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VISIONES CHAMÁNICAS: ARTES DE LA AYAHUASCA EN LA AMAZONÍA PERUANA

La exposición Visions chamaniques. Arts de l’ayahuasca en Amazonie péruvienne [Visiones chamánicas: Artes de la ayahuasca en la Amazonía peruana], presentada entre el 14 de noviembre de 2023 y el 26 de mayo de 2024 en el musée du quai Branly – Jacques Chirac (París), explora cuestiones contemporáneas vinculadas a la relación entre imágenes alucinógenas y producción iconográfica, utilizando la ayahuasca como caso de estudio.

Curada por el antropólogo David Dupuis, con la asistencia de la historiadora del arte Elise Grandgeorge, esta ambiciosa muestra profundiza, de manera inédita en el contexto europeo, en las artes y los orígenes de la ayahuasca, la génesis de la pintura visionaria en la Amazonía peruana y el surgimiento del turismo chamánico.

Mediante la presentación de producciones iconográficas inspiradas en la ayahuasca a la luz de sus usos sociales y sus dinámicas de circulación intercultural, la curaduría cuestiona el fenómeno del turismo chamánico y el surgimiento de un arte visionario indígena ahora integrado en el mercado internacional del arte.

Jan Kounen, Ayahuasca (Kosmik Journey), 2019. Fotograma cortesía del artista.

Tradicionalmente ingerida en un contexto chamánico, principalmente con fines terapéuticos o adivinatorios, la ayahuasca induce “visiones” o alucinaciones usualmente consideradas entre las principales fuentes de inspiración para los artistas indígenas de la Amazonía peruana.

La exposición presenta un panorama de las diferentes formas en que estas “imágenes visionarias” generadas por la ayahuasca son representadas hoy en día. Desde la refinada iconografía geométrica de los Shipibo-Konibo hasta las producciones literarias de William S. Burroughs y Allen Ginsberg y las audiovisuales de Jan Kounen en los siglos XX y XXI, Visiones Chamánicas ofrece una verdadera inmersión en el arte bajo la influencia de esta sustancia.

La muestra invita a reflexionar sobre los usos sociales de estas imágenes, más allá de sus cualidades estéticas. Las drogas psicotrópicas se revelan aquí no sólo como vectores de inspiración artística, sino también como prácticas terapéuticas, de lucha política, de desarrollo personal y nuevas formas de religiosidad.

Vista de la exposición “Visiones chamánicas. Artes de Ayahuasca en la Amazonía Peruana” en el museo Quai Branly. Foto Léo Delafontaine/musée du quai Branly-Jacques Chirac
Jarra Shipibo-Konibo, Perú. Terracota pintada. Colección privada © Foto: Pauline Guyon, musée du quai Branly – Jacques Chirac

Según el curador David Dupuis, el término «visiones» es comúnmente utilizado por los consumidores de ayahuasca en la Amazonía peruana para describir sus experiencias. En este contexto, la exposición invita a «alejarnos del término ‘alucinógenas’, que habitualmente se utiliza para describir estas sustancias en nuestras sociedades y las asocia con una forma de ilusión perceptiva de carácter patológico.

Las experiencias visuales provocadas por la ayahuasca se valoran como vehículos de conocimiento y curación en las prácticas chamánicas de la región. Sin embargo, la globalización de esta sustancia plantea una serie de desafíos, especialmente para los pueblos indígenas de la Amazonía, quienes enfrentan significativas dificultades sociales y económicas en el contexto poscolonial de la región.

“La proliferación de centros chamánicos, instituciones que hoy en día acogen a una clientela internacional y que a menudo son fundadas por occidentales, plantea problemas en torno a la apropiación cultural de estas prácticas”, afirma el curador. “Algunos observadores ven esto como una degradación del chamanismo indígena ‘tradicional’, pero es importante tener en cuenta que el chamanismo en la Amazonía históricamente implica un intercambio intercultural”.

Si bien el surgimiento del “turismo chamánico” ha llevado a una especie de estandarización y, por lo tanto, empobrecimiento de las prácticas chamánicas, también ha revitalizado estas tradiciones, que hace unos años estaban al borde de la extinción en muchas comunidades indígenas, de acuerdo con Dupuis.

