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GENTE PLANTA GENTE HUMANA GENTE ANIMAL

Los meses de junio y agosto de 2024 han sido quizás los más importantes para el arte amazónico peruano debido a la cantidad de exposiciones que le han sido dedicadas: dos simultáneas de Chonon Bensho (una en el MUCEN y otra en la galería Livia Benavides), Koshi Kené en el ICPNA, la colectiva Estéticas Amazónicas en la GAV, y Gente planta gente humana gente animal (perspectivas amazónicas) en el Palacio de las Artes de Miraflores. En todas ellas, la primacía del arte indígena nos señala cambios importantes en el panorama del arte amazónico peruano, cuya vanguardia más radical se encuentra actualmente en sus artistas originarios y pop/ulares.

Ha tenido que pasar décadas para que esto suceda. Desde la exposición pionera El ojo verde: cosmovisiones amazónicas (2000), curada por Macera y Landolt, los artistas indígenas amazónicos han evolucionado hasta alcanzar una autoconciencia de sus capacidades artísticas y de negociación con el mercado, algo que a inicios del nuevo milenio resultaba impensable.

La internacionalización de figuras como Sara Flores, Olinda Silvano, Chonon Bensho o Santiago Yahuarcani (quien, junto a su hijo Rember, ocupa un lugar destacado en la actual Bienal de Venecia) es un fenómeno que moviliza museos, curadores, galerías y marchantes, generando una ruleta de especulación llena de ambigüedades y claroscuros. Sin embargo, son poquísimos los artistas indígenas que han sido «los elegidos», ya que la gran mayoría sigue marginada o simplemente ignorada por esta dinámica.

Vista de Gente planta gente humana gente animal (perspectivas amazónicas) en el Palacio de las Artes, Lima, 2024. Foto: Antonio de Loayza
Vista de Gente planta gente humana gente animal (perspectivas amazónicas) en el Palacio de las Artes, Lima, 2024. Foto: @ojosdegatogrisna

Gente planta Gente humana Gente animal es una exposición curada por el equipo de Bufeo1, dirigido por Christian Bendayán. Aquí no hay jerarquías ni en el equipo curatorial ni entre los artistas seleccionados, sino una puesta en escena que crea constelaciones donde todos brillan por igual. El espacio del Palacio de las Artes se transforma por completo: sus tres grandes salas, conectadas por corredores, se convierten en un solo gran río multicolor. Esta intervención colectiva ha dado lugar a una de las museografías más atrevidas, vistosas y fluidas del arte contemporáneo peruano2.

Visto desde esta perspectiva, Gente planta gente humana gente animal funciona como una gran ambientación que, a través de los colores vibrantes que cubren las paredes como frondas fosforescentes y encendidas, envuelve al espectador en una corriente desbordada. Es un viaje de descubrimientos, en el que se revelan pinturas, máscaras, vestidos, esculturas, fotografías, cerámicas, murales, carteles callejeros, videos, instalaciones, entre otros. Esta exuberancia, similar a un bosque de visiones, a una selva alucinada, convierte la apuesta museográfica en toda una experiencia sensorial.

Vista de Gente planta gente humana gente animal (perspectivas amazónicas) en el Palacio de las Artes, Lima, 2024. Foto: Antonio de Loayza
Vista de Gente planta gente humana gente animal (perspectivas amazónicas) en el Palacio de las Artes, Lima, 2024. Foto: Antonio de Loayza

Gente planta… se propone, a nivel conceptual, mostrar las diversas facetas del perspectivismo y el animismo amazónico a través de tres ejes temáticos: Cuando éramos gente, Sociedades interespecies y Cuerpo y espíritu del territorio. El primero alude a una creencia central que une a la mayoría de las cosmovisiones amerindias amazónicas: la idea de que, en un tiempo mítico, todos los seres vivos eran humanos. Esta perspectiva se diferencia de la visión occidental, que considera la animalidad como el origen de lo humano3. El perspectivismo, como sostiene Viveiros de Castro, propone un «evolucionismo inverso4«, en el cual lo humano se convierte en animal, y no al revés.

Bajo este concepto, la exposición se abre poderosamente con una fabulosa serie del artista awajun Gerardo Petsain, que explora el multiverso perspectivista de los mitos de su etnia. Un mundo donde animales, dioses y humanos se confunden en una danza de personajes y juegos violentos y alucinantes. Petsain es uno de los grandes artistas amazónicos; su dibujo, de trazo fino y lleno de imaginación, puede recordar a El Bosco, pero en realidad proviene de las visiones del bosque y de su comunidad.

