MANIFESTA 15. DESCENTRALIZAR BARCELONA EN TIEMPOS DE TENSIÓN URBANA
Manifesta 15, la Bienal Nómada Europea, se celebra en Barcelona y su área metropolitana del 8 de septiembre al 24 de noviembre de 2024. Con 92 participantes y una extensión que abarca 12 ciudades, esta edición es la de mayor alcance geográfico en la historia de este evento. Su foco está puesto en la descentralización cultural y la transformación ecosocial, abordando los desafíos urbanos, ambientales y políticos que afectan tanto a la región catalana como a otras metrópolis europeas.
La elección de Barcelona como sede responde a la necesidad del ayuntamiento de desconcentrar su oferta cultural y redirigir la atención hacia comunidades artísticas y sociales que se encuentran fuera del núcleo urbano. En los últimos años, la ciudad ha sido escenario de transformaciones urbanísticas significativas, impulsadas por fenómenos como la gentrificación acelerada de su litoral y áreas naturales, el auge inmobiliario y la implementación de proyectos como las Superillas. La presión económica y el desarrollo industrial han puesto en peligro áreas rurales y protegidas, lo que ha generado una necesidad urgente de soluciones ecosociales.
Uno de los grandes interrogantes para Manifesta 15, y para la propia ciudad, es cómo enfrentar el turismo masivo y la creciente comercialización de los espacios urbanos. Barcelona ha sido epicentro de tensiones entre residentes y turistas, y este verano no fue la excepción, marcado por protestas que denunciaron los efectos negativos del turismo descontrolado, a pesar de las medidas implementadas por el gobierno local.
Manifesta 15 irrumpe en este clima de tensión política y social con una propuesta que busca aliviar la presión sobre el centro de la ciudad, promoviendo una democratización del acceso al arte y la participación activa de las comunidades locales en la toma de decisiones y en la curaduría.
Aunque la descentralización ha sido bien recibida, también plantea retos logísticos para los visitantes, ya que recorrer toda la bienal puede no ser viable para todos, algo que los propios organizadores han reconocido. En esta edición, los espacios expositivos abarcan desde iglesias y centros culturales hasta un Museo de Ciencias Naturales, un granero, una cárcel panóptica y fábricas textiles desmanteladas.

Una de las sedes más emblemáticas es Las Tres Chimeneas, un antiguo símbolo industrial de Barcelona que ha sido reabierto al público por primera vez. Esta antigua central térmica fue escenario de luchas laborales y de un fuerte movimiento comunitario que se opuso a su demolición, tanto por su impacto ambiental como por su imponente presencia. Otra sede destacada es la Prisión de Mataró, la primera cárcel en España construida con un diseño panóptico, que hoy alberga al Mataró Art Contemporani. El uso de estos espacios históricos subraya el esfuerzo de Manifesta por transformar sitios cargados de memoria en centros culturales.
La sede principal de esta edición se encuentra en el antiguo edificio de la editorial Gustavo Gili, en el barrio barcelonés del Eixample, donde se presentan tres exposiciones archivísticas que cuestionan los relatos oficiales de la Gran Barcelona: Fora per fer escola (Fuera para hacer escuela) examina movimientos pedagógicos innovadores en la Barcelona pre y postfranquista, mientras que Escola de passats. Barcelona y la imaginación política radical es un archivo de experiencias políticas y formas de resistencia colectiva en la ciudad. Arxius Negres (Archivos negros), en tanto, se enfoca en la vida de las comunidades negras de la región y su legado.
La Bienal está organizada en tres clústeres temáticos que conectan la práctica artística con el urgente debate sobre sostenibilidad y bienestar. El núcleo Equilibrando conflictos reflexiona sobre el delicado balance entre desarrollo urbano y conservación de recursos en el delta del Llobregat; Cuidar y cuidarnos se enfoca en la influencia sanadora de la cultura y la gestión ambiental; y, por último, Imaginando futuros explora la transformación cultural y la sostenibilidad en torno al río Besòs.
