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EL FUTURO ES INDÍGENA. VISIONES Y LUCHAS DE LA AMAZONÍA

Tiempo de lectura: 12 minutos


Vista de la exposición El futuro es indígena. Visiones y luchas de la Amazonía. Entrada a la instalación Neón Chicha. Museo de las Culturas de Colonia, Alemania, 2026. Foto cortesía del Rautenstrauch-Joest-Museum.

En agosto del año pasado fui invitado por el Museo de las Culturas de la ciudad de Colonia (Rautenstrauch-Joest-Museum)[1] para curar una serie de intervenciones artísticas que dialogaran críticamente con la polémica exhibición de Sebastião Salgado, Amazônia. Canto de cisne del gran fotógrafo brasileño, este ambicioso proyecto que registra, de una manera edénica, la Amazonía “virgen y no contaminada” de reservas naturales y pueblos “no contactados”, ha recibido críticas por esencializarla en una especie de retorno a la mirada decimonónica de exploradores y fotógrafos europeos que “descubrían” un mundo “diferente” al de occidente.

Y es que, a pesar de la belleza formal de las imágenes de Salgado, encontramos también un congelamiento idealizado de indígenas performándose a sí mismos semidesnudos en bosques y ríos, donde el tiempo y la historia se encuentran detenidos. El control y disciplinamiento visual de Salgado orientaliza inclusive las sexualidades de indígenas púberes que se encuentran recostadas en hamacas y palmas en posiciones que hacen recordar las pinturas de huríes y harenes del arte del siglo XIX.

Parece contradictorio que esta mirada tan masculina y occidentalizada haya sido también parte de un compromiso ecológico real del propio Salgado con la preservación y reforestación de esos mismos bosques y de la reinvindicación de los derechos de esas poblaciones nativas. Son las paradojas de un gran artista enamorado de su propio trabajo documentalista, pero a la vez de la tradición más esteticista de la fotografía occidental.

Izq: Yara Ashaninka, Tierra Indígena Kampa do Río Amônia, estado de Acre, Brasil, 2016. © Sebastião Salgado | Der: Natália Tupi (Ancestralidade Visual), Jaraguá, Tekoa Pyau, 2020.

Bajo el lema de The Future is Indigenous. Amazonian Visions and Struggles (El futuro es indígena. Visiones y luchas de la Amazonía), concebida inicialmente en paralelo a la exhibición de Salgado y extendida ahora hasta fines de año, lo que se propuso fue poner de revés esa mirada: en vez de la Amazonía virgen del pasado, la de su presente urbanizado; en vez de pueblos indígenas no contactados, aquellos que han hibridizado y creado sus propias modernidades; en vez de la visión en blanco y negro del gran artista internacional, la multicolor de los propios fotógrafos indígenas.

Una Amazonía igualmente bella, pero desnuda en sus problemáticas y en sus amenazas causadas por el extractivismo, la pobreza y la neocolonización. De esa manera, deconstruyendo e invirtiendo el legado de Salgado, propusimos no una sino muchas miradas, donde lo que más importaba no era la representación identitaria sino la relación pluriversal, donde los binarismos de indígena/occidental, rural/urbano se quebraran para dialogar y establecer conexiones que exploraran en el presente ancestral esos futuros aún posibles.

A través de la fotografía, el video, la pintura, el bordado y el arte del cartel planteamos una contra museografía con artistas de distintas procedencias, ampliando la idea de lo “indígena” para presentarlo no como una esencia ni un dogma identitario sino como un abanico de diversidades, relaciones e ideas en común.

En ese sentido, las intervenciones de fotógrafos indígenas y amazónicos brasileños fueron esenciales para este discurso visual crítico pero dialogante. Creo que el audiovisual, el cine y la fotografía brasileña indígena han logrado un nivel muy alto de calidad e importancia, de forma y contenido, que lo coloca a la vanguardia de este tipo de arte en Latinoamérica.

