ROJONEGRO
VOLVÍ A SER VASIJA, VOLVÍ A SER ANIMAL, VOLVÍ A SER PLANTA, VOLVÍ A SER TIEMPO
En todas las culturas humanas, los animales han servido como símbolos esenciales para representar diferentes aspectos de la realidad, desde las fuerzas naturales hasta las dimensiones más profundas de la pisque. En Mesoamérica, el nahualismo y el tonalismo destacan como creencias de gran relevancia en este sentido.
El nahualismo postula que ciertos individuos poseen poderes espirituales que les permiten transformarse en animales o fenómenos naturales, mientras que el tonalismo se basa en una conexión espiritual entre una persona y su doble animal, influenciando así su carácter y destino.
Según Alessandro Lupo, doctor en ciencias etno-antropológicas, estas creencias reflejan una cosmovisión donde los límites entre lo natural, lo humano y lo divino son mucho más fluidos que en el pensamiento occidental, facilitando interacciones frecuentes entre estos niveles.
En la obra de RojoNegro, el nahualismo y el tonalismo desempeñan roles fundamentales. En su exposición en el Museo de Arte de Zapopan (MAZ), titulada Volví a ser vasija, volví a ser animal, volví a ser planta, volví a ser tiempo, los artistas expresan estas concepciones sobre la expansión del cuerpo y la identidad del «yo» hacia otras entidades animadas mediante vasijas y figuras antropomorfas, fitomorfas y zoomorfas.

RojoNegro y la cosmovisión mesoamericana
RojoNegro es un tercer ente que crea e investiga a partir de la ecología de saberes y la exploración del cuerpo en virtual independencia al dúo de artistas que lo integran: Noé Martínez (Morelia, Michoacán, 1986) y María Sosa (Morelia, Michoacán, 1985).
El nombre RojoNegro proviene de la simbología mesoamericana, que asocia los puntos cardinales con colores específicos del maíz distribuido en cada región. Considerando que los cuerpos de Noé y María nacieron, se nutrieron y cargan la historia de otros cuerpos provenientes de una geografía específica, el nombre refleja el origen de cada miembro del dúo.
El color negro representa el occidente, haciendo referencia a la herencia Purépecha de María Sosa, mientras que el color rojo representa el norte, conectándose con los ancestros huastecos de Noé Martínez en la Huasteca de San Luis Potosí. RojoNegro también remite a la tinta sagrada utilizada en vasijas y códices, donde las franjas rojas y negras delinean los límites del universo, las fronteras entre lo visible y lo invisible, así como las diversas capas de la realidad.


Archivo corporal
Para Volví a ser vasija, volví a ser animal, volví a ser planta, volví a ser tiempo, RojoNegro ha creado especialmente nuevas instalaciones escultóricas antropomorfas de cerámica gres con engobe, así como esculturas blandas de piel y pinturas dispuestas en el piso. En conjunto, estas obras presentan una visión del cuerpo como un archivo vivo que contiene tanto las experiencias personales como las de sus ancestros.
En una conversación con la curadora de la exposición, Viviana Kuri Haddad, Noé Martínez explica que tanto él como el colectivo RojoNegro se dedican a comprender y representar el cuerpo valiéndose de aproximaciones que van más allá del enfoque occidental. Desde su perspectiva, es importante reconocer que el cuerpo siempre está en contradicción o está habitado por diferentes entidades.
RojoNegro plantea interrogantes profundas sobre la carga histórica que cada individuo lleva consigo: cómo los traumas coloniales pueden influir en la formación de identidades personales y colectivas, cómo el nahual o el tonal podrían estar vinculados a fenómenos meteorológicos, y qué tipo de relación mantenemos con el trueno, el viento o las semillas.

