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MARÍA VERÓNICA SAN MARTÍN: MEMORIALES ABIERTOS

Desde 2012, la artista María Verónica San Martin (Santiago de Chile, 1981) se ha enfocado en la producción de memoriales infinitos. Para ello ha creado objetos que exceden la bidimensionalidad, como sus libros que se convierten en estructuras habitables. A través de disciplinas como el grabado, la instalación, la danza y la performance, la artista configura un discurso latente, construido y movilizado por la memoria.


María Verónica San Martín, Memoriales Móviles, performance en Lincoln Center, NY. Cortesía de la artista

Eran las 12:00 del día cuando comenzó a llover. María Verónica y las otras nueve personas que la acompañaban en la mesa alzaron los ojos al cielo. Muchos celebraron el clima, señalando hacia el silo que se erguía frente a ellos: la humedad tendría un impacto impredecible en los retratos que la artista había instalado alrededor de la estructura.

Días antes, María Verónica había terminado de pegar decenas de cortinas de baño impresas con imágenes aleatoriamente extraídas del archivo digital Memoria Viva. Eran 35 retratos de detenidos desaparecidos adheridos a las telas con polvo de carboncillo. Las cortinas en el silo eran parte de los dos proyectos que desarrollaría durante su residencia en ART OMI, un centro artístico inmerso en 48 hectáreas de áreas verdes en el valle del Hudson, Nueva York.

La escena se repitió varias veces durante el transcurso de la residencia. El clima colaboró en el proceso de producción de la obra al permitir que algunos trazos en los retratos de los detenidos desaparecidos dejaran una huella en la superficie de silo. Si bien la artista concibió el proyecto como un proceso de doble desaparición, las condiciones climáticas intervinieron en su discurso inicial para dejar un rastro, una evidencia tangible que es a la vez memoria.

— Fue la naturaleza la que fijó la suerte de pintura, que era carboncillo, dentro de la suerte de papel, que era la cortina de baño.

Paralelamente, en el estudio asignado durante la residencia, la artista trabajó con los mismos retratos de los detenidos desaparecidos, desplegándolos en el suelo. A partir de este material, creó un libro que contiene todos los retratos, asegurando así su archivo y protección. El libro se unió a la serie Memoriales Móviles, cuya circulación contribuye a la construcción de espacios de memoria.

María Verónica San Martín, The right to know. Silo en Art OMI, Ghent, NY, 2016. Cortesía de la artista
María Verónica San Martín, The right to know. Silo en Art OMI, Ghent, NY, 2016. Cortesía de la artista
María Verónica San Martín, The right to know, 2017, pintura en carboncillo sobre caja de luz. Cortesía de la artista

UN PROYECTO INFINITO

María Verónica se detuvo en mitad de la calle 17 y se plantó frente a la Casa Blanca. Su menudo cuerpo, aunque atlético y firmemente erguido, contrastaba radicalmente con la imponente estructura que se alzaba al otro lado de la calle. Detenerse frente a la Casa Blanca justo antes de ir a sus clases de la maestría en el Corcoran College of Art & Designya se había vuelto un hábito para la artista. Le resultaba casi imposible no hacerlo, al menos durante unos segundos, y simplemente observar.

Sus ojos recorrían la estructura del edificio de arriba a abajo, aunque sin maravillarse. María Verónica no se detenía a contemplar la Casa Blanca, sino a adentrarse en los pensamientos que ésta le provocaba. ¿Quién era ella, una joven mujer chilena, frente a ese símbolo majestuoso, representante del sistema neoliberal que había dominado su país?

María Verónica San Martín. Vista de la exposición ‘Geología de la Memoria’, The Print Center, Filadelfia, EEUU, 2023. Foto: Jaime Alvarez
María Verónica San Martín. Vista de la exposición ‘Geología de la Memoria’, The Print Center, Filadelfia, EEUU, 2023. Foto: Jaime Alvarez

Estas reflexiones diarias la encaminaron hacia la temática que abordaría en sus proyectos como estudiante de posgrado: la historia de su país. A partir del desarrollo de un discurso político de resistencia y libertad, el asunto adquirió vital importancia en su visión del mundo. El compromiso con estas ideas fue estimulado tempranamente desde los 7 años, cuando ya asistía con su familia a manifestaciones en contra de la dictadura de Pinochet.

