SANDRA VÁSQUEZ DE LA HORRA: “EL ARTE ES UN INSTRUMENTO DE SANACIÓN Y ESTÁ AQUÍ PARA ABRIR CONCIENCIAS”
Nuestras vivencias, recuerdos, síntomas y comportamientos son portadores de la memoria de nuestros ancestros. No solo de nuestras madres y abuelas, sino también de nuestros ancestros más allá de lo humano: mares, bosques, volcanes y glaciares, medusas, hongos y bacterias. Todos ellos son nuestra familia; juntos, nutrimos nuestras sensibilidades colectivas. Esto nos dice que la conciencia y la inteligencia no residen únicamente en nuestro cuerpo o mente, sino que habitan en un entramado de voces y seres que respiran, sienten y piensan junto a nosotras.
En la obra de Sandra Vásquez de la Horra (Chile, 1967), esta antigua reciprocidad con las fuerzas del cosmos traspasa la porosidad de nuestros cuerpos. Los volcanes despiertos, título de su reciente exhibición, nos devuelve la fe en la fuerza primordial de la Tierra, en nuestra energía cósmica y la belleza de los intercambios.
Sandra habla de una «alquimia fantástica» en la que se encuentran no sólo diversas materialidades, sino también un profundo sincretismo: ideas, creencias, tradiciones y elementos de distintas culturas que han marcado su experiencia y orientado su camino espiritual. Al recorrer su trayectoria, resuenan en mí las palabras de Gregory Bateson: “Si un ser humano sufre o logra un cambio en las premisas profundamente arraigadas en su mente, seguramente encontrará que los resultados de ese cambio se ramificarán a lo largo de todo el universo”.
Visto de este modo, la experiencia humana y, en extensión, los encuentros humanos tienen repercusiones directas en la red de relaciones que se tejen en la esfera del cosmos. Nuestras vidas pasadas y futuras, las diferentes formas que hemos adquirido, caminan con nosotros, conformando la conciencia que pulsa en el ritmo vital al que estamos conectados.
Para Sandra Vásquez de la Horra “el arte es un instrumento de sanación y está aquí para abrir conciencias”. Ver su trabajo es un verdadero regalo para el espíritu. La vibración de sus dibujos y pinturas y las diversas formas que adopta su obra desbordan una energía inconmensurable, como la energía telúrica de los volcanes. Ante su arte nos preguntamos por el origen de las imágenes, las que abrumadoras e inquietantes, bellas y atemporales, nos exigen dejar atrás nuestras antiguas formas de ver y pensar para abrirnos a nuevas visiones, dejar que el arte nos atraviese y nos afecte.
En esta conversación que sostuvimos junto al curador Raphael Fonseca, mientras recorrimos su exhibición en el Museo Nacional de Bellas Artes, hablamos de su experiencia personal y las maneras en las que su obra ha ido transformándose con el aprendizaje de los años. Revisamos historias de sus primeros trabajos en Chile, sus incursiones en las artes mediales y el performance, su iniciación en la santería Orisha, y la importancia de la mirada curatorial en la creación de exhibiciones.
Los volcanes despiertos, presentada por primera vez en el Denver Art Museum, donde Fonseca es curador, reúne la trayectoria de la artista, incluyendo obras inéditas y otras más conocidas, como las que formaron parte de su participación en la 60ª Bienal de Venecia.

Carolina: ¿Hace cuánto que están trabajando juntos?
Raphael: Me encantó la obra de Sandra desde que la vi por primera vez hace dos años en la Bienal de Venecia. Antes de eso, una amiga brasileña me regaló un libro sobre su trabajo, donde había escrito un texto. Y en el Museo de Denver, donde trabajo, compramos una obra de ella. Viajé a Berlín a conocerla y quedé en shock; me sorprendió muchísimo su larga trayectoria, no solo su obra más reciente, sino también la obra que tenía guardada desde los años ochenta.
Aquí en esta exposición hay obras que combinan los diferentes momentos de su trayectoria, todas prestadas por Sandra. Son obras que no están en colecciones de museos ni nada de eso. Fue ahí que comenzamos a pensar en esta exhibición, que primero se hizo en el Museo de Denver, y ahora acá, en el Museo Nacional de Bellas Artes. Con Sandra viajamos a Chile y encontramos obra guardada en la casa de su familia, que también es parte de esta exhibición.
Ahí aparecieron procesos de autoinvestigación o autoarqueología que, para mí, hacían mucho sentido ser mostrados.
