HISTORIAS DE LA ECOLOGÍA
En el mismo año en que Brasil recibe la COP30, la gran cumbre global sobre la crisis climática, el MASP – Museo de Arte de São Paulo presenta Historias de la Ecología, una ambiciosa exposición colectiva que ocupa la totalidad del nuevo Edificio Pietro Maria Bardi. Con más de doscientas obras provenientes de veintisiete países —entre ellos Colombia, Perú, México, Venezuela, Argentina y, por supuesto, Brasil— la muestra propone un extenso recorrido por prácticas artísticas, experiencias comunitarias y movimientos sociales que examinan la ecología como una trama de vínculos entre seres vivos y los mundos que habitan.
El proyecto parte de una decisión conceptual deliberada: hablar de “ecología” en lugar de “naturaleza”. En esta distinción se inscribe la voluntad de desmontar la idea de una exterioridad natural —estática, separada, disponible— para enfatizar que los seres humanos forman parte de un ecosistema complejo, interdependiente y en perpetua transformación.
De este modo, la exposición entiende la ecología como un sistema relacional en el que animales, plantas, ríos, hongos, montañas y cuerpos humanos participan de un mismo campo de fuerzas históricas y políticas. “No podemos pensar en la naturaleza como algo separado de lo humano”, afirma André Mesquita, curador del MASP, subrayando que el medio ambiente no es un paisaje de fondo, sino un entramado vivo de materialidades, afectos y disputas.

Curada por Mesquita junto con Isabella Rjeille, Historias de la Ecología reúne perspectivas que dialogan desde distintas geografías y temporalidades para abordar los efectos de la crisis climática contemporánea. El énfasis recae en la dimensión política de estas historias: las maneras en que género, raza y clase se intersectan con los procesos de extracción, desplazamiento forzado y migración, así como con la construcción de saberes y estrategias de resistencia.
Organizada en cinco secciones —Red de Vida; Geografías del Tiempo; Devenir; Territorios, Migraciones y Fronteras; y Habitar el Clima— la exposición traza un recorrido lineal que funciona como una cartografía expandida. En ella se despliegan distintas formas de habitar y pensar el mundo, desde la memoria ecológica de los territorios hasta las interdependencias entre humanos y no humanos, pasando por temporalidades que desbordan el presente y discursos que imaginan futuros situados dentro de un planeta herido pero aún por venir.
“Historias de la Ecología se mueve entre diferentes formas de conocimiento: el geológico, el biográfico, el ancestral, el espiritual, el comunitario, el local, el planetario. Estas intersecciones amplían la visión de lo que está en juego en la actual crisis climática, no como un evento aislado, sino arraigado en estructuras coloniales y patriarcales que condicionan las formas de habitar el planeta”, señala Isabella Rjeille.
Entre los artistas y colectivos participantes se encuentran Santiago Reyes Villaveces (Colombia); Aycoobo–Wilson Rodríguez (Colombia); Nohemí Pérez (Colombia); Cecilia Meléndez (Perú, pueblo Shipibo-Konibo); Chonon Bensho (Perú, pueblo Shipibo-Konibo); Cooperativa Gráfica La Voz de la Mujer (Argentina); Cosa Rapozo (México); Denise Alves Rodrigues (Brasil); Donna Conlon (Estados Unidos/Panamá); EDELO – En Donde Era La ONU (México) y Kika Carvalho (Brasil); Irma Poma Canchumani (Perú); Joseca Yanomami (Brasil, pueblo Yanomami); el Movimento dos Artistas Huni Kuin – MAHKU (Brasil, pueblo Huni Kuin); el Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra – MST (Brasil); Santiago Yahuarcani (Perú, pueblos Cocama y Uitoto); Rita Ponce de León (Perú); Rosana Paulino (Brasil); y Sheroanawe Hakihiiwe (Venezuela, pueblo Yanomami).