En este contexto, muchos miembros de estas comunidades han aprovechado el creciente interés internacional en la ayahuasca y las prácticas chamánicas con fines económicos, así como para la afirmación política y cultural.

Anderson Debernardi, Iniciación Chamánica, fecha desconocida. © Cortesía del artista.

La dimensión emocional de la experiencia con ayahuasca, y en particular el miedo que suscita también es central en ciertas prácticas rituales indígenas amazónicas. Mientras muchos occidentales utilizan la ayahuasca como una herramienta psicoterapéutica para obtener un conocimiento más profundo de sí mismos, el uso indígena de la ayahuasca busca el encuentro con una otredad no humana, como los espíritus de plantas o animales.

La práctica chamánica posee una rica dimensión sinestésica, donde la ingesta de ayahuasca desencadena una interacción entre percepciones visuales, auditivas, olfativas y táctiles, creando un entrelazamiento sensorial que se influye mutuamente.

“En nuestras sociedades, la dimensión visual suele adquirir mayor importancia en el abordaje de estas experiencias, a diferencia de las sociedades indígenas amazónicas, donde este aspecto no siempre es predominante», explica el curador. «Por ejemplo, muchos curanderos mestizos en la Amazonía peruana se refieren a la ayahuasca como ‘la purga’, ya que consideran que las propiedades eméticas de la bebida son esenciales para sus efectos terapéuticos».

Las alucinaciones auditivas, las “voces” que pueden escucharse con la ayahuasca y que contribuyen a establecer estas conexiones con los seres no humanos, desempeñan un papel al menos tan crucial como las visiones. “Bajo los efectos de la ayahuasca, es probable que se perciba el kené no solo visualmente, sino también táctil, olfativa o auditivamente”, explica Dupuis.

Sara Flores, Sin título (Maya Kené 2, 2022), 2022. Tintes vegetales sobre lienzo de algodón silvestre, 149,9 x 144,1 cm. The Shipibo-Conibo Center, Nueva York / White Cube Gallery, Londres. Cortesía de la artista © The Shipibo-Conibo Center

EL KENÉ SHIPIBO. UN ARTE VISIONARIO INDÍGENA DE LA AMAZONIA PERUANA

El término kené, que significa «dibujo» en lengua Shipibo-Konibo, se refiere a los patrones geométricos característicos de las expresiones artísticas de este pueblo, inspirados en las visiones percibidas durante el uso ritual de las «plantas de poder». En la ceremonia, el canto desempeña un papel esencial: al ritmo de la percusión de la chakapa y la maraca, el chamán convoca a los espíritus de las plantas y restaura la armonía en los diseños que adornan el cuerpo del paciente.

Creados tradicionalmente por mujeres según un principio de simetría que refleja la noción de belleza (kikín), los motivos kené adornan tanto cuerpos (a través de tatuajes y pintura corporal) como objetos (cerámica, tejidos, abalorios o artesanías de madera).

La primera sección de la exposición se centra en las transformaciones contemporáneas de este arte indígena visionario a través de una colección de objetos del musée du quai Branly y obras de artistas Shipibo-Konibos contemporáneos.

Mural de Luz Franco Ahuanari y Nimia García Nunta, de la Asociación de Shipibas Muralistas Kené Nete, en la exposición “Visiones chamánicas. Artes de Ayahuasca en la Amazonía Peruana” en el museo Quai Branly. Imagen vía www.sortiraparis.com

Un gran mural pintado in situ por Luz Franco Ahuanari y Nimia García Nunta, de la Asociación de Shipibas Muralistas Kené Nete, daba la bienvenida a los visitantes. Esta asociación, fundada en 2023 por un grupo de mujeres de la etnia Shipibo-Konibo en Cantagallo, en las afueras de Lima, se vio obligada a cesar su actividad comercial debido a las restricciones sanitarias vinculadas a la pandemia de COVID-19.

Para encontrar una fuente de ingresos alternativa, varias mujeres comenzaron a pintar murales en las paredes de la capital peruana, donde expresan el legado y la identidad de los Shipibo-Konibo.

