CANTANDO BAJITO
La Galería de la Fundación Ford presentó este año Cantando Bajito, una serie de tres exposiciones que abordan formas de resistencia frente a las violaciones sistemáticas de la autonomía corporal y la violencia de género, amenazas que ponen en riesgo el espacio cívico y los valores democráticos a nivel global. Esta iniciativa fue concebida por las curadoras Isis Awad, Roxana Fabius, Kobe Ko, Beya Othmani, Mindy Seu y Susana Vargas Cervantes, con el apoyo de un equipo curatorial ampliado integrado por Maria Carri, Maria Catarina Duncan, Zasha Colah y Marie Hélène Pereira.
Las exposiciones exploraron la violencia y las incursiones contra la diversidad sexual y los cuerpos feminizados, desde la anulación de la sentencia del caso Roe—un fallo histórico de la Corte Suprema de Estados Unidos que durante casi cinco décadas garantizó el derecho constitucional al aborto—hasta los ataques contra dicho derecho, la violencia hacia las personas trans mediante la prohibición de terapias de reafirmación de género y la impunidad en los homicidios.
La feminista latinoamericana Verónica Gago describe los ataques contra los avances de los movimientos feministas como una agresiva contraofensiva que socava los valores democráticos. Frente a esta violencia, Cantando Bajito responde desde la resistencia, el apoyo mutuo y la alegría, evitando narrativas de victimización.
Esta serie de exposiciones llega así en un momento de profunda precariedad política en Estados Unidos, marcado por una serie de decisiones violentas y regresivas del Tribunal Supremo que no solo han afectado los derechos de las mujeres, sino también de las personas racializadas, los inmigrantes y las comunidades queer.

La primera exposición de la serie, titulada Testimonios, reunió obras de artistas que reflexionan sobre los métodos empleados para enfrentar la violencia: desde la importancia del testimonio y la construcción de comunidad, hasta la movilización colectiva en el espacio público y la incorporación de gestos simbólicos y desafiantes que generan tanto apoyo como disfrute.
Esta muestra presentó trabajos de Sheba Chhachhi, Gabrielle Goliath, Leonilda González, Lalitha Lajmi, Kent Monkman, Tuli Mekondjo, Sylvia Netzer, Abigail Reyes, Dima Srouji y Keioui Keijaun Thomas, y fue curada por Isis Awad, Roxana Fabius y Beya Othmani.
La voz, entendida como un instrumento central del testimonio y la resistencia, fue un tema clave explorado en las obras presentadas. Esto incluyó formas de expresión corporales como el habla, el canto, la protesta y otros actos vocales, que funcionan como vehículos para la supervivencia individual y colectiva, la movilización social y la lucha contra la opresión y la violencia.
El título de la exposición, Cantando Bajito hace referencia a una frase de la prisionera política nicaragüense Dora María Téllez Argüello, liberada el 9 de febrero de 2023. Téllez, excomandante guerrillera, historiadora, intelectual y luchadora social empleaba esta expresión para describir los ejercicios de canto que realizaba durante su encarcelamiento, como una manera de conservar su voz y resistir el sistema de terror político al que estaba sometida. El tono bajo de su canto resuena en las tácticas versátiles y flexibles de supervivencia que las obras de la exposición ponen en escena.
Las artistas que participaron en Testimonios desafían la noción del cuerpo feminizado como un territorio susceptible de ocupación, en contraste con el cuerpo masculino, frecuentemente percibido como soberano. Las obras presentadas cuestionan el desplazamiento colonial de las mujeres al visibilizar y recentrar sus conexiones con la tierra y su poder, a través de objetos testimoniales y procesos artísticos como medios de resistencia.