Manifesta 15 no solo descentraliza la distribución geográfica de sus exposiciones —el 39% de las obras han sido creadas por artistas o colectivos locales—, sino también su estructura y modelo de gestión. La creación del rol de Representante Artístico, una figura novedosa en esta edición ha permitido distribuir las responsabilidades entre la directora, el equipo de mediación, los organizadores de las presentaciones archivísticas y, en algunos casos, el público.
El evento culminará con un Open Forum, un espacio dedicado a la reflexión crítica sobre el impacto de estas prácticas participativas. Se espera que este encuentro finalice con un Llamamiento a la Acción, asegurando que el legado de Manifesta 15 no se diluya, sino que continúe nutriendo las dinámicas culturales y sociales de la región metropolitana de Barcelona.
Para profundizar en el contexto sociopolítico en el que se desarrolla Manifesta 15, así como en su enfoque curatorial y expectativas, conversamos con Hedwig Fijen, fundadora y directora de Manifesta, y con Filipa Oliveira, mediadora creativa y co-curadora de M15.

César Novella: En relación con la elección de Barcelona y su territorio, así como la creación de esta especie de hub que agrupa sedes con características contextuales diversas, pero a la vez cercanas entre sí, ¿por qué se escogió esta región para acoger la bienal? ¿Y en qué medida influyó el contexto híbrido -agrícola y urbano- de la cultura catalana en la selección de los artistas y sedes?
Hedwig Fijen: Manifesta 15 fue invitada por la ciudad de Barcelona, y nuestra intención era replantear y generar el debate necesario sobre cómo las futuras regiones metropolitanas pueden abordar el rol centralizado de la cultura en muchas ciudades europeas. En Barcelona Metropolitana nos preguntamos cómo crear espacios culturales más descentralizados, usando sitios como iglesias, centrales hidroeléctricas y espacios fuera de los cubos blancos para concienciar sobre los temas emergentes de la transición ecosocial que enfrentamos.
Los tres núcleos temáticos de la bienal, cada uno con su propio enfoque, exploran cómo podemos equilibrar los conflictos entre crecimiento y decrecimiento, entre cuidar la naturaleza o la economía, curar y cuidar, abarcando temas como la salud y los métodos alternativos de curación espiritual y cómo convivimos en una sociedad post-Covid. El clúster Imagining Futures aborda una cuestión urgente: ¿cómo podemos crear un impacto positivo en nuestro futuro, en nuestra biodiversidad, y en nuestra convivencia con la naturaleza?
Filipa Oliveira: Manifesta no elige las ciudades, sino que son las ciudades o territorios los que invitan a Manifesta. En este caso, fue el Ayuntamiento de Barcelona quien lanzó el desafío de reflexionar sobre el territorio metropolitano. En la propuesta inicial participaron las once ciudades del proyecto y la Generalitat de Catalunya. A partir de ahí, Manifesta invitó al primer Mediador Creativo, Sergio Pardo, para analizar los diferentes planes urbanísticos de Barcelona a lo largo del tiempo.
También se invitó a diez colectivos artísticos para reflexionar sobre el territorio desde sus prácticas. El resultado de ese período de investigación, en diálogo con Hedwig Fijen y el equipo, definió los tres núcleos temáticos, asociados a las fronteras geográficas de Barcelona: los ríos Llobregat y Besòs, y la montaña de Collserola. Las sedes fueron seleccionadas junto con las ciudades y el equipo de Manifesta 15 tras este proceso. El contexto agrícola y urbano híbrido que mencionas fue trabajado posteriormente, conectando a los artistas con las temáticas específicas.

CN: ¿Cómo fue el proceso de selección de los/as artistas? ¿Por qué se eligieron a creadores como Jeremy Deller, Fina Miralles, Ana Mendieta o Judy Chicago, que dialogan de manera diversa pero concreta con otros artistas que no son, por decirlo así, de generaciones anteriores?