Esta sección de la exposición también presenta una serie de fotografías de David Díaz Gonzales que nos sumergen en la intimidad de la comunidad Shipibo-Konibo de Yarinacocha, lugar de origen del artista. Estas imágenes, al estilo de pioneros de la fotografía indígena peruana como Martín Chambi, se integran en la curaduría para identificar y celebrar la cultura del pueblo Shipibo-Konibo.

Además, la exposición exhibe una serie de cerámicas, que van desde objetos de uso cotidiano hasta elementos rituales, todas ellas bellamente decoradas con motivos kené. Los diseños, elaborados con pigmentos naturales o tintas industriales, realzan las formas y las curvas de la cerámica. En el proceso de creación, las mujeres Shipibo-Konibo prescinden habitualmente de instrumentos de medición o modelos; cada patrón kené es único y se dibuja a mano, agregando un toque distintivo a cada pieza.

Guiada por la «visión» de la artista, la composición se rige también por principios estéticos como la finura de las líneas, su articulación en un conjunto armonioso y simétrico, la dinámica de las curvas y los ángulos, o la proporción entre espacios vacíos y dibujos.

David Díaz Gonzales / Isá Rono [n. 1987], Mujeres shipibo-konibo rodean a una madre con un bebé en brazos, 2022. Impresión digital. David Díaz Gonzales

Para los Shipibo-Konibo, el kené representa un vehículo de afirmación cultural y reivindicación política en constante transformación. Un ejemplo de esta evolución es la creciente inclusión de elementos figurativos en composiciones que tradicionalmente carecían de ellos, tal como se observa en la obra de artistas como Chonon Bensho.

«Cuando empiezo a bordar o a pintar, siempre me vienen sueños, y los espíritus de los sueños me dicen ‘tienes que hacer estas hojas’. A veces no me explican de qué se trata y me dicen: ‘Hazlo’, y tengo que hacerlo”, dice Chonon Bensho. “Para nosotros, los sueños no son sólo caprichos o manifestaciones del inconsciente reprimido (…) Los sueños son un desplazamiento del alma en el que podemos entrar en contacto con realidades espirituales».

Al igual que Bensho, las artistas Shipibo-Konibo Celia Vásquez Yui y Sara Flores emplean su virtuosismo técnico para reinventar el kené. Los diseños, tradicionalmente aplicados en cerámica, tejido y pintura, ahora se plasman en medios como el bordado en tela y el lienzo de algodón.

Chonon Bensho, Jonibo de Moatia, 2022. Bordado sobre tela, 165 × 132 cm. The Shipibo-Conibo Center, Nueva York / W Galería, Buenos Aires. Cortesía de la artista

Estas artistas, que gozan de reconocimiento internacional, dan testimonio de la integración de los kené en el mercado mundial del arte. Sara Flores, por ejemplo, crea obras con pigmentos vegetales aplicados a mano alzada sobre lienzos de algodón, formando un hipnótico laberinto de motivos geométricos. Su práctica artística se considera una expresión de resistencia política frente a los problemas medioambientales y territoriales que enfrenta el pueblo Shipibo-Konibo.

«Todo lo que pinto aparece primero en mí. A veces no puedo quitarme los motivos de la cabeza. Me duermo y aparecen. Cierro los ojos, pero sigo viéndolos. Vuelven a mí en sueños», dice Sara Flores.

Los diseños kené también decoran la indumentaria y los adornos de los Shipibo-Konibo. Según la antropóloga peruana Luisa Elvira Belaunde, el uso de prendas de vestir impuesto por los misioneros llevó a esta comunidad a reproducir los motivos de estas pinturas corporales en los tejidos.

Otros investigadores sugieren que el proceso de colonización llevó a los Shipibo-Konibo a diversificar la representación del kené, viéndolo como una forma de protección y afirmación cultural. Las faldas (chitontes), cuya elaboración puede llevar varios meses, se consideran la cumbre del arte kené.