Muchas de estas obras estaban en la casa de campo de mi familia, sin ningún tipo de protección, expuestas a ratones, al clima, a las condiciones del lugar. Mi hermana se dio cuenta de que había que cuidarlas en algún momento.
Carolina: Me parece súper interesante cómo aquí opera la percepción del trabajo curatorial. En Chile, si bien ya estamos acostumbrados a la presencia de la figura del curador, no siempre se sabe bien cuál es su rol. ¿Qué hace un curador en una exposición como esta? En este caso, tú estás llevando a Sandra a revisar un trabajo guardado, quizá olvidado, que no había sido mostrado.
Sandra: Muchas de estas obras estaban en la casa de campo de mi familia, sin ningún tipo de protección, expuestas a ratones, al clima, a las condiciones del lugar. Mi hermana se dio cuenta de que había que cuidarlas en algún momento, ya que mi mamá dejó de visitar la casa del campo, entonces se las llevó a su casa en Reñaca, en la costa. Yo era muy productiva, entonces tenía mucha obra de mi tiempo en Chile. Y en algún momento, me llevé la obra a Berlín. Incluso, mi familia ha puesto algunas de mis obras en sus casas, o mi mamá ha regalado mis obras para cumpleaños de sus amigos.
Carolina: ¿Cuál era tu conciencia del valor de esas obras?
Sandra: Para mí, siempre fueron cosas valiosas. Aunque mi papá, hasta el día de hoy, me dice: “Qué bueno que puedas vivir de tu hobby”. Entonces, ellos no tienen conciencia de que las cosas puedan tener algún valor. Sin embargo, mi hermana, en algún momento, sí se dio cuenta de que había que cuidarlas.
Raphael: Pero regalarlas a amigos o a la familia denota que tenían un valor.
Carolina: La verdad es que hay que agradecer que podamos tener estas obras aquí. Cuéntenme ahora, ¿cómo surge la idea de la muestra y su título? ¿Cómo están organizadas las obras?
Raphael: Este trabajo que está aquí, este dibujo que dice Los volcanes despiertos fue una de las primeras obras que desempaqué en Berlín y nos pareció un muy buen título para una muestra, antes de saber lo que vendría. Y se quedó.
Sandra: Algo muy especial es que en esa obra encontramos el salto de las obras del pasado a las obras del presente. Yo había trabajado con los volcanes de muy joven. En un libro, se hablaba de que la energía del Tíbet se había trasladado a Sudamérica. Incluso, que los Lamas habían venido al Valle del Elqui a ver dónde estaban los puntos más altos. Ese libro me fascinó, lo tenía Peter Kroeger, lo leíamos entre amigos. Ahí comencé a trabajar la idea de que los volcanes se iban a despertar en este continente porque era parte del despertar de nosotros.
Raphael: Ahí lo que pasaba es que trabajos como este, de 1992 o más recientes, de alguna manera se conectan. Yo, particularmente, no vi el título desde un lugar más social o sociológico, sino más bien como algo existencial o incluso algo geológico. Originalmente esta exposición iba a ser sólo en Denver, no sabíamos si viajaría o no, porque si no la planeas con mucha anticipación, no viaja. Y esta exposición tardó solo un año en ser creada.
Yo buscaba también un título que conectara con Denver, con los clichés como las montañas, la nieve, Aspen, el esquí. Y ahí me di cuenta de que en Denver hay un montón de volcanes que no están activos, y eso me pareció un buen vínculo entre Chile y Denver. En la exposición en Denver, cada sección tenía el título de una obra de Sandra, por ejemplo: Late un fuego ahí dentro, Los pensamientos, Aguas profundas… Allá hacía sentido, pero acá no, porque la sala es mucho más pequeña y no hacía sentido dividirla.

Fue interesante que, en la inauguración de la exposición en Denver, tanto el público especializado como el no especializado leía la obra de Sandra desde otros referentes de Latinoamérica, como Frida Kahlo, los ex-votos, etc. En cambio, había otras personas más espiritualizadas que percibían asuntos vinculados al karma, a la Pachamama, temas diversos.
Carolina: Hoy en Latinoamérica hay una conciencia muy clara de que ese centro energético del que hablas se desplazó y está acá. Los sabedores indígenas hablan de este movimiento. De hecho, hay un gran conocimiento de la importancia del cuidado de los picos nevados “glaciares” de la Cordillera de Los Andes, que congrega a diversas autoridades espirituales en su defensa y cuidado. Creo que esto nos muestra de qué manera lo espiritual de estos conocimientos, de esta conciencia, se orienta en un sentido político. El despertar de los territorios, el cuidado del cuerpo en relación simbiótica con los ríos, las montañas, y la interdependencia de todos los seres, es algo muy presente en tu trabajo. ¿Crees que cambia el sentido de tu obra al ser visto en Denver y ser visto acá?
