Skip to content

LA HOJA QUE CANTA. ENTREVISTA A LAURA ANDERSON BARBATA

La práctica de Laura Anderson Barbata (1958), artista mexicana transdisciplinar que vive y trabaja entre Nueva York y Ciudad de México, se desplaza entre la performance, la procesión, la danza, la música, las artes textiles, el vestuarismo, la fabricación de papel, los fanzines y la protesta. 

Desde 1992, la artista viene realizando proyectos centrados en la justicia social y el medio ambiente en el Amazonas venezolano, Trinidad y Tobago, México, Noruega y Estados Unidos. Entre ellos, destaca La Repatriación de Julia Pastrana (2005-en curso), que tuvo como resultado la retirada de su cuerpo de la Colección Schreiner de Oslo y su exitosa repatriación y entierro en Sinaloa, México, su lugar de nacimiento.

Barbata también es conocida por su proyecto Transcommunality (2001-presente), en el que trabaja con zancudos, artistas y artesanos de México, Nueva York y el Caribe para construir puentes culturales y fomentar la colaboración creativa entre personas de diferentes regiones y tradiciones.

Conversamos con la artista a propósito de su reciente exposición en la galería Marlborough de Nueva York, titulada Singing Leaf (9 sep – 28 oct, 2023), en la que cobran protagonismo elementos como el sonido, los idiomas y la diversidad lingüística. También ahondamos en sus colaboraciones con artesanos y artesanas y en la repatriación de Julia Pastrana como un esfuerzo por rectificar la historia.

Vista de la exposición “Singing Leaf”, de Laura Anderson Barbata, galería Marlborough, Nueva York, 2023. Foto: Olympia Shannon. Cortesía: Marlborough Gallery, NY

Adriana Melchor Betancourt: Si bien tu exposición en la galería Marlborough ya concluyó, creo que también puede ser un buen momento para preguntarte sobre las expectativas que tenías al respecto y por cómo te sientes después de este proceso.

Laura Anderson Barbata: Con todo y que sabemos que una exposición de este tipo naturalmente lleva a reflexiones, a cambios, es impredecible la forma en que la viviremos, lo que vamos a aprender y descubrir acerca de nosotros mismos. Todavía sigo procesando la experiencia y aún no me cae el veinte. Siento que siempre es -o quiero que sea- un parteaguas donde claramente ves un antes y un después.

Por ejemplo, durante la exposición que tuve en el Museo de Arte Moderno en la Ciudad de México, ya estaba inmersa en mi trabajo en el Amazonas de Venezuela. Sin embargo, mantenía claramente diferenciadas esas identidades: la Laura que se desenvolvía en el Amazonas y la Laura que trabajaba en su taller. La totalidad de la obra presentada en esa exposición consistía en esculturas y dibujos que exploraban temáticas vinculadas al medio ambiente, como semillas, naturaleza y procesos de germinación.

Mi intención inicial era evocar la experiencia humana, transmitir la sensación de que algo crece en nuestro interior, el despertar de ideas. Esta exposición posteriormente viajó a Nueva York, y hacia el final, casi al cierre, sentía que todo debía cambiar, que estaba transitando por un camino completamente equivocado. Ahora, no voy a negarlo ni borrarlo. Siento que un paso me llevó al siguiente, como si uno hubiera guiado inevitablemente al otro.

Me di cuenta de que, a pesar de que estaba expresando mis ideas de manera muy poética sobre la naturaleza, la obra que estaba haciendo estaba muy alejada de lo que estaba viviendo y sintiendo en el Amazonas.

Como mexicana, la historia que compartimos en México y cómo esa experiencia removía cosas que me eran familiares, generaba conversaciones e inquietudes compartidas con compañeras y compañeros, relacionadas con preguntas como ¿quién tiene autoridad sobre tu historia? O cuestionábamos el momento de la interpretación de la Conquista o la Invasión, término que a veces siento que describe de manera más precisa dicho periodo.

