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SHEROANAWE HAKIHIIWE: “EL ORO NO ES NADA”

44 pinturas y grabados, un video y cinco salas del Museo de Arte Contemporáneo de Chile pintadas de rojo y de negro. Un desembarco de la gráfica y de los colores de la Amazonía que, de tan intensos, quizás ocultan lo más importante de Thapiri / Sueño: la resistencia de una forma no occidental de mirar el mundo.


No es la primera vez que Chile sabe del pueblo yanomami a través de las artes visuales. En el contexto de la segunda parte de su monumental proyecto Video Trans Américas (1976-1977), el artista chileno y pionero del videoarte Juan Downey realizó una fotografía. El retrato, a estas alturas, parte del canon artístico nacional, muestra justamente a un integrante de esta comunidad establecida en la Amazonía venezolana, sosteniendo una flamante cámara de video Sony Portapak.

La imagen, aparentemente simple, tensionaba la situación de otredad en la que el relato occidental situaba a los pueblos originarios, develaba los ejercicios de poder ejercidos a través de los medios de representación técnicos (cámaras y pantallas), cuestionaba el discurso de objetividad de la observación etnográfica y, principalmente, hablaba de la capacidad de autorepresentación de los nativos de América.

Sin embargo, a su manera, el artista proveniente de la comunidad yanomami Mahekoto-Teri (Platanal), Sheroanawe Hakihiiwe, también sabía de Santiago desde mucho antes de visitarlo.

“Esta es la primera vez que estoy en Chile, nunca antes lo había visto, pero el chamán ciego ya me había contado cómo era. Era verdad que tiene este cerro alto con nieve, y ahorita, con mis ojos, lo puedo ver. Fuimos a ver a la Virgen María (cerro San Cristóbal)… él siempre me hablaba de ella. Este ciego me contaba ´la virgen está en el pequeño cerro y está conectada al cielo, está conectada con las montañas. Me decía que esta ciudad está muy abajo de este cerro, es por eso que agarra nubes y las nubes bajan mucho´. Así me habló”, señala este pintor, grabador y artesano del papel, oriundo del Alto Orinoco (Amazonía venezolana), que tiene obras en las colecciones del MoMA (Nueva York), del British Museum (Londres), de la Fundación Cartier para el Arte Contemporáneo (París) y del Malba (Buenos Aires), entre otras.

Ocuparemos las visiones del chamán ciego como una especie de aduana fronteriza. Desde aquí -tanto en el texto como en la muestra- se tendrá que tomar una decisión: creer o no creer. Las palabras y las propuestas de Hakihiiwe exigen desdoblar la mirada, entrar en su lógica, un pequeño acto de fe. Quien no crea en las capacidades del chamán ciego, que ha visto Santiago a pesar de nunca haber salido del Amazonas (y de ser ciego), no podrá capturar de manera integral la propuesta de la exposición.

Como en una película de terror, el escepticismo nos mantiene en nuestro espacio seguro, pero no nos deja entrar en la experiencia que se nos propone. Sobre todo, porque lo que Sheroanawe Hakihiiwe entrega poco tiene que ver con referencias meta artísticas, agudezas sociopolíticas o comentarios académicos, como es usual en los ecosistemas del arte contemporáneo. El artista yanomami, tanto en su hablar como en su obra, expresa creencias y mitos que no están separados de su cotidianidad, porque son su cotidianidad. De la misma manera, para los yanomami, la distancia entre el consciente y el inconsciente es mínima. Es por eso también que su exposición, abierta hasta el 20 de julio en la sede Parque Forestal del Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Chile (realizada en colaboración con Il Posto y la galería ABRA Caracas), lleva el nombre de Thapiri / Sueño.

Vista de la exposición Thapiri / Sueño, de Sheroanawe Hakihiiwe, en el MAC Parque Forestal, Santiago, 2025. Foto: Jorge Brantmayer
Vista de la exposición Thapiri / Sueño, de Sheroanawe Hakihiiwe, en el MAC Parque Forestal, Santiago, 2025. Foto: Jorge Brantmayer

¿Cuáles eran tus intereses cuando comenzaste a hacer obra? ¿Imaginabas que ibas a viajar como artista y que tus pinturas iban a estar en espacios como el Museo Reina Sofía, el MoMa o el Malba?