Red de Vida
La sección Red de Vida aborda la noción de trama como metáfora estructural y símbolo sagrado en distintas culturas, convocando ideas de equilibrio, reciprocidad e interconexión entre todos los seres del planeta. Concebida como entrada a la exposición, despliega un mapa sensorial y político de las relaciones que sostienen el mundo, desde las cosmovisiones indígenas hasta las tensiones contemporáneas vinculadas al poder, la influencia y el territorio.
En este núcleo, la pintura Madre Tejedora (2020), de Pesin Kate (Cordelia Sánchez García, pueblo Shipibo-Konibo, Perú), condensa la potencia simbólica de esa red. La artista, nacida en Pucallpa y residente en Lima, representa a una figura femenina bordando patrones geométricos sobre una tela. Estos diseños —los kené— constituyen una de las expresiones más profundas del arte femenino shipibo-konibo: un lenguaje visual que encarna conocimientos ancestrales vinculados a la sanación, los sueños y la armonía entre cuerpo, espíritu y territorio.
Tejer es una tecnología ancestral en la que se enlazan hilos, narrativas y existencias dentro de un tejido común. En la interpretación de Pesin Kate, la acción adquiere una dimensión cósmica: cada trazo bordado participa en la formación de un universo donde todas las formas de vida están conectadas y en permanente diálogo.
En Mi linaje femenino brasileño de lucha, de la serie Genealogía de la lucha (2018–19), la artista colombiana Carolina Caycedo retrata en dibujo a mujeres ambientalistas y defensoras de territorios. La obra se articula en dos conjuntos: uno reúne activistas de distintas regiones del mundo y el otro se centra en figuras brasileñas, entre ellas Vandana Shiva, referente central del ecofeminismo contemporáneo.
En el reverso de cada retrato, Caycedo incorpora breves relatos que reconstruyen la trayectoria de las mujeres representadas, haciendo visible una memoria colectiva marcada por la resistencia frente a la violencia, el extractivismo y la criminalización. Al trazar esta constelación de rostros y biografías, compone una genealogía feminista que legitima y celebra las luchas de quienes sostienen —muchas veces a costa de su propia vida— la defensa de los territorios y la justicia ambiental.

Geografías del Tiempo
Esta secciónreúne miradas indígenas, afrodiaspóricas, rurales y urbanas sobre la tierra y el cosmos, la vida y la muerte, la regeneración y el cuidado. En Calendário (2024), Aycoobo (Wilson Rodríguez), artista nonuya-muinane (Colombia), propone una concepción amazónica del tiempo basada en ciclos y transformaciones. Su dibujo registra un sistema de marcación temporal que desborda la lógica lineal occidental para vincular el paso del tiempo con los ritmos que atraviesan árboles, plantas, animales y ríos en la selva.
En una clave distinta, Ana Amorim (Brasil) aborda la temporalidad desde la experiencia cotidiana y la autoobservación. Para Passage of Time Study (2018), la artista realizó durante un mes una bitácora nocturna de cada jornada, asignando a cada registro un número de ubicación. Los treinta y un dibujos en bolígrafo sobre papel convierten la rutina en un ejercicio de memoria, atención y deriva urbana.
La instalación sonora Treta (2022), de la brasileña Denise Alves-Rodrigues, tensiona las distintas escalas que conforman nuestra experiencia temporal: el parpadeo instantáneo de la luz artificial de São Paulo frente al pulso inmemorial de Betelgeuse, una de las estrellas más brillantes del firmamento. Dentro de una cápsula de madera, ambos registros —el ruido producido por la contaminación lumínica y la frecuencia lumínica traducida de la estrella— colisionan y se mezclan, revelando un paisaje auditivo en disputa. La obra funciona como un puente entre tiempos humanos, urbanos y cósmicos, y enfatiza cómo las interferencias de la vida contemporánea alteran nuestra capacidad de percibir escalas que exceden la experiencia cotidiana.



