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LA POÉTICA ÍNTIMA -Y POPULAR- EN LA OBRA DE ABIGAÍL REYES

Antes de dedicarse por completo al arte, Abigail Reyes (El Salvador, 1984) estudió y luego trabajó como secretaria. Esta experiencia, junto con su escritura poética, han percolado las temáticas, pero también los medios y materiales con las que estas se traducen en su obra. La repetición como estrategia de insistencia –y resistencia- discursiva y como expresión meditativa del trabajo manual, así como los prejuicios y estereotipos adosados a la mujer en una cultura patriarcal como la salvadoreña –y en el mundo en su totalidad-, marcan una práctica que traslada experiencias íntimas y personales hacia lo colectivo dentro de las estructuras dominantes del espacio público, utilizando para ello diversos medios, principalmente el video y la instalación.

Abigail Reyes, de la serie «Prelibri», 2013-2014. Cortesía de la artista
Abigail Reyes, de la serie «Prelibri», 2013-2014. Cortesía de la artista
Abigail Reyes, de la serie «Prelibri», 2013-2014. Cortesía de la artista
Abigail Reyes, de la serie «Prelibri», 2013-2014. Cortesía de la artista
Abigail Reyes, Plana, de la serie «60 palabras por minuto», 2015-2020. Cortesía de la artista

Alejandra Villasmil: Tienes formación y experiencia profesional como secretaria. Creo que eso es fundamental para entender todo tu trabajo, en el que están muy presentes la escritura, por un lado, y las dinámicas del oficio y lo manual, por el otro. ¿Podrías contarnos cómo se comenzó a filtrar esta vivencia como secretaria en tu obra como artista?

Abigail Reyes: Claro, de una manera más evidente, creería que fue a partir de la pieza Plana, para la que justamente retomo el manual de mecanografía que usé durante el bachillerato. Esta pieza consiste en la repetición prolongada de un ejercicio de mecanografía que estaba en ese manual. Quizá tenía más relación con el proceso de formación o educación para ser secretaria. Cuando lo revisaba, ese manual me hacía recordar todo el “ritual” de la clase de mecanografía, en la que había una señora al frente en el salón con un cronómetro, y todas las estudiantes debíamos comenzar a escribir al mismo tiempo y finalizar al mismo tiempo. Esta cosa medio militarezca me parecía que estaba muy relacionada con la manera de educación en el país, y creo que algo de eso surge también en el video Sí Señor. Pero bueno, es a partir de esta Plana que surge toda la exploración alrededor de la secretaria y el campo laboral, y que luego reuní en el cuerpo de trabajo llamado 60 palabras por minuto.

AV: Justamente, una de tus obras más conocidas es Sí señor, donde reúnes una serie clips sacados de archivos de telenovelas latinoamericanas, aquellos fragmentos donde secretarias dicen “Sí, señor”. Esta repetición de la frase a lo largo del video se vuelve casi como un mantra que alude a la opresión patriarcal y al estereotipo de la mujer sumisa. Cuando fuiste secretaria, ¿llegaste a sentirte abusada laboralmente? ¿Tiene que ver tu obra Testimonio (2016) con una experiencia personal?

AR: Sí, trabajé casi dos años como secretaria y los temas que abordo en este proyecto vienen de esas experiencias. Estuve empleada en un lugar donde trabajaba más de ocho horas laborales y no tenía seguro social, ni ningún otro beneficio de los que la ley establece… ningún empleado los tenía… Entonces, me interesaba abordar estas experiencias tan particulares de un campo laboral desde el que siento que puedo hablar, porque es parte de mi vivencia, y que se extiende a otros campos laborales considerados de menor jerarquía, por decirlo de alguna manera.

En la pieza Testimonio se reúnen micro relatos que les ocurrieron a secretarias con las que conversé (algunas ex compañeras y amigas) en este proceso; era como una entrevista la que hacíamos, la entrevista era corta, pero siempre salía un incidente por el que habían pasado relacionado con abuso laboral, abuso de autoridad y abuso o acoso sexual… y uno de los relatos sí, fue algo que me ocurrió a mi.

AV: Hay otro video relacionado, To be secretary, donde utilizas los mismos recursos del archivo de telenovelas, pero en este caso rescatas aquellos momentos de la trama en los que jefes van exponiendo cuál sería para ellos la secretaria ideal, con todas sus connotaciones machistas. Pero acá también incorporas, como contraparte, los testimonios de secretarias, como en el caso de Testimonio. Me imagino que era importante para ti retratar también al otro sujeto de esta relación desigual de poderes, retratar a ese opresor que es el hombre empleador, en oposición al relato de las subalternas.