HF: La curaduría de esta edición de Manifesta también se hizo de forma descentralizada. Queríamos alejarnos de la curaduría monolítica, por lo que invitamos a mediadores creativos, activistas, archivistas y académicos de diferentes disciplinas, bajo mi dirección artística. Trabajamos con profesionales de las artes visuales, la arquitectura, las ciencias sociales, la educación y el activismo, probando ideas con los ciudadanos, quienes participaron activamente con sus aportaciones. Nombramos representantes artísticos metropolitanos en las 12 ciudades para asegurar que se ejecutaran las ideas a nivel local.
En el caso de artistas como Jeremy Deller, con quien ya habíamos trabajado en Manifesta 5 en San Sebastián, queríamos mostrar la pancarta con la frase «Al final la tierra nos lo dirá todo». Con Ana Mendieta, Fina Miralles y José Bedia buscamos generar un diálogo intergeneracional entre artistas del Sur Global, Cataluña y feministas que exploran la relación entre humanidad y naturaleza. Este enfoque transgeneracional es clave en Manifesta, y también lo es reinstalar obras de artistas como Aurelia Muñoz y Magda Bolumar.
FO: La selección de los artistas fue un trabajo colectivo. Hedwig y yo decidimos juntas muchos de ellos; otros provienen del open call para artistas residentes en Catalunya, y ocho son los colectivos que participaron en el proceso pre-bienal. También hay varios artistas que llegaron a través de colaboraciones con otras bienales. Queríamos reflexionar sobre nuestra huella de carbono y cómo las bienales pueden colaborar co-comisionando obras o presentando obras ya producidas.
Jeremy Deller, por ejemplo, llegó a Manifesta como colaboración con la Bienal Anozero de Coímbra. Invitamos a varios artistas a producir nuevas obras y luego establecimos diálogos con piezas existentes. Aunque Manifesta siempre ha puesto énfasis en artistas jóvenes, también queríamos crear un diálogo con artistas mayores como Fina, Mendieta o Judy Chicago, para subrayar que muchas de las temáticas que tratamos no son nuevas. Ya han sido abordadas, y queríamos destacar estas posiciones históricas como forma de reescribir el presente e imaginar el futuro. Todo está conectado, ¿no?

CN: En cuanto a una bienal de tipo holístico como Manifesta 15, ¿cómo creen que afectará positivamente (o negativamente) al contexto catalán? ¿Qué tipo de intercambios puede generar el arte contemporáneo con el entorno ambiental, rural y urbano, y sus habitantes, más allá de los 45 mil visitantes que ya han acudido a las sedes?
HF: Lo más importante de esta edición no son solo las 60.000 visitas, sino crear una conciencia pública sobre la necesidad de repensar la centralidad de nuestras ciudades y provocar el debate sobre cómo enfrentar desafíos como el cambio climático, la sequía o la subida del nivel del mar, mientras que, al mismo tiempo, la ampliación del aeropuerto de El Prat continúa atrayendo más turistas a Barcelona. Este debate se abrió apenas inauguró la bienal y sigue en curso. En la rueda de prensa, M15 lanzó un Llamamiento a la Acción que se debatirá en un foro al cierre de la bienal, donde se discutirán soluciones concretas y radicales.
FO: Evidentemente, el contexto catalán es muy fuerte y complejo. Manifesta viene a activar y llamar la atención sobre el entorno que rodea a Barcelona, que es mucho más frágil y precario. Ahí es donde creo que la bienal puede ser una chispa para que la mirada política cambie, pero también para que la atención del entorno artístico no se enfoque únicamente en lo que ocurre en Barcelona, sino también en ese otro mundo interesante y rico que rodea la ciudad.