En el año 92 conocí a Laura (la artista Laura Anderson Barbata) cuando realizó un taller en la comunidad. Ahí empecé a pintar, pero aún no pensaba que este era el trabajo que iba a hacer. No me imaginaba que iba a salir afuera mostrando mis obras y montando exposiciones. Cero. Después de un tiempo trabajando y haciendo papeles artesanales, comencé a mirar el trabajo que hacía mi mamá y desde ahí agarré mi técnica como artista. Salí primero a Caracas. Fui durante tres o cuatro años. Conocí amigos y luego a los amigos de esos amigos y de ahí me acerqué a instituciones y galerías. Tuve una exposición (su primera muestra individual se realizó el año 2010 en la galería Oficina #1 de Caracas) y luego otra, y después me invitaron a Chicago (se refiere al Interdisciplinary Arts Department del Columbia College) a realizar talleres de papeles artesanales y pintar. Eso fue hace unos 10 años (en 2010 y 2012, específicamente). Seguí trabajando y me fui abriendo camino. Luego algunas galerías tomaron mis obras, y las llevaron a diferentes países. Luego me conocieron. Primero no me conocían personalmente, pero ahora saben que soy un artista yanomami.

Aunque está más o menos establecido que el hito inicial de la carrera de Hakihiiwe ocurre el año 1992, por medio del comentado taller para confeccionar papel, impartido por la mexicana Laura Anderson Barbata, su curador, galerista y amigo, Luis Romero (codirector de galería ABRA Caracas), puntualiza que no es “hasta el año 2007-2008 que empieza a generar una obra, aún vinculada a la práctica que le enseñó Laura, pero ya más con una voz propia”. Desde ahí, esa “voz propia” ha devenido una obra en donde, lo que pasa mientras se duerme, se ha vuelto lo central.

Los sueños de los yanomami, particularmente de sus chamanes, más que señales encriptadas, surrealistas o intentos del inconsciente freudiano de escapar de la alienación diaria, son una forma de aprender, de educarse. Si bien la inspiración selvática y la representación minimalista de su flora y su fauna es una de sus marcas estéticas, el elemento onírico es algo que ha adquirido protagonismo sólo en el último tiempo.

“El verbo thapimou significa «soñar». Soñar «lejos/más allá» (thapi ha) en el espacio-tiempo de la selva (urihi a). Soñar con otros lugares, con personas ausentes o con otros seres no humanos lejanos. Así, thapi –el sueño– caracteriza, sobre todo, la actividad onírica como vehículo de exploración mental más allá de los límites de la experiencia de lo visible diurno (…) Podemos entender así este conjunto de nuevas obras del artista yanomami Sheroanawe Hakihiiwe –Thapiri– como la recopilación y relato en imágenes de un recorrido de sueños extraordinarios, de sueños metafísicos a través de la selva”, explica el antropólogo francés Bruce Albert en su texto Las flores del sueño yanomami. Este escrito, realizado en el contexto de la inauguración de Thapiri en Sala TAC (Caracas) el año 2024, puede descargarse a través de un código QR en la sala 10 del MAC. 

Es de esa mezcla, entre los sintéticos códigos de la pintura en cestos y en el cuerpo -tradicionales de los yanomami y aprendidos de su madre-, sus jornadas de cacería y pesca por la selva junto a su padre, sus viajes como artista, y el input de lo onírico, que nacen las 45 obras que se exponen en el segundo piso del MAC. Se trata de una serie de pinturas en acrílico (sobre tela y sobre papel de algodón) y grabados (monotipia), además de una animación en video.

“En un principio no pensaba trabajar con diferentes colores, solo me interesaba usar el rojo y el negro porque son los que usualmente usamos los yanomami, pero empecé a tomar yopo (alucinógeno preparado a partir de las semillas negras del niopo del Orinoco) y, de noche, mirando en sueños, recordaba cuando salía por la selva con cuadernos donde anotaba y hacía símbolos de los diferentes animales. Ahí empecé a usar más colores para que las pinturas tengan movimiento y se vean más bonitas”.