Gê Viana, de la serie Paridade, 2019, fotografía y fotomontaje. Primera capa: Nelson Lópes Sol; Segunda capa: D. Tilkin Gallois (aldea de Taitetuwa, 1991). Fotografía de Louis Herman Heller.

Quiero destacar la presencia de Gê Viana, nacida en un pequeño poblado pluriétnico de la Amazonía brasileña, y quien ha recibido los premios más importantes de arte contemporáneo de su país. Orgullosa de sus raíces afro indígenas, su obra rastrea y cuestiona los archivos de las imágenes coloniales, sobre todo aquellas vinculadas a la esclavitud de los pueblos afrobasileños y la marginación de sus poblaciones nativas. Para su intervención seleccionamos dos collages de su serie Paridade, donde la artista yuxtapone la imagen de un indígena del pasado colonial con el retrato en el presente de una persona de raíces originarias mixturadas.

También resalta la obra de Natália Tupi, fotógrafa, pedagoga y cineasta indígena que retrata las luchas de los diversos pueblos de la Amazonía brasileña y de su vibrante cultura indígena urbana. De igual manera, la del cineasta, fotógrafo y curador amazónico Rodrigo Duarte, quien documenta los múltiples movimientos indígenas de resistencia y explora las problemáticas que más amenazan a sus ecosistemas.

Paulo Desana, Gilda da Silva Barreto (de la serie Pamürɨmasa [os Espíritos da Transformação]). Cortesía del artista

Finalmente, la de Paulo Desana, quien es un fotógrafo y realizador audiovisual originario que ha encontrado su propio camino entre lo moderno y lo ancestral, combinando la luz de neón y los patrones tradicionales de diversos pueblos indígenas brasileños. Desana ha desarrollado una forma poética de futurismo tribal que traduce las cosmologías indígenas en estética contemporánea.

El trabajo de Paulo me permitió realizar un paralelo con la gráfica chicha peruana, cuyo uso de neones y fosforescencias tiene su origen, igualmente ancestral y moderno, en las vestimentas rurales e indígenas del sur andino. Los artistas migrantes y pop/ulares se apropiaron de esa estética y llenaron de color con sus carteles las ciudades de todo el Perú. De esta forma, “lo chicha” es también la resistencia y la presencia de lo indígena y lo rural en la urbe contemporánea.

Vista de la instalación Neón Chicha. Museo de las Culturas de Colonia, Alemania, 2026. Foto cortesía del Rautenstrauch-Joest-Museum.
Vista de la instalación Neón Chicha. Museo de las Culturas de Colonia, Alemania, 2026. Foto: Mara Kölmel

Para rendir homenaje a esta estética transcolonial y canibalista montamos la instalación Neón Chicha[2] dentro de un box metálico de 12 x 8 metros, que llenamos de carteles fosforescentes y luces neón con cumbia y pandillas amazónicas a todo volumen. El box fue rodeado en el exterior por las fotografías de Desana, para establecer este diálogo/relación entre culturas amazónicas y andinas.

También en las intervenciones se encontraba la videoinstalación Antítesis de la manigua, del documentalista amazónico colombiano Andrés Cardona[3], que mediante dos proyecciones en paralelo nos revelaba cómo los bosques y los seres amazónicos son constantemente amenazados por el llamado «progreso humano». Los artistas colombianos Camilo Pachón y Camilo Sandoval, desde el grafiti y el textil, crearon conexiones entre la diáspora en Europa y la región amazónica, entre el arte contemporáneo y las visiones indígenas.