Entendí que necesitaba abordar estos temas de manera más directa y frontal, hablar explícitamente sobre lo que presenciaba. ¿Qué veía? Estaba viendo la presencia militar, las enfermedades causadas por la minería ilegal, la actividad de los garimpeiros, la continua labor de las misiones, el persistente trabajo de evangelización y los conflictos entre las distintas misiones, y las rivalidades entre los grupos conversos. Eventos como estos no los estaba reflejando en mi obra, dejando de lado nuestra historia en Latinoamérica como pueblos forzados a la conversión, y cómo estas tácticas continúan afectándonos.

Entonces, viendo mi obra en estas exposiciones, digo “qué bonito aludir a la naturaleza”. Incluso al tratar temas como el horizonte, la tierra y la verticalidad dentro de esta misma naturaleza, me di cuenta de que mis estructuras plásticas estaban muy lejos de reflejar lo que realmente estaba viviendo y presenciando. Fue en este momento cuando decidí dar un giro radical en mi obra, adoptando una posición crítica y atreviéndome a abordar de manera directa los problemas que observaba. Así nació la serie En el orden del caos.

Estoy esperando ese momento en el que sientes el cubetazo de agua fría. Es un momento desafiante porque implica reconocer que lo que se ha dicho o hecho ya no es aplicable. Hay un cierto juicio, una cierta evaluación personal, y para superar esa sensación tienes que seguir adelante con esto nuevo. Lo estoy esperando con mucha ansiedad y deseo que me destruya. Que desarme todas las estructuras que yo pensaba que eran las correctas para volver a armarlas con palitos, como me pasa siempre. Me da miedo, pero estoy lista, aunque nunca está realmente preparado.

Vista de la exposición “Singing Leaf”, de Laura Anderson Barbata, galería Marlborough, Nueva York, 2023. Foto: Olympia Shannon. Cortesía: Marlborough Gallery, NY

AMB: Claro, te confronta. No me esperaba esta respuesta. He revisado un par de entrevistas y conversatorios que se han hecho a propósito de tu nueva exposición Signing Leaf. Me da mucho gusto que la gente se haya interesado por la muestra. Para quienes no la pudimos experimentar de manera presencial, ¿podrías contarnos cómo era el recorrido por las salas y sobre el significado de su título?

LAB: La exposición fue curada por tres personas, que son los directores de la galería, Sebastián Sarmiento, Alexa Burzinski y Nicole Sisti. Se tomaron realmente bastante tiempo para revisar la obra. Las conversaciones para seleccionar las piezas fueron muy interesantes. Siempre me invitaban a participar, a dar mi opinión, me daban a mí el último voto si es que había algo que se estaba cuestionando. Pero también quería que tuvieran la libertad de curar la exposición. Les agradezco infinitamente que me hayan invitado a colaborar. Hicieron una selección muy interesante y la obra se fue distribuyendo según el espacio de la galería, que es bastante grande…tiene dos pisos.

La muestra no sigue una secuencia cronológica, ya que abarca 30 años de obra, pero es una selección que, al ser organizada, comienza a tejer una narrativa a través de los materiales, la materialidad y el sujeto.

Cuando entras, te recibe una obra de 2013 que de alguna manera te da la bienvenida de una manera alegre y muy positiva. Es el resultado de una colaboración de varios años en Oaxaca con artesanos y artesanas. Esta pieza está compuesta por alebrijes trabajados con la participación de bordadoras, tejedores y distintos alebrijeros.

El principal tallador de estos alebrijes es el maestro Martín Melchor, que hace animalitos en situaciones humanas. Yo le propuse hacer un conjunto de animales, pero en zancos, para seguir trabajando el tema, ya que en ese momento estaba trabajando en Oaxaca con los Brooklyn Jumbies y los zanqueros de Zaachila, además de colaborar con artesanos y artesanas. De esta manera la obra encapsula, no solo esa experiencia, sino que también era una interpretación de las distintas intervenciones con zanqueras y zanqueros en distintas partes del mundo.