Claro que nos interesaban los intercambios locales e internacionales, pero también los entre las propias ciudades, los técnicos, los mediadores y los artistas. Buscamos generar nuevas redes de complicidad y apoyo, además de otros circuitos de público. Esa mirada holística de la que hablas se refleja en la producción artística y de conocimiento, y en la relación con el público (o los diferentes públicos), ya sea a través de las asambleas ciudadanas de las 11 ciudades o el trabajo con distintas comunidades y el equipo de mediación.

CN: Por último, ¿es posible establecer un diálogo fluido entre exposiciones socialmente comprometidas y el mundo del arte comercial, que depende del consumo y la acumulación de obras?
HF: La premisa no es necesariamente correcta: muchos artistas se comprometen socialmente y aún tienen un lugar en el mercado del arte. No es una contradicción. Otros combinan su obra con el activismo y la relacionan con el dominio público. Necesitamos mediadores creativos y profesionales comprometidos que hagan sonar las alarmas e imaginen soluciones clave, y aquí es donde entra Manifesta, proporcionando una plataforma para ellos. Esperamos que el legado sea concreto.
FO: Creo que ambos mundos conviven en una relación cómplice y cercana. Las galerías son un apoyo importantísimo para los artistas, no solo por la cuestión comercial de la venta (y su subsistencia), sino en la producción de las obras, la difusión y la logística. En Manifesta trabajamos muy de cerca con varias galerías, en un diálogo fluido y enriquecedor. Ambas partes queremos defender y apoyar a los artistas y su obra.
Hedwig Fijen (Países Bajos) es la directora fundadora de Manifesta y directora de Manifesta 15. Bajo su liderazgo, Manifesta se ha consolidado como uno de los eventos artísticos de gran escala más relevantes de Europa. Fijen se encarga de todos los aspectos de la organización, incluida la selección de ciudades anfitrionas, los contenidos temáticos y la elección del equipo curatorial, siendo responsable de la ejecución final del concepto curatorial.
Filipa Oliveira (Portugal) es programadora de artes visuales y curadora, y actualmente dirige el Centro de Arte Casa da Cerca, la Galería Municipal de Arte y el Convento de los Capuchinos en Lisboa. Ha sido co-curadora de la Bienal de Coímbra en 2021 y asistente curatorial de la 28° Bienal de São Paulo.

NARRATIVAS DE RESISTENCIA: ARTISTAS Y PROYECTOS EN MANIFESTA 15
Entre los participantes de Manifesta 15 destaca Enrique Ramírez, el único artista chileno en esta edición. Ramírez trabaja con diversos medios para reflexionar sobre el estado del mundo y los desafíos sociales, políticos y ecológicos que enfrenta la humanidad, con un enfoque recurrente en el mar. A la entrada de la Casa Gomis, nos recibe un poema iluminado en neón que cita a Gilles Clément, jardinero, arquitecto paisajista y escritor, conocido por su teoría del ‘jardín planetario’ como respuesta a la globalización. Clément propone que la humanidad adopte el rol de jardinero y custodio del planeta, un concepto que Manifesta ya abordó ampliamente en su edición número 12 en Palermo.
La obra de Ramírez evoca al jardín como un espacio de resistencia, que requiere una temporalidad distinta a la que domina nuestro tiempo presente. Tal vez la solución a los conflictos que enfrentamos radica en desacelerar y reflexionar sobre cómo podemos trascender la inmediatez y la opresión del ‘aquí y ahora’, enfocándonos en lo que significa la eternidad para nuestro jardín planetario, y cómo podemos contribuir a cultivarlo de manera más consciente.
A través de su trabajo en el estudio y su investigación de campo con comunidades afectadas por proyectos de infraestructura y extracción a gran escala, Carolina Caycedo, artista multidisciplinaria colombiana afincada en Los Ángeles, incita al público a reflexionar sobre el crecimiento insostenible impulsado por el capitalismo y sobre la necesidad de resistencia y solidaridad.
Desde perspectivas indígenas y feministas, Caycedo cuestiona el papel de la mirada colonial en la privatización y el despojo de tierras y agua. El proceso y la participación son fundamentales en su práctica, ya que contribuye a reconstruir la memoria medioambiental e histórica, crucial para la justicia climática y social.
