DELCY MORELOS: INTERWOVEN
“Para mí, ser artista es mi manera de curarme y todo lo que ello implica”
Delcy Morelos
A lo largo de sus tres décadas de carrera, la artista colombiana Delcy Morelos (1967) ha explorado profundamente las conexiones entre el ser humano y el medio ambiente, utilizando materiales orgánicos como tierra, arcilla y fibras naturales que reflejan su respeto por la Tierra y sus elementos. Delcy Morelos: Entretejidos, la primera exposición en un museo que destaca sus reconocidas instalaciones de tierra, sitúa estas obras en el contexto de su producción artística más temprana.
La muestra reúne una treintena de dibujos, pinturas y esculturas, trazando las conexiones socioculturales y espirituales que Morelos ha examinado durante los últimos 30 años. La pieza central de esta exposición es una instalación laberíntica compuesta por más de tres toneladas de tierra de St. Louis, creada específicamente para una de las salas de la Pulitzer Art Foundation, la cual invita a reflexionar sobre nuestra intrincada relación con la Tierra y la importancia del suelo en el ciclo vital humano.
La obra de Morelos está firmemente enraizada en sus experiencias de vida en su tierra natal. Creció en Tierralta, una ciudad cercana al mar Caribe, en el norte de Colombia, uno de los países con mayor biodiversidad del mundo. Este territorio rico y fértil abarca la selva amazónica, desiertos, costas de los océanos Atlántico y Pacífico, y la cordillera de los Andes.
De niña, Morelos vivió con su abuela, descendiente del pueblo emberá, de quien heredó un gran respeto por la naturaleza. Esta visión se amplió al investigar las enseñanzas indígenas andinas y amazónicas. A pesar de siglos de subyugación y despojo, especialmente de tierras, alrededor de 100 grupos indígenas, incluyendo los emberá, siguen subsistiendo en Colombia.

La práctica de Morelos también se desarrolla en el contexto de la violencia generalizada del conflicto colombiano (1964-2016). Esta guerra interna enfrentó al gobierno colombiano con paramilitares de extrema derecha, grupos guerrilleros de extrema izquierda y organizaciones criminales, con la participación del gobierno estadounidense y empresas multinacionales.
En el transcurso del conflicto, cientos de miles de civiles perdieron la vida y más de ocho millones de personas fueron desplazadas. Los combates y el robo de tierras afectaron de manera desproporcionada a los pueblos indígenas, al tiempo que reforzaron las estructuras de disparidad racial, desigualdad social y apropiación de tierras.
«Esta exposición es un ejemplo de cómo el arte contemporáneo puede conectar personas e ideas. En su obra, Delcy Morelos recoge los conocimientos de los pueblos indígenas de los Andes y el Amazonas, así como la artesanía del tejido, fundamental en esas culturas, para hacer un llamamiento a una mayor conciencia ecológica», afirma Cara Starke, directora ejecutiva de la Pulitzer Art Foundation.
Morelos ha pasado la mayor parte de su vida «al borde entre la vida y la muerte», como ella misma explica, lo que la llevó a iniciar su carrera examinando la violencia como algo que se origina y se ejerce sobre el cuerpo humano.
En muchas de sus primeras obras, los pigmentos carmesíes, las formas similares a cuerdas y las superficies brillantes y acuosas evocan la idea del cuerpo, que para Morelos está intrínsecamente ligado a la tierra a través del sustento, el trauma y la curación. Para ella, la tierra es una fuente sagrada de la que surge toda la vida y a la que ésta regresa, un concepto que ha sido central en su obra durante la última década.
«Delcy ha hablado de cómo todo lo que existe está entretejido como una cesta que se reteje continuamente. En esta exposición, tomamos el tejido como proceso, motivo visual y línea conceptual para trazar su trayectoria, desde sus primeras pinturas y esculturas hasta sus recientes instalaciones en las que utiliza la tierra como material artístico», explica Tamara Schenkenberg, curadora de la Pulitzer Arts Foundation y organizadora de la muestra.




