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Un Reino de las Horas

Por Robert Leckie y Miguel A. López

Esta exposición en TEOR/ética (San José, Costa Rica) explora cómo diversos artistas se posicionan en relación al tiempo como un concepto de normalización y modo de experiencia. Las obras aquí reunidas proponen estrategias que confrontan los modelos hegemónicos de temporalidad: desde los recuentos oficiales, hasta los ritmos biológicos y las cronologías históricas. Al hacerlo, defienden la convicción de que interrumpir el tiempo secuencial puede producir texturas de pertenencia nuevas y afectivas, capaces de forjar historias e identidades alternativas.

La exposición parte de las reflexiones de la teórica queer Elizabeth Freeman sobre lo que ella llama la “crononormatividad”: un proceso de estandarización en el cual “agendas, calendarios, zonas horarias, e incluso relojes de pulsera, inculcan lo que el sociólogo Eviatar Zerubavel llama «ritmos ocultos», formas de experiencia temporal que parecen naturales a aquellos a los cuales privilegia” (E. Freeman, Time Binds. Queer temporalities, queer histories, Durham, Duke University Press, 2010, p. 3.), y la “erotohistoriografía”, una manera profundamente afectiva de aproximarse a la historia, enraizada en el deseo.

En esa misma línea, muchos de los trabajos sitúan preguntas sobre las posibilidades de reescribir la historia desde una perspectiva queer. Por un lado, en las esculturas Butt-plug bicéfalo 1 y 2 (2015) de Osías Yanov (Argentina), donde el artista se apropia de cerámicas precolombinas para convertirlas en juguetes sexuales e invocar así un pasado de prácticas homoeróticas; mientras que en la fotografía Frida Kahlo (1990), el escritor Pedro Lemebel (Chile) se traviste como la pintora mexicana para invocar su memoria para las luchas políticas del presente, de forma lúdica y subversiva.

A través de la técnica del montaje, William E. Jones (EE. UU.) se apropia de fragmentos de películas porno y camp de los años 70 para construir tiempos narrativos oblicuos. En Film Montages (for Peter Roehr) (2006), las imágenes se presentan como una sucesión de repeticiones, que dan cuenta del deseo de conectarse eróticamente con esos cuerpos del pasado, aludiendo a cómo las formas de vida y de sexualidad no-normativas operan en dirección contraria a las lógicas de sincronía y continuidad temporal.

Otros proyectos se enfocan en gestos que rompen los modelos rígidos de identidad o adoptan una posición socio-política. Las xilografías de Emilia Prieto (Costa Rica), publicadas originalmente en la revista Repertorio Americano (que se editó en Costa Rica entre 1925 y 1945) muestran la cara oculta de los procesos de modernización en el país. Por su parte, Árbol de las manos (1974), de Cecilia Vicuña (Chile), usa fragmentos de manos para componer un monumento a la resistencia, la solidaridad y el cuidado mutuo durante los años de la dictadura militar en Chile.

Un reino de las horas. Vista de la muestra. TEOR/éTica arte+pensamiento. Costa Rica. 2016. Foto: Daniela Morales Lisac.
Un reino de las horas. Vista de la muestra. TEOR/éTica arte+pensamiento. Costa Rica. 2016. Foto: Daniela Morales Lisac.
Un reino de las horas. Vista de la muestra. TEOR/éTica arte+pensamiento. Costa Rica. 2016. Foto: Daniela Morales Lisac.

La instalación Guamán (2016), de Andrés Pereira Paz (Bolivia), observa los cuerpos dibujados por el rebelde indígena Felipe Guamán Poma de Ayala, quien realizó una crónica gráfica de la violencia colonial en el siglo XVII. Enfocándose en las manos y pies de los personajes, este trabajo utiliza una iconografía sutil, reminiscente del cómic, para recordar esas historias de dominación y resistencia. También hurgando en el siglo XVII, Marton Robinson (Costa Rica) se apropia de la imagen del fraile peruano San Martín de Porres, el primer santo negro de América. A través de esculturas de cera, en las cuales el cuerpo de San Martín se transforma en un falo derretido, el artista presenta un comentario irónico sobre el estereotipo del negro como una persona bestial y primitiva, subordinada únicamente a sus instintos sexuales.

Algunas esculturas e instalaciones dan cuenta de cuerpos que fueron “invisibilizados” o borrados de la historia. La instalación 4’33” Versión 2 (John Cage) (2015) de Benvenuto Chavajay (Guatemala), está compuesta de numerosos micrófonos de terracota colocados frente a una pared vacía, y hace uso del silencio y la ausencia, aludiendo a las comunidades indígenas a las cuales se les ha arrebatado su derecho a tener voz frente a la violencia imperial. Por su parte, la escultura Mandala (2007) de Walterio Iraheta (El Salvador), forma un círculo con setenta zapatos blancos de distintas tallas y edades, en alusión a la naturaleza circular, intergeneracional e inescapable de la guerra civil en El Salvador, que modificó el rumbo de la historia y dejó más 70 mil muertos entre 1980 y 1992.

Otras obras componen ritmos de empatía y deseo que se oponen a la forma en que las subjetividades son constreñidas por la periodización, el patriarcado y los ritmos de la productividad capitalista. A través de una aproximación poética, el video She Puppet (2001) de la artista Peggy Ahwesh (EE. UU.), utiliza a la heroína Lara Croft, del juego de video Tomb Raider, para hacer reflexiones sobre el aprisionamiento, la identidad y la mortalidad, por medio de escenas cíclicas que muestran su perpetua muerte y resurrección. Por su parte, la obra de Priscilla Monge (Costa Rica), Cómo hacerlo tu esclavo (1995-1996), consiste en las instrucciones de un conjuro de amor a partir de la sangre menstrual, confrontando las jerarquías de género y el peligroso entrelazamiento del amor y la agresión.

La instalación Sementerio (1995-96/2016), de Wilson Díaz (Colombia), está compuesta de una grilla de papeles, muchos de los cuales conservan una muestra de semen eyaculado por el artista. Presentada como si fuera una evidencia forense, la pieza emula la forma de los cementerios, evocando las percepciones sociales moralistas y conservadoras que equiparan homosexualidad y muerte. Como contrapunto, la animación feminista No Right Way 2 Cum (2015) de Sidsel Meineche Hansen (Dinamarca), representa un “cum shot” femenino, hecho en respuesta a la reciente censura contra la eyaculación femenina en la producción de pornografía británica. Finalmente, la instalación Hormonal Fog (Study #1) (2016), de Candice Lin y Patrick Staff (EE. UU./Reino Unido), funciona como una escultura y una intervención: hecha a partir de una máquina de humo hackeada, la obra emana una niebla pesada compuesta de raíz de regaliz y flores de lúpulo, sustancias que bloquean la producción de testosterona en el cuerpo humano. Estas últimas obras exploran las formas de asimilación cultural y expectativa social asociadas al género, mostrando cómo los fluidos y flujos hormonales permiten impugnar la subyugación y exclusión a través de procesos de transformación subjetiva.

Un reino de las horas. Vista de la muestra. TEOR/éTica arte+pensamiento. Costa Rica. 2016. Foto: Daniela Morales Lisac.
Un reino de las horas. Vista de la muestra. TEOR/éTica arte+pensamiento. Costa Rica. 2016. Foto: Daniela Morales Lisac.
Un reino de las horas. Vista de la muestra. TEOR/éTica arte+pensamiento. Costa Rica. 2016. Foto: Daniela Morales Lisac.

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