Laura Anderson Barbata, Yo no soy digno de que vengas a mí, pero una palabra tuya bastará para sanar mi alma, 1996, 46 perlas grabadas, 15,2 x 10,2 cm. Foto: Olympia Shannon. Cortesía: Marlborough Gallery, NY
Laura Anderson Barbata, Yo no soy digno de que vengas a mí, pero una palabra tuya bastará para sanar mi alma, 1996, 46 perlas grabadas, 15,2 x 10,2 cm. Foto: Olympia Shannon. Cortesía: Marlborough Gallery, NY
Laura Anderson Barbata, El miedo no anda en burro (autorretrato), 1998, cera, espejo, caña, palos y piedras, 44,5 x 17,8 x 15,2 cm. Foto: Olympia Shannon. Cortesía: Marlborough Gallery, NY

Luego están piezas de la serie en el Orden del caos que son de la década de los noventa. Una de ellas destaca por un oído adornado con perlas grabadas con los nombres de los idiomas indígenas que se hablan en el Amazonas en la actualidad. También hay una mano muy pequeña que te ofrece una perla. Luego te recibe el color y hasta cierto punto el sonido, pues tienes varios videos de todos los artesanos y artesanas que trabajaron, sus testimonios y experiencias.

Luego está una pieza muy chiquita, muy callada, de 5 x1 cm, que te exige detenerte en silencio, antes de entrar a la sala más grande. Para que una obra sea fuerte no necesariamente tiene que ser grande. En contraste, la siguiente pieza con la que te encuentras es Archivo X, que va de piso a techo. Empiezas a hilvanar, por ejemplo, los materiales, empiezas a ver las perlas, partes del cuerpo humano, fotografías que tomé en los noventa, de maíz en el Amazonas, de una de las primeras canoas que hice cuando empecé a trabajar en el Amazonas y por lo que regresé varias veces.

Luego te encuentras a un costado con El viaje (autorretrato), una instalación compuesta por una canoa sobre un camino de pétalos de cempasúchil, maíz, una figura de cera con un perro de cera y, justo en frente, una fotografía de perros en el Amazonas. Vas viendo que existe una narrativa y una relación entre los sujetos, con la materialidad y el tema que se está tratando… y eso te va llevando por toda la exposición. Tienes piezas de distintos años conviviendo y en diálogo con otras series, y creo que funciona muy bien.

Vista de la exposición “Singing Leaf”, de Laura Anderson Barbata, galería Marlborough, Nueva York, 2023. Foto: Olympia Shannon. Cortesía: Marlborough Gallery, NY
Laura Anderson Barbata, Archivo X, 1998-2023, fardos de papel de abaca hechos a mano con inserciones del Nuevo Testamento en varios idiomas sobre estructura de bambú. Pieza única. Foto: Olympia Shannon
Laura Anderson Barbata, Archivo X, 1998-2023, fardos de papel de abaca hechos a mano con inserciones del Nuevo Testamento en varios idiomas sobre estructura de bambú. Pieza única. Foto: Olympia Shannon
Laura Anderson Barbata, Archivo X [detalle], 1998-2023, fardos de papel de abaca hechos a mano con inserciones del Nuevo Testamento en varios idiomas sobre estructura de bambú. Pieza única. Foto: Olympia Shannon

AMB: ¿Podrías platicarnos sobre el título?

LAB: Hay varias maneras de explicar el título. Una sería demasiado sencilla pero la más central. Quería incluir en este proyecto la historia de Julia Pastrana, su repatriación y entierro. Entonces pensé que el sonido está muy presente, hay varias obras que aluden a los idiomas y a la importancia de la diversidad lingüística en Latinoamérica y en el mundo en general. Esta relevancia del sonido, las voces y los idiomas conduce a la noción de cantos. Singing Leaf es «hoja que canta», y en yanomamɨ se dice amoa henami.