Devenir
La sección Devenir investiga las relaciones entre seres humanos y seres sobrehumanos, así como los modos simbólicos, espirituales y materiales que estructuran estos vínculos.
La serie de dibujos Intentos de Crear Alas (década de 2000), de Rosana Paulino (Brasil), evoca seres híbridos en constante transformación: figuras femeninas que tejen redes, salen de capullos o adquieren alas, liberándose de estructuras que ya no les sirven.
En este apartado también se presenta la serie fotográfica Corpoflor (2016–presente), de Castiel Vitorino Brasileiro (Brasil), que profundiza en una hibridez radical entre el cuerpo humano y otras formas de vida, proponiendo una ontología encarnada que desborda las lógicas binarias de género, sexualidad y raza. En retratos y autorretratos, la artista configura corporalidades que emergen como “transfiguraciones de la carne”, registros de miedo, deseo, dolor, coraje y lujuria que operan como rituales íntimos de energía y supervivencia.
Corpoflor nació como un modo de imaginar otras formas de ser frente a la violencia de la racialización y la soledad que atravesó la artista durante su transición de género. Con el tiempo, el proyecto dejó de ser un avatar individual para convertirse en una especie de comunidad posible, que ha ido tomando forma a través de sus desplazamientos entre Vitória y otros territorios.

Territorios, Migraciones y Fronteras
Este núcleo aborda el desplazamiento forzado, los flujos migratorios y las fronteras —físicas y simbólicas— que determinan quién puede habitar, moverse o pertenecer. Entre las obras presentadas, destaca Astronauta Refugiado XI (2024), de Yinka Shonibare (Reino Unido), una figura a escala humana que prosigue una de las investigaciones más incisivas del artista sobre movilidad, desarraigo e identidad en el contexto global.
Desde 2015, Shonibare crea estos astronautas nómadas equipados con cascos y trajes espaciales confeccionados con telas inspiradas en patrones asociados a lo “africano”, un vocabulario textil atravesado por historias coloniales, apropiaciones y circulaciones transatlánticas. Estas figuras —eternamente en tránsito— parecen desplazarse entre mundos arrasados, cuerpos que orbitan sin un lugar posible al cual regresar. Encarnan los traumas de la crisis climática y los ecocidios que fuerzan la migración contemporánea, convirtiéndose en emblemas de quienes son expulsados de sus territorios por la devastación ambiental, los conflictos y las desigualdades globales. A través de ellos, Shonibare transforma la iconografía futurista en una alegoría punzante de las rutas migratorias actuales: un viaje espacial que es también una huida terrestre.

La obra sin título de la serie Resistencia (2017–19), de la artista brasileña Sallisa Rosa, parte de un objeto elemental: el machete, herramienta primordial de trabajo y, al mismo tiempo, emblema de defensa, supervivencia y afirmación territorial para trabajadores rurales y pueblos indígenas. La artista reúne fotografías de machetes pertenecientes a familiares y personas cercanas, cada uno marcado por el uso, el desgaste y el tiempo.
Estos rastros materiales funcionan como un archivo tipológico e íntimo que dialoga con la memoria colectiva —en particular, con el célebre episodio de 1989 en que la líder indígena Tuíra Kayapó enfrentó con un machete al entonces presidente de Eletronorte en protesta contra la construcción de la represa de Belo Monte en Pará—, gesto que se volvió símbolo de la resistencia indígena.
Rosa, una indígena urbana vinculada al asentamiento de Aldeia Maracanã en Río de Janeiro, vivió de cerca las tensiones provocadas por la ocupación y posterior desalojo de sus habitantes. En su práctica convergen experiencia personal, historia política y memoria comunitaria, visibilizando la lucha por la demarcación de territorios, el protagonismo de las mujeres indígenas y la creciente presencia de poblaciones indígenas en contextos urbanos. En Resistencia, el machete se convierte en una imagen de continuidad: herramienta que abre caminos, pero también recordatorio de las disputas que aún moldean los territorios y las vidas que los habitan.