Sandra: Tenemos vidas, mundos paralelos. La gente se siente muy identificada con el trabajo. Yo antes era muy antropológica para describir mi trabajo. Leía a Mircea Eliade, a Jung, y siempre me estaba conectando con esos puentes. Eliade habla mucho del útero y su relación con las minas de cobre. Las minas eran como la vagina de la tierra, que conducía al útero donde los minerales metálicos crecían como embriones.
Si vemos el trabajo que hice con la Pachamama, y pensamos en Chuquicamata, la mina a tajo abierto más grande del mundo, como una gran herida, entonces esas líneas son caminos (señala una obra). Es impresionante. A mis 7 años fui a Isla de Pascua y estuve por primera vez en un cráter de un volcán, el Rano Raraku. Te hablan del hombre pájaro que iba a esa isla frente al volcán… Para mí esa historia fue iniciática.
Es interesante estar en el medio de esto, no estar ni en el puro concepto ni en la pura poesía. A mí mucha gente me dice que soy una artista política y yo respondo que soy poética-política. Me interesa salir de ese casillero.
Raphael: Para mí la interpretación de la obra cambia un montón. En Denver no hay una comunidad de chilenos muy grande y el trabajo de Sandra no era conocido en Estados Unidos. Aunque hay obra de ella en museos como el MoMA, no es una artista tan conocida en el contexto estadounidense, como aquí, que mucha gente la conoce. Entonces, fue interesante que en la inauguración de la exposición allá, tanto el público especializado como el no especializado leía la obra de Sandra desde otros referentes de Latinoamérica, como Frida Kahlo, los ex-votos, etc. En cambio, había otras personas más espiritualizadas que percibían asuntos vinculados al karma, a la Pachamama, temas diversos. Entonces, en Denver, Sandra es una artista latinoamericana, es puesta en otro grupo de relaciones. Allá, algunas personas engancharon con trabajos más paisajísticos que hablan de nieve, montaña, desde una lectura un poco neo-hippie.
Carolina: Es interesante que también aparece la espiritualidad y la religiosidad en un sentido universal. Entonces, lo que propone Mircea Eliade desde una visión oriental se entrecruza con la espiritualidad no hegemónica caribeña, como la cultura Orisha.
Sandra: Yo me inicié con la santería de los Orishas en 2003 y en la iniciación te hacen morir y te hacen renacer. Ese renacimiento y esa muerte están muy presentes en estas obras. Nosotros tenemos en Chile un arte súper conceptualista y, en el fondo, Chile es un país de poetas, entonces es contradictorio ser ambas cosas. Es interesante estar en el medio de esto, no estar ni en el puro concepto ni en la pura poesía. A mí mucha gente me dice que soy una artista política y yo respondo que soy poética-política. Me interesa salir de ese casillero.

Sandra vivió acá, vivenció la dictadura y, si bien ningún o casi ningún trabajo es explícito sobre esa experiencia, en ellos hay una memoria de los traumas, una memoria del cuerpo. Nosotros, en Brasil, hemos vivido a Bolsonaro, por ejemplo, en los últimos años y quizá no mostramos explícitamente lo que ha ocurrido, pero nuestros cuerpos han estado ahí.
Carolina: ¿Qué sientes que tu trabajo tiene de esta memoria histórica de Chile? O quizás, debería decir: ¿Cómo tu trabajo interpela la memoria histórica de Chile?
Sandra: El sincretismo está a todo nivel, estamos sincretizados, somos una mezcla de muchas culturas. Hay una diversidad de religiones, de credos, hay una gran diversidad genética. Me gusta pasear por diferentes estéticas en ese sentido, querer comunicar con elementos que son simples pero que muestran realidades bastante complejas.
Raphael: Sandra vivió acá, vivenció la dictadura y, si bien ningún o casi ningún trabajo es explícito sobre esa experiencia, en ellos hay una memoria de los traumas, una memoria del cuerpo. Nosotros, en Brasil, hemos vivido a Bolsonaro, por ejemplo, en los últimos años y quizá no mostramos explícitamente lo que ha ocurrido, pero nuestros cuerpos han estado ahí.