Después de varios años colaborando con Sheroanawe Hakihiiwe, un artista que ahora es ampliamente reconocido (comenzamos a trabajar juntos en un proyecto de papel artesanal), desarrollamos una relación cercana. Me llevo muy bien con su mamá, me ha enseñado muchísimas cosas. Y un día me dicen: “Sabes qué, ya necesitas tu nombre yanomamɨ”. Les dije: “Ok, gracias, estoy lista para recibirlo”. Y hablan y hablan y dicen: “Ok ya lo tenemos: Amoa Henami, hoja que canta». Es mi nombre. ¡Qué regalo tan hermoso!

Entonces, no lo anuncio, pero cuando propuse el título, yo decía “me atrevo, no me atrevo, lo comparto o no lo comparto”. Y pensé “es mi nombre, es el nombre que me dieron y me pertenece, pero no lo quiero anunciar o presumir ni nada”.

Pero, como te decía, es también un título que alude a toda la exposición: el canto de Julia Pastrana, las voces de los idiomas, la música dentro de las intervenciones, el trabajo sobre hojas de papel que tiene fibras de hojas, los libros… Y pensé: “Es que ‘hoja que canta’ es todo esto que está sucediendo”; y sin que se refiera a mi nombre, también habla de todo esto.

Vista de la exposición “Singing Leaf”, de Laura Anderson Barbata, galería Marlborough, Nueva York, 2023. Foto: Olympia Shannon. Cortesía: Marlborough Gallery, NY

AMB: Me parece muy bonito y muy potente. No había pensado en este componente sonoro de tu obra en términos del lenguaje. Había visto los videos, los rituales de las intervenciones, pero no había pensado en lo importante que era el sonido desde el lenguaje, y de todo lo que estás enunciando en tu obra. Así que acabo de aprender algo nuevo de tu trabajo.

LAB: He dedicado muchos años a estudiar los lenguajes y la historia de la diversidad lingüística en México, y luego a la diversidad lingüística de Venezuela, centrándome en estos dos países. Sin embargo, también he estudiado las lenguas de Norteamérica, en la frontera, y me aventuré a investigar en otros lugares. En la exposición, podrás encontrar una pieza que trata sobre los idiomas hablados en el sur de Estados Unidos y el norte de México. He hecho varias obras que tienen que ver con el idioma.

AMB: ¿Y qué has encontrado después de estudiar estos sonidos, lenguas y fonemas?

LAB: Es complejo porque, por un lado, tienes la realidad de que muchos idiomas se están perdiendo, hay menos personas que los hablan, pero también hay otros que se están hablando más. Entonces, esto ha sido muy interesante. Por ejemplo, en esta obra que te comenté, algunas de las personas que hablan esos idiomas no reconocen las fronteras políticas, no tienen relevancia para los grupos que residen en esas áreas.

Esta obra es del 2001 y quería actualizar los números, porque la obra está acompañada de información, de estadísticas, y muchos de estos idiomas han experimentado cambios desde entonces. Este fenómeno puede interpretarse como motivo de optimismo, una señal de resistencia y fortaleza en algunos casos, pero también como una preocupación cuando los números disminuyen.

Cuando comencé a trabajar con idiomas o a incluir este elemento en mi obra, mucha gente no lo reconocía. Recuerdo una performance que realicé en el Museo MARCO de Monterrey, donde distribuí unos folletos que enlistaban los nombres de todas las lenguas que se hablaban en la zona. La gente estaba sorprendidísima. Hoy en día, no estarían tan sorprendidos. Se le está dando un lugar más destacado. Este reconocimiento contribuye a que los idiomas puedan crecer y mantenerse.