Al final de todas estas intervenciones en la colección permanente, llegamos al espacio expositivo más amplio, dedicado a Olinda Silvano, y que hemos llamado Nii Kené (Bosque de diseños). Aquí nos adentramos en una instalación inmersiva, un bosque de diseños, de plantas y árboles de conocimiento y belleza, donde los distintos soportes, como muralización, lienzo y bordado nos muestran la diversidad del kené y la maestría que ha logrado Silvano en esta práctica de herencia colectiva. Porque crear kené es también una manera para las mujeres shipibas de decir nosotras; es comunidad y es trabajo, es política del buen vivir y ecología, una resistencia que busca embellecer y transformar la vida del individuo que se adentra en sus geometrías y visiones[4].

El futuro es indígena tuvo una inauguración masiva y un público permanente, quizás porque ha sido la primera vez que se exhibía tanta diversidad de arte amazónico contemporáneo en un museo de Alemania[5]. A lo largo de estos meses también se ha dado un extendido programa educativo[6], de charlas de artistas y difusión que ha hecho de esta una experiencia que podría extenderse a otros espacios.

Olinda Silvano, Nii Kené (Bosque de diseños). Vista de la instalación en el Museo de las Culturas de Colonia, Alemania, 2026. Foto cortesía del Rautenstrauch-Joest-Museum.

Olinda Silvano, Nii Kené (Bosque de diseños). Vista de la instalación en el Museo de las Culturas de Colonia, Alemania, 2026. Foto: Aliza Yanes.

Antes de la inauguración escribí este texto curatorial que reflexiona sobre ese futuro ancestral que es parte del poderoso porvenir que nos ha comenzado a mostrar el arte indígena amazónico contemporáneo:

El concepto de «indígena» fue una invención de Occidente. Era una forma de crear un «gran otro» que permitía exotizar/colonizar a poblaciones enteras. Pero desde el siglo XX y el comienzo del nuevo milenio, varios pueblos nativos han optado por utilizar el término «indígena» como arma para reclamar «derechos universales»: salud, vivienda, educación, pero también identidad, territorio, lengua, formas de vida y conocimientos ancestrales.

«Indígena» es una diversidad compleja y contradictoria, aunque también hay algunos puntos en común entre sus muchas formas de sabiduría: por un lado, es una «economía moral» en la que lo más importante es el trabajo colectivo y la solidaridad distributiva, valorando los bienes más por su uso real que por su valor de cambio. Por otro lado, es una «moralidad ecológica», una cosmovisión de profundo respeto por la naturaleza y una práctica de equilibrio y coexistencia dentro de ella.

Si queremos sobrevivir como especie, el conocimiento indígena es más necesario que nunca. La etimología de «indígena» puede leerse como «nacido de la tierra» y, en ese sentido, «el futuro es indígena» y «todos somos nativos». Porque todos debemos sentir que venimos de un lugar que nos es común a todos, del mismo planeta, de la misma tierra.

De todos los lugares del mundo, la Amazonía es cada vez más importante para el futuro de la humanidad. Como la selva tropical más grande del planeta, contiene casi el 40% de las reservas de carbono del mundo, así como miles de especies animales y vegetales cuyas propiedades medicinales podrían cambiar nuestro destino. Pero también es uno de los lugares más amenazados, especialmente por las empresas extractivas del Norte Global que necesitan alimentar un sistema que nos está llevando al colapso ecológico.

Intervención de Camilo Pachón y Camilo Sandoval en la exposición El futuro es indígena. Visiones y luchas de la Amazonía. Museo de las Culturas de Colonia, Alemania, 2026. Foto: Mara Kölmel

La exposición de Salgado nos muestra una Amazonía original, con reservas naturales y poblaciones nativas protegidas en un estado casi edénico de impresionante belleza. Por lo tanto, creemos que es necesario narrar también la Amazonía desde un presente en el que el 75% de su población vive en grandes ciudades, donde las poblaciones indígenas conviven con lo bueno y lo malo de la modernidad, y donde diversas formas de extractivismo son un peligro constante. Porque, como dijo el líder indígena Evaristo Nugkuak: «La Amazonía que ahora arde es nuestra vida».