Voy mezclando diferentes cosas que hacen pensar a las personas que lo que hago es surrealismo, pero si bien puede ser interpretado como surrealismo, tiene su origen en la religión de los Yoruba.
Carolina: El cuerpo está muy presente aquí en la exposición: cuerpos femenino-masculino y otros cuerpos también. El cuerpo de la Tierra, el cuerpo humano, el útero, el hogar, distintas corporalidades se hacen muy presentes en tu obra.
Sandra: Para los Orishas, el cuerpo es una abstracción; después nosotros le ponemos cuerpo, igual que a las figuras, estos espíritus de la naturaleza que personificamos para entenderlos mejor. Entonces, por una parte, está lo simbólico: el cuerpo que no tiene que ver con un género. Yo tengo una especial inquietud con los hermafroditas; hay una alquimia del cuerpo: está el agua, el fuego, el aura… La santería se trata de sanar el aura. Entonces, todos los animales y las plantas juegan un rol. Existe un personaje que es Osaín, del Osainismo, que nace de todas estas mezclas de las plantas para poder sanar.
Esto lo aprendí durante 14 años con la chamana cubana Lidia Ribalta Moré. Entonces, yo aplico mi conocimiento de los Yoruba para mi trabajo. Aquí está esta planta (señala un trabajo): es el aura de esta planta. Voy mezclando diferentes cosas que hacen pensar a las personas que lo que hago es surrealismo, pero si bien puede ser interpretado como surrealismo, tiene su origen en la religión de los Yoruba.
Hay una profunda relación con la cocina. Yo digo que la cocina es una alquimia fantástica. Crecí en la cocina de la casa, siempre tuve contacto con las ollas, con la fritura. Esto de hacer este material, la cera, por ejemplo, es como cocinar los materiales.
Carolina: Escuchándote, me haces pensar en la agencia de la materialidad que usas para tus trabajos, la agencia de la pintura, del papel, etc. ¿Hay alguna relación entre este aprendizaje espiritual, chamánico, y la elección de los materiales con los que trabajas?
Sandra: Yo te diría que hay una profunda relación con la cocina. Yo digo que la cocina es una alquimia fantástica. Crecí en la cocina de la casa, siempre tuve contacto con las ollas, con la fritura. Esto de hacer este material, la cera, por ejemplo, es como cocinar los materiales. La forma en que los trabajo es una especie de alquimia.
En 2003 hice los rituales, pero hay cosas que ya sabía antes de hacer los rituales. Me conectaba con eso. Hay un pataquí que tiene que ver con ese trabajo (señala un trabajo), que tiene que ver con el origen de los volcanes, para que vinieran a la tierra. Fue ahí que comenzaron a despertar todos los volcanes, y luego tuvieron que pedirle que se fuera. Es muy lindo cómo esto habla de la solidaridad que existe entre la comunidad de los santeros, que todo lo que se sacrifica en ritual, la gente después se lo come. Para mí, estar en esta comunidad fue un gesto de solidaridad.

Hay una cierta timidez inicial que después se va perdiendo. Sandra, en algún momento, concluye que no quiere ser pintora, ni fotógrafa, ni videasta, ni performer, y aparece un «I don’t care» y el trabajo se libera.
Raphael: Para mí, la historia del arte ha sido muy importante. Cuando yo analizo el trabajo de Sandra desde la historia del arte, puedo ver el crecimiento que ha tenido desde el punto de vista de la materialidad. Ha crecido su seguridad. Inicialmente, en Chile, ella hace trabajos más pequeños, pero cuando viaja a Alemania y después de experimentar mucho con fotografía, pintura y video, yo creo que vuelve un poco al dibujo, y ahí surge la idea de llenarlos con cera, y poco a poco, en los últimos 20 años, se va creando un trabajo más sólido.
Es quizá a sus 30 años cuando comienza a hacer la mayoría de los trabajos que están aquí en la exposición. Trabajos más narrativos. Quiero decir con esto que hay una cierta timidez inicial que después se va perdiendo. Sandra, en algún momento, concluye que no quiere ser pintora, ni fotógrafa, ni videasta, ni performer, y aparece un «I don’t care» y el trabajo se libera.
De una manera muy existencial, a mí también me ocurre con mis proyectos. Ya después de 15 años haciendo curaduría, no hago mis proyectos para que a la gente le gusten o no, hago lo que me interesa. Aquí, en el trabajo de Sandra de las nubes (muestra la obra), ya hay eso, apunta para varias direcciones: en el uso del color, en el tamaño, hay un inicio de una fase más experimental. Hay obras en español, en italiano, en latín, en alemán. Yo veo el trabajo de Sandra, con más de 40 años de práctica, y veo una falta de timidez, un deseo por hacer algo nuevo, encontrar su propia firma.