Vista de la exposición “Singing Leaf”, de Laura Anderson Barbata, galería Marlborough, Nueva York, 2023. Foto: Olympia Shannon. Cortesía: Marlborough Gallery, NY

AMB: Comentaste al inicio de nuestra conversación que la exposición no está organizada de manera cronológica sino temática. En este sentido, ¿qué temas pensabas haber abandonado por completo, pero ahora han regresado?

LAB: El dibujo. El dibujo ha sido muy importante para mí desde el principio. Era lo que yo exponía al inicio de mi carrera. Aunque dejé de producir tanto dibujo, me apoyo en este medio para hacer muchas de las obras, pero no los exhibo, no los concibo como obras. Eso es algo a lo que quiero regresar, a esa inmediatez y sencillez de materiales bien nobles y accesibles como el papel, grafito o el carbón. Siento que eso es algo que está regresando.

Hay autorretratos grandes sobre tela y son un tipo de dibujo, o un tipo de pintura. Entonces, estoy trabajando de nuevo la bidimensionalidad, que la había dejado un poco atrás. Eso, por un lado.

Por el otro, en cuanto a los temas que pensé haber abandonado, está la referencia más poética acerca de la naturaleza. Aunque he cambiado la forma en que abordo esta poesía, todavía está presente en los materiales que utilizo, como tintes naturales obtenidos de hojas y flores. Ahí siento que continúa. Sigue presente en la creación de textiles, pero de una manera diferente, explorando nuevas posibilidades.

Laura Anderson Barbata, Shapono, 1992-2001, libro, 31,8 x 22,9 cm. Foto: Olympia Shannon. Cortesía: Marlborough Gallery, NY

AMB: Revisando las referencias sobre tu cuerpo de obra, he visto que has trabajado varias veces como tallerista. Me gustaría saber cómo preparas tus talleres para posibilitar el intercambio y la reciprocidad.

LAB: Tu pregunta tiene muchas aristas. Si empezamos a responder tu pregunta desde la reciprocidad y los intercambios, sí, es central, porque durante mi primer viaje al Amazonas, en 1992, conocí a la familia Ortíz en un lugar remoto que requiere permisos especiales y todo tipo de sellos para poder ir. Y es en este lugar donde he sido testigo de cómo la comunidad local está compartiendo conocimientos con la comunidad yanomamɨ, enseñándoles el arte de construir canoas.

El hacer una canoa es un proyecto colectivo, comunitario, donde todo el mundo tiene un papel súper importante. Sea llevar agua, preparar comida, sea cortar y hacer mecate, hay numerosas tareas que, aunque no estén directamente relacionadas con la construcción de la canoa, son reconocidas por todos y todas como contribuciones igualmente importantes.

La comunidad no solo se enfoca en la construcción física de la canoa, sino también en el uso consciente de los materiales. La gente se dirige al bosque, dialoga con los árboles, selecciona cuidadosamente el indicado, y cuando veo esto les pregunto si me pueden aceptar como aprendiz, y la respuesta fue: “Si nosotros te enseñamos cómo hacer una canoa, tú que nos enseñas a cambio”.

Era el año 92 y se estaba hablando sobre quién escribe la historia, quién la narra, quién es el autor o autora, y cuál es la correcta. Había visto libros sobre estos grupos indígenas que no estaban escritos por ellos mismos ni se centraban en su entorno. Les propuse la idea de hacer libros y papel para que pudieran relatar su propia historia con sus propias palabras, en su idioma, e ilustrarlos según su perspectiva, y que decidieran los fines del proyecto. Les gustó la idea.

Esa experiencia me permitió darme cuenta de que la relación ideal entre seres humanos es aquella en la que se reconocen de manera horizontal los conocimientos de la otra persona, y el valor que esa persona tiene como dueño o dueña de esos conocimientos. Y que en ese compartir, no se pierde, sino que se gana, porque está realizado bajo una dinámica de equidad, de reciprocidad. Para mí fue muy importante y me permitió implementarlo en todo.

