WAYAMOU: LENGUAS DE LO COMÚN. LAURA ANDERSON BARBATA Y SHEROANAWE HAKIHIIWE
La exposición Wayamou: Lenguas de lo común, presentada en el Museo Tamayo, puede interpretarse como la cristalización de una relación artística y política de más de tres décadas entre Laura Anderson Barbata (México, 1958) y Sheroanawe Hakihiiwe (Sheroana, Venezuela, 1971). Se trata de dos trayectorias paralelas que comparten una larga historia de intercambio cultural y que desafían las categorías con las que el arte contemporáneo occidental suele aproximarse a los saberes indígenas.
El origen de esta relación ha sido ampliamente relatado, pero sigue siendo central para comprender el espesor conceptual de la exposición. A comienzos de los noventa, Anderson Barbata viajó a Mahekoto-Theri, en el Alto Orinoco venezolano, donde aprendió técnicas de construcción de canoas de la comunidad ye’kuana. Bajo el principio de reciprocidad que guía muchas relaciones sociales amazónicas, la artista fue invitada a compartir algo a cambio. El taller de papel artesanal que impartió —realizado con fibras vegetales locales— fue el espacio en que el joven Hakihiiwe tuvo su primer acercamiento a lo que más tarde se convertiría en una investigación visual sostenida sobre el legado, la oralidad y la cosmología yanomami.


La colaboración entre ambos artistas se desarrolló desde el intercambio horizontal de técnicas, materiales y formas de comprender el mundo, en contraste con la lógica extractiva o la mediación antropológica que históricamente marcó muchas representaciones sobre los pueblos amazónicos. En 1992 fundaron Yanomami Owë Mamotima (“El arte yanomami de hacer papel”), una iniciativa concebida para que la comunidad pudiera narrar sus propias historias desde sus propios códigos visuales y lingüísticos.
Frente a décadas de representación externa sobre el pueblo yanomami, proyectos como Shapono (Casa) (1996) —libro artesanal desarrollado en el contexto de Yanomami Owë Mamotima— abrieron un espacio de producción colectiva donde técnicas de papel artesanal, memoria oral y narración visual convergieron como formas de auto-representación cultural.
En ese sentido, Wayamou no trata simplemente sobre “naturaleza” o “espiritualidad”, categorías con las que el sistema del arte suele encapsular las prácticas indígenas dentro de una sensibilidad contemplativa o esencialista. Lo que propone la muestra es, más bien, una política de la escucha. El término yanomami wayamou —un diálogo ceremonial destinado a resolver conflictos y preservar la paz comunitaria— funciona tanto como concepto curatorial como modelo ético. La exposición instala otra temporalidad, basada en la pausa y la atención, distante de la aceleración visual que domina gran parte de la circulación contemporánea de imágenes.


En la obra de Hakihiiwe hay una atención minuciosa hacia las formas de vida que habitan la selva. Sus dibujos surgen de una observación cotidiana y persistente del entorno. Hojas, raíces, semillas, huellas, variaciones atmosféricas o trazos provenientes de la cestería y la pintura corporal yanomami son registrados y reorganizados como parte de un vocabulario visual íntimamente ligado a la experiencia del territorio. Sus imágenes conforman un archivo sensible donde convergen conocimiento chamánico, transmisión oral y observación ecológica.
En series recientes centradas en la sequía y el deterioro ambiental, el artista aborda directamente las transformaciones que atraviesa el Amazonas. La ausencia de agua, el desplazamiento de animales, la pérdida de cultivos y las huellas de la minería aparecen como signos de una crisis ecológica que afecta no solo a la selva, sino también a las formas de vida y conocimiento que dependen de ella.



En paralelo, la práctica de Anderson Barbata expande estas preocupaciones hacia una noción de “transcomunalidad”, concepto desarrollado por la artista para pensar formas de colaboración basadas en la hospitalidad, el cuidado mutuo y la coexistencia. Anderson Barbata viajó al Amazonas a lo largo de una década, realizando esculturas y dibujos que mezclan de manera crítica aspectos de la naturaleza, la religión y lo espiritual.
En Wayamou se exhiben obras tempranas (1992-1996) que revelan un periodo particularmente fértil en el que la artista interroga la colonialidad de la mirada y la construcción de narrativas históricas. Piezas que, junto a su interés sostenido por las semillas como metáforas del interior humano, dialogan con las exploraciones del territorio y la observación del mundo natural.
Más adelante, su trabajo se extendió a comunidades en Trinidad y Tobago, Oaxaca y Nueva York. A través del performance, la danza y el diseño textil, convoca a músicos y artesanos para llevar a cabo procesiones callejeras como actos políticos que denuncian el racismo, las ecologías en extinción y promueven la justicia social, siempre desde la reciprocidad y el encuentro horizontal.



Vista de la exposición Wayamou: Lenguas de lo común, de Laura Anderson Barbata y Sheroanawe Hakihiiwe, en el Museo Tamayo, Ciudad de México. Foto: Gerardo Landa y Eduardo López (GLR Estudio)
Uno de los aspectos más potentes de Wayamou es que evita presentar la praxis desde un registro etnográfico o folklorizante. La muestra no intenta traducir completamente la cosmovisión yanomami a los códigos del museo contemporáneo, sino que preserva cierta opacidad y autonomía de esos saberes y formas de percepción.
Bajo la mirada curatorial de Andrea Torreblanca y Abril Zales, el diálogo entre ambos artistas adquiere una dimensión política concreta. La exposición plantea la posibilidad de pensar el arte como un espacio de mediación entre mundos distintos sin borrar sus diferencias, y sugiere que el wayamou todavía puede ofrecer modelos alternativos para imaginar formas de convivencia frente a la polarización social, la devastación ecológica y las violencias del presente.
Wayamou: Lenguas de lo común, de Laura Anderson Barbata y Sheroanawe Hakihiiwe, se presenta hasta el 10 de mayo de 2026 en el Museo Tamayo, Ciudad de México.
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