MARÍA ELVIRA ESCALLÓN: ENCUENTROS EN LA FÁBRICA DE POLVO
Del 15 de junio de 2024 al 27 de enero de 2025, el Museo de Arte Miguel Urrutia del Banco de la República (MAMU) presentó Encuentros en la fábrica de polvo, una exposición antológica de María Elvira Escallón (Colombia, 1954). Escultora, fotógrafa e instaladora, Escallón trabaja con la memoria, el olvido, la ruina y sus políticas, así como con el desgaste y el abandono de espacios de sociabilidad y servicios públicos, impulsados por factores políticos, económicos y el conflicto armado.
Algunas de sus obras indagan en las tensiones y diálogos entre naturaleza, sus representaciones y la cultura. Muchos de sus proyectos consisten en intervenciones in situ en el paisaje, en lugares remotos o inaccesibles, las cuales luego registra en fotografía y video.
Su trabajo, cargado de una fuerte dimensión sensorial y afectiva, es eminentemente corpóreo y también político, aunque evita enmarcarse en estas categorías para eludir lecturas literales o unívocas. La fragilidad y vulnerabilidad de la vida humana y de la naturaleza se entretejen con la persistencia de sus huellas a través del tiempo, manifestadas en gestos, materiales y registros efímeros que sugieren la cualidad irrepresentable del trauma.
Encuentros en la fábrica de polvo abarcó un arco temporal de 1997 a 2024 e incluyó 80 obras, nueve de ellas exhibidas por primera vez en el MAMU. En conjunto, estos trabajos planteaban una reflexión sobre el tiempo, la memoria y el olvido, cuestionando los límites entre naturaleza y cultura y revelando las múltiples interrelaciones entre los seres vegetales y nuestra propia existencia.
La curaduría, a cargo de Ana María Lozano Rocha, reunió esculturas, instalaciones, videos, videoinstalaciones, obras site-specific, fotografías y material de archivo, organizados en seis ejes interconectados: En la fábrica de polvo, Ante el tiempo, Nuevas floras, Explorando parentescos, Del otro lado y Pequeño Museo del Aerolito de Santa Rosa de Viterbo. Este último se presentó en El Parqueadero del MAMU con el montaje más completo que se haya realizado hasta la fecha.

EN LA FÁBRICA DE POLVO
El núcleo En la fábrica de polvo abordaba el polvo como materia y metáfora: signo de acumulación del tiempo, emblema de la vulnerabilidad humana y rastro del desgaste y la ruina. En las obras aquí reunidas, María Elvira Escallón habla de una modernidad otra, aquella que ha definido la experiencia latinoamericana y colombiana, marcada por la tensión entre la utopía del progreso—con su afán de control, industria y desarrollo—y la distopía de una humanidad que se autoexplota, en un mundo donde la idea de nación se torna obsoleta y el desarrollo adquiere formas siniestras.
Entre las obras más significativas de este apartado se encontraba Polvo eres, una intervención in situ en el segundo piso del MAMU. En esta pieza, la primera parte de la frase bíblica se talló directamente sobre el muro, dejando al descubierto sus capas internas mientras los escombros se acumularon a ras del suelo. La inscripción nos enfrenta a la caducidad del cuerpo, los objetos y las arquitecturas que habitamos.
A lo largo de su producción, Escallón ha utilizado frases extraídas de la literatura y la Biblia como materia plástica, revelando los sustratos culturales que moldean nuestro imaginario contemporáneo. Polvo eres encarna esta estrategia con una fuerza lapidaria: la obra no solo registra el deterioro, sino que lo convierte en una reflexión sensible sobre el paso del tiempo y la ineludible transitoriedad de la vida.

