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NEREIDA APAZA MAMANI. LA EXPERIENCIA POÉTICA PARA COMPRENDER EL MUNDO

Nereida Apaza Mamani viene desarrollando una práctica artística íntima y meditativa en la que palabra e imagen catalizan las emociones y pensamientos de su insondable mundo interior. Con similar fluidez a la del reflejo corporal como acto involuntario, y con una honestidad alejada de las pretensiones que caracterizan a mucha de la producción artística de hoy, Apaza Mamani hace de la expresión poética una manera de comprender el mundo.

Nacida en 1979 en Arequipa, al sur del Perú, donde aún vive y trabaja, estudió en la Escuela Superior Pública de Arte Carlos Baca Flor de esa ciudad. Se especializó en pintura, y pronto expandió sus medios y soportes hacia la escultura, el grabado y el video, plasmando en ellos las complejidades propias de la existencia humana.

Pero es en los cuadernos bordados a mano donde se manifiesta con mayor intensidad su sensibilidad artística, ese deseo por recuperar nuestros orígenes culturales y como especie, así como por cambiar nuestra forma de relacionarnos con la naturaleza y reconocer la experiencia de vida como esencia de lo que finalmente somos. Son obras que, de paso, cuestionan las narrativas históricas dominantes en Perú, particularmente aquellas transmitidas por el sistema de educación pública del país.

Hija de un maestro y una costurera, Apaza Mamani ha ido creando con los años numerosas series de estos libros blandos, algunos basados en la experiencia subjetiva del aprendizaje y que tienen como soporte el diseño del “cuaderno popular escolar” –el de la portada azul celeste con el mapa del Perú en rosado-, otros inspirados en elementos naturales, cuya estructura puede ser desmembrada, sus páginas extendidas sobre bastidores, para ser presentados como pinturas-textiles.

Más que diarios personales impregnados de una narrativa profusa, estos trabajos configuran un compendio de apuntes mentales de carácter poético. Con el confinamiento, sus frases sucintas y las simbólicas imágenes que les acompañan han ido mutado, revelando los miedos, desesperanzas, anhelos y tristezas ahora por todos compartidos en medio de la emergencia sanitaria mundial.

“Creo que la pandemia es un conflicto de intereses económicos y de poder. ¿Con qué fin? No logro entenderlo… A través de la historia, de nuestra historia, la humanidad ha afrontado épocas muy duras y difíciles, y solamente hemos sobrevivido porque aflora la solidaridad, la justicia, la lealtad, el amor, lo mejor de nosotros como especie”, reflexiona la artista.

Su nueva serie de cuadernos, realizada durante los meses de cuarentena en Perú, se expone desde hoy en la Galería del Paseo, en Lima, junto a otros trabajos en tela bordada con mapas que hacen referencia al cuerpo como territorio político, y una animación en stop motion.

Bajo el título La luz de la oscuridad, esta primera muestra individual de Apaza Mamani, curada por Élida Román, también se nutre de su reciente experiencia como artista residente en el Centro de Excelencia Santo Domingo para Investigación sobre Latinoamérica (SD CELAR) del British Museum, en Londres, donde fue invitada para realizar una investigación de su colección de objetos peruanos. Esta se tradujo en la producción de nuevas obras, entre ellas el libro de mapas de Londres A to Z, que también se asemeja a un cuaderno de colegio, y en el que la artista ha bordado poemas escritos durante su estancia en esa ciudad.

Nereida Apaza Mamani, Tú eres racista, de la serie La causa, la raíz, 2020, bordado sobre tela, 50 x 50 cm. Cortesía: Galería del Paseo, Lima
Nereida Apaza Mamani, Estoy viva, de la serie La causa, la raíz, 2020, bordado sobre tela, 50 x 50 cm. Cortesía: Galería del Paseo, Lima
Vista de la exposición La luz de la oscuridad, de Nereida Apaza Mamani, 2020. Cortesía: Galería del Paseo, Lima

Alejandra Villasmil: Cuéntanos de tu experiencia en la residencia artística en el SD CELAR.