Aquí hay unas fotos, por ejemplo, después de haber hecho su maestría en Düsseldorf. Que es cuando experimenta con fotografía y video.
Sandra: Al principio estaba trabajando con objetos que proyectaba (muestra obra) en el cuerpo. Y de esos trabajos yo hacía los objetos; en un momento pensaba que el mundo se iba a ir hacia lo virtual. Todo tiene que ver con mi cambio de percepción. Porque después de esto me fui a Cuba y me inicié en la religión, hice estos trabajos performáticos. Este se llama Presentación, este Trance, este otro El Amazonas, Hace tiempo que estoy muerta y Sanación.
En la religión dicen que “el muerto parió el santo” porque uno muere en este mundo y nace otra persona de la que era. Yo, en la religión, soy otra persona, mi nombre significa “La guerrera” y en el fondo hay cosas que me hacen mucho sentido desde ahí. Yo siempre he sido muy fan de Clara Nunes, cantante brasileña de candomblé. Ella, como yo, es una mujer que viene de una familia católica que se convierte al candomblé. Cuando yo la escucho, me poseo de ella (risas). Y yo siento que antes de hacerme Yoruba, me había iniciado a través de ella, con su música. Yo la escuchaba siendo niña. A los 17 años, cuando fui a Brasil por primera vez, al lado de mi hotel había una escuela de samba, y yo, cuando escuchaba a los batá, algo entraba en mi cuerpo.

A mí siempre me impresionó el acto de fe. Por eso estos trabajos están muy influenciados por los ex-votos. Yo estos dibujos no los firmé, por ejemplo, porque tuvieran un valor, para mí eso vino después.
Carolina: En el contexto social en el que yo crecí, está muy marcada esta imposición de que uno nace un individuo y tiene que seguir siendo el mismo para siempre. Pero de lo que estamos hablando es de las posibilidades que se presentan ante uno de cambiar, de tener un salto de conciencia y cambiar de perspectiva, comenzar a ver el mundo diferente. Por ejemplo, hitos que todos vivimos: cambiamos de casa, cambiamos de pareja, nos iniciamos en una religión. Hay un dicho que dice que “uno no se baña dos veces en un mismo río”, pero no solo porque las aguas del río ya no son las mismas, sino porque uno tampoco lo es. Quizá tenga que ver con permitirnos ser más libres. Rapha dijo que abandonaste la timidez. ¿De qué manera percibes en tu obra esos momentos de cambio de percepción, de cambio de conciencia?
Sandra: Yo creo que uno siempre está integrando cosas. Cuando yo me metí al budismo, integré el karma como conciencia, integré la reencarnación como conciencia, y dejar ir muchas cosas. El no hacerse responsable y darte cuenta de que hay cosas que trascienden y que no te incumben a ti. En la cadena familiar en la que uno reencarna, uno tiene muchas responsabilidades, y por eso se dan muchos conflictos. Y cuando uno logra liberarse de esos conflictos, lazos, vienen nuevas enseñanzas. Uno puede decir, estoy o no estoy de acuerdo, compartir o no modos de pensar. A mí siempre me impresionó el acto de fe. Por eso estos trabajos están muy influenciados por los ex-votos. Yo estos dibujos no los firmé, por ejemplo, porque tuvieran un valor, para mí eso vino después.
Hay una cosa que con Sandra nos conecta, que es viajar. Yo viajé a muchos lugares y experimenté cosas que me han hecho cambiar mi visión de la curaduría, pensar la imagen, pensar una exposición. Entonces, las personas más porosas tenemos la capacidad de incorporar estas reflexiones.
Carolina: Raphael, me gustaría saber cómo te relacionas como curador con estos procesos tan personales que describe Sandra de su experiencia de vida, que están presentes en su trabajo. Uno se vincula con los artistas por su obra, pero eso implica entrar en historias personales. Hay algo de la experiencia de vida, de los aspectos espirituales de la obra de Sandra que tienen relación con tu vida y con tu práctica curatorial.
Raphael: Creo que hay personas que son más porosas y otras que no. Yo y Sandra tenemos una cosa astrológica en común. Somos los dos capricornio. A mí me pasa que todo lo que hago es un reflejo de cosas personales. Desde que llegué a vivir a los Estados Unidos, mi manera de ver arte cambió. Era otro sistema, otros temas, la gente que conoces, todas esas cosas nos influyen. Y yo no soy una persona hiperreligiosa, mi mamá era de una religión afro-latina, como la santería o el candomblé. Y creo que hay una cosa que con Sandra nos conecta, que es viajar.