En esta misma sección se encontraba una caja de luz con la imagen de la pieza más antigua de la exposición: In vitro (1997). Esta obra surge de la intervención de un espacio específico dentro de la abandonada Estación de Ferrocarril de la Sabana, en Bogotá, que fue escogida como sede del Salón Regional de Artistas de ese año.
Escallón instaló un espejo en el límite entre dos zonas del edificio: una restaurada para la exposición y otra que permanecía en su estado original, marcada por el deterioro y la ruina. La superficie reflectante bloqueaba la visión del abandono y duplicaba la parte renovada, creando la ilusión de continuidad en el espacio. Sin embargo, al mismo tiempo que ocultaba las evidencias del descuido estatal sobre un edificio patrimonial en decadencia, la obra señalaba el fin de un sistema de transporte que alguna vez articuló el país.
El espejo, colocado al final de un extenso corredor enmarcado por puertas y ventanas en desuso, reflejaba no solo el entorno intervenido, sino también al espectador, quien se veía atrapado en la imagen sin poder avanzar. Un vidrio adicional, montado en el marco de la entrada, convertía el corredor en un escenario inaccesible, una vitrina donde el tiempo detenido y la desidia institucional se volvían protagonistas.


María Elvira Escallón, En el fértil suelo (2017), video monocanal. Vista de instalación en el MAMU. Foto: Mateo Pérez

En 2016, tras décadas de un conflicto interno devastador que dejó miles de víctimas, comunidades desplazadas y la violencia como un hecho cotidiano, Colombia celebró la firma del Acuerdo de Paz. El cese al fuego marcó un punto de inflexión en la historia reciente del país, abriendo paso a una paz negociada donde las distintas voces serían escuchadas.
En este contexto, Escallón creó En el fértil suelo (2017), un video monocanal en el que una mano, con movimientos cuidadosos y repetitivos, retira una fina capa de arena de una superficie horizontal. Conforme la mano continúa despejando el material, comienzan a revelarse algunas zonas más claras hasta que, finalmente, emerge un texto grabado:
«Detuvieron los corceles, bajaron de los carros
Y dejando las armaduras en el fértil suelo,
Se pararon muy cerca los unos de los otros.»
La Ilíada, Canto III
Apenas logramos leer el fragmento, la misma mano inicia el proceso inverso: desplaza la arena de nuevo sobre la inscripción hasta cubrirla por completo. El ciclo se repite, dejando una sensación de fragilidad, efimeridad y constante reescritura de la historia.
Esta obra no solo habita el espacio íntimo del video, sino también el entorno urbano. Desde 2017, el fragmento de La Ilíada quedó inscrito en la fachada sur de la Biblioteca Luis Ángel Arango, parte de la red de centros culturales del Banco de la República, y cercana al MAMU. Esta intervención pública, según la artista, busca expandir el anhelo de paz que comparten la mayoría de los colombianos.