Vista de la exposición Thapiri / Sueño, de Sheroanawe Hakihiiwe, en el MAC Parque Forestal, Santiago, 2025. Foto: Jorge Brantmayer
Vista de la exposición Thapiri / Sueño, de Sheroanawe Hakihiiwe, en el MAC Parque Forestal, Santiago, 2025. Foto: Jorge Brantmayer

El ronquido de un tigre

Pero, como el propio artista desliza, hay otro elemento importante en la conformación de Thapiri / Sueño. Si Sheroanawe Hakihiiwe ha inhalado yopo, es porque ya ha realizado tres de los cinco cursos necesarios para convertirse en chamán. Un proceso que lo ha vuelto más sensible a los colores y a la recepción de los sueños. “El día es para pescar, para cazar, para trabajar, para hacer muchas cosas”, dice. “De noche, cuando se duerme, puedes estar aquí roncando como tigre, pero también viajando por allá en la selva, en las montañas, y mirando muchas cosas, y de día, al amanecer, a partir de lo que vi en ese sueño, hago mi trabajo”.

Es así como Thapiri / Sueño, aparentemente sin buscarlo, tiene un olor, una sensibilidad, unas maneras que entroncan con valores muy apreciados dentro del arte contemporáneo del siglo XXI. Sheroanawe Hakihiiwe probablemente desconoce que él y su obra encarnan la crítica al hombre blanco, al antropoceno, al racionalismo y al dualismo cartesiano del que escriben autoras como Rita Segato, Donna Haraway o el propio Juan Downey en su llamado al empoderamiento indígena.

“Los yanomami tenemos siempre una conexión con la naturaleza, con las montañas. A los que no son chamanes no les importa, pero los que son chamanes tienen mucha conexión con los espíritus. Si no está conectado con la selva y con el espíritu de otros animales, no va a funcionar el trabajo del chamán. Por eso siempre está relacionado con ellos y mantiene una fuerte conexión. De día puede emborracharse, tomar yopo y hablar mal, pero de noche es otra cosa. Mientras estás como un tigre roncando, estás viajando por el cielo o haciendo cosas buenas. Hoy me desperté con felicidad: soñé que un amigo venía con 80 mil aviones de guerra (hace el sonido de los aviones). Ahí se limpió el ambiente de la ciudad en Venezuela y un señor levantó una bandera y gritó ¡Venezuela en libertad! En el sueño de hoy pasó esto. Hay otros sueños que son de verdad”.

¿Los yanomami se preparan para tener sueños buenos?

Claro. Antes de dormir hay que sacudirse, si no sacudes tu pecho sueñas pesadillas.

¿Por qué quieres ser chamán?

Para ayudar a mi familia, para ayudarlos cuando haya enfermedad. Los chamanes no son malos, ellos quieren colaborar con la comunidad. A mí me faltan dos cursos para que me entreguen la corona de espíritus.

En Thapiri / Sueño, las salas rehúyen el usual minimalismo blanco que busca que la obra, por contraste, destaque de su contexto. Tal como las pinturas, las paredes donde se montó la exposición rebosan colorido, generando una museografía envolvente. “En la concepción de Thapiri pasamos de espacios que tienen más brillo, en los que se ve luminosidad y colores, a otros dominados por el negro con pequeños dibujos blancos que pueden recordar a las estrellas en el cielo. Es una decisión que alude al tránsito desde estar despierto a adentrarse al mundo de los sueños profundos, y al contorno borroso que puede existir entre esos dos estados”, explica la co-curadora Paola Nava.

Vista de la exposición Thapiri / Sueño, de Sheroanawe Hakihiiwe, en el MAC Parque Forestal, Santiago, 2025. Foto: Jorge Brantmayer

El gesto nos puede hablar de cierto rebalse, de que Thapiri / Sueño es un proyecto que excede a las 45 piezas montadas. Desde las paredes pintadas podemos entender que la propuesta de Sheroanawe no se agota en la tela, de la misma manera que el proceso de aprendizaje yanomami no se termina con el día. Incluso, si extremamos el discurso, podemos pensar que el proyecto tampoco se acaba en las salas del museo.