Las fotografías, los videos, las instalaciones y las obras de arte pueden mostrarnos la Amazonía que lucha cada día por su supervivencia. Estamos orgullosos de presentar la primera exposición individual en un museo europeo de la artista y líder indígena Olinda Silvano. Níi Kené (Bosque de Kené) es una muestra de la creatividad de las mujeres amazónicas del pueblo Shipibo-Conibo. Sin duda, el diseño Kené es uno de los más bellos y complejos de toda la Amazonía, además de estar profundamente conectado con el conocimiento ancestral de sus bosques y plantas medicinales.

A pesar de las guerras, las injusticias económicas y las diversas formas de violencia que azotan al mundo, todavía es posible imaginar un futuro distinto al del «progreso» tal y como lo ha entendido Occidente. Walter Benjamin lo imagina como un «Jetztzeit», un «tiempo ahora» en el que «la meta es el origen». La cultura aymara piensa algo similar con la frase «Quipnayra uñtasis samaqapxañan» (caminando con el futuro detrás de nosotros y el pasado delante). Mirar al futuro de forma ancestral, desde sus orígenes, desde una perspectiva indígena, es una forma de esperanza cuya chispa aún podemos encender.


[1] El RJM es un museo del mundo, o como se decía antes, “etnológico”, con una mirada muy atenta al arte contemporáneo. Su directora, Nanette Snoep también ha sido una de las promotoras de la decolonización de los museos y de las restituciones, incluso antes que el Humboldt Forum pusiera el tema sobre el tapete (aunque en el presente el gobierno conservador alemán esté recortando presupuesto a este tipo de propuestas). Agradezco la invitación a colaborar, a su directora y a todo el maravilloso equipo del museo por el trabajo en conjunto que realizamos.

[2] Esta versión de Neón Chicha se realizó solo con serigrafías del colectivo Chicha Ads, en el que colaboro con los artistas Pedro Rojas “Monky”, Yefferson Huamán y Edinson Urcuhuaranga.

[3] La instalación de Cardona ya se había mostrado en la exhibición Amazonía. El futuro ancestral, curada por Claudi Carreras, con quien Andrés colabora constantemente.

[4] En la parte exterior de la sala dedicada Olinda se encontraba la video instalación de Rodo Arrascue Kené Conexiones, que también había sido parte de Koshi Kené (2024)

[5] La próxima gran exposición sobre Amazonía se realizará en la ciudad vecina de Bonn con la llegada de la exhibición Amazonía, que estuvo en 2025 en el Quai Branly.

[6] Aquí debo mencionar la labor constante del departamento educativo y de mediación del museo, especialmente Fabiola Arellano, quien fue la que propuso la posibilidad de esta curaduría a la dirección de la institución.

Alfredo Villar

Lima, Perú, 1971. Estudió Lingüística y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú e Historia del Arte en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha sido becario de la fundación Rockefeller para investigar el conflicto armado interno y realizar el guión de la novela gráfica Rupay. Ha publicado distintos libros y realizado diversas exposiciones de arte amazónico como “El milagro verde” (junto a Christian Bendayán) y “Usko Ayar: la escuela de las visiones”. Asimismo, como investigador del arte popular chicha, ha presentado las muestras “A mí qué chicha”, “Neón Chicha”, “Chicha Land” (Berlín) y “El pueblo es una nostalgia que algún día vencerá” del fotógrafo vernacular Nicolás Torres. Además, ha curado muestras de historieta, humor gráfico y dibujo como “Bumm! historieta y humor gráfico en el Perú: 1978-1992” y “La niña no mirada” (junto a Jorge Villacorta) de la pionera del arte feminista en el Perú Marisa Godínez. El 2022 realizó la muestra “Yuyay Lima” donde reunió artistas populares amazónicos, andinos y urbanos, como Olinda Silvano con quien actualmente trabaja el proyecto “Koshi Kené”. Es también escritor y DJ.

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