Además, me guió para establecer estos talleres de papel y libros. Trabajé en tres comunidades distintas y cada una le dio una dirección muy diferente. Shapono (2000) ganó el premio de mejor libro del año en Venezuela.

El proyecto continuó dentro de la comunidad y las escuelas, ya que también contaban con talladores y artistas especializados en grabados en madera. Los grupos piaroa me llamaron porque quería aprender. Trabajamos con lo que tenían a su alrededor, adaptando la tecnología que tenían. Hasta que me dijeron: “Ya te puedes ir. Vamos a hacer nuestros propios libros para las escuelas y ya no vamos a depender del gobierno”.

No regresé porque no era necesario; la comunidad dijo: “Ya tenemos lo que necesitamos”. Es una comunidad de la que aprendí mucho durante este proceso de intercambio, no sólo de técnicas, sino de maneras de vivir éticamente con tu entorno.

Un día llegó un autobús lleno de militares, se bajan, empiezan a barrer y toda la comunidad les cuestionó qué hacían. Era un servicio de limpieza proporcionado por el gobierno y gratis. La gente de la comunidad estableció después que ellos mismos se encargarían de hacerlo. Son comunidades y esa es su naturaleza.

Las técnicas para fabricar papel y reciclarlo se han vuelto fundamentales, especialmente al recibir grandes cantidades de papel provenientes de las ciudades, que de lo contrario sería considerado desecho y quemado. Uno de los testimonios políticos más impactantes que puede existir es que los yanomamɨ tomen la basura de las misiones, la reciclen y la transformen en productos vendibles, como postales, tarjetas, sobres y cuadernos.

Vista de la exposición “Singing Leaf”, de Laura Anderson Barbata, galería Marlborough, Nueva York, 2023. Foto: Olympia Shannon. Cortesía: Marlborough Gallery, NY
Vista de la exposición “Singing Leaf”, de Laura Anderson Barbata, galería Marlborough, Nueva York, 2023. Foto: Olympia Shannon. Cortesía: Marlborough Gallery, NY

Continuando con tu pregunta, en Oaxaca quise invitar a artesanos y artesanas a participar en el proyecto. Después de varios años colaborado con los zancudos de Zaachila y participado en sus festejos, me di cuenta de que había el potencial de invitar a más personas que no solo fueran los Jumbies con sus técnicas afrocaribeñas, sino que podíamos incluir, por ejemplo, a los textileros de la zona.

Así es como abordamos la colaboración con una familia de talladores. Me dijeron: “Somos la última generación que hará este trabajo”. Es muy fuerte escuchar esto. Lo que me interesa son las relaciones que se pueden generar, que no dependen de mí, que tal vez nacieron en el proyecto y que luego continúan y yo ya no participo, como pasó con los piaroa.

Es evidente que los testimonios presentados en las exposiciones y en las acciones les han traído nuevos clientes y coleccionistas, que vienen de otro lugar e ingresan por la puerta del arte contemporáneo.

Acabo de ver uno de esos alebrijes en zancos en el New York Times. Resulta que el artesano, Martín Melchor, sigue haciendo, aunque no igual, los animalitos con zancos. Esta retroalimentación ha beneficiado a las personas que participan. A veces ni me entero, otras veces sí o me sorprendo cuando me entero de estas noticias.

Yo veo a estos proyectos como relacionas humanas; son amistades que vas construyendo a través del tiempo, y son sinceras. Veo muchas y muchos artistas que trabajan en distintas comunidades, van y extraen o reciben el conocimiento que buscan, y ya no regresan y no saben más del grupo. A mí eso me cuesta mucho trabajo, a menos que sea acordado mutuamente; hay que tener en cuenta las dinámicas de dependencia que puedan surgir.