Es un elemento para considerar, en el Chile del 2025, que tanto el artista como los curadores provengan de Venezuela (según el censo del 2024 actualmente hay en el país 670 mil venezolanos) y que, además, planten un pedacito de selva en un edificio neoclásico francés. Nos permitiremos especular, entonces, que la exposición podría proponer un ejercicio de opacidad algo subvertido, en donde lo que vemos, lo que se pone adelante, lo que se explicita son los sueños, pero lo que cuesta develar tras los colores -como si nos encandilaran-, es una compleja realidad política.

“Todos los trabajos que estoy presentando en Chile son de mi cultura, de donde vengo. Es una cultura que no queremos perder, hay otras partes que han perdido su cultura, pero nosotros aguantamos porque la queremos mucho. Hace mucho tiempo vivieron dos hermanos (se refiere a la leyenda de Omawé y Yoawé). Ellos andaban caminando y pensaron en hacer un shapono (vivienda circular y colectiva yanomami). Antes los shapono no existían, ellos crearon todo. Empezaron a hacer estas grandes casas y cuando terminaron hicieron fiestas y ahí comenzó esta cultura. Otras personas no hablan de los yanomami, pero yo quiero mantener esta cultura y sus dibujos”, explica el artista.

Vista de la exposición Thapiri / Sueño, de Sheroanawe Hakihiiwe, en el MAC Parque Forestal, Santiago, 2025. Foto: Jorge Brantmayer

Como se puede inducir a partir del sueño con los 80 mil aviones, que Sheroanawe Hakihiiwe resida en la selva y converse con espíritus y guacamayos, no significa que sea ignorante de su situación política. No significa que no sepa que vive en un país con libertades limitadas o -en términos del Índice de Democracia que The Economist publica cada año-, en un régimen autoritario. Pero quizás su primera muestra en Santiago se pueda situar en un contexto mayor al de Nicolás Maduro. En septiembre del año pasado, el medio “que cubre las historias ambientales más importantes de Latinoamérica”, Mongabay, señaló que, en el 2023, 166 defensores medioambientales fueron asesinados en el subcontinente.

En una línea similar, Chile, según el mismo The Economist, retrocedió desde una democracia plena (2022) a una defectuosa (2023-2024), por ítems como libertades civiles. Un retroceso que podría estar relacionado a la militarización de la Araucanía y de la frontera norte. Hablamos del país en donde la defensora ambiental mapuche, Julia Chuñil, lleva ocho meses sin paradero conocido, y con escasos comentarios desde el gobierno.

Con estos datos creemos que es imperativo detenerse en la pregunta: ¿por qué Hakihiiwe siente que su cultura se encuentra en riesgo? El 26 de junio de 2023 la antropóloga feminista Rita Segato publicó un texto para la revista Anfibia titulado La conquistualidad permanente. Un artículo que comienza citando la novela Todas las Sangres del escritor y poeta peruano José María Arguedas.

“Lo que el autor nos dice en su genial relato, y lo que lo lleva al maltrato inmediato de los intelectuales progresistas de su tiempo, es que es en los pueblos -hoy llamados ‘originarios’- que reside la consciencia clara de la idea de ‘soberanía’ sobre un territorio. Más aún, que los pueblos son los únicos capaces de ponerle el cuerpo a la defensa y preservación de la dignidad soberana, no sólo local o regional sino también de la nación frente al mundo, confrontando y venciendo ‘las mañas del blanco’”.

El texto de Segato se enmarca en la reforma constitucional (y posteriores protestas) aprobada en junio de ese año por el gobernador de Jujuy (Argentina), Gerardo Morales, que permitiría expulsar a una gran cantidad de indígenas de una provincia que se encuentra en lo que se ha llamado el Triángulo del Litio: una franja de los Andes que abarca la triple frontera entre Argentina, Bolivia y Chile.