Sara Flores, Sin título (Tanan Kené 2), 2021. Tintes vegetales sobre lienzo de algodón silvestre, 134 x 142 cm. The Shipibo-Conibo Center, Nueva York / White Cube Gallery, Londres. Cortesía de la artista © The Shipibo-Conibo Center

LA EMERGENCIA DEL ARTE VISIONARIO DE LA AMAZONÍA PERUANA

Esta sección de la exposición presenta, por primera vez a gran escala en un museo europeo, los materiales, procesos de producción y propiedades iconográficas que caracterizan la «pintura visionaria amazónica». Los representantes de este estilo han alcanzado recientemente notoriedad, introduciéndose en el mercado internacional del arte y participando en exposiciones en Sudamérica y Europa.

El pintor Pablo Amaringo (1938 – 2009) es la principal figura de la pintura visionaria en la Amazonía peruana. Originario de Pucallpa, este «artista-chamán» se dedicó inicialmente a la pintura naturalista antes de empezar a pintar sus «visiones» a principios de la década de 1980, invitado por el pintor y antropólogo colombiano Luis Eduardo Luna.

En 1986, Luna fundó en Pucallpa la escuela Usko-Ayar de pintura amazónica. Al mismo tiempo, muchos artistas amazónicos abandonaron sus comunidades para ir a Lima a perfeccionar su técnica y dar a conocer su obra. Entre ellos hubo pioneros como los pintores Shipibo-Konibo Lastenia Canayo, Robert Rengifo, Elena Valera y Roldán Pinedo, quienes se instalaron en Cantagallo, la primera comunidad urbana Shipibo-Konibo de la capital.

Fueron acogidos por el historiador peruano Pablo Macera, quien les invitó a pintar inspirándose en las prácticas chamánicas de sus comunidades. Hoy en día, estos artistas han alcanzado reconocimiento internacional, y la producción artística visionaria en la Amazonía peruana, alimentada por el interés occidental en la ayahuasca y las prácticas chamánicas de la región, parece no haber sido nunca tan dinámica como en la actualidad.

Los cuadros de Pablo Amaringo suelen representar escenas de rituales de ayahuasca, mostrando la flora y la fauna de la Amazonía, así como la cosmología y las heterogéneas prácticas del chamanismo. En el libro Ayahuasca Visions: The Religious Iconography of a Peruvian Shaman, publicado en 1991, se incluyen 45 de sus pinturas, acompañadas de un texto descriptivo de su autoría. La publicación establece los códigos del arte visionario en la Amazonía peruana y la iconografía del turismo chamánico.

En esta visión, vemos anacondas y serpientes venenosas. Arriba a la izquierda, el Huairamama está lanzando su arco iris a la selva para dar fuerza a la medicina que el curandero está preparando para su paciente, que ha sido mordido por una serpiente. Al fondo, seres que irradian magnetismo tocan música para hacer más agradable el icaro [canto ritual] (…) Todas estas serpientes responden al canto del icaro de serpientes. En ese momento, se reúnen debajo y alrededor de la casa, y es muy peligroso salir porque pueden morder. Después de la curación, el curandero canta otro icaro para que las serpientes salgan de la casa.

Pablo Amaringo, en Amaringo y Luna, 1991

Pablo Amaringo [1938-2009], Visión de las serpientes, 1987. Aguada sobre lienzo, 30,9 × 40,8 cm. Colección L. E. Luna. Cortesía del artista. Foto L. E. Luna

Pablo Amaringo [1938 – 2009] Cosmología amazónica [Amazon Cosmology], 1987. Gouache sobre lienzo, 90 x 158 cm. Colección L. E. Luna. Cortesía del artista. Foto: L. E. Luna

Cosmología amazónica, encargado a Pablo Amaringo por Luis Eduardo Luna en 1987, es una de las principales obras del pintor, por su calidad pictórica y porque representa una verdadera síntesis de la visión del mundo del artista.

En los años 1959-1962, en una casita a orillas del Fanacha, afluente del río Ucayali, tomábamos ayahuasca cada cuatro días. Fue allí donde tomé conciencia de las apariciones visionarias provocadas por esta planta de efectos extraordinarios (…) Vi muchas apariciones de personajes como reyes, reinas, emperadores y sus cortes (…), muchos reinos con múltiples genealogías, seres de gran inteligencia, de gran belleza (…), jardines circulares con tupidos árboles que soportan exuberantes enrejados de flores coloridas y fragantes, pájaros vistosos cuyos cantos armoniosos cautivan el alma (…) Todos estos mundos desconocidos ofrecen un espectáculo jamás visto en la vida terrenal.