Entonces, los talleres me cuestan mucho trabajo. Si me invitan a hacer un proyecto en una comunidad es muy difícil que yo pueda decir realmente que sí. Primero tenemos que hablar con la gente y ver qué sale de eso. Segundo, ver si todas las partes tenemos el tiempo para este compromiso que implica una relación que va a durar mucho tiempo.

Los talleres como los de la Esmeralda o de otras universidades se tratan más que nada de compartir dinámicas de colaboración, de cómo puedes activar esas relaciones y cómo lo he hecho yo. Básicamente los talleres son un poco eso: cómo podemos ver nuestro entorno y nuestro mundo de otra manera, a través de un diálogo, de un intercambio.

Laura Anderson Barbata, Autorretrato (con cera de miel), 2023, seda con cera, carboncillo y grafito. Teñido con cochinilla, cúrcuma, hierro, añil y rosa, 187,3 x 101,6 cm. Foto: Olympia Shannon. Cortesía: Marlborough Gallery, NY
Laura Anderson Barbata, Autorretrato (Process of Becoming), 2023, jacquard de seda teñido a mano con caléndula, piel de cebolla, té, óxido, tinta de hiel, bastoncillo de conte y carboncillo, 185,4 x 100,3 cm. Foto: Olympia Shannon. Cortesía: Marlborough Gallery, NY
Laura Anderson Barbata, Autorretrato, 1993-97, impresión cromogénica, 99,1 x 73,7 cm. Foto: Pierre Le Hors. Cortesía: Marlborough Gallery, NY
Laura Anderson Barbata, Autorretrato (Primera Parte) [detalle], 1996-2023, figura de cera sobre puente de ratán con cuerdas y espejos, dimensiones variables. Foto: Olympia Shannon. Cortesía: Marlborough Gallery, NY

AMB: Regresando a las piezas de tu exposición, he estado pensando mucho en tus autorretratos. En algunos de tus testimonios explicas que has removido el torso y la cabeza de estas representaciones para poder percibir mejor el mundo. Pero también estaba tratando de conectar esto con la historia del arte y la historia del propio género del autorretrato dentro de la práctica artística. En ese sentido, ¿podrías contarme más sobre este interés tan particular en tu obra, esta forma de hacer autorretratos?

LAB: Gracias. Yo siento que el autorretrato es una práctica sumamente importante. Creo que todos y todas debemos hacerlo. Aunque no se exhiban como obras, creo que debemos hacerlo continuamente como un ejercicio.

Antes hacía mis autorretratos, mis dibujos todas las mañanas, toda una disciplina de estudiante. Conforme fue pasando el tiempo, también me permitía, a través de las series que estaba trabajando, analizar quién soy yo dentro del trabajo: qué líneas soy yo, qué líneas me representan, qué colores, qué texturas, a dónde pertenezco dentro de lo que hago.

Por ejemplo, si estoy trabajando con semillas, con el movimiento y el aire… ¿dónde estoy yo? ¿qué soy yo? Entonces, comencé a hacer obras de ese tipo: empiezo a cortarme la cabeza, debajo de los hombros… Cuando reconozco que necesito cambiar mi trabajo para reflejar lo que estaba viviendo en el Amazonas, es cuando me viene esta imagen de una figura caminando por un puente, sin cabeza. Entendí que esa figura no se iba a caer, y que esa figura soy yo. Esta imagen me vino al poco tiempo de haber regresado del Amazonas. Sentí que era muy importante que fuera un puente para acentuar el hecho de que no tener cabeza, ojos, oídos ni cerebro, y estar caminando así por un puente, pues parece peligroso y que no vas a poder, pero esa es la experiencia de la vida: enfrentamos momentos de vértigo y desafío, pero seguimos adelante.

¿Qué es lo que nos mantiene dando pasos día a día? Y no es lo que vemos, pensamos y lo que escuchamos. En esa obra me estaba describiendo a mí misma, y hoy ya la comparto porque siento que es una experiencia generalizada. Que lo que nos mantiene en este puente de la vida son pasos pequeños, y que estamos siguiendo una voz interior que nos guía.