Una de las obras detacadas en esta muestra es Exhumaciones maternales II (2023), de Dima Srouji, donde nueve cuadrículas reproducen las utilizadas en excavaciones arqueológicas en Palestina para exhumar cadáveres, vasijas, ajuares funerarios y otros objetos valiosos de las profundidades de Tierra Santa.
Durante el último siglo, cientos de miles de estos objetos fueron saqueados por diversas instituciones internacionales. Las excavaciones eran realizadas, en su mayoría, por mujeres palestinas, generalmente provenientes del mismo pueblo. Estas mujeres, además de ser quienes trabajaban directamente la tierra como agricultoras, eran frecuentemente las propietarias de las parcelas excavadas. «Esta instalación es una oda a esas mujeres y un experimento para imaginar las vasijas regresando a su suelo», explica la artista.
Testimonios también habla del poder del arte para subvertir esferas de violencia en posibles terrenos de resistencia, activando el imaginario colectivo a través de la cultura visual. Un ejemplo de ello es Plana (2014), de Abigail Reyes, una obra compuesta por rollos de papel mecanografiado cosidos entre sí, que remiten a una cadena de acciones y palabras ejecutadas de manera automatizada. La pieza alude a la repetición mecánica, disciplinada y casi militar de los ejercicios de mecanografía extraídos de manuales utilizados por la artista durante su educación secundaria. Estos manuales funcionan como testigos de un modelo educativo obsoleto, basado en la repetición, el condicionamiento y la supresión del pensamiento crítico y la sensibilidad.

Leonilda González, nacida en el Uruguay rural de la primera mitad del siglo XX, se destacó por su compromiso con el cambio social a través del arte. Eligió el grabado, especialmente la xilografía, por su accesibilidad y capacidad de llegar a un público amplio. Cofundó el Club de Grabado de Montevideo, que jugó un papel clave en el «movimiento de la cultura independiente», una red de instituciones artísticas alternativas a las oficiales.
Su serie Novias revolucionarias combina ironía y sarcasmo, utilizando el contraste y la abstracción de cuerpos y rostros con influencia bizantina para representar a mujeres enfadadas en el día de su boda, en protesta contra un sistema que las «encarcelaría». Estas obras serían interpretadas más tarde como una crítica a la dictadura militar en Uruguay, un periodo que González vivió en el exilio.

Encantamientos, el segundo movimiento Cantando Bajito, reunió a artistas que reflexionan sobre las redes ancestrales, contemporáneas y futuras de apoyo y cuidado que protegen los cuerpos feminizados mediante formas de transmisión del conocimiento. Estas redes —sistemas simbólicos, espacios subversivos o formas encubiertas de lenguaje— son tan diversas como las comunidades que las crean y las mantienen.
Curada por Roxana Fabius, Kobe Ko y Beya Othmani, esta exposición presentó a los artistas Amina Agueznay, Seba Calfuqueo, IV Chan, Tamar Ettun, Serene Hui, Siren Eun Young Jung, Mônica Ventura y Osías Yanov. A través de sus obras, celebraron la práctica de la reexistencia, un concepto desarrollado por activistas feministas del Sur Global para resistir los actos de violencia que atraviesan su cotidianidad.
Como demuestran de manera contundente las activistas que contribuyen al libro Feminicidio y acumulación global, que explora las luchas de primera línea contra las violencias patriarcales y capitalistas en el Sur Global, la reexistencia transforma los espacios de violencia en lugares donde se construyen nuevas solidaridades, yendo más allá de la resistencia para imaginar otras formas posibles de existir.
Teniendo en cuenta las formas que pueden adoptar estas posibilidades de transformación, los «encantamientos» del título reflejan el potencial subversivo de lo oculto para fomentar la reexistencia. Definidos como el lanzamiento de hechizos mediante palabras mágicas, los conjuros se han asociado con figuras cuyo posicionamiento social transgresor y su disconformidad con los roles de género las ha llevado a ser percibidas como amenazadoras. Esta exposición analiza cómo estas figuras y sus voces, que canalizan significados protectores, pueden encarnar una práctica de resistencia generativa a lo largo de las generaciones, la cual se manifiesta poderosamente en las obras de estos artistas.