Pablo Amaringo en carta a Luis Eduardo Luna.


Roldan Pinedo (Shoyan Shëca o «ratón inquieto»), originario de San Francisco de Yarinacocha (Ucayali), forma parte de la primera generación de pintores indígenas que viajó a Lima para dar a conocer su arte.

Cada vez que tomas ayahuasca surgen nuevas visiones, lo que hace que la experiencia sea una gran fuente de inspiración. (…) Este cuadro representa el mundo del río: los espíritus de los animales y los seres que viven allí, como las sirenas. Es una ilustración del mundo que aparece en el arco iris, y que vi durante una ceremonia de ayahuasca. Pintar esta visión me salió de forma natural.

Roldan Pinedo / Shoyan Shëca

Roldán Pinedo, La Visión Del Arco Iris, El Mundo Amarillo, 2022 © Colección privada, Lima (Perú)

Otro artista representado en este apartado de la muestra es Anderson Debernardi, quien ingresó a los 18 años a la escuela de pintura Usko-Ayar para aprender pintura con Pablo Amaringo, antes de dedicarse él mismo a la enseñanza.

Sus obras, con una gama cromática marcada por un juego de contrastes entre colores cálidos y fríos, representan lo que el artista denomina «el otro mundo»: una dimensión de la realidad habitualmente invisible, que se vuelve accesible a través de la experiencia visionaria de la ayahuasca y el proceso de aprendizaje chamánico, poblada por espíritus, seres mitológicos, plantas y animales amazónicos, pero también naves espaciales, seres extraterrestres y ciudades futuristas.

Anderson Debernardi, Sueños de sirena, fecha desconocida. Acrílico sobre lienzo, 95,5 × 74,5 cm. Colección privada. Cortesía del artista

LA GLOBALIZACIÓN DE LA AYAHUASCA Y EL ARTE PSICODÉLICO

La tercera sección de la exposición se centra en el arte inspirado por la globalización de las prácticas chamánicas. Durante mucho tiempo confinadas al mundo amerindio, las prácticas rituales que involucran alucinógenos han experimentado una importante difusión transnacional desde la segunda mitad del siglo XX.

Reclasificadas como “psicodélicas” y reinterpretadas por los pioneros de la contracultura estadounidense de los años 60, entre quienes destacan los escritores William Burroughs y Allen Ginsberg, estas sustancias se han convertido para muchos occidentales en fuentes de inspiración artística, así como en medios de emancipación política, desarrollo personal, terapias alternativas y nuevas formas de religiosidad.

A partir de la década de 1990, un número creciente de occidentales ha viajado a la Amazonía peruana para aprender sobre las prácticas vinculadas a la ayahuasca, contribuyendo al desarrollo del “turismo chamánico”, lo cual está provocando profundas transformaciones económicas y culturales en la región.

Más recientemente, el creciente interés de la comunidad científica por los efectos terapéuticos de las sustancias psicodélicas ha dado lugar a una nueva ola de investigaciones sobre las propiedades de la ayahuasca.

La aparición del «turismo chamánico» ha generado una nueva iconografía heterogénea e intercultural, donde confluyen las influencias del arte indígena, las grandes figuras de la pintura amazónica, la estética psicodélica, el realismo fantástico y las innovaciones técnicas audiovisuales.

Impregnadas de temas espirituales característicos de las nuevas formas de religiosidad occidental, estas obras tejen el imaginario del chamanismo globalizado contemporáneo. Además de la pintura, las nuevas tecnologías, como las imágenes generadas por computadora, el cine, el arte digital y la realidad virtual, desempeñan un papel fundamental en este movimiento.