Habitar el Clima
Finalmente, la sección Habitar el Clima sintetiza y, a la vez, profundiza los ejes centrales que atraviesan Historias de la Ecología: la interdependencia entre seres y territorios, las transformaciones ambientales y las disputas por la posibilidad misma de habitar. Reúne obras de artistas, colectivos y movimientos que investigan tácticas para ocupar, sentir e imaginar de manera radical la ciudad y el campo, proponiendo modos de vida capaces de responder a un planeta en mutación acelerada.
En este contexto, destaca la instalación inédita Descida da terra/trabalho das águas (2025), de Cristina T. Ribas (Brasil), una reflexión poética y crítica sobre las inundaciones que devastaron Rio Grande do Sul en 2023 y 2024. La obra, encargada por el MASP, consiste en una gran tela translúcida suspendida en diagonal, impresa con imágenes que registran la fuerza con que las aguas reconfiguraron la geografía de ríos, lagos y cuencas hidrográficas, afectando a más de 650.000 personas.

“Historias”
Historias de la Ecología es el eje del ciclo curatorial 2025 del MASP. El programa anual también presenta exposiciones de Claude Monet, Frans Krajcberg, Abel Rodríguez, Clarissa Tossin, Hulda Guzmán, Minerva Cuevas y del colectivo Mujeres Afectadas por Represas.
La muestra se inscribe en una línea de proyectos dedicados al concepto plural de “historias”: un término que abarca ficción y no ficción, relatos personales y políticos, narrativas públicas y privadas, y que asume un carácter especulativo, polifónico y procesual. Frente a la rigidez de los relatos históricos tradicionales, estas historias buscan abrir otros modos de imaginar, contar y situar el pasado y el presente.
En este marco, el MASP ha desarrollado a lo largo de la última década un conjunto de ciclos anuales que incluye Historias de la Sexualidad (2017), Historias Afroatlánticas (2018), Historias de Mujeres, Historias Feministas (2019), Historias de la Danza (2020), Historias Brasileñas (2021–22), Historias Indígenas (2023) e Historias LGBTQIA+ (2024).

CLARISSA TOSSIN: PUNTO SIN RETORNO
Como parte del ciclo curatorial Historias de la Ecología, el MASP presenta Punto sin retorno, la primera exposición individual de Clarissa Tossin (Porto Alegre, Brasil, 1973) en un museo brasileño, reuniendo más de cuarenta obras producidas en las últimas dos décadas. Concebida por Adriano Pedrosa y Guilherme Giufrida como una instalación inmersiva, la muestra imagina un museo postapocalíptico: un espacio “inundado” donde los restos materiales funcionan como huellas del colapso ambiental.
La exposición articula dos territorios fundamentales para la artista —Porto Alegre y Los Ángeles— marcados por incendios, inundaciones y crisis climáticas. Entre las obras centrales está Dead Pool (2025), encargada por el MASP y realizada con pigmentos extraídos de tierras anegadas en Rio Grande do Sul. Aplicada directamente sobre los muros, la intervención reproduce las marcas de barro dejadas por las inundaciones recientes, en eco con tragedias como Mariana (2015) y Brumadinho (2019).
Otro gesto de duelo recorre la muestra: You Gotta Make Your Own Worlds (2019), destruida en los incendios de California de 2025, aparece como una huella ausente, acompañada de un texto que relata la pérdida de la obra.



Tossin también explora los efectos del calentamiento global sobre cuerpos humanos y no humanos, como en Muerte por ola de calor (Acer pseudoplatanus, Bosque de Mulhouse) (2021), donde una instalación alusiva a los restos de un árbol muerto por altas temperaturas ocupa el suelo de la galería.
La artista establece finalmente un paralelo entre cartografías coloniales, imágenes satelitales y la expansión extractiva contemporánea. Al superponer mapas históricos, vistas de telescopio y cajas de Amazon, reflexiona sobre los vínculos entre consumo, exploración territorial y nuevas ambiciones de colonización espacial.
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