Yo viajé a muchos lugares y experimenté cosas que me han hecho cambiar mi visión de la curaduría, pensar la imagen, pensar una exposición. Entonces, las personas más porosas tenemos la capacidad de incorporar estas reflexiones. Las personas que no son porosas son más de verbo, de palabra, de dedicación bibliófila. El curador más intelectual. El mío es un proceso de contaminación. Yo creo que todo curador debería ser muy promiscuo en el sentido de esa contaminación. Si eres curador, trabajas con gente, viva o muerta, o con la familia, en este último caso. Y cuando trabajas con gente, tú cambias porque conoces a gente que no piensa como tú. Culturas diferentes que tienes que integrar. Entonces creo que hacer curaduría, una buena curaduría, debe comprender que la vida te hace cambiar.

Viajé a La Habana para iniciarme en la Santería como parte de la investigación de la Escuela de Medios. En Alemania, al llegar, yo tenía mucho miedo, estaba muy estructurada. Estudié con Jannis Kounellis, un conocido artista griego, y a él le gustaba mucho mi trabajo, me animaba mucho. Pero yo estaba siempre buscando más, una nueva aventura de lo que quería hacer.
Carolina: Gracias Rapha (se despide). Creo que hay algo hermoso en ese diálogo curador-artista, en esa simbiosis, esa interacción entre dos organismos, dos vidas, dos cuerpos, que encuentran un objetivo común, que es la exposición o el trabajo conjunto.
Sandra: Hay un capítulo de la exposición que es sobre la simbiosis. Yo comencé esa obra cuando estaba embarazada de Clara. El video Túnel demoró tres años en hacerse; es el túnel del nacimiento. Yo había tenido una sesión de Kundalini y estaba segura de haber visto el canal del nacimiento. Este video surgió entonces animando una serie de fotografías con un programa computacional, y cuando entré a estudiar en la escuela de medios, en el 2000, estaba muy interesada en estas nuevas tecnologías, software, animación, etc.
Muchas de las cosas que desarrollé en ese tiempo, que ahora se van a mostrar en la Haus der Kunst en Múnich, nacieron porque me sentí muy confrontada al llegar a Europa con la problemática de que allí no había problemas esenciales de la vida, como que todo estaba cubierto, resuelto. Para mí, los performers europeos que había visto no tenían una problemática. Yo quería ir a un lugar donde existieran los rituales verdaderos, que tuvieran que ver con la supervivencia. Entonces, viajé a La Habana para iniciarme en la Santería como parte de la investigación de la Escuela de Medios. En Alemania, al llegar, yo tenía mucho miedo, estaba muy estructurada. Estudié con Jannis Kounellis, un conocido artista griego, y a él le gustaba mucho mi trabajo, me animaba mucho. Pero yo estaba siempre buscando más, una nueva aventura de lo que quería hacer.
Carolina: No puedo no pensar en mi propia llegada a vivir a Europa, en 2009, que todo el arte que vi en España, particularmente, me parecía de otro planeta, no solo de otro continente. Me imagino que también te ocurrió. Escuchándote, pienso si no te sentiste demasiado existencial ante un arte, el europeo, demasiado mental, racional, académico. ¿Cómo enfrentaste eso?
Sandra: Claro, por eso partí a Cuba. Buscaba tener experiencias de supervivencia. Los santeros fueron muy generosos conmigo en ese sentido porque yo no tenía mucho dinero para estar allí. Entonces ellos me aceptaron, viví con ellos, fue una experiencia de transformación maravillosa. Fue aprender a decir las verdades como son. Eso fue muy importante para mí. La imagen que Hollywood ha creado de la Santería, del vudú, el sacrificio, la sangre, no es así. La gente más “salvaje” cuando va al supermercado a comprar un pedazo abstracto de carne está honrando a ese animal para comerlo. De eso come toda una comunidad, hay un acto de solidaridad.

La historia de la sangre está muy presente en esta exposición. Y lo está en mi obra desde antes de que yo me iniciara.