Nereida Apaza Mamani: Fue una residencia maravillosa. Viajar es una lección de vida y trabajar con un museo tan importante me ha enseñado mucho. Tuve acceso a los almacenes inmensos y ver lo que yo quisiera, claro que previas coordinaciones. La propuesta fue trabajar con objetos de danzas de Negrería para realizar un trabajo de arte contemporáneo a través de una resignificación de estas piezas. Me gustaron mucho los colores y las técnicas empleadas en los trajes, además de toda esa simbología.

Los telares precolombinos son bellos, pude verlos por primera vez de ese modo, tocarlos y contemplarlos mucho tiempo. De la residencia surgieron nueve cuadernos y una pechera.

AV: ¿Cómo vinculas lo que estás exponiendo en La luz de la oscuridad con tus trabajos anteriores, que no fueron hechos bajo el confinamiento?

NAM: La propuesta de realizar una exposición en la Galería del Paseo fue concretada el año pasado. Al iniciar este año, yo volvía de la residencia artística en el British Museum, y muchas cosas iban sucediendo, como la posibilidad de desarrollar proyectos y exposiciones allá, exposiciones en espacios culturales de Lima, como la Casa de la Literatura Peruana, el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social, etc. Tenía muchas expectativas este año y me sentía lista para emprender vuelo, como un ave con total libertad.

De hecho, la primera idea que tuve de título para la muestra era Mujer Pájaro, y como ya has podido observar, mi acercamiento a la naturaleza a través de mi trabajo es evidente, así que había pensado trabajar con flores, árboles y huevos ya en ese momento, pero desde un lugar y con sentimientos totalmente diferentes.

Los mapas son también una representación del espacio público donde crecemos y donde nuestra cultura, con todas sus aristas, se desarrolla. Esta nueva serie se titula La causa, la raíz (2020) y consiste en un conjunto de ocho obras bordadas con diseños de mapas urbanos que albergan inscripciones contundentes de segregación y marginación, sentimientos aún más evidentes en tiempos de crisis sanitaria. Son una reflexión de las calles abandonadas, de las calles donde transitan todos nuestros miedos, y ahora la muerte.

Con la pandemia y el confinamiento cambiaron muchas cosas, y la visión de libertad se transformó en la vivencia cotidiana del miedo, del dolor, de la incertidumbre. Los mapas somos nosotros con nuestros problemas y posibilidades: allí habitamos, en estas ciudades que ahora lucen vacías. Las flores se volvieron grises y los árboles símbolos de resistencia. Los huevos anidan esperanza.

Nereida Apaza Mamani, Fábula, 2020, serigrafía y bordado sobre tela, 23 x 17 cm. c/u. Cortesía: Galería del Paseo, Lima

AV: Respecto al simbolismo de estos elementos orgánicos, Élida Román nos habla en su texto curatorial del “origen, albergado en el huevo y la semilla; la permanencia, en el tronco que muestra las estrías del tiempo y la resistencia terca para subsistir; y la flor, que proclama vida y anticipa la continuidad del ciclo”. Cuéntanos sobre esas metáforas…

NAM: Sí, la naturaleza está muy presente en mi trabajo porque representa para mí la metáfora perfecta de la existencia. Todo lo que ocurre en la naturaleza conduce al equilibrio y es exacto: los colores, los vientos, las semillas, la noche, las estrellas… Los árboles son como personas; sus formas y colores, flores y olor, nos dicen cómo y quiénes son. Los árboles torcidos pueden dar hermosas flores; hay algunos enormes y viejos capaces de calmarnos con solo sentir su aroma, y algunos abrazan y consuelan. Otros son esquivos y tristes. En fin, los he visto muchas veces y en ellos siempre encuentro consuelo adonde vaya. Al final, todo empieza y termina en una semilla. Junto con las flores, representan nuestra humanidad, capaz de crear vida, de florecer aún en la oscuridad del miedo.

AV: Coméntanos de las series Ecce Homo y Alegorías, presentes en la exposición.

NAM: Ecce Homo es un cuaderno de instrucciones para sobrevivir, de cosas que no debemos olvidar hacer, cosas que debemos recordar siempre, actos cotidianos que nos revelan al ser humano que podemos ser y lo que podemos hacer: alimentar la conciencia, el estar presentes en cada gesto o acción cotidiana. Y la serie Alegorías son dibujos con hilos que reflexionan sobre diversos temas que han preocupado históricamente a la humanidad, como el tiempo, la vanidad, la envidia, la historia, la infancia, la realidad, los deseos, la razón o el dolor.