Su serie en curso, Mineral Intensive, se basa en un informe del Banco Mundial que estima que la extracción de minerales como el cobre, el litio y el cobalto podría aumentar casi un 500 % hacia 2050 para satisfacer la creciente demanda de tecnologías energéticas «limpias». Gran parte de las reservas conocidas de estos minerales fundamentales se encuentran en el denominado Sur Global.
Considerando que la deuda ecológica del Norte con el Sur se incrementará exponencialmente si persisten las lógicas extractivistas tradicionales, el nuevo tapiz de Caycedo no solo pone de manifiesto este círculo vicioso de desigualdad y destrucción, sino que también reclama un sistema de justicia ecosocial global radicalmente redefinido, que asegure una transición y un futuro energéticos justos.


El artista brasileño Jonathas de Andrade investiga las dinámicas y conflictos de poder en la sociedad contemporánea, enfocándose en Brasil. En su película Nó Na Garganta (Nudo en la garganta), presentada en el Pabellón de Brasil en la 59ª Bienal de Venecia (2022), Andrade sigue a un grupo de jóvenes trabajadores de un zoológico privado en Alagoas, quienes interactúan con serpientes. A través de primeros planos de sus cuerpos, el artista alude a los sentidos que utilizamos para entender nuestro entorno, generando una atmósfera de angustia.
La película plantea la pregunta de quién realmente experimenta el «nudo en la garganta»: ¿los trabajadores, las serpientes o el público? Andrade entrelaza imágenes documentales de catástrofes ecológicas, sugiriendo que esta sensación es consecuencia de nuestra incapacidad para proteger y conectar con la naturaleza. Proyectada en el jardín del Museo de Ciencias Naturales, la obra enfatiza la necesidad de tratar con respeto a las especies que hemos puesto bajo nuestro cuidado.
Durante la pandemia de Covid-19, que devastó Brasil con cifras elevadas de muertes y vulnerabilidad social, Andrade se sintió llamado a amplificar la voz de aquellos en situación de precariedad. Con la colaboración de trabajadores sociales y ONGs, reunió a cien actores y actrices no profesionales sin hogar para realizar la performance Olho da Rua (Ojo de la calle).En lugar de un guion, empleó la metodología del Teatro del Oprimido de Augusto Boal, donde los actores interpretan versiones de sí mismos. Se les pidió imaginar un día en el que tuvieran garantizados comida y refugio, sin la amenaza policial, culminando en una celebración festiva en la plaza pública de Recife. Esta manifestación se convierte en un estallido de vida, energía y resistencia que refleja la diversidad cultural y las desigualdades de Brasil.
Como alguien que ha sufrido discriminación y opresión, el artista maya zutujil Manuel Chavajay (Guatemala) considera que el arte no solo ofrece una posibilidad de sanación, sino que también es un medio eficaz para denunciar la violencia, reivindicar la historia, afirmar su identidad indígena, abogar por los derechos humanos fundamentales y demostrar resiliencia. Su obra se inspira en la espiritualidad maya y, especialmente, en su cosmovisión, que entiende la vida como una relación entre naturaleza, ser humano y universo.
El pueblo natal de Chavajay, San Pedro La Laguna, a orillas del lago Atitlán en Guatemala, se ha convertido en una popular atracción turística. En este contexto, su obra plantea la difícil tarea de conciliar el crecimiento exponencial del turismo con la preservación de las prácticas culturales tradicionales.
En ru k’uux kaaj, Chavajay utiliza un kuku, un jarrón de arcilla tradicionalmente empleado en rituales curativos y funerarios, y pinta su interior con una visión del cosmos. El artista establece una analogía entre el jarrón y el cuerpo de la madre naturaleza, representando sus entrañas como símbolo de los daños infligidos por la humanidad. A través de esta obra, Chavajay realiza un exorcismo metafórico, buscando invocar la protección de la energía vital del lago.