ANTE EL TIEMPO
¿Es posible crear un dispositivo para observar el paso del tiempo?
La práctica de María Elvira Escallón se caracteriza por procesos largos y complejos, en los que el tiempo no solo es un tema que escudriñar, sino también un componente esencial de su metodología. Los recursos y dispositivos a los que acude nacen de sueños, intuiciones y un diálogo constante con el contexto, la historia, la arquitectura y los espacios que interviene.
Un ejemplo de esta aproximación es la serie Precipitación de arena, cuyo origen se remonta a Precipitaciones del río Cauca, una intervención realizada en Cali en 2008, en el marco del 41° Salón Nacional de Artistas. En esta pieza, un hilo de arena cae lentamente desde el techo de una habitación, acumulándose hasta cubrir paulatinamente los muebles presentes.
Precipitaciones del Rio Cauca tuvo lugar en La Sagrada Familia, uno de los colegios más antiguos de Cali, que llevaba años en desuso. Al encontrarse con un edificio suspendido en el tiempo, Escallón sintió la necesidad de darle voz, mediante un gesto que contrastara con la inmovilidad del lugar. Para ello, interconectó dos espacios: uno inferior, que se haría visible, y otro superior, que permanecería oculto.
En el primer piso, amobló una pequeña habitación que solía ser la sala de espera para los padres de familia. Directamente sobre esta sala, en el segundo piso, se habilitó un espacio técnico en el cual se perforó un hoyo en la placa del suelo. Durante los tres meses que duró la exposición, dos veces al día, un fino hilo de arena extraída del fondo del río Cauca descendía ininterrumpidamente desde el orificio, depositándose sobre la habitación inferior.
Los visitantes, situados frente a una ventana que permitía observar la escena sin acceder a ella, fueron testigos de cómo la arena se deslizaba sobre el escritorio y se acumulaba hasta formar un cono perfecto que, poco a poco, iba invadiendo el espacio. La intervención es prácticamente un enorme reloj de arena, pero con una diferencia crucial: aquí no existía la posibilidad de reiniciar el ciclo.
Años después, María Elvira Escallón retomó la idea de Precipitaciones del río Cauca para desarrollar Precipitación de arenas, instalaciones en las que insiste en transformar un fenómeno no físico —el paso del tiempo— en algo matérico y tangible. Estas piezas, que la artista define como «dispositivos para ver pasar el tiempo», han sido recreadas en distintos espacios, adaptándose a cada contexto.
Para esta exposición en el MAMU, se concibió una nueva versión de la obra, lo que implicó que el equipo de museografía perforara la placa del techo, tal como se había hecho en montajes anteriores. En esta ocasión, y por primera vez, se precipitaron 10 toneladas de arena, amplificando la escala y el impacto de la instalación.

NUEVAS FLORAS
En su proyecto Nuevas floras, María Elvira Escallón interviene árboles nativos vivos mediante tallas directas o prótesis, para adentrarse en su capacidad de reacción y transformación. Entre 2003 y 2004, la artista realizó ocho intervenciones en distintos árboles, cada una adaptada a la morfología del espécimen, con la colaboración del ebanista colombiano Leonardo Franco.
La serie de intervenciones se presentó en el MAMU a través de un registro fotográfico que documenta los troncos recién tallados y su evolución a lo largo del tiempo. Cada árbol responde de manera distinta: algunos rechazan las intervenciones, otros las asimilan o neutralizan. Para Escallón, este proceso revela la agencia de los árboles ante la acción humana, haciendo visible un cambio que solo se percibe con el paso del tiempo.
Las imágenes generan cierta empatía al provocar una lectura antropomórfica del árbol, donde las tallas evocan dolor, mutilación o cicatrices. Sin embargo, a diferencia del cuerpo humano, el árbol puede regenerarse, incorporando las marcas de la cultura en su propia estructura.
El proyecto Nuevas floras ha sido recreado en distintos ecosistemas y climas, con versiones realizadas en el Reino Unido (Nuevas floras Bristol), Brasil (Nuevas floras Do Sul) y Francia (Nuevas floras Versalles).


EXPLORANDO PARENTESCOS
A partir de 2017, María Elvira Escallón inició un conjunto de obras en las que el concepto de «encuentro» y la exploración de las afinidades entre los seres humanos y el mundo arbóreo juegan un papel central. La serie Encuentros con seres notables está compuesta por esculturas que abordan la conexión entre dos seres distintos que, a pesar de sus orígenes y contextos dispares, logran vincularse.
En el MAMU se exhibió Encuentros con seres notables III (2021), un ensamblaje en el que las ramas de un jazmín sabanero, especie nativa de Colombia, y un eucalipto, árbol foráneo, fueron talladas para asemejarse a los huesos humanos—brazo, antebrazo y mano—, sugiriendo así una correspondencia estructural y molecular entre organismos vegetales y animales.
En la pieza, vemos cómo los dedos índices de las “manos” arbóreas están a punto de tocarse en un gesto que remite a La creación de Adán de Miguel Ángel, y que alude a la idea de un vínculo profundo y ancestral entre lo humano y lo vegetal, así como a la transmisión del conocimiento.