En 2012, presenta en clase el proyecto In their Memory, un libro con estructura de acordeón que recopila los retratos de 3.550 personas desaparecidas durante la dictadura. Este trabajo forma parte de la colección de nueve libros de Memoriales Móviles, que además se muestra como performance. Durante la activación, la artista coloca los libros en el suelo y, mientras los despliega, va narrando los procesos de producción y los contextos históricos de sus orígenes. El proyecto consta de 200 copias impresas a mano con técnicas de grabado como aguafuerte, serigrafia, xilografía, y litografía con tipos de metal.

— Estos libros se convierten en memoriales, trascendiendo su condición de simples obras bidimensionales al expandirse en el espacio tridimensional. Habitar estos libros replica la experiencia silenciosa de estar en un memorial.

María Verónica San Martín, In their Memory, 2013, performance de la artista. Foto: Denny Henry
María Verónica San Martín, In their Memory, 2013, serigrafía, costura. Foto: Denny Henry

La forma de presentar estos objetos surgió después de que María Verónica observara que los visitantes en las ferias de libros de artista de Estados Unidos se mostraban más interesados cuando se les relataba el contexto de los libros, en lugar de simplemente permitirles observar en silencio.

— Me di cuenta de que yo actuaba como una suerte de puente entre estos archivos históricos y el momento presente.

La artista recurre a testimonios que han inspirado su continua exploración de las temáticas relacionadas con la memoria. Estos relatos narran experiencias de tortura en los centros de detención de la DINA, iluminando la resistencia necesaria para sobrevivir.

Uno de los testimonios que más le impactó fue el de Gladys Díaz, quien fue torturada en Villa Grimaldi por su participación en el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR). A través de múltiples entrevistas que fueron abriendo mayores espacios de confianza, la sobreviviente compartió el sufrimiento experimentado en manos de sus captores.

Durante su encierro, Gladys estuvo acompañada por un matemático con quien realizaba ejercicios cognitivos para no perder la cordura. Ella le hacía preguntas sobre la lectura de un cuento, mientras que él le planteaba ecuaciones matemáticas para resolver. En medio de ese contexto de terror, el simple hecho de confirmar que aún no se habían vuelto locos era motivo de profunda alegría.

Con cada proyecto, María Verónica se involucraba más y más con aquellas víctimas en busca de verdad, reparación y justicia. A través de su obra, la artista logra enfatizar la persistencia del pasado en el presente y en el futuro, de manera que aquel inmenso sufrimiento se transforme en un motor de advertencia latente.

María Verónica San Martín. Vista de la exposición Dignidad en el Archivo Nacional de Chile, Santiago, 2018. Cortesía de la artista

DIGNIDAD

Era abril de 2017 y María Verónica caminaba apurada por Teatinos, preocupada por llegar puntual a las 15:00. La verdad es que estaba un poco nerviosa, pero el sentimiento de emoción rebasaba sus inseguridades. Un hombre alto con chaleco burdeo le abrió la puerta, mientras esbozaba una cálida sonrisa. Su anfitrión era Winfred Hempel, el abogado de las víctimas de Colonia Dignidad.

El hombre la observó detenidamente a través de unos anteojos cuadrados. Desde el primer momento, la artista percibió en su mirada un deseo ferviente de descubrir la verdad. Con un gesto delicado de su brazo, el abogado la invitó a pasar a su oficina. La habitación estaba repleta de libros: se apurruñaban en las estanterías y se esparcían sobre la mesa y el piso.