Lara Schnitger (Países Bajos/EE. UU.) centra su práctica en la representación del trabajo femenino y en rendir homenaje a heroínas anónimas de diversas culturas. Junto a Erika Sprey, participó en la investigación prebienal de Manifesta 15, analizando la región metropolitana de Barcelona desde una perspectiva ecofeminista para comprender cómo las intervenciones comunitarias podían sanar paisajes traumatizados. Interesada en la historia textil de Barcelona, Schnitger ve las chimeneas de la región como monumentos descontextualizados de una industria que trajo riqueza a Cataluña. Tras recibir un encargo de Manifesta 15, creó una instalación descentralizada en colaboración con la Xarxa de Dones Cosidores, que consiste en carteles narrativos que dan voz a las mujeres de la Barcelona metropolitana. Estos carteles cuelgan como faldas alrededor de las chimeneas, que, vestidas de esta manera, se presentan como reinas orgullosas, simbolizando la resiliencia y la fuerza femenina mientras imaginan un futuro ecofeminista.
Daniela Ortiz (vive y trabaja en Urubamba, Perú) crea narrativas visuales que exploran los conceptos de nacionalidad, racialización, clase social y género, examinando de manera crítica las estructuras de poder colonial, patriarcal, imperialista y capitalista. Su investigación reciente se centra en la necesidad de recuperar experiencias políticas internacionalistas y antiimperialistas del Sur Global que han sido borradas en un contexto de represión.
En los últimos años, su trabajo también ha explorado los sistemas de control migratorio en Europa, su relación con el colonialismo y los mecanismos legales establecidos por las instituciones europeas. Además, ha desarrollado proyectos sobre la clase alta peruana y su relación explotadora con las trabajadoras domésticas, así como el legado colonial del extractivismo en la industria minera.
Para la obra que presenta en Manifesta, junto a Xose Quiroga, Ortiz examina la historia de la reivindicación del colonialismo y del sistema esclavista en Barcelona a través de estatuas, placas conmemorativas y edificios. La serie de fotografías presenta monumentos dedicados a personajes que jugaron un papel crucial en la historia del esclavismo y que hoy aún son objeto de reconocimiento público, como Joan Güell y Ferrer, Josep Xifré y Casas, Valeriano Weyler, el general Joan Prim y Prats, y el propio Cristóbal Colón. La serie también incluye edificios de instituciones que financiaron y lideraron procesos coloniales, como el Banco de Barcelona o el Círculo Hispano Ultramarino, actual sede del Ateneu de Barcelona.



La obra de Nora Ancarola (Argentina/España) se centra en dos aspectos clave: el potencial de los medios artísticos para ofrecer nuevas interpretaciones de narrativas históricas y sociales, y la observación del proceso creativo como herramienta de transformación del malestar individual y sistémico. Ancarola combina elementos visuales que entrelazan lo personal y lo público, desafiando las normas que rigen estas esferas. Su trabajo ha evolucionado hacia un enfoque colaborativo y sociopolítico.
Para Manifesta 15, Ancarola presenta un proyecto titulado #lamevaripollet, que explora el frágil plan urbanístico de la ciudad de Ripollet. Este proyecto, que reúne diversas voces de la comunidad, consiste en un archivo de las reivindicaciones ciudadanas, una videoinstalación sobre un ecosistema perdido y un espacio lúdico que fomenta la participación del público. A través de un análisis geográfico y poético feminista, Ancarola amplifica las voces de mujeres de tres generaciones que han luchado por mejorar las condiciones de vida en su ciudad, celebrando su resiliencia y aspiraciones por un futuro mejor.
Fernando Sánchez Castillo (España) desarrolla una crítica multiangular del discurso monumental, desarticulando sus agencias de poder y representación. Su obra busca reescribir los relatos de la historia o, al menos, hacernos más conscientes de sus complejidades y matices, mostrando que la historia se construye desde múltiples posiciones de poder.