En esta sección también se instaló Las Caminantes, un pequeño jardín compuesto por especies herbarias que crecen sin intervención humana, comúnmente llamadas «malezas». Recolectadas en terrenos baldíos y al borde de carreteras, estas plantas poseen una notable capacidad de adaptación, logrando florecer en condiciones adversas y abriendo el camino para que otras especies, de crecimiento más lento, puedan prosperar.
La instalación de Escallón recrea un entorno en el que diecinueve bombillos de luz UV, diseñados para cultivos, mantienen a estas plantas en un estado de crecimiento continuo. Durante doce horas al día, cuando nuestra noche se convierte en su día, reciben la luz y el agua necesarias para seguir habitando el museo. De este modo, su ciclo de vida se prolonga artificialmente, evidenciando cómo la intervención humana transforma y preserva aquello que suele considerarse espontáneo o salvaje.
Las Caminantes también desafía las percepciones tradicionales sobre estas especies. Su aparente inmovilidad y silencio nos han llevado a subestimarlas, pero en esta obra revelan su presencia de una manera inesperada: mediante un código morse, las plantas emiten un mensaje que dice «En cada inhalación nos encontramos». Un gesto sutil pero contundente, que nos invita a reflexionar sobre las formas en que la vida vegetal y la humana son parte de un mismo todo, compartiendo tiempos y espacios que, aunque por lo general imperceptibles, nos vinculan estrechamente.

DEL OTRO LADO
Este penúltimo eje de la exposición reunió piezas que interrogan las superficies arquitectónicas y su capacidad para contener, proteger o, quizás, ocultar historias, objetos y acontecimientos. Aquí, las edificaciones no son tan solo un escenario, sino un campo de tensiones donde se cruzan opuestos fundamentales: adentro y afuera, lo público y lo privado, lo orgánico y lo racional, lo vital y lo inerte.
Este apartado mostró el trabajo que María Elvira Escallón realizó en el Hospital San Juan de Dios de Bogotá, cerrado al público en 2001 y declarado bien de interés cultural nacional en 2002. Durante tres años, la artista exploró la memoria y el olvido en este espacio, fundamental en la historia de la medicina en Colombia.
Su investigación dio origen al proyecto En estado de coma (2005-2007), que comenzó con el registro fotográfico de las huellas del abandono y su carga simbólica, seguido de entrevistas con enfermeras y camilleros que, voluntaria y clandestinamente, continuaron cuidando del hospital tras su cierre.

También creó la instalación En estado de coma – Serie extracciones, compuesta por cuatro camas de hospitalización, cortadas e incrustadas en un muro del espacio expositivo. Estos catres se convierten en testigos de la fragilidad del patrimonio y en un homenaje tanto a los pacientes que quedaron sin atención como a los trabajadores que, pese al abandono institucional, intentaron frenar la ruina del lugar. Su reinstalación en el MAMU sumergía a los visitantes en un espacio inmersivo, transportándolos de manera física al ambiente sombrío de aquel hospital desolado.
Como parte de En estado de coma, Escallón desarrolló además una serie fotográfica en la que recreó, en su taller, la atmósfera fantasmal del hospital vacío. Para ello, instaló un piso idéntico al original, pintó las paredes de verde y colocó una cama—proveniente de otro hospital en proceso de liquidación—sobre la cual hizo un cultivo de hierba.
Durante semanas, regó las semillas y documentó su crecimiento, registrando el proceso en imágenes. La fotografía final, con la cama cubierta de vegetación, simboliza la suspensión en el tiempo del hospital abandonado, como si esperara una improbable recuperación. Aquí la hierba que crece sobre el catre alude a la labor de reparación invisible que los trabajadores desempleados continuaban realizando en ese espacio olvidado.
Para Escallón, el hospital era un paciente en estado crítico: seguía vivo, pero en coma. “No tenía luz. Como a un enfermo terminal, lo desenchufaron cuando pensaron que ya no había nada que hacer. Pero yo sentía que tenía la misma cualidad de esos enfermos de los que uno aún espera que despierten”.