AR: Sí, en este video me interesaba mucho retratar esta yuxtaposición de conceptos, qué es y qué significa Ser Secretaria para dos personajes antagónicos, uno retratado en una ficción que informa mucho lo que ocurre en la cultura popular -telenovelas- y otra retomado directamente de la realidad. Al mismo tiempo, se retrata la relación desigual que hay en cuanto a las condiciones laborales mismas de estos dos sujetos (secretaria/jefe). El video está realizado con fragmentos de lo que en una telenovela el personaje del jefe dice qué es, qué significa para él o cómo debería ser una secretaria versus lo que una mujer que tiene 15, 20, 30 años de trabajar como secretaria puede decir, basada en su experiencia y en su labor. Los fragmentos de video que aparecen cuando se escucha la voz de la secretaria son mini recorridos por sus escritorios y espacios de trabajo que ellas hacían con el dispositivo que tenían a la mano y me lo enviaban luego. Antes, por puesto, habíamos conversado y una de las preguntas que les hacía era justamente esa: ¿qué significa para usted ser secretaria?

También creo que vale la pena mencionar que en Sí Señor también hay algo de esta yuxtaposición de la que hablaba antes, en algunos clips en los que la secretaria responde Sí Señor, pero en los que el lenguaje corporal revela otra cosa totalmente diferente.

AV: ¿Lo femenino en tu práctica, se extiende a, o lo insertas en, las prácticas feministas?

AR: Diría que se extiende a las prácticas feministas. Siempre la cuestión de lo femenino y de género está presente de alguna manera.

Abigail Reyes, Testimonio, 2016. Cortesía de la artista
Abigail Reyes, Testimonio, 2016. Cortesía de la artista

AV: Dentro de tu práctica multidisciplinaria, destaca que eres también poeta, con obras publicadas. La poesía es una herramienta que nos permite comunicar ideas y sensaciones de manera muy abierta a la interpretación, pero a la vez, tiene sus códigos secretos, por decirlo de algún modo, de quien la escribe. Códigos que el receptor de esas frases o imágenes poéticas puede descifrar con total libertad de interpretación, leerlos desde otras subjetividades, sensibilidades y marcos experienciales. Pienso, por ejemplo, en tu serie Classified (2014), o en tu primera serie de trabajos, Prelibri (2013-2014), que se desarrolla en capítulos numerados a través de distintos soportes o formas de presentación (libro, libro desplegable, papel, tela), donde subyace la idea del nombrar. Escoges ciertas palabras que inscribes en esos soportes, como “llorar”, “morir”, “olvidar”… También hay algunos trabajos con narrativa poética. Pero lo que me llama la atención de esta serie/decálogo (son 10 piezas) es que culmina con una performance-documentación, de la que quisiera que me comentes más adelante. Pero primero, ¿qué papel juega la poética, y la poesía, en tu trabajo visual?

AR: Creo que la parte poética, evocativa es bastante vital, como un hilo que atraviesa mucho de lo que hago, mucho de mi trabajo. Quizás, aunque no aparezca gráficamente el texto, la solución o ejecución de las piezas tiene algo de poético, en la mayoría de los casos. Entiendo que no todo arte es así, pero si me paro a cierta distancia a observar en mi caso sí que creo que podría decirse que es un elemento bastante constante.

Abigail Reyes, de la serie «Poesía popular», 2016-2020. Cortesía de la artista
Abigail Reyes, de la serie «Poesía popular», 2016-2020. Cortesía de la artista

AV: Claro, está también la serie Poesía Popular, que consiste en apropiarte de frases propias de una jerga cotidiana, pregones o dichos populares que luego, como “obra”, cobran una dimensión poética. Tú la describes como “una suerte de poesía popular, cargada principalmente de humor negro, pero también de connotaciones sentimentales, sexuales, políticas o de género”. Estas frases las recontextualizas y las sobredimensionas en cuanto a su impacto y visibilidad, y su popularidad, al pintarlas en murales en las calles. ¿Puedes comentar sobre las motivaciones de ese traspaso del escrito más bien íntimo, pensado para el espacio interior expositivo, al espacio público?