Nahualismo y tonalismo
Reconociendo que sus cuerpos no tienen origen en el mundo prehispánico y que no es posible tener certeza absoluta sobre el pasado mesoamericano, el tonalismo en la obra de RojoNegro emerge como una herramienta para reflexionar sobre la historia social y personal, así como para comprender las violencias acumuladas a lo largo de los siglos y prevenir su repetición.
Asimismo, permite recuperar conocimientos que trascienden las ciencias tradicionales y desafían las interpretaciones coloniales sobre artefactos arqueológicos, monumentos, documentos antiguos, tradiciones culturales, entre otros elementos que proporcionan evidencia tangible o intangible de las civilizaciones antiguas y sus prácticas.
La curadora Viviana Kuri Haddad menciona que, durante las discusiones previas a la exposición, surgieron los conceptos de nahualismo y tonalismo, los cuales, aunque son difíciles de definir desde la perspectiva antropológica, representan poderosos motores de pensamiento para los artistas desde el ámbito del arte.
Según el historiador Alfredo López Austin, el concepto de nahualismo es complejo debido a las diversas interpretaciones que existen en varios pueblos de México, cada una con su propio enfoque. Sin embargo, un elemento común entre estas interpretaciones es la idea de que el universo está animado, contiene múltiples almas en su interior y posee un componente divino.
La forma en que un dios entra en el agua, el fuego, una persona o un objeto se explica en un tiempo distinto y sustancialmente diferente: el tiempo del mito, donde los dioses interactúan entre sí. Este es un tiempo cuyo pasado no se pierde y se mantiene perpetuamente presente. En este contexto, los dioses son polimórficos, carecen de una forma fija y están en constante cambio.
María explica que la distinción entre el nahualismo y el tonalismo no está clara, considerándolos «entidades complementarias». Según la artista, las fronteras de significado son difusas; sin embargo, ambos conceptos se enfocan en la expansión del yo hacia otras entidades, que pueden ser animales, fenómenos meteorológicos, e incluso objetos inanimados como instrumentos, o las nociones de cantidad y tiempo. Esta concepción cuestiona el paradigma del yo cartesiano al sugerir una visión más fluida y conectada del ser humano con su entorno.


Sueños como puentes
La investigación de RojoNegro se fundamenta en estos y otros enfoques no occidentales, tales como los sueños recurrentes y la meditación activa, que se traducen en la personificación de seres vegetales y animales. En el caso de María Sosa, esto se refleja en las obras Volví a ser tabaco (2023) y Volví a ser tlacuache (2023), donde profundiza en la conexión con el tabaco y el tlacuache. Por su parte, Noé Martínez materializa su transformación en mono y hongo en Volví a ser mono (2023) y Volví a ser hongo (2023).
Para los artistas, dar forma a la fragmentación propia de los sueños es un acto tanto de descubrimiento como de preservación de tradiciones, un esfuerzo por resolver la disonancia entre las narrativas históricas dominantes y la corporeización de la memoria.
Usualmente ambientados en la naturaleza y guiados por vínculos familiares y ancestrales, los sueños de Martínez y Sosa conforman un índice transgeneracional de sus respectivos linajes huastecos y purépechas. Más que una digresión de la “vigilia”, sus sueños constituyen una prolongación vital de este espacio de tiempo, donde el conocimiento se adquiere y la tradición vive.


Tabaco, Hongo y Meditación
La instalación de Martínez, Volví a ser tabaco se basa en los sueños que ha tenido con esta planta, así como en el descubrimiento reciente de una planta de tabaco que creció espontáneamente en una de sus macetas. “No me di cuenta de que era tabaco hasta que floreció y reconocí la flor por su similitud con el dibujo del Códice Florentino”.
RojoNegro ha integrado el tabaco de manera recurrente en su práctica artística, tanto representando su forma en obras visuales como utilizándolo como material creativo. Esta planta se emplea tradicionalmente en rituales destinados a proteger contra malas energías y espíritus negativos.
La obra Volví a ser hongo surgió a partir de una especie de alucinación olfativa experimentada por Noé durante una meditación activa: “En la meditación, lo que siempre olía era a hongo, como a tierra fermentándose. Pensé mucho en el hongo, en cómo se había activado una forma de sentido no visual, tampoco auditiva. Hay un imperio de la imagen muy fuerte en el mundo occidental, y a veces lo sonoro u otros sentidos, aunque no lo tengamos consciente, nos conectan con la experiencia».
Volví a ser vasija, volví a ser animal, volví a ser planta, volví a ser tiempo estará abierta hasta el 23 de junio de 2024 en el Museo de Arte de Zapopan (MAZ), México.
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