Vista de Gente planta gente humana gente animal (perspectivas amazónicas) en el Palacio de las Artes, Lima, 2024. Foto: @ojosdegatogrisna
Vista de Gente planta gente humana gente animal (perspectivas amazónicas) en el Palacio de las Artes, Lima, 2024. Foto: @ojosdegatogrisna

A continuación, el recorrido nos presenta las máscaras del artista ribereño Eliseo Echaís, usadas en las celebraciones lamistas. Luego, entramos a una sala donde dialogan una gran serie de animales del artista ashaninka Enrique Casanto, las máscaras del artista huitoto Santiago Yahuarcani, la escultura de Ítalo Flores, las piezas de madera calada de la artista shipiba Lastenia Canayo, las fotografías de Javier Silva, la pintura sobre madera agreste de la Virgen del Capinuri de Graciela Arias, y una serie de grafitos fantásticos e hiperrealistas de Miguel Vilca. Estos, entre otros elementos, se entremezclan con gran promiscuidad museográfica, incorporando obras de artistas indígenas, ribereños, mestizos y amazonistas, así como arte pop/ular y contemporáneo.

En la siguiente sección de la exposición se plantea el tema de las Sociedades interespecies, es decir, los encuentros entre seres míticos, animales y humanos. Aquí es donde el perspectivismo se abre al mundo urbano y mestizo, donde perviven creencias transfiguradas en celebraciones carnavalescas y en noticias sensacionalistas sobre bufeos que embarazan mujeres, chamanes que se transforman en fieras, o estrellas del espectáculo que se convierten en felinos. Las pieles y máscaras celebratorias se mezclan con la instalación pop/ular del traje de la Tigresa del Oriente, las noticias sobre apariciones de sirenas y bufeos y las representaciones de estos en las obras de Agustín Rivas, Smith Churay y Chonon Bensho, así como en los videoartes de Christian Bendayán y Benny Ríos, y la fotografía de Inon Sani.

Vista de Gente planta gente humana gente animal (perspectivas amazónicas) en el Palacio de las Artes, Lima, 2024. Foto: @ojosdegatogrisna
Vista de Gente planta gente humana gente animal (perspectivas amazónicas) en el Palacio de las Artes, Lima, 2024. Foto: @ojosdegatogrisna

En la próxima sala, nos encontramos con pinturas que representan los estados chamánicos de transformación entre humano y animal, así como la ingesta de ayahuasca. La obra pionera de Víctor Churay dialoga con las de Roldán Pinedo, Luis Martínez, Santiago Yahuarcani y Ruiz Durand, y estas, a su vez, con una instalación de carteles callejeros y fotografías que nos transportan al pasaje Paquito de Iquitos y sus ofertas de brebajes amazónicos.

En este punto, la exposición se desborda. Tras atravesar la instalación de Ballardo, las piezas de Sakiray, la instalación con la escultura de Lettersten y la serie de grabados de Ino Moxo, realizados por Francisco Mariotti, llegamos a la sala donde se aborda el último eje de la exposición: Cuerpo y espíritu del territorio.

La noción de un espacio territorial animado, donde bosques y ríos también piensan y actúan como humanos, cobra vida en la pintura mural de Ceccarelli, que representa un enorme río hecho de casas ribereñas y refleja la relación con la principal fuente de vida compartida en toda la Amazonía. Como bien nos recuerdan los sacerdotes agustinos Manolo Berjón y Miguel Ángel Cadenas (actualmente obispo de Iquitos) en un texto de sala, el Marañón acaba de ser declarado «sujeto de derecho», y esto debería extenderse a todos los ríos. Porque el río siente, respira, vive y sufre junto a la gente; porque también es gente.

Vista de Gente planta gente humana gente animal (perspectivas amazónicas) en el Palacio de las Artes, Lima, 2024. Foto: @ojosdegatogrisna
Vista de Gente planta gente humana gente animal (perspectivas amazónicas) en el Palacio de las Artes, Lima, 2024. Foto: Antonio de Loayza

El territorio no es un simple lugar para habitar, y la pintura mural de Harry Pinedo representa este animismo amazónico, donde los seres míticos del agua, como las yacumamas, conectan la selva con la ciudad, llegando incluso a la capital, al distrito del Rímac, donde se encuentra la comunidad de Cantagallo, quizás el territorio indígena más grande y poblado fuera de la Amazonía.

El espacio se diversifica y, de alguna manera, excede su marco temático con la presencia de una instalación que incluye los murales del legendario bar amazónico El Maquisapa, contiguo a un recientemente «descubierto» cuadro de César Calvo de Araujo. También se rescata una fabulosa acuarela de Víctor Morey, que dialoga con un tríptico de Miguel Vilca, una cerámica de Celia Vásquez y una pintura de David Hewson.

Asimismo, hay una instalación en homenaje a Víctor Churay, donde se combinan máscaras boras, su pintura y un video de Christian Bendayán, así como una instalación sobre un gran mosquitero que exhibe las fotos de Thomas Locke Hobbes. Finalmente, la magnífica serie de pinturas de animales-territorio de Freddy Tuanama, Luis Martínez, Dimas Paredes y Graciela Arias, junto con la serie de Chullachaquis pintadas, entre otros artistas, por Lucuma y Ashuco.