AR: Ambos proyectos funcionan y operan de manera diferente. En Prelibri, a mí me parecía que funcionaba mucho crear un espacio, un lugar de proximidad con los objetos, que el espectador pudiera sentirse invitado a casi crear una relación con las piezas para poder decodificar o acceder a los textos que ellas contenían, precisamente porque los textos eran de origen bien íntimo. Mientras que en Poesía Popular, el proyecto en sí opera de una manera diferente, funciona más, tiene más sentido en el espacio público, son frases tomadas de la calle, de cómo hablamos, de cómo nos expresamos en el espacio público, pero sobredimensionadas, y es interesante ver cómo las personas se reconocen a sí mismas e interactúan con las frases, como si nos reapropiaramos de algo, un lenguaje que ya nos pertenece y a través del cual y de esa manera se pueden expresar todas estas cuestiones políticas, de género, etc…

Abigail Reyes, Buena Fortuna, 2014. Cortesía de la artista
Abigail Reyes, Buena Fortuna, 2014. Cortesía de la artista

AV: ¿Podrías contarnos sobre tu proyecto Buena Fortuna, y cómo se inserta en los procesos y obras que venías desarrollando a lo largo del 2014?

AR: Mi proceso es bien lento, pero en el 2014 coincidieron varios. Plana es del 2014, To leave/To arrive también, Buena Fortuna, Callar, entre otras obras. Pero hay algo de la memoria en ellas, y creo que esto también tiene que ver con mi parte de secretaria, donde el documento y el archivo son tan importantes. El 2013-2014 coincidió con una campaña electoral tremenda, casi como todas, en la que había mucha expectativa por el futuro, por cómo nos irá en los próximos 5 años en salud, trabajo, economía, etc. Pero en la que también hubo una manipulación de la información relacionada con el miedo, con la violencia, la delincuencia, etc. Eso me hizo recordar la tradición de las personas que adivinan la suerte con aves entrenadas; cuando yo era pequeña, siempre había muchos adivinadores con aves en el centro de San Salvador, pero luego fue perdiéndose esta tradición. Usualmente, las personas que consultan a estos “pájaros de la suerte” -como son conocidos-, lo hacen para preguntar cómo les irá en salud, trabajo, amor y dinero, que son más o menos los mismos temas sobre los que se habla mucho cuando hay campaña electoral.

Entonces, comencé a recolectar los encabezados de los periódicos impresos de mayor circulación desde el 2013 y a seguir el desarrollo de la campaña y la manipulación de toda la información. Me parecía que guardaban una relación muy estrecha entre una práctica como la de los pajaritos de la suerte y la de los candidatos presidenciales aliados con grandes poderes económicos. Que la única diferencia era que uno se circunscribía en las búsquedas individuales y el otro afecta e impacta directamente sobre el colectivo. No fue el único proyecto de ese año relacionado a la revisión de información.

To leave/ To arrive es un proyecto que también surge de una investigación publicada por un periódico digital, según la cual, en ese año, debido a la violencia en las zonas más vulnerables y a los desplazamientos internos a causa de la violencia ejercida por las pandillas, dos de cada tres salvadoreños querían migrar, dejar el país. Justo en esos días recibí una invitación de Beatriz Cortez, artista y académica salvadoreña radicada en Los Angeles, para hacer una intervención y platicar sobre mi trabajo en la Universidad de Northridge, con estudiantes de Estudios Culturales Centroamericanos. Por eso el texto está escrito en inglés y tiene que ver con las formas de migrar, de desplazarse y de recorrer.

Abigail Reyes, To leave – to arrive, 2014. Cortesía de la artista

AV: Por último, cuéntanos un poco sobre cómo están llevando en El Salvador la cuarentena, y cómo llevas tú, como mujer y artista, esta transición entre un antes y un después…

AR: Pues ha sido un tiempo bien excepcional, de muchas emociones encontradas, pero debo reconocer que dentro de todo hemos sido súper afortunados. Hacía menos de un año nos habíamos mudado de casa con mi esposo, a una en que los estudios de artista y la casa es la misma cosa, que está frente a un parque protegido, con muchos árboles, y que aunque está cerca, no está en la ciudad. Entonces, ya eso nos hacía estar un poco aislados. Pero para mí, cuando la cuarentena entró en vigencia sí fue un poco duro, pues recién a finales del año pasado había recibido la noticia de que estaba esperando un bebé, y pues ahí sí que cuando la cuarentena nos llegó, los primeros días fueron difíciles emocionalmente, por la incertidumbre, los proyectos que ya estaban que fueron quedando en pausa, además porque algunas cosas que estaba produciendo tuve que pararlas porque ya era muy difícil comprar materiales, etc… Pero también por cómo políticamente se ha manejado a partir de difundir mucho miedo y en el que los intereses económicos y políticos parecen ser más importantes y muchas personas en situación de vulnerabilidad sufriendo mucho, etc. Sin embargo, ha sido un tiempo de adaptación bien interesante, después de esos primeros días a seguir produciendo ideas, creando, fortaleciéndonos, ayudando en lo que posible y en lo personal descubriendo más redes de apoyo.  Y ya, hoy por hoy, retomando proyectos también. Eso está siendo muy importante.

Alejandra Villasmil

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.

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