En M15, Sánchez Castillo explora momentos olvidados de la historia catalana y española, que carecen de representación visual, como la destrucción de los archivos de la Inquisición, la violencia ludita contra los telares automáticos o la huelga de tranvías de 1951. Estas imágenes han sido secuestradas, destruidas o simplemente no hallaron forma de expresión. A partir de esta reflexión, el artista presenta El Ictíneo y otras figuras políticas, una serie de acuarelas que reconstruyen poéticamente estas imágenes políticas aún pendientes. Su obra evoca una memoria prostética que abre un diálogo entre lo íntimo y lo monumental en la historia.


La artista barcelonesa Rosa Tharrats investiga las sincronicidades y patrones de la naturaleza con un enfoque en los textiles, convencida de que tanto los objetos naturales como los artificiales poseen una subjetividad inexplorada. Su obra se centra en la interacción entre el reino mineral, el mundo vegetal y la esfera industrial, abordando temas de transformación y equilibrio entre lo visible y lo invisible.
Para Manifesta 15, Tharrats colabora con el polifacético escritor catalán Gabriel Ventura, quien basa su práctica en una exploración holística de las artes. Su proceso creativo comienza con la poesía, utilizándola como herramienta para fomentar vínculos emocionales en un contexto de hiperinformación.
El riu era verd i blau i groc es un proyecto que surge de talleres con residentes locales en el río Besòs, un entorno históricamente contaminado pero en proceso de recuperación. La performance resultante, realizada por la comunidad local, se escenifica a orillas del río, combinando elementos documentales y oníricos, así como poesía, canto y la sonoridad del contexto urbano.
En lo más profundo de la obra de la artista alemana Diana Scherer se encuentra lo que ella denomina una «colaboración con la naturaleza». Fascinada por los sistemas radiculares de las plantas, Scherer ideó un método que consiste en cultivar redes de raíces dentro de patrones que ella misma diseña, formando tejidos que evocan textiles. Para Manifesta 15, Scherer creó un patrón que combina la forma de una columna vertebral, estructuras celulares vegetales y elementos de una tela chintz fabricada en Barcelona.
Las espinas dorsales y los huesos eran motivos recurrentes en la obra del arquitecto y diseñador catalán Antoni Gaudí, cuyo principal mecenas, Joan Güell i Ferrer, hizo fortuna a través del comercio de esclavos cubanos, utilizando su riqueza para impulsar la industria textil de Barcelona. Al mismo tiempo, la obra de Scherer alude al legado local de la fabricación textil y cuestiona la procedencia de la riqueza de la metrópolis. Esta propuesta artística representa un paso decisivo hacia la materialización de una asociación utópica entre la humanidad y la naturaleza, en claro contraste con su lugar de emplazamiento, Las Tres Chimeneas de hormigón.

En este mismo enclave se instala Memoria del Humo. Conflictos ecosociales en zonas de sacrificio, un proyecto colaborativo en Sant Adrià de Besòs que involucra a vecinos locales y aborda los conflictos ecosociales y la historia industrial de la zona. La exposición archivística resalta las luchas comunitarias por mejorar las condiciones de vida y la justicia ambiental, a la vez que reflexiona sobre el futuro de la central térmica.
Las «zonas de sacrificio» son aquellos espacios donde la población y el entorno sufren las consecuencias del desarrollo industrial. En Sant Adrià, el paisaje industrial ha creado identidad y pertenencia durante más de un siglo, pero también ha conllevado un alto coste medioambiental. Las chimeneas y las estructuras industriales han sido a la vez fuente de sustento y amenaza.
A lo largo de la historia, ha habido una serie de movilizaciones populares para rechazar este destino. Desde las primeras manifestaciones contra la contaminación hasta la lucha actual de la Plataforma per la Conservació de les Tres Xemeneies contra la especulación urbanística, estas acciones están conectadas a ciclos más amplios de protesta relacionados con el antifranquismo, los derechos laborales y la vivienda, entre otros temas.