Vista de Gente planta gente humana gente animal (perspectivas amazónicas) en el Palacio de las Artes, Lima, 2024. Foto: @ojosdegatogrisna
Vista de Gente planta gente humana gente animal (perspectivas amazónicas) en el Palacio de las Artes, Lima, 2024. Foto: @ojosdegatogrisna

Todo este exceso de nombres, piezas y objetos (que superan el centenar) y artistas (alrededor de cincuenta) que no he logrado nombrar en su totalidad forma parte de este gran desborde sensorial, que hubiera podido beneficiarse de un mayor apoyo textual. Sería necesario un catálogo razonado y explicativo de cada obra para comprender la complejidad de esta exposición. Porque todo este conocimiento también es el vértice de un proceso del artista, coleccionista y curador que más ha trabajado en el país por el arte amazónico: Christian Bendayán. Con el apoyo de Bufeo, Christian ha retomado el espíritu de sus museografías más atrevidas, como Poder Verde, sumando ahora una presencia cada vez mayor de arte originario amazónico.

Como he sostenido anteriormente, la vanguardia amazónica se encuentra en su arte indígena. A través de la pintura, este arte ha demostrado que sus imágenes son las más poderosas. Sin embargo, echo de menos la presencia de otros formatos contemporáneos, como el videoarte o la instalación nativa. Salvo el proceso “chai” realizado en El lugar de los espíritus o Koshi Kené5, la instalación es algo que todavía está en proceso dentro del arte indígena amazónico. Y aunque hay una emergente escena de cine documental indígena, este todavía no explora otros formatos. Es un proceso que recién está comenzado y que, sin duda, pronto nos sorprenderá.

Sea esta breve reseña un intento por salvaguardar en la memoria una exposición que contribuye enormemente al curso actual del arte amazónico. En estos momentos en que los bosques de la Amazonía arden, la utopía de estas imágenes son la señal de alerta sobre una belleza en peligro de extinción, pero también refleja su heroica resistencia frente a la voracidad del capitalismo caníbal y sus poderosos intereses.

Vista de Gente planta gente humana gente animal (perspectivas amazónicas) en el Palacio de las Artes, Lima, 2024. Foto: @ojosdegatogrisna

[1] Bufeo: amazonía + arte es un colectivo de gestión, curaduría y promoción de arte amazónico compuesto actualmente por Bendayán, Leslie Tucno, Boris Pretell, Antonio de Loayza y Estefanía Carrasco.

[2] Bendayán, además de artista plástico, es un gran curador, con museografías siempre osadas y renovadoras. Gente planta… tiene mucho del espíritu de las exhibiciones Poder Verde (2009 y 2011), donde el flujo de la puesta en escena hacía dialogar por igual a artistas indígenas, pop/ulares y amazonistas.

[3] “Los indios ven lo humano como el punto de partida, la sustancia base, porque todo es humano. La diferencia entre humanidad y animalidad se establece, por lo tanto, a partir de una humanidad común y no hay una humanidad que se establezca a partir de una animalidad en común.” Viveiros de Castro (2013) La Mirada del Jaguar. Introducción al pensamiento amerindio. P. 272

[4] “Es algo así como un darwinismo al contrario. Los animales en algún momento fueron personas y no somos nosotros los que fuimos animales. Los monos eran hombres y se convirtieron en monos, digámoslo así, un evolucionismo al contrario”. (Ibid) Pp. 272

[5] Ver. Villar, Alfredo. Koshi Kené. Aura y tribalismo en el arte contemporáneo. En: https://artishockrevista.com/2024/06/07/koshi-kene-soi-noma/

Alfredo Villar

Lima, Perú, 1971. Estudió Lingüística y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú e Historia del Arte en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha sido becario de la fundación Rockefeller para investigar el conflicto armado interno y realizar el guión de la novela gráfica Rupay. Ha publicado distintos libros y realizado diversas exposiciones de arte amazónico como “El milagro verde” (junto a Christian Bendayán) y “Usko Ayar: la escuela de las visiones”. Asimismo, como investigador del arte popular chicha, ha presentado las muestras “A mí qué chicha”, “Neón Chicha”, “Chicha Land” (Berlín) y “El pueblo es una nostalgia que algún día vencerá” del fotógrafo vernacular Nicolás Torres. Además, ha curado muestras de historieta, humor gráfico y dibujo como “Bumm! historieta y humor gráfico en el Perú: 1978-1992” y “La niña no mirada” (junto a Jorge Villacorta) de la pionera del arte feminista en el Perú Marisa Godínez. El 2022 realizó la muestra “Yuyay Lima” donde reunió artistas populares amazónicos, andinos y urbanos, como Olinda Silvano con quien actualmente trabaja el proyecto “Koshi Kené”. Es también escritor y DJ.

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