Nereida Apaza Mamani, página de Ecce homo, 2020. Libro de artista. Serigrafía y bordado sobre tela, 28 páginas, 23 x 17 cm. Cortesía: Galería del Paseo

AV: ¿Cómo llegas específicamente a utilizar la imagen del cuaderno escolar como soporte? Este tiene también un simbolismo. Es un cuaderno que encarna la enseñanza pública peruana.

NAM: Es un cuaderno escolar de formato A5 usado cuando yo era estudiante, repartidos durante el gobierno de Alan García como “cuadernos populares”, porque la recesión económica era muy fuerte y la pobreza mucha; la gente no tenía para comer… los repartían en las escuelas. A nosotros, niños y jóvenes en ese tiempo no nos gustaban porque tenían el color de papel amarillo o verdoso, preferíamos el papel blanco… tal vez una señal de nuestros problemas de discriminación como nación.

Por otro lado, mi padre fue maestro de ciencias sociales, hablaba aymara y enseñó en algunas escuelas rurales al inicio de su carrera; después fue trasladado a la ciudad de Arequipa, donde vivimos. Lo recuerdo calificando pruebas de madrugada, preparando lecciones, leyendo siempre y nunca faltar a dictar clases. Por eso es que valoro mucho la profesión de maestro, porque vi a mi padre creer y trabajar con profunda entrega a su labor: enseñar a jóvenes espíritus.

Mis cuadernos bordados son el resultado de “ese tipo de educación” que recibí pero que de forma subversiva voy haciendo en ellos lo que yo considero importante para vivir: el uso de la imagen y la palabra como expresión, como arte.

Mis cuadernos son cuadriculados, rayados, doble línea y en blanco. Escritos (bordados) con hilos rojo, azul, grafitos y algunos “colores con aromas”. Repito en ellos las consignas que de forma inconsciente vienen a mi mente: repite, responde, memoriza, etc, pero en ellos estoy intentando volver a aprender a leer y a escribir, a reeducar mis emociones contenidas. Mis palabras acalladas brotan, mis ideas inútiles y bellas, afloran.

Mi educación carente, mi padre maestro, mi madre costurera, mi amor por lo libros, mi vocación de artista y la creación confluyen es estos objetos: los cuadernos de artista.

Nereida Apaza Mamani, La luz de la oscuridad, 2020. Libro de artista. Serigrafía y bordado sobre tela, 32 páginas, 23 x 17 cm. Cortesía: Galería del Paseo, Lima
Nereida Apaza Mamani, La luz de la oscuridad, 2020. Libro de artista. Serigrafía y bordado sobre tela, 32 páginas, 23 x 17 cm. Cortesía: Galería del Paseo, Lima

AV: El bordado viene por el lado de tu madre…

NAM: Sí. Mi madre estudió corte y confección y en casa siempre había hilos, agujas, telas, una máquina de coser. A los ocho años, yo jugaba a hacerle vestidos cosidos a máquina a mis muñecas; aprendí a coser jugando, como se aprenden las cosas que marcan la infancia y la vida.

Empecé la escuela de arte a los 21 años. Tenía miedo de dedicarme al arte porque pensaba que no iba a poder vivir de esto. No es muy lejana la realidad a esta idea, pero con mucho esfuerzo he encontrado formas de vivir creando. Después, en la escuela de arte, ya la carencia de materiales me hizo desarrollar parte de mi propuesta como estudiante con telas e hilos como collages.

El bordado exige mucha paciencia, y eso es algo que necesito aprender en la vida. Estar por horas en silencio te acerca a un estado de meditación necesario para estar tranquila. La calma, la tranquilidad como estado de equilibrio, me permiten seguir creciendo. Para crear no hace falta mucho: lápiz, papel, una rama rota, tierra, hilo y tela son suficientes para intentar decir algo.

