forzadas, y cuya resonancia sigue vigente en la sociedad contemporánea.
“La presencia del mar es simbólica y tiene un carácter ambivalente. Por un lado, es testigo de este suceso macabro, un contenedor silencioso de los cuerpos arrojados a sus profundidades; por otro, el mar se presenta como un gran espacio de tregua, de sanación, un consuelo que calma nuestras almas frente al sufrimiento del que somos parte como sociedad y humanidad, en el ciclo eterno de la vida y la muerte”, comenta la artista.



El proyecto se alimenta de una acción previa de 2020, en la que Carmona, movilizada por las palabras de Ana González, histórica defensora de los derechos humanos, creó un manto textil con ropa donada por mujeres que, en un acto de solidaridad, compartieron sus historias de sufrimiento. Este manto fue llevado a la orilla del mar, como un ritual que unió las memorias de las mujeres con el océano, que simboliza tanto el lugar de las desapariciones como un espacio de sanación.
La videoperformance exhibida en la sala principal muestra a Carmona realizando gestos expiatorios, en los que su cuerpo se erige como el protagonista central de la acción. Un riel de ferrocarril, grabado con la frase “No vas a volver”, acompaña la proyección, evocando los cuerpos arrojados al mar durante la dictadura. Mientras tanto, en el video, la artista arrastra un manto rojo por la playa en completo silencio. Esta acción establece un diálogo simbólico entre la vida y la muerte, donde el océano, al igual que la memoria, se convierte en testigo de la violencia, pero también de la sanación y la resistencia.




Complementando la videoperformance, se exhibe una serie de piezas textiles que la artista denomina encarnapieles, las cuales parecen cuerpos vacíos. Estas obras, creadas a partir de las telas donadas durante la acción performativa, se presentan como formas que evocan ausencias, al tiempo que remiten a abrigos que buscan consolar, cubrir el dolor y, al mismo tiempo, preservar la memoria.
“Son pieles vacías de cuerpos que no sabemos dónde están. Es como abrir un canal hacia el cielo, un umbral para no olvidar, hacer un duelo y crear ritos que expíen el dolor”, reflexiona la artista. Las piezas, que incluyen frases escritas tanto por las mujeres que donaron las telas como por la propia artista, dan cuenta de sus historias. De este modo, no solo se evidencian sus testimonios, sino que también se genera un espacio de sanación.
Mediante estos encarnapieles y la imagen del mar, la exposición se convierte en una suerte de antimonumento que subraya la necesidad de no olvidar y de hacer de la memoria un espacio activo de reflexión y sanación. Una poderosa declaración sobre cómo el arte puede erigirse como un vehículo de reparación social, un espacio para la catarsis y el reconocimiento del sufrimiento de las generaciones pasadas, mientras se abre la posibilidad de una reconstrucción simbólica.
“En esta subjetividad política de las mujeres, en la feminización de la muerte y la expresión del sufrimiento, anclada en los procesos sociales de narración y producción discursiva, se ejerce y manifiesta el verbo desatado, la práctica doliente del cuerpo y, finalmente, se manifiesta la acción cuidadora y reparadora de la comunidad”, dice Gloria Cortés Aliaga en el texto que acompaña la exposición.

La exposición se presenta hasta el 27 de abril de 2025 en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA), República 475, Santiago de Chile.
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