La obra escultórica O Sorriso de Acotirene (La sonrisa de Acotirene) (2018) de Mônica Ventura revisita la historia de Acotirene, una figura asociada al Quilombo dos Palmares que luchó contra la esclavitud en Brasil durante el siglo XVII. La pieza, compuesta por calabazas que se alzan en el vestíbulo como una suerte de montaña sagrada, conecta simbólicamente con la fuerza creativa femenina ancestral.
Ventura concibe esta obra como una torre de individuos formada por calabazas, cada una con un profundo significado simbólico. Aunque repiten una misma forma, cada calabaza conserva características únicas, aportando una sensación de diversidad dentro de la unidad. Esta construcción poderosa alude a la resiliencia de la artista para mantener su posición como mujer negra en espacios frecuentemente inaccesibles para cuerpos racializados.
El video MAPU KUFÜLL (Mariscos de tierra [hongos]) (2020) de Seba Calfuqueo refleja la práctica tradicional del pueblo mapuche de recolectar hongos, un alimento crucial tanto durante las campañas militares chilenas en sus territorios (1861-1883) como en la actualidad. A través de la figura de un niño que utiliza las enseñanzas de su abuela para recolectar, respetar y proteger los hongos, el video simboliza la resistencia del pueblo mapuche y su estrecha relación con la naturaleza.

El mito y las tradiciones populares son revisados en estas obras para subvertir sus orígenes patriarcales, transformándolos en modelos transgresores a través de los cuales los cuerpos feminizados pueden encontrar herramientas de resistencia y fuerza. La muestra también examinó las formas de protección colectiva a través del parentesco y otros vínculos elegidos por las comunidades feminizadas, destacando los diferentes espacios y formas en que se desarrollan estas conexiones.
Por ejemplo, la instalación de Osías Yanov Cuarto oscuro, tetera, cuarto oscuro, mi lugar, baño, síntoma del mundo (2023) ofrece una visión de un encuentro íntimo que ocurre en el baño de un club nocturno. Este momento ilustra cómo, cuando se niega el derecho a reunirse, el baño se transforma en un espacio de encuentro, atrayendo al espectador hacia este escenario de intimidad oculta, en calidad de testigo. La obra evoca el papel que desempeña la vida nocturna como un espacio de activismo social.

Coro, la última entrega de Cantando Bajito, exploró el poder de las voces múltiples unidas en armonía, una metáfora de la unión como un acto políticamente transformador y potente. La muestra invitaba a reflexionar sobre la importancia de la creación colectiva, la organización y el cuidado que surgen de la interdependencia inherente a las luchas compartidas, mostrando cómo la unión de los cuerpos puede convertir la precariedad en una fuente de poder.
Coro fue curada por Roxana Fabius, Beya Othmani, Mindy Seu y Susana Vargas Cervantes y reunió obras de arte y archivos de Hoda Afshar, Archivo de la Memoria Trans Argentina, Archivo Memoria Trans México/Hospital de ropa, Chloë Bass, Tania Candiani, Fatma Charfi, Lizania Cruz, Cyberfeminism Index, FAQ?, Cecilia Granara, Los Angeles Contemporary Archive, Mai Ling y Textiles Semillas.
Coro tiene un doble significado: por un lado, representa un cuerpo coral, una asamblea de voces diversas que se unen; por otro, alude al estribillo de una canción, con una idea central que se repite y un «gancho» que invita a sumar nuevas voces. Coro propone así una representación colectiva que refleja lo que la socióloga Leticia Sabsay denomina la «estética de la vulnerabilidad». Este concepto destaca el potencial liberador de los cuerpos que, al enfrentar la vulnerabilidad de forma colectiva, se unen contra una «estética de la crueldad» que busca dividir a las personas según su sexo, sexualidad, raza o nacionalidad. La exposición fue una invitación a crear un estribillo multivocal de resistencia que trascendiera todas las fronteras.