Las telas de mis obras son las que usamos los pintores en Perú. Se llama ‘tocuyo’ y es de algodón, que luego se imprima. En mi caso, la uso cruda y la estampa en serigrafía mi compañero Raúl Chuquimia, quien es también artista visual. Una técnica artesanal como refiere Élida Román en su texto, pero a mí me parece más una forma de expresión. En Perú hay comunidades donde a través del bordado y el tejido las personas plasman eventos importantes en sus familias, como una especie de memoria que perdure y se transmita a futuras generaciones. Mi trabajo es diverso por esa necesidad de expresión justamente.

AV: ¿Qué encuentras en la poesía como medio de expresión a través del bordado? ¿De dónde nace cada texto? ¿Son todos personales, o también usas citas?

NAM: Empecé a escribir en la escuela de arte, justamente por esa necesidad de expresión, y la palabra es una forma de decir cosas. Hace 11 años, mi padre murió y no podía dibujar ni pintar, así que en cuadernos empecé a escribir lo que en ese momento sentía de la vida y la muerte; solo podía escribir.

Mis poemas y versos acompañan dibujos y bordados delineando nuevos significados.

Por ahora no hago citas y, si lo hiciera, indicaría al autor como debe ser. Es el caso de un cuaderno que se llama Esta ciudad es de mentira, que es un verso de Mario Benedetti.

Quisiera además comentar que de niña mi padre escuchaba a Violeta Parra en LP, y fue mi primer acercamiento a la poesía, a ese modo de usar la palabra para decir cosas que de otro modo no pensaríamos ni sentiríamos. Yo también escuchaba mucho a Víctor Jara, ya de jovencita.

La poesía y la escritura me han enseñado a ver y vivir de un modo diferente. Hubo un tiempo en que solo quería experimentar la vida a través de la lectura, de los personajes que iba descubriendo en los libros. Claro, en algún momento eso cambió, pero disfruté la lectura a tal punto que llegué a sentir eso.

Mi padre tenía una biblioteca a la que yo me acercaba con mucha curiosidad, al principio para descubrir objetos que los libros guardaban: plumas, postales, cartas, tarjetas, boletos de autobús, fotos… me gustaba ese ritual. Después los empecé a leer.

La poesía es una forma de vivir. El pensamiento poético es como quiero comprender el mundo. Como decía Sábato: “Lo único que puede salvarnos es volver al pensamiento poético, a ese anarquismo social y al arte”.

Vista de la exposición La luz de la oscuridad, de Nereida Apaza Mamani, 2020. Cortesía: Galería del Paseo, Lima
Nereida Apaza Mamani, Semillas, 2020, serigrafía y bordado sobre tela en bastidor, 23 x 17 cm. c/u. Cortesía: Galería del Paseo, Lima
Nereida Apaza Mamani, La existencia al lado de la historia y Ese lugar necesario no existe, de la serie Alegorías, 2020, bordado sobre tela, 20 x 20 cm. c/u. Cortesía: Galería del Paseo, Lima

AV: ¿Tienes textos que vas dejando en papel?

NAM: Escribo en cuadernos haciendo uso de una técnica de collage y también a mano alzada. Los voy guardando y recurro a ellos para ir desarrollando mi trabajo. La mayoría de las veces los poemas que acompañan mi trabajo han sido escritos meses, incluso años antes.

AV: ¿Haces meditación, o llevas una vida espiritual? El bordado es una práctica ancestral, pero también de contemplación.

NAM: Después de un tratamiento homeopático que me exigía muchos cambios a nivel emocional y físico para curarme de un problema de salud, llegué a entender que los seres humanos necesitamos ese equilibrio entre lo físico y lo espiritual, y ese es un proceso que durará toda nuestra vida.

Ahora que soy mamá de un niño de cuatro años, y lo estoy acompañando a descubrir el mundo, busco esa tranquilidad. No hago meditación, pero sí, el bordado es meditativo de algún modo.

Nereida Apaza Mamami, Fe de erratas, 2020, animación stop motion, edición de 5, 9’45». Cortesía: Galería del Paseo, Lima

La luz de la oscuridad, individual de Nereida Apaza Mamani, se puede visitar en el Viewing Room de Galería del Paseo | Lima, del 18 de agosto al 19 de setiembre de 2020.

Alejandra Villasmil

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.

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