Carolina: Hace unos días, en un taller de constelaciones familiares, surgieron diferentes perspectivas de lo que hacía o era una constelación familiar, y alguien dijo que la constelación familiar no genera un cambio en ti solo por el hecho de estar en la constelación, en participar, sino que la forma en que opera la constelación es que te muestra algo que viene de una estructura familiar que te antecede, te lo ofrece para que tú, en base a eso, puedas trabajar en cambiarlo. Esa idea me hizo pensar en lo que a mí me pasa con el arte. La obra de arte o el arte en sí mismo no viene a decirme “esto es así”; el arte te muestra algo, abre espacios para quien está observando, experimentando, y desde ahí el arte hace aparecer, manifiesta verdades, realidades que tú puedes tomar para transformar tus formas de ver o pensar.
Sandra: Cuando yo era joven existía en Chile la escuela de la metafísica. Yo leía los libros de la metafísica, de Allan Kardec, personas espirituales que eran muy importantes. Y también me los encontré en Cuba. Por algún motivo, hay lugares que tienen diversas fuentes espirituales, como Cuba, por las religiones que llegaron de África, que tienen mucho más contacto con la muerte que nuestra cultura. Las religiones palomonte u otras son muy comunes y fascinantes, no solo la santería. La historia de la sangre aparece en todas ellas, y hay unas especies de horóscopos. Yo, en los Yoruba, tengo un horóscopo, y existen pataquíes que hablan de la historia de la sangre, de las cadenas familiares, como las constelaciones, y te dicen que tal o cual ha reencarnado como un racimo de uvas, por ejemplo, o en otra vida fuimos hermanas, o cuando te conocí sentí que en otra vida ya te conocía. Y este viaje para mí ha sido un viaje lleno de déjà vus.
La historia de la sangre está muy presente en esta exposición. Y lo está en mi obra desde antes de que yo me iniciara. Yo había trabajado con las venas de mi cuerpo, a propósito del libro de Galeano, Las venas abiertas de América Latina. Esta cosa de la genealogía, de la sangre, nuestra obsesión por saber nuestros orígenes. Yo hice un trabajo que salió antes de que se hiciera popular esto de los exámenes para saber si has tomado drogas a través de una muestra de pelo, y bueno, ahora están todos estos que trazan tu genética y puedes saber de dónde viene tu rama. Cuántas plumitas tengo, si soy un poco judía, un poco árabe, etc. A mí me encantó saber. Mi hija lo hizo, y a través de ella yo supe. No nos basta tener una familia, queremos saber más.
En religiones de la diáspora hay una gran claridad respecto a que no estamos separados de la naturaleza. Pero también, en otras religiones, si te hablo de la Pachamama, tampoco estamos separados de la Tierra. Entonces, ¿quién nos separó? Somos plantas, somos piedras, somos árboles, tenemos todo dentro. Eso a mí me fascina, que somos parte del todo.
Carolina: Yo veo en tu trabajo una cierta negritud, si lo puedo decir así.
Sandra: Yo lo llamo sincretismo. En el sincretismo conviven muchas culturas, muchas creencias. Esto lo aprendí de la chamana de la que te hablé, Lidia Ribalta Moré. Ella me enseñó que en el sincretismo todo puede convivir en el mismo tiempo. En el sincretismo entendí que el budismo es muy parecido a la religión Yoruba, que también entiende la reencarnación, por ejemplo. Estamos hablando de religiones muy, muy antiguas. Hay mucho que aprender. Entonces, en religiones de la diáspora hay una gran claridad respecto a que no estamos separados de la naturaleza. Pero también, en otras religiones, si te hablo de la Pachamama, tampoco estamos separados de la Tierra. Entonces, ¿quién nos separó? Somos plantas, somos piedras, somos árboles, tenemos todo dentro. Eso a mí me fascina, que somos parte del todo.

El hecho de que la gente no se interese por mi obra, no venderla, es una de las cosas que ha hecho posible hacer esta exposición. De lo contrario, no estaríamos ante todas estas obras. Creo que el destino es mucho más grande que uno.
Carolina: El sincretismo, las religiones antiguas nos muestran esa no separación. Nos damos cuenta y lo vemos. Yo creo que la mayoría de las personas tiene la capacidad de percibir que somos materia común con las plantas, las piedras, etc, pero culturalmente nos hemos ido separando, estructuralmente. Y volviendo a lo que inició nuestra conversación, el movimiento del polo energético del Tíbet acá, nos trae la fuerza de los conocimientos antiguos, del mundo indígena, que son quienes nos vienen a recordar que no estamos separados. Lo otro es una fantasía. Este conocimiento, Sandra, que hay en tu obra, ¿es algo que tú sientes que venía contigo o es algo que ha ido apareciendo, has ido incorporando en el tiempo?