«Cuando puedes mirar a tus miedos a los ojos, el proceso de sanación comienza. Por lo tanto, exponer el problema es parte de la sanación; son dos extremos del mismo hilo. Mi maestro de filosofía amazónica, Isaías Román, de los indígenas Uitoto, dice: ‘Todo en el universo está tejido como una canasta de mimbre: los opuestos se entrelazan en nudos cada vez más estrechos hasta que pueden contener agua.’ Los opuestos polares se entrelazan en un tejido donde no hay separación, y todos nosotros, junto con todo lo que existe, somos hilos de ese tejido que recibe, contiene y se teje a sí mismo constantemente”.
—Delcy Morelos
A la entrada de la Pulitzer Arts Foundation se encuentra la sección introductoria de Entretejidos. En esta galería, una selección de las primeras pinturas y esculturas de Morelos muestra la evolución de su práctica artística previo al uso de la tierra como material. Estas obras escudriñan las raíces de la violencia, evocando experiencias de trauma y curación a través de una materialidad visceral y la evidencia de procesos físicos.
Aquí se exhiben un par de pinturas acrílicas abstractas a gran escala de la serie Espacios concentrados (2002). Morelos creó estas obras mediante la repetición, utilizando un pincel fino en cada lienzo de metro y medio de altura para aplicar miles de puntos a una escala casi microscópica. El patrón puntillista se percibe inicialmente como un campo abstracto de color, pero al observarlo más de cerca, los diminutos puntos rojos se unen como en un campo magnético ondulante. Estas marcas forman un paisaje animado que refleja la relación entre la vida individual y la experiencia colectiva.
Las pinturas se apoyan contra la pared de la galería, sostenidas por dos pequeños listones de madera, en lugar de colgarse. A su lado, se exhibe otra obra a gran escala, realizada una década más tarde, que también se presenta de la misma manera, en una sutil fusión de pintura y escultura. Partículas de tierra suspendidas en acrílico transparente cubren el lienzo de yute, coloreándolo de un intenso tono rojo. Para Morelos, el rojo—un color presente tanto en la sangre como en la tierra—es uno de los muchos vínculos que reflejan las conexiones intrínsecas entre los seres humanos y la tierra.
Las obras adyacentes, pertenecientes a la serie La doble negación (2008), se asemejan a prendas de ropa dobladas y clavadas en la pared. Para crear estas piezas, Morelos tejió hilos de algodón en la tela y aplicó capas sucesivas de acrílico, permitiendo que se secaran entre cada aplicación. Al plegar y drapear el material, Morelos dio a estas obras su forma final: un híbrido de pintura, tejido y escultura que, aunque parecen suaves y brillantes, resultan sorprendentemente firmes.



La pieza destacada de la exposición es Tejido Terrenal, una imponente estructura laberíntica compuesta por una valla metálica de más de dos metros de altura, incrustada con tierra y especias como clavo y canela. Aquí, un elemento de construcción habitualmente utilizado para crear fronteras y restringir el acceso a un territorio se reutiliza para formar pasillos que los visitantes pueden recorrer. Con este gesto, Morelos dirige nuestra atención hacia la tierra disputada como fuente de conflicto, tanto en Colombia como en otros lugares. Las vallas, con su malla cuadriculada, también reflejan el interés de Morelos por el tejido.
Las especias aromáticas y el heno de Tejido Terrenal fueron cultivados como alimento, los cuales Morelos devuelve simbólicamente a la tierra en señal de honor y respeto. Esta acción se inscribe en la práctica indígena andina de hacer ofrendas espirituales de alimentos enterrándolos en la tierra.
Para Morelos, esta instalación hace referencia a la obsesión del mundo contemporáneo por poseer la tierra. Ella señala que «la gente pone mallas, vallas y rejas para delimitar y separar la tierra, como diciendo ‘esto es mío’ y ‘aquello no es mío'». Sin embargo, considera absurdo pensar que podemos ser dueños de la tierra, ya que «formamos parte de la tierra y estamos unidos a ella, no somos sus propietarios».
En esta exposición, la artista quería colocar la tierra en un lugar apacible y tranquilo, donde no pudiera ser dañada, en el espacio del museo, un entorno que, según ella, permite sacralizar la tierra. Con este planteamiento, Morelos honra la sabiduría emberá transmitida por su abuela.
