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PRIMERA EXPOSICIÓN INDIVIDUAL PÓSTUMA DEL ARTISTA Y SABEDOR AMAZÓNICO ABEL RODRÍGUEZ

El Museo de Arte de São Paulo (MASP) presenta Abel Rodríguez — Mogaje Guihu: El árbol de la vida y la abundancia, la primera exposición individual póstuma del artista y sabedor colombiano, fallecido el 9 de abril de este año. Más que una retrospectiva, la muestra organizada por Adriano Pedrosa y Leandro Muniz es un homenaje al legado intelectual y espiritual de un hombre que nunca se asumió como artista, pero que terminó expandiendo los límites del arte contemporáneo al traducir —desde la memoria, la palabra y el pensamiento— el conocimiento ancestral de los pueblos nonuya y muinane sobre la Amazonía central.

Rodríguez (Cahuinarí, 1941–2025), bautizado Mogaje Guihu en su lengua —“plumas de gavilán resplandeciente”—, fue formado desde niño para convertirse en sabedor, depositario del sistema de conocimiento que pone en relación plantas, animales, ciclos climáticos, palabras y cuidados.

Los dibujos, iniciados en la década de los años 90 en el contexto de su estrecha colaboración con la Fundación Tropenbos, surgieron de la urgencia por mantener viva la selva que había abandonado debido al conflicto armado, reconstituyéndola desde la ciudad al llevar sus plantas al papel. Aquellas imágenes, que comenzaron como herramientas de traducción intercultural, terminaron por ganar presencia en bienales y museos de todo el mundo, convirtiendo a Rodríguez en una figura clave de los debates sobre arte, ecología y epistemologías indígenas.

La exposición del MASP propone un recorrido analítico por este cuerpo de obra, subrayando su carácter profundamente relacional. A diferencia de la ilustración botánica occidental —que aísla, clasifica y disecciona—, los dibujos de Rodríguez restituyen la vida del bosque como un entramado dinámico de seres que conviven, se afectan y se sostienen mutuamente.

“Mi conocimiento no es biológico”, afirmó en 2024. “Está conectado material, espiritual y emocionalmente con el bosque y su energía”. Desde esta afirmación se organiza la muestra en cuatro secciones: Árboles Mitológicos, Dibujos Botánicos, Ciclos y Naturaleza Integrada.

Abel Rodríguez, El árbol de vida y la abundancia, 2016. Tinta y grafito sobre papel, 119 x 119,5 cm. Colección Eduardo F. Costantini, Buenos Aires. Foto: Nicolás Beraza

ÁRBOLES MITOLÓGICOS

La primera sala reúne los dibujos vinculados a las narraciones de origen nonuya-muinane. Los árboles de la vida y la abundancia, figuras centrales en la cosmogonía amazónica, evocan el tiempo en que humanos y animales aprendieron a convivir disputando los frutos del primer árbol. También narran su destrucción: la ruptura de la armonía provocada por la codicia humana. Estas obras permiten comprender que, para Rodríguez, dibujar no es reproducir una imagen sino actualizar un relato vivo, un gesto de memoria que traduce lo sagrado sin reducirlo.

DIBUJOS BOTÁNICOS

Luego aparecen las acuarelas y pliegos donde Rodríguez investiga correspondencias y tensiones entre los sistemas de clasificación indígenas y la tradición botánica europea, difundida con la expansión colonial desde el siglo XVIII. Obras como Plantas cultivadas de la gente del centro (2013) revelan esa diferencia radical: aquí las plantas no se presentan como objetos de estudio, sino como nodos dentro de una red que integra funciones sociales, vínculos familiares, técnicas de cultivo, animales asociados, territorios y climas. Cada dibujo es un mapa epistemológico.