María Verónica entregó tres libros más a Winfred, que se sumarían a su colección. Pero estos libros eran diferentes: In Their Memory (2012/2020), Memory and Landscape (2013) e Indignity and Resistance (2015), parte de su proyecto Memoriales Móviles. Mientras desplegaba cada uno sobre el escritorio del abogado, le explicó que era una artista chilena residente en Estados Unidos y que su tema de interés era la memoria de su país.

Tras escucharla con atención, Winfred replicó con otra historia, una que trascendería el proyecto inicial de los Memoriales Móviles para convertirse en una performance en sí misma.

María Verónica San Martín, proyecto Dignidad, exposición The Aethetics of Information, Widener Gallery, Hartford, CT, 2023. Cortesía de la artista

Comenzó hablando de un lugar llamado Villa Baviera, donde se dedicaban a la elaboración de productos artesanales que se vendían en todo el país. La tierra era trabajada por inmigrantes alemanes que llevaban décadas en Chile. Nunca abandonaban su terreno, ya que desconocían cómo relacionarse con el mundo exterior. No entendían el español y vivían completamente desconectados de la realidad circundante.

Hace años atrás Villa Baviera, entonces llamada Colonia Dignidad, operó como centro de tortura durante la dictadura de Pinochet, cobrando 350 víctimas. Esta historia se convirtió en una obsesión que llevó a María Verónica a dedicar dos años enteros a conversaciones frecuentes con Winfred e investigar en archivos, libros y documentales.

Un día, mientras miraba un reportaje de la captura de Paul Schäfer, un simpatizante nazi y pedófilo de origen alemán, fundador de Colonia Dignidad, María Verónica se encontró con la imagen de Winfred en la pantalla. En un momento de la entrevista, el abogado mencionó que tenía cintas de grabaciones obtenidas en Colonia Dignidad. Explicó que las voces en los audios se comunicaban a través de un lenguaje cifrado, pero que identificaba referencias a operaciones de espionaje en los discursos.

María Verónica se interesó en estas grabaciones y rápidamente pidió más información a Winfred. Al ser cercanos, ella le preguntó si podría acceder a las cintas, a lo que Winfred respondió afirmativamente.

En septiembre de 2017, la artista empacó todo su material, incluyendo los 19 audios digitalizados facilitados por Winfred, y se trasladó a 100 Lafayette en Nueva York. Era su primer día en el ISP (Programa de Estudios Independientes) del Whitney Museum. Estaba lista para crear un proyecto inspirado en el lugar que la había impactado desde su charla con Winfred tres meses atrás, pero se enfrentaba al desafío de cómo darle forma a tanto sufrimiento.

— Al inicio no pude dibujar ni una raya, porque la verdad es que encontré demasiado siniestro lo que sucedía en Colonia Dignidad, y lo que pasaba bajo tierra. Pero luego hice un dibujo que fue clave: una cruz superpuesta con la esvástica nazi y un crucifijo. Luego imagine que esas mismas formas adquirían volumen.

María Verónica San Martín, Dignidad, performance en Museum Meermanno, La Haya, Países Bajos. Foto: Frank Jansen. Cortesía del museo

El resultado fue el diseño de una escultura de metal de 60 kilos, mediante la cual fuera posible construir y deconstruir símbolos de poder: la esvástica, la cruz, el crucifijo, los bunkers, espacios de segregación, celdas, y salas de castigo.

— Después de haber hecho tantos libros, tenía mucha familiaridad con las acciones de doblar y desdoblar, pegar y despegar. La repetición de las violaciones a los derechos humanos, de la tortura, parecían coincidir con la repetición del doblez; es como un mantra.

La escultura fue concebida para activarse con una de las cintas proporcionadas por Winfred, la número 19, que registra una conversación entre Paul Schäfer y dos agentes nazis. Tras horas de análisis, María Verónica y Winfred lograron descifrar algunos códigos del lenguaje secreto utilizado, como la palabra «juguetes» para referirse a armas y «niños» para militares. Además de las voces alemanas intercambiando mensajes cifrados, la artista incorporó el golpeteo violento de las esculturas al chocar contra la tarima de madera que se instala para cada performance.