Sandra: Venía conmigo. Yo desde muy chica comprendí que no estamos separados. Los niños nacen con eso, después aprenden a separarse. Y después, si tienen suerte, aprenden a volver a juntarse. Son estados de conciencia. Cuando uno comienza a tener hormonas en el cuerpo, pasan cosas diferentes. A veces las hormonas nos mandan a tomar decisiones. Los seres humanos somos muy frágiles en eso.
Pienso que uno nace no estando separado. Antes se hablaba del Universo, lo universal, la universidad, donde se unían todas las disciplinas. Rudolf Steiner habla de los septenios, el número 7 es muy iniciático; a los 7 años fui a Isla de Pascua, luego a los 17 fui a Brasil. Si yo miro las lecciones que he aprendido del mundo, hay personas que se presentan en nuestra vida que posiblemente vengan de vidas pasadas.
Te contaba recién que este viaje ha sido un viaje de déjà vus. Mi encuentro con Cecilia Vicuña, por ejemplo, fue así. Yo sé que Cecilia es un portal. Lo es para nosotros, artistas que leímos sus libros de jóvenes. Siempre he creído en su manera de pensar. Cuando uno en la vida va integrando cosas no hay negación. Hay algo muy loco en cómo nombramos las cosas: macho alfa, alter ego, palabras que son marcadas con hierro, que son muy fuertes. Las personas tenemos la posibilidad de cambiar.
Carolina: Ya que trajiste a Cecilia a esta conversación, hay algo que yo admiro profundamente en ella, y que veo también en tu trabajo, y es la consecuencia, y la constancia de sostener una práctica a lo largo del tiempo, de los años. Prácticas que integran, que transforman, que son permeables, porosas, pero que mantienen una visión.
Sandra: Uno no tiene por qué creer en todo. Si uno toma una creencia, o un libro, uno toma una parte que a uno le resuena y deja otra. Si la religión en que naciste no te complace, puedes dejarla. Yo no tuve religión un tiempo, fui atea. La ingenuidad nos protege muchísimo. Por ejemplo, el hecho de que la gente no se interese por mi obra, no venderla, es una de las cosas que ha hecho posible hacer esta exposición. De lo contrario, no estaríamos ante todas estas obras. Creo que el destino es mucho más grande que uno. Las decisiones que uno hace con la cabeza, a veces, no son sabias. Es tan difícil ser sabio.
Carolina: Volviendo a Steiner, que mencionaste, él dice, o quizá yo interpreto de lo que dice, que los niños están “ensoñados” en la primera etapa de su vida, durante el primer septenio. Su cuerpo espiritual está en un espacio etéreo, y después comienza la individualización, hacen tierra. Es tan lindo imaginar, al ver a los niños, en mi caso al criarlos, ver ese tiempo de ensoñación como un tiempo de posibilidades, un tiempo en que hay apertura al mundo, a muchos mundos, que luego, como adultos, cerramos, como el mundo espiritual.
Sandra: El acto de inocencia, el acto de fe, es tremendamente importante. Para los Navajo, los puntos cardinales eran súper importantes, y la primera vez que fueron a California y se encontraron con el océano, cada vez que venía una ola, ellos reconocían que era algo sagrado, y le ofrendaban polen. Ellos pensaban: “Nuestros animales podrían beber infinitamente de esta agua”, sin saber que era salada. Pero ese acto de inocencia es hermoso.
Carolina: ¿Qué relevancia crees que tienen hoy, todas estas cosas que estamos hablando, estas cosmogonías, en el contexto planetario actual, en el contexto terrestre en el que estamos?
Sandra: El arte es un instrumento de sanación y está aquí para abrir conciencias, para mostrar diferentes formas de pensamiento, para poder integrar formas de pensamiento. Las religiones nos dividen, tenemos que tomar la sabiduría de distintas partes y aprender a respetar la Tierra. En el fondo hemos perdido el contacto con la Tierra y la verdad de ser hermanos con los astros, hermanos con esta Tierra que es parte de nosotros y que sin ella no existimos. Los volcanes despiertos nos vienen a despertar y decir: sé agradecido con lo que tienes.
Los volcanes despiertos, de Sandra Vásquez de la Horra, se podrá visitar en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago hasta el 9 de marzo de 2025
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En el contexto de su residencia en Espacio 218, ubicada en la Plaza de Armas de Santiago, Javiera Gómez decidió tramar un mapa ocultista de la zona, vincularse con el Sindicato Nacional de Artes...