Vista de la exposición Abel Rodríguez — Mogaje Guihu: El árbol de la vida y la abundancia en el Museo de Arte de São Paulo (MASP), 2025. Foto: Eduardo Ortega
Vista de la exposición Abel Rodríguez — Mogaje Guihu: El árbol de la vida y la abundancia en el Museo de Arte de São Paulo (MASP), 2025. Foto: Eduardo Ortega

CICLOS

En la sección dedicada a los ciclos estacionales, Rodríguez despliega secuencias que registran el comportamiento del bosque inundable, el flujo de los ríos y el ritmo de las plantaciones familiares. Estas series permiten ver que su obra es también una forma de transmisión oral, una pedagogía visual que documenta procesos agrícolas, construcción de malocas y transformaciones ambientales que definen la vida cotidiana. Son imágenes que, al tiempo que registran, insisten en un saber que no separa ecología, espiritualidad y organización social.

NATURALEZA INTEGRADA

La última sala presenta sus obras finales, realizadas en 2024 y 2025. En ellas la selva reaparece como un organismo densamente poblado, donde comunidades indígenas, animales y plantas conviven en una trama continua. Esta visión —siempre reconstruida desde la memoria— confirma la fuerza ética y estética de Rodríguez: un pensamiento que entiende la naturaleza no como recurso sino como relación, como un sistema de reciprocidades que debe ser cuidado.

Vista de la exposición Abel Rodríguez — Mogaje Guihu: El árbol de la vida y la abundancia en el Museo de Arte de São Paulo (MASP), 2025. Foto: Eduardo Ortega
Abel Rodríguez, El arból de la vida y la abundancia, 2022. Gouache, tinta de rotulador, grafito sobre papel, 151 × 150 cm. Colección MASP. Donación de Fernanda Feitosa y Heitor Martins en el marco de la Bienal de Venecia, 2024-25. Foto: Eduardo Ortega

UN LEGADO QUE NO TERMINA

Más allá de su precisión, su belleza o su valor documental, la obra de Abel Rodríguez es un acto de resistencia frente al borramiento cultural y territorial. En sus dibujos palpita la historia de un sabedor desplazado por la violencia, que encontró en el papel un modo de preservar un mundo amenazado y, al mismo tiempo, de renovarlo.

“Hablar es andar por el mundo a través del pensamiento”, dijo alguna vez. Sus imágenes prolongan ese andar: mantienen viva una selva que insiste incluso cuando es devastada y recuerdan que el conocimiento indígena —ese que él llamaba “manejo del mundo”— es inseparable de las formas de vida que lo sostienen.

La exposición del MASP, inscrita en el programa Historias de la Ecología, funciona así como un gesto de reparación y reconocimiento. No sólo ofrece un panorama exhaustivo de su trayectoria, sino que afirma la vigencia del pensamiento de Mogaje Guihu en un momento en que la Amazonía enfrenta presiones extractivistas, desplazamientos forzados y múltiples cercamientos. El museo honra a un artista que nunca quiso ser llamado artista, pero cuya obra cuestiona precisamente esa categoría y amplía lo que entendemos por práctica artística y memoria territorial.

Frente a estos dibujos —que no ilustran la selva, sino que la reaniman— queda claro que Abel Rodríguez no trabajaba desde la nostalgia, sino desde una continuidad: la del conocimiento que sigue actuando, cambiando y creciendo. La del bosque que persiste, aunque tenga que ser reconstruido desde la mente, la palabra y la mirada.

Vista de la exposición Abel Rodríguez — Mogaje Guihu: El árbol de la vida y la abundancia en el Museo de Arte de São Paulo (MASP), 2025. Foto: Eduardo Ortega
Vista de la exposición Abel Rodríguez — Mogaje Guihu: El árbol de la vida y la abundancia en el Museo de Arte de São Paulo (MASP), 2025. Foto: Eduardo Ortega

ABEL RODRÍGUEZ — MOGAJE GUIHU: A ÁRVORE DA VIDA E DA ABUNDÂNCIA
Curaduría: Adriano Pedrosa, director artístico, MASP, y Leandro Muñiz, curador asistente, MASP
10.10.25 — 5.4.26
MASP — Museo de Arte de São Paulo Assis Chateaubriand, Avenida Paulista, 1510, São Paulo

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