El eje curatorial Del otro lado también incluyó la instalación La travesía, configurada como un largo y estrecho pasillo flanqueado por puertas recolectadas desgastadas que remiten a accesos cancelados, memorias interrumpidas y la transitoriedad de los espacios habitados. Al final del recorrido, un espejo nos confronta con nuestra propia imagen, prolongando el pasillo en un juego de reflejos que multiplica las puertas hasta el infinito.
En el video performance Sabían, pero no recordaban (2024), María Elvira Escallón nos sumerge en una paradoja visual y emocional: dos hermanas gemelas trabajan juntas, pero en direcciones opuestas. Sentadas en una silla siamesa—un único mueble que comparten, unido por las patas traseras y el espaldar—una teje sin descanso mientras la otra desteje con la misma precisión.
Entre ellas, un hilo fluye y forma un ovillo que regresa constantemente al principio, cerrando un ciclo interminable. Al principio, la acción parece una sola, pero poco a poco se revela como la coexistencia de dos fuerzas inseparables: reflejo y oposición. La obra nos invita a pensar en la dualidad—el avance y el retroceso, el construir y el deshacer—remitiéndonos a figuras míticas como Penélope, quien tejía de día y destejía de noche para aplazar un destino impuesto, o Sísifo, condenado a empujar eternamente su roca montaña arriba solo para verla caer.


María Elvira Escallón, Pequeño Museo del Aerolito de Santa Rosa de Viterbo, 2024. Vista de la instalación en El Parqueadero, Banco de la República, Bogotá, 2024. Foto cortesía del MAMU
PEQUEÑO MUSEO DEL AEROLITO DE SANTA ROSA DE VITERBO
Durante varios años, María Elvira Escallón desarrolló el Pequeño Museo del Aerolito de Santa Rosa de Viterbo, un proyecto que articula distintos archivos históricos, acervos y registros fotográficos para rastrear la historia del aerolito de 612 kilos que cayó en Santa Rosa de Viterbo, Boyacá, un Sábado Santo de 1810. Este meteorito, tras ser robado y partido en dos, atravesó diversas vicisitudes antes de ingresar al Museo Nacional de Colombia (entonces Museo de Historia Natural de Bogotá), donde aún permanece desde que ingresó como la primera pieza de su colección.
Con autorización del Museo Nacional, Escallón realizó un molde del aerolito y, a partir de él, creó una réplica en resina de tamaño natural. Paralelamente, mediante frottages de los fragmentos existentes y registros fotográficos, reconstruyó especulativamente su volumen original. Esta reconstrucción tomó forma en la instalación Aerolito de Santa Rosa antes y después del corte, donde se presentan, lado a lado, la réplica en resina y la versión reconstruida del meteorito antes de su mutilación.
Otro componente clave del proyecto es El meteorito y la máquina, instalación que se presentó por primera vez en El Parqueadero. La obra incluye una réplica en hierro del aerolito, cuya forma busca aproximarse al volumen original antes de su fragmentación.
En su conjunto, el Pequeño Museo del Aerolito de Santa Rosa de Viterbo funciona como una fábula que cuestiona la ideología moderna del progreso, la fe en la ciencia y la apropiación de lo natural como un recurso a disposición. Asimismo, expone las redes de interlocución e intercambio que, entre los siglos XIX y XX, entrelazaron ciencia, museos, aventurerismo, colonialismo y extractivismo—tensiones que hoy resuenan con fuerza en los debates sobre el Antropoceno, el Capitaloceno y el Plantacionoceno. Cualquiera sea la perspectiva adoptada, el proyecto nos confronta con los procesos históricos que han contribuido a la crisis ecológica y geopolítica que enfrentamos en la actualidad.
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