Porque si pensamos la realidad sociopolítica de este mundo, como lo platicamos al inicio, es tremenda. Pero algo te libera para poder escuchar tu centro y eso no te va a engañar como los oídos y los ojos. El conocimiento te puede hacer caminar con más seguridad, pero tus pasos tienen que ser más pequeños. Así es como empiezo, y luego empiezo a quitarle la cabeza a todo mundo porque es como liberarlos.

Laura Anderson Barbata, La Extraordinaria Historia de Julia Pastrana. Purgatory, 2016, 21.6 x 17.8 cm. Foto: Olympia Shannon. Cortesía: Marlborough Gallery, NY

AMB: Otro de los proyectos que más me ha conmocionado es la Repatriación de Julia Pastrana. Su historia me afectó, pero el gusto de saber que su vida fue dignificada y que ahora recibe el reconocimiento a su labor como artista me pareció muy importante. La magnitud de este proyecto se condensa en un nuevo libro que has presentado. Y mientras esto sucede, me encontré con algunos artículos[1] sobre las colecciones de restos humanos que conservan museos como el American Museum of Natural History y la lucha de varias comunidades nativas de Estados Unidos por recuperar a sus ancestros. En este contexto neoyorquino ¿cómo te resuena este proyecto?

LAB: En uno de los capítulos de este nuevo libro, Lives on Show, Bodies behind Glass: Julia Pastrana’s Parallels in Museum Collection, una de las autoras, Bess Lovejoy, habla sobre algunas de las personas que aún permanecen en este tipo de colecciones. Ella habla de estas personas y cómo es que acabaron en estas colecciones cuando sus intenciones eran otras.

En el caso de Museo de Historia Natural, no sé qué signifique en términos concretos que se va a responsabilizar por las personas que tienen en sus colecciones. Pero hay una historia desgarradora de una persona de Alaska… en fin, ya lo leerán en este libro.

Y sobre el contexto neoyorquino, es un tema que ahora se está discutiendo más y las instituciones están reconociendo su error. El caso de Julia Pastrana fue difícil, porque las instituciones tienen una enorme vergüenza de ser responsables de estas historias, y prefieren mejor enterrarlas y no abordarlas para no hacerlas públicas; pero es demasiado tarde: ya se sabe.

Te tratan de callar un rato, pero tarde o temprano sale. Las instituciones me tenían mucho miedo porque creían que se les iba a venir una avalancha de protestas. Pero si son parte de ese cambio pueden sentirse como parte de un futuro más digno. Pueden ser colaboradoras y es ahí donde la reciprocidad también se ve. La capacidad de transformar esa vergüenza histórica puede convertirse en una oportunidad para generar un cambio significativo. Eso puede ser muy positivo.


[1] https://www.nytimes.com/2023/10/15/arts/american-museum-natural-history-human-remains.html

https://www.propublica.org/article/repatriation-nagpra-museums-human-remains

Adriana Melchor Betancourt

Estudió la licenciatura en la Universidad Iberoamericana y es maestra por la Universidad Nacional Autónoma de México, ambos grados en historia del arte. Ha colaborado para publicaciones académicas y de difusión dedicadas al arte contemporáneo y diseño. Dentro de sus intereses de investigación destacan el arte de posguerra, arte contemporáneo y la historia de las exhibiciones. Actualmente es curadora en la Sala de Arte Público Siqueiros y docente en el Tecnológico de Monterrey y en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

Más publicaciones

También te puede interesar

PÍLDORAS Y LENTEJUELAS. MUJER Y DISCAPACIDAD

"Dedicar una bienal entera a la intersección de los ejes mujeres, arte y discapacidad solo requiere una justificación: la de por qué no se había hecho antes. Porque sí, esta es la primera exposición...