AHMED UMAR Y GIUSEPPE CAMPUZANO. CRUCES QUEER EN EL MUSEO DEL CHOPO
Con sus dos primeras exposiciones como curador en jefe del Museo Universitario del Chopo, el peruano Miguel A. López reafirma una línea curatorial comprometida con las disidencias sexuales, los procesos de memoria política y las prácticas artísticas experimentales que desafían los regímenes normativos del saber y del cuerpo.
La verdad no es un escándalo, del artista sudanés Ahmed Umar (1988), y Línea de vida, del filósofo, activista y artista travesti Giuseppe Campuzano (Perú, 1969-2013), representan un gesto inaugural potente: una doble apuesta por reinscribir las voces queer y travestis en el espacio institucional del arte, desde la agencia estética y la potencia transformadora del deseo.
En ambos casos, el cuerpo aparece como sitio de inscripción de violencias históricas, pero también como archivo de resistencias afectivas y políticas. Como apunta López, “tanto Giuseppe Campuzano como Ahmed Umar han utilizado el arte para poder responder a violencias que ellos han sentido en su propio cuerpo”.

AHMED UMAR: LA VERDAD NO ES UN ESCÁNDALO
En su primera muestra individual en un museo, Ahmed Umar presenta un conjunto de obras que atraviesa la identidad queer desde un cruce singular entre memoria personal, tradiciones sudanesas y espiritualidades disidentes. La exposición reúne trabajos producidos entre 2018 y 2024 en diversos formatos —fotografía, video, performance, escultura e instalación— que abordan temas como la represión, la alienación, la pertenencia, el amor, la religión y la posibilidad de reivindicar una historia propia desde el margen.
Desde su exilio en Noruega, donde reside como refugiado político desde 2008, Umar ha desarrollado una práctica profundamente comprometida con la construcción de lenguajes visuales para nombrar lo innombrable y ofrecer imágenes complejas de la experiencia queer musulmana.
La muestra se articula en torno a tres proyectos recientes que revelan tanto el carácter autobiográfico como el impulso político de su trabajo. Uno de ellos es El tercero [Talitin] (2023–2024), una videoinstalación que reimagina la danza nupcial tradicional sudanesa —ritual reservado a mujeres, en el que la novia danza para mostrar su belleza, fertilidad y riqueza— como un espacio de autoafirmación queer.
Prohibido para los hombres a partir de la pubertad, este baile marcó para Umar una exclusión vivida como herida cultural. Aprendió los movimientos observando a las mujeres de su familia y, años más tarde, los retomó para crear su propia versión, en la que interpreta a la novia con ajuar propio, telas bordadas y joyas recolectadas en mercados de Omdurmán, El Cairo y Nueva York.
En este gesto coreográfico —presentado por primera vez en la Bienal de Venecia de 2024— Umar inscribe su cuerpo como recuerdo viviente, reencarnando la tradición desde una corporalidad queer y desobediente, al tiempo que transforma el insulto talitin (ser “la tercera entre las chicas”) en un acto de resistencia afirmativa.


Otro núcleo importante de la exposición es Llevando la cara de la fealdad (Shaayel Wash el Qabahha, 2018), una serie de retratos y entrevistas que documentan las múltiples formas de violencia sufridas por personas LGBT+ en Sudán. El título remite a una expresión popular que alude a quien asume el peso de un problema por los demás.
En las imágenes, Umar posa junto a otras personas queer sudanesas que, simbólicamente, toman prestado su rostro, en un gesto de solidaridad y representación compartida. La serie alude también a la sobreexposición mediática que el propio Umar ha experimentado como figura pública de disidencia sexual, y a las agresiones que ha enfrentado por ello.

La obra que da título a la muestra, La verdad no es un escándalo (Alwadih Mo Fadih, 2024), fue originalmente comisionada por la Bienal de Toronto del mismo año, también curada por López. Se trata de una videoinstalación en la que Umar interpreta canciones tradicionales sudanesas que, según se dice, fueron escritas por poetas que dirigían sus versos a amantes del mismo sexo. Estas composiciones funcionaban como un lenguaje cifrado para expresar deseos homosexuales en contextos donde hacerlo abiertamente implicaba riesgos vitales.
Umar identificó diecinueve de estas canciones y seleccionó tres, pertenecientes a distintos géneros musicales, para reinterpretarlas visualmente. Inspirado en la estética de las décadas en que fueron populares y en íconos de la cultura drag, el artista se apropia de estos temas ocultos para darles voz, mezclando referentes del Haqeeba con imágenes performáticas cargadas de sensualidad y color. El resultado es una reapropiación amorosa de una genealogía queer silenciada, en la que el deseo se manifiesta bajo signos encriptados pero profundamente elocuentes.
La práctica de Umar construye un imaginario complejo y poético sobre lo queer en contextos musulmanes, no desde la denuncia literal, sino desde la proliferación de símbolos, gestos y memorias. En un presente convulso, donde las derechas globales insisten en homogeneizar el deseo, La verdad no es un escándalo propone otras formas de existencia y otros modos de narrar el cuerpo, el afecto y la espiritualidad. En la obra de Umar, la estética deviene herramienta de traducción entre culturas, pero también un dispositivo para invocar —sin pedir permiso— los nombres, las voces y los bailes que otros intentaron borrar.