“Quien vive por allá, en las cercanías de los salares, una de las mayores reservas de litio del planeta, o en Juella, Yacoraite y Tilcara, a pocos kilómetros de los cerros amarillos porque son de Uranio, sabe muy bien que aquel proceso que llamamos ‘conquista’ nunca se ha encerrado, y que así como hablamos de una ‘colonialidad del poder’ como estructura permanente del mundo, también sería posible argumentar que lo que existe es una ‘conquistualidad permanente’, es decir, un despojo de los territorios que no se encierra, un permanente avance expropiador. Y eso es lo que está ocurriendo en la provincia de Jujuy”, escribe Rita Segato.

Vista de la exposición Thapiri / Sueño, de Sheroanawe Hakihiiwe, en el MAC Parque Forestal, Santiago, 2025. Foto: Jorge Brantmayer

Tal como el Triángulo del Litio (Argentina, Chile, Bolivia) y la Patagonia (Chile, Argentina), la Amazonía (Brasil, Perú, Colombia, Venezuela, Ecuador, Surinam, Guayana Francesa) se ha vuelto zona de interés estratégico para “el mañoso hombre blanco”. Esta última, debido particularmente a una nueva fiebre del oro[1]. Hablamos de espacios tan extensos y transfronterizos que, para resumir, podríamos hablar de que la zona de interés es, en realidad, América Latina, y que los únicos que están realmente dispuestos a defenderla son los pueblos originarios.

En Chile los mapuche y los aymara también son comunidades muy respetuosas de sus ecosistemas ¿Te interesan las conexiones con otros indígenas de Latinoamérica que puedan estar en situaciones similares?

Claro, todos los chamanes me han hablado cuando cantan. Todos los que somos participantes de los pueblos originarios oímos a los chamanes y tenemos conexión con los otros indígenas. Sabemos dónde viven y sabemos lo que viven acá, en Perú, Ecuador o Brasil. Todos los espíritus de los indígenas tienen conexión.

Al otro día de la inauguración de Thapiri / Sueño, y en el marco del lanzamiento del espacio formativo Academia MAC, Sheroanawe Hakihiiwe participó en un conversatorio y realizó un recorrido por su obra. Al terminar su presentación, agradeció a los presentes, y dijo: “Ahora que todos me están escuchando quiero decirles que es para mí un placer estar aquí en Chile, que puedan venir a ver mi exposición amigos del pueblo indígena mapuche y poder compartirles mi trabajo a todos ustedes”. Luego, continuó:

También quiero que escuchen esto que les voy a decir:
Todo lo que ustedes ven en esta exposición es muy hermoso, pero también está en peligro de desaparecer. Todo:
mi familia, mi comunidad,
esta lengua que nosotros hablamos
todo lo que conozco en la selva,
sus animales, las plantas y los ríos,
y también yo.

Los chamanes dicen:
este tiempo ha llegado,
los espíritus de la selva están tristes,
nosotros estamos tristes.

Hoy no podemos pescar ni bañarnos en el río Orinoco, tampoco podemos sembrar a sus orillas, el agua está contaminada con mercurio y con minerales malos para nosotros. Las personas enferman su piel y sus cabellos se caen. Muy pronto todo morirá y desapareceremos.

¿A dónde vamos a pedir ayuda?
¿Quién nos va a ayudar?
¿Quién puede parar todo eso que está pasando?

El mundo está muy mal,
los seres humanos no nos preocupamos por la naturaleza,
el agua o el aire.

Todos quieren oro,
y el oro para nosotros los Yanomami no es nada.

Vista de la exposición Thapiri / Sueño, de Sheroanawe Hakihiiwe, en el MAC Parque Forestal, Santiago, 2025. Foto: Jorge Brantmayer

[1] Para más información, recomendamos leer los artículos La extracción de oro como actividad colonizadora en la Amazonía brasileña publicado en Mongabay y El mercado alcista del oro tiene un secreto sucio, publicado el 26 de junio pasado por The Economist.

Julio Saavedra

Mulchén, Chile, 1982. Periodista. Magister en Música como Arte Interdisciplinario de la Universitat de Barcelona. Ha escrito sobre música, arte y cultura en diversos medios. Fundador y director de arte y comunicaciones de Sello Piloto.

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