— Esta escultura móvil sale de la caja para activarse, transformarse y simbolizar la construcción y deconstrucción de la arquitectura de Colonia Dignidad. Además, representa metafóricamente todas las veces que se han abierto y cerrado los juicios.

María Verónica San Martín, Proyecto Jabalina, performance y video, Galería NAC, 2021. Cortesía de la artista

PROYECTO JABALINA

Encerrada en su departamento durante meses debido a la pandemia, la acción de lanzar una jabalina le parecía la máxima expresión de libertad. No era una idea tan alocada: María Verónica practicaba esta prueba de atletismo durante su infancia, e incluso llegó a considerar hacer una carrera deportiva.

No pasó mucho tiempo antes de que siguiera su deseo y comenzara a Googlear “jabalinas” en su computadora. Pronto recibió un paquete angosto de 2.70 metros de largo en la puerta de su departamento en Brooklyn. Sin perder un segundo, desempacó la jabalina y corrió al McCarren Park en plena madrugada para probarla.

La figura de la lanza volvió a entrar en la vida de María Verónica, esta vez resignificada desde su posición de artista e investigadora.

—Quería referirme a la jabalina como un elemento capaz de cruzar fronteras, libremente, como un llamado al no borders. A fin de cuentas, qué raro es eso de tener un pasaporte.

La jabalina es interpretada desde una perspectiva histórico-crítica, como una herramienta de supervivencia y un símbolo fálico, largo y punzante. Es un objeto que otorga poder al lanzarlo, pero cuyo control se pierde una vez que ha sido arrojado.

— Me imaginé el movimiento de esta lanza como una performance. Me junté con el coreógrafo José Vidal, con quien había tomado unos talleres. Le conté la idea y me dijo que me apoyaría. Eligió a cinco de sus bailarines, y comenzamos a practicar tres horas diarias durante marzo de 2021.

María Verónica San Martín, Proyecto Jabalina, 2021, performance con bailarines en colaboración con José Vidal, Santiago de Chile. Foto: Paula León Vendagar

Uno de esos días de marzo, al amanecer, el grupo de bailarines comenzó a moverse por una de las explanadas del Parque Bicentenario de Cerrillos, en Santiago. Era el momento de documentar la performance. Los artistas articulaban sus cuerpos con movimientos firmes y sutiles, balanceando la jabalina entre sus brazos y sobre sus cabezas, utilizándolas como armas y escudos. De pronto, la escena cobró un cariz inusitado pero simbólico: un grupo de militares se acercó y rodeó al puñado de personas aparentemente desnudas.

—- Llegaron estos militares y nosotros estábamos con esas mallas puestas, que nos hacían ver como desnudos. Y estábamos con estas armas blancas, representadas por las jabalinas. Nos miraban como sin entender lo que hacíamos. Esa es la parte anecdótica que siento que también tiene que ver con lo que estábamos abordando en la performance.

Después de escuchar las explicaciones del coreógrafo, uno de los militares les invitó a retirarse porque era hora de comenzar su entrenamiento. Los bailarines ya se habían dado cuenta de que estaban en una zona de práctica de combate para los militares cuando vieron bombas lacrimógenas en el suelo.

Proyecto Jabalina, ritual-performance de 30 minutos, con música original, quedó registrado en un video y tres libros. Estos documentos dan cuenta de aquellos temas que María Verónica ha venido trabajando en el tiempo, como la resistencia y la libertad.

María Verónica San Martín, Proyecto Jabalina, libro de artista, 2021. Cortesía de la artista

Victoria Abaroa

Licenciada en Comunicación Social por la Universidad del Desarrollo (UDD - Chile), donde se desempeñó como ayudante de Periodismo Interpretativo. Cuenta con una especialización en Social Marketing de Northwestern University, y ha realizado múltiples cursos sobre comunicaciones en el campo de las artes visuales dictados por Node Center for Curatorial Studies (Berlín). Sus textos han sido publicados en Artishock y en la Revista Ya.

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