Las obras presentes en Coro reflejan cómo la vulnerabilidad puede convertirse en una fuerza movilizadora eficaz. La exposición reconoce la capacidad de acción de quienes, al enfrentar y contrarrestar juntos la violencia sistémica, logran generar resistencia. Según la teórica Judith Butler, es en la vulnerabilidad, en la marcha conjunta por las calles, donde se encuentra la verdadera resistencia.
Las figuras de la serie Manifestantes (2022-2024) de Tania Candiani, se basan en fotografías de prensa de manifestantes de movimientos feministas de todo el mundo. Las siluetas, bordadas por la artista, destacan las características únicas de cada persona o grupo, pero mantienen una coherencia en color, forma y propósito. El acto de bordar se convierte, para Candiani, en una forma de amplificar esas voces, creando un «sonido visual» que resuena de lienzo a lienzo, unificando a las manifestantes a través de su gestualidad compartida y la fuerza de su voz colectiva.
La serie nació a raíz de la Revolución Brillantina de 2019, un movimiento feminista en México, inspirado por el uso de brillantina rosa como herramienta simbólica de resistencia tras la violación de una adolescente por parte de la policía de la Ciudad de México.
Además de examinar ejemplos contemporáneos de protesta pública feminista, Coro también exploró cómo otras estructuras sociales, desde grupos familiares hasta colectivos artísticos, brindan apoyo en situaciones de precariedad, opresión o amenaza. Un ejemplo de esto es la instalación El tejido mensaje-aliento-pensamiento-resistencia (2024) de Textiles Semillas, un sindicato de tejedoras, artistas y activistas.
Sus tejidos expuestos sobre una estructura de hierro hablan de cómo los grupos se apoyan mutuamente frente al epistemicidio, el borrado o negación de los saberes y prácticas de los pueblos indígenas de Argentina. La instalación refleja el poder de la solidaridad y la resistencia colectiva a través de la preservación y transmisión de saberes ancestrales.

Los archivos presentados en Coro muestran cómo las colecciones pueden convertirse en estructuras cruciales de apoyo, al replantear narrativas, reivindicar la agencia y documentar la injusticia. Estos archivos no solo construyen protecciones y vínculos, sino que también guardan el dolor de las luchas pasadas. Un caso destacado en la muestra fue la nueva instalación fotográfica Constelaciones: Entre estrellas y cenizas (2024) del Archivo de la Memoria Trans Argentina, que se erige como un espacio para la protección, la construcción y la reivindicación de la memoria trans. La instalación revela cómo los archivos no solo visibilizan una lucha histórica, sino que también fomentan alianzas.
Como redes afectivas, el Archivo de la Memoria Trans Argentina y otros archivos que honran la memoria trans en América Latina han generado desde su creación un tejido colectivo que enfrenta el duelo y construye apoyo en la vida cotidiana de las comunidades marginadas. Sobrevivir no es lo mismo que prosperar, y esta distinción se reflejó en obras seleccionadas del Archivo Memoria Trans México y en el proyecto afiliado Hospital de ropa (2022).
En este último, se combinan y remodelan textiles para conmemorar las vidas de mujeres trans y personas no conformes con la norma de género fallecidas por SIDA en México desde los años ochenta. A través de estas transformaciones, telas, joyas y prendas de las personas homenajeadas se convierten en nuevas creaciones, presentando a quienes fueron recordados en un estado de plenitud, más allá de la mera supervivencia, como un acto simbólico de reexistencia y celebración de su legado.

En conjunto, las curadoras de las exposiciones han conformado un gabinete colectivo que amalgama textos, fanzines, materiales efímeros creados por las artistas y notas interpretativas sobre los objetos expuestos, así como una selección de lecturas que sirvieron de referencia para conceptualizar la serie de exposiciones. También se presentan las colecciones personales de las curadoras, que incluyen publicaciones que subrayan la importancia de las prácticas editoriales colectivas en las luchas de género.
Algunos de los objetos y efemérides reflejan las historias evocadas por Coro, como el pañuelo verde que surgió en Argentina en 2003 como símbolo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, una coalición clave en el activismo que culminó con la legalización del aborto en el país. Este pañuelo se ha convertido en un símbolo del feminismo y del activismo a favor del derecho a decidir en toda América Latina.
El espacio también incluye obras como To Feel, To Resist, and To Flourish (2024) de Lizania Cruz, una instalación colaborativa en la que la artista trabaja junto a activistas feministas para diseñar arreglos florales mientras estas comparten sus experiencias personales y reflexionan sobre lo que consideran esencial para prosperar en el futuro.
El gabinete también presentó una intervención de Cyberfeminism Index, una compilación que abarca artículos académicos, hackerspaces, programas educativos en software, net art y activismo radical con perspectiva tecno-crítica. Además, destacó el Diario de Intercambio, una propuesta de la plataforma de artistas queer FAQ?, que fomenta la creación de redes y el intercambio de conocimientos en un entorno colectivo. Estas contribuciones no solo documentan, sino que activaron un espacio de diálogo y resistencia desde múltiples perspectivas.
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