GIUSEPPE CAMPUZANO: LÍNEA DE VIDA
Filósofo y drag queen peruano, Giuseppe Campuzano desarrolló desde los años noventa una obra inclasificable, atravesada por la investigación histórica, la performance, el activismo político y la producción visual. Su proyecto más influyente, Museo Travesti del Perú (2004–2013), propuso una arqueología crítica del cuerpo travesti como herramienta para releer la historia oficial del país. Como explica López, “no se trata de una arqueología convencional de lo que solemos asociar con lo travesti en contextos urbanos occidentales; en realidad, Giuseppe estaba hurgando en raíces indígenas andinas”.
Campuzano construyó un archivo efímero compuesto por objetos apropiados, documentos, textos, fotografías, réplicas, textiles, videos y performances que se activaban como montajes itinerantes en plazas públicas, ferias barriales, universidades y espacios de arte.
El Museo Travesti del Perú buscó desarticular el aparato normativo de producción de saber sobre los cuerpos, proponiendo una contranarrativa marica, mestiza e híbrida que fractura los modelos heterosexuales de subjetividad y los discursos nacionales. A través de la figura ficticia del “andrógino indígena / travesti mestizo”, Campuzano articuló una historia discontinua, corrosiva y gozosa del transgénero, en la que las identidades trans, travestis, transexuales, intersexuales y andróginas emergen como sujetos políticos, en lugar de meros objetos de estudio.

Uno de los ejes más ambiciosos del proyecto fue la instalación Línea de vida (2009–2013), una línea de tiempo didáctica que narra las transformaciones del cuerpo travesti a lo largo de la historia. Presentada por primera vez en la 1ª Trienal de Chile (2009), la pieza fue modificada por Campuzano hasta su fallecimiento en 2013, y posteriormente exhibida en la 31ª Bienal de São Paulo (2014) y el MDE15 – Encuentro Internacional de Medellín (2015). En 2016, fue adquirida por el Museo de Arte de Lima (MALI).
En lugar de replicar la autoridad de las instituciones artísticas tradicionales, Campuzano activó el Museo Travesti como dispositivo portátil y artificial, capaz de parasitar cualquier espacio con sus “reliquias eróticas” y poner en evidencia tanto la teatralidad de toda historia como el rol del museo en la producción de género y placer.

En tiempos en que las identidades sexuales suelen convertirse en mercancía y pocos museos se comprometen con agendas críticas, el Museo Travesti emerge como un acto de sabotaje: una reescritura punk de la historia, que redefine el papel político del museo y del sujeto feminista, encarnado aquí como cuerpo prostético, amorfo, postizo y mutante —en palabras de Campuzano, “un cuerpo cuya naturaleza es la incertidumbre”.
La importancia de este proyecto ha trascendido el campo artístico para convertirse en un referente clave del activismo y la teoría travesti contemporánea en América Latina. La única aparición de Campuzano en México fue en 2010, cuando dictó una conferencia magistral titulada La sexualidad frente a la sociedad durante el II Encuentro Latinoamericano y del Caribe en Ciudad de México.

EL DESEO COMO ESPACIO DE RESISTENCIA
Las prácticas de Ahmed Umar y Giuseppe Campuzano confirman la persistencia de otras formas de vida y deseo que se sostienen en la comunicación afectiva, la imaginación política y las estrategias de resistencia cotidiana. Como señala el curador de ambas exposiciones, “la trayectoria del cuerpo travesti y transgénero es mucho más amplia y larga de lo que a veces solemos imaginar”. Desde lugares distintos, ambos artistas conciben la memoria como un acto político y poético capaz de subvertir las narrativas hegemónicas.
Al presentar estas muestras en paralelo, Miguel López propone una curaduría que articula afinidades y disonancias. Campuzano dialoga con genealogías y contextos culturales profundamente arraigados en América Latina, ofreciendo su Museo Travesti del Perú como archivo vivo y espacio colectivo de imaginación política, un proyecto itinerante y expansivo. La obra de Umar, nacida también desde la exclusión y la urgencia de afirmar una subjetividad queer, se pronuncia desde la distancia del exilio y su inserción en circuitos institucionales del norte global. Esa diferencia no debilita el diálogo, sino que lo complejiza: pone en tensión las formas en que se encarna y visibiliza la disidencia. Al reunirlos, esta curaduría no busca equiparar sus gestos, sino permitir que se escuchen juntos —y en contraste—, como formas complementarias de imaginar futuros posibles.

La verdad no es un escándalo, de Ahmed Umar, se presenta hasta el 18 de mayo de 2025. Línea de vida, de Giuseppe Campuzano, hasta el 22 de junio de 2025. Museo Universitario del Chopo, Ciudad de México.
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