La exposición Memoria del humo busca defender la memoria popular mediante la creación de un espacio de encuentro y disputa con entidades locales y vecinos. Este esfuerzo colectivo se traduce en esta sala y un programa de actividades comunitarias, con el objetivo de reconstruir el pasado de la zona y proyectar un futuro.

La obra A Century of European Architecture del artista catalán Domènec plantea la inquietante pregunta de si el campo de concentración fue el modelo arquitectónico definitorio del siglo XX. Surgido a finales del siglo XIX como (sub)producto de la modernidad, este tipo de instalación fue utilizado por diversas entidades políticas europeas para internar a diferentes colectivos a lo largo del siglo XX. La proliferación de campos de concentración está intrínsecamente vinculada a los principios organizativos del Estado nación, que tienden a marginar a aquellos que no «encajan» en su estructura.
Con una variedad de medios, que incluyen dibujos, fotografías, planos, maquetas, esculturas e intervenciones in situ, la obra cuestiona la función arquitectónica de estos espacios. Para Manifesta 15, Domènec ha adaptado el proyecto para reflexionar sobre el diseño panóptico de la cárcel de Mataró, subrayando que el entorno construido nunca es neutral y que es esencial recordar la función original de este lugar.

Diana Policarpo, artista portuguesa, explora temas como la política de género, las estructuras económicas, la salud y las relaciones entre especies mediante una investigación transdisciplinaria especulativa. Sus instalaciones y performances critican la vulnerabilidad y el empoderamiento en el contexto capitalista, ofreciendo reflexiones sobre la experiencia humana.
En su obra Liquid Transfers, Policarpo combina un estilo documental con una narrativa de ficción especulativa centrada en el cornezuelo del centeno, un hongo parásito del trigo responsable de intoxicaciones masivas a lo largo de la historia. Uno de los eventos más notorios es el “caso del pan maldito”, ocurrido en 1951 en Francia, donde quinientas personas sufrieron episodios psicóticos. Esto derivó en la controversia de que la intoxicación pudo haber sido un acto deliberado vinculado a un programa militar encubierto.
Históricamente, el cornezuelo ha sido utilizado por curanderas y comadronas en dosis controladas para procedimientos como abortos y el alivio del dolor de parto. Sin embargo, la medicina moderna, influenciada por prejuicios patriarcales, ha menospreciado estas prácticas tradicionales, aunque algunos médicos y científicos se han interesado por los efectos psicológicos del hongo.
La instalación se exhibe en el Monasterio de Sant Cugat, lo que aporta una dimensión reflexiva a los temas subyacentes de la obra, como la medicina alternativa, la histeria, la síntesis accidental de LSD y las investigaciones militares sobre armas biológicas, todos ellos interconectados en un diálogo crítico sobre el poder y el cuidado.

Formada como pintora en el taller de Rafael Estrany, quien había sido alumno del pintor belga James Ensor, y destacada colaboradora del informalismo de la década de los sesenta, la artista catalana Magda Bolumar Chertó (1936) imaginó nuevas cosmologías a través de la abstracción. En sus xarpelleres (arpilleras), fusiona pintura y yute mediante técnicas como el anudado, deshilachado, cosido, atado y trenzado, logrando resultados excepcionales.
La práctica textil de Bolumar cautivó a Ricardo Gomis Serdañons y su esposa, Inés Bertrand Mata, quienes le encargaron su obra más ambiciosa para el comedor de su hogar, donde aún se exhibe. La composición geométrica y lírica de la obra, con su disposición de puntos y líneas fluidas, evoca una partitura musical. A pesar de su relevancia, Bolumar nunca ha tenido una exposición individual en una institución en Cataluña. A sus casi 90 años, continúa dibujando a diario, aunque su carrera internacional ha sido limitada.
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