Martina Hoffmann, Madre Universal, 2015. Óleo sobre lienzo, 67 x 86 cm. Colección Martina Hoffmann. © Cortesía de la artista
Robert Venosa [1936 – 2011], Sueño de Ayahuasca, 1994. Óleo sobre lienzo, 221 x 130 cm. Colección Martina Hoffmann

La artista alemana Martina Hoffmann ha desarrollado una obra en la que conviven realismo y fantasía desde los años 80, época en la que conoció a su marido Robert Venosa. Las visiones de ayahuasca y las prácticas chamánicas constituyen las principales fuentes de inspiración de su pintura, que otorga un lugar central a lo «sagrado femenino». En su obra Madre Universal, Hoffmann representa, en forma de paisaje onírico, el «arquetipo femenino»: una madre eterna y universal, creadora del universo y de toda vida.

Robert Venosa, artista estadounidense fallecido en 2011, es una de las grandes figuras de la pintura visionaria occidental. Se formó con el maestro de pintura visionaria vienés Ernst Fuchs, quien le transmitió las técnicas de pintura al temple y veladuras. La pintura Ayahuasca Dream nació a raíz de una poderosa experiencia visionaria, durante la cual se le apareció un gran lienzo en blanco que se fue cubriendo progresivamente de proyecciones pictóricas. Esta obra está directamente inspirada en esa visión, donde se mezclan espíritus, extraterrestres, magos, elfos, enanos, ancestros y seres astrales.

Vista de la exposición “Visiones chamánicas. Artes de Ayahuasca en la Amazonía Peruana” en el museo Quai Branly. Foto Léo Delafontaine/musée du quai Branly-Jacques Chirac

Visiones Chamánicas también exhibe un conjunto de esculturas creadas por la escuela ONANYATI («la sabiduría de los antiguos» en Shipibo-Konibo), formada por una veintena de artistas peruanos visionarios reunidos a principios de los años 2000 por el etno-arqueólogo francés Jean-Michel Gassend. Esta escuela reinventa la pintura visionaria en forma de esculturas pintadas, produciendo alrededor de un centenar en el taller de Yarina, ubicado en el departamento de Ucayali, Perú, a partir de madera muerta recolectada en el bosque circundante.

La Asociación ONANYATI, presidida por el artista y chamán peruano Jheferson Saldaña Valera, proporciona materiales y herramientas a los artistas, los subvenciona y financia proyectos locales de reforestación y protección ambiental. Los pintores y escultores de la escuela ONANYATI, originarios de diferentes grupos indígenas de la Amazonía, articulan su obra creativa con su herencia cultural, esculpiendo a los seres que pueblan sus experiencias visionarias y mitos amazónicos.

Finalmente, la exposición otorga un lugar destacado a las producciones audiovisuales, como películas, arte digital, imágenes generadas por computadora y realidad virtual, que recientemente han dejado su impronta en el movimiento de las artes de la ayahuasca.

En 1999, el cineasta francés de origen holandés Jan Kounen viajó por primera vez a la Amazonía peruana para preparar la adaptación cinematográfica de la historieta Blueberry. Su descubrimiento de la ayahuasca con los Shipibo-Konibo fue impactante. Para Kounen, el dibujo se convirtió en un instrumento privilegiado para capturar la memoria y explorar tanto las experiencias visionarias como las prácticas rituales indígenas.

La experiencia con la ayahuasca influyó en muchas de las producciones del cineasta, desde la película de ficción (Blueberry, la experiencia secreta, 2004) hasta el documental (Otros mundos, 2004), y más recientemente, en la creación de una experiencia inmersiva de realidad virtual (Ayahuasca [Kosmik Journey], 2019), presentada en la exposición.


Sobre los curadores

David Dupuis es doctor en antropología, investigador del INSERM (IRIS/EHESS). Basado en estudios de campo realizados en América Latina y Europa durante la última década, su trabajo se centra en las reclasificaciones contemporáneas del uso de sustancias psicodélicas y, más ampliamente, en el estudio comparativo de las relaciones entre “alucinaciones” y cultura.

Elise Grandgeorge es estudiante de doctorado en Historia del Arte Contemporáneo en el laboratorio HAR (Historia de las Artes y de las Representaciones) de la Universidad Paris Nanterre. Actualmente, escribe una tesis titulada Por una historia plural del arte psicodélico, 1956-1973, Francia, Estados Unidos, Tánger, bajo la dirección de Fabrice Flahutez, profesor de HDR.

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