“Las zonas urbanas, con sus edificios, están hechas de materiales que provienen de las montañas y de las profundidades de la tierra: cemento, yeso, vidrio, metal, aluminio, hierro. Todo surge de las entrañas de la tierra, aunque no solemos notarlo. Estamos caminando constantemente sobre un tejido de tierra”.
—Delcy Morelos


En otra galería se exhibe un grupo de 16 dibujos inéditos realizados en tinta y acuarela, que representan formas repetitivas y entrelazadas. Estas obras sugieren múltiples asociaciones, desde la estructura de los nidos de avispas y los sistemas radiculares, hasta un tendón que conecta el músculo con el hueso y el tejido vascular.
Aunque las formas en estos dibujos parecen familiares y carentes de jerarquía, también evocan un sentido más amplio de interconexión. Para Morelos, el tejido es el mecanismo que describe las relaciones entre todos los elementos dispares del universo.
Otro elemento destacado de esta galería es la serie En la trama personal, una colección de dibujos donde la trama adopta los colores del interior del cuerpo, desde el rosa de los tejidos hasta el carmesí de la sangre coagulada. Al crear estas obras, Morelos reflexionó sobre las distinciones entre el interior y el exterior del cuerpo. Según sus propias palabras: «La diferencia de color entre los seres humanos es externa. Por dentro, todos somos del mismo color».
La palabra «trama» en el título puede referirse tanto a un relato como a la urdimbre vertical y la trama horizontal que forman un tejido. Para Morelos, los hilos entrelazados de la trama simbolizan el potencial para superar las divisiones, mientras que el rojo representa una característica compartida con la tierra: «El color rojo de la tierra es el color del hierro. El hierro es también lo que da color a la sangre».
Asimismo, en las obras de la serie Agua salada organizada, Morelos investiga las propiedades y resonancias del agua, destacando este líquido como una fuerza que une inextricablemente al ser humano con la naturaleza y con todos los seres vivos. La artista recubre parcialmente cuerdas de algodón con acrílico brillante de color rojo oscuro, evocando tanto órganos corporales como cascadas.
![Delcy Morelos, Agua salada organizada, 2014. [Obra consta de tres partes] Tierra y acrílico sobre yute © Delcy Morelos. Cortesía de la artista y Pulitzer Art Foundation.](https://artishockrevista.com/wp-content/uploads/2024/07/Delcy-Morelos-Install-Photos_Alise-OBrien-Photography-1.jpg)
Para Delcy Morelos, cuyas tradiciones son indígenas, el material es también un homenaje a la Madre Tierra, considerada como una entidad viva y fundadora, cuna de los ciclos de la vida, la muerte y el renacimiento. La adición de especias en sus obras alude indirectamente al rito ancestral andino, en el que se hacían ofrendas de alimentos a la diosa Pachamama al final de una gran cosecha.
En conjunto, la exposición Delcy Morelos: Entretejidos no solo ofrece una mirada retrospectiva a la evolución artística de Morelos, sino que también invita a una reflexión profunda sobre nuestra relación con la tierra y los demás seres vivos. A través de una combinación de técnicas tradicionales y materiales naturales, la obra de Morelos nos recuerda la importancia de reconocer y honrar las conexiones que nos unen a todos en este vasto entramado de vida.
Sus piezas no solo son una indagación estética, sino también un llamado a la conciencia y al respeto por el entorno natural y por las culturas que han sabido vivir en armonía con él. En un mundo donde la separación y la apropiación de la tierra han generado conflictos y desigualdades, la obra de Morelos nos ofrece una perspectiva renovadora y vital sobre la interconexión y la sostenibilidad, alentándonos a reexaminar nuestras propias acciones y creencias.
Delcy Morelos: Interwoven está organizada por Tamara H. Schenkenberg, Curadora de la Pulitzer Arts Foundation, junto con Molly Moog, Asistente de Curaduría. La exposición estará abierta del 8 de marzo al 4 de agosto de 2024 en la Pulitzer Arts Foundation, ubicada en 3716 Washington Ave, St. Louis, MO, Estados Unidos. Simultáneamente, Dia Chelsea, en Nueva York, presentó El abrazo, su primera individual en Estados Unidos, del 5 de octubre de 2023 al 20 de julio de 2024.
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