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KIOSKO GALERÍA: UN ESPACIO DE ENCUENTRO Y LIBERTAD

El pasado mes de mayo, la galería de arte Kiosko cumplió 18 años de actividad en la ciudad de Santa Cruz, Bolivia. La perseverancia de esta iniciativa es especialmente valiosa en el adverso contexto económico actual, caracterizado por la reducción del apoyo de las empresas privadas a proyectos culturales y por las crisis de gestión e insuficiencia presupuestaria en las instituciones públicas.

Kiosko fue fundada el 19 de mayo de 2006 como una fusión entre plataforma de diseño gráfico y galería de arte con exposiciones temporales. Desde sus inicios, ha sido un emprendimiento privado destinado a fomentar prácticas artísticas que las instituciones públicas no atendían. La figura clave detrás de la continuidad de Kiosko hasta el día de hoy, es la artista y gestora Raquel Schwartz, directora y propietaria. En la celebración de este nuevo aniversario, Schwartz recordó a los socios con quienes inició este proyecto y destacó el trabajo de su equipo como los pilares fundamentales que han permitido mantenerlo a flote.

Además de conversar con Raquel, recogimos breves testimonios de dos personas que han trabajado en Kiosko desde sus inicios: Julio Vargas, encargado del montaje de exposiciones, y Graciela Arnez, administradora general. Para enriquecer nuestra investigación, también consultamos reportajes de los primeros años publicados en la extinta Revista Vamos (25 de marzo de 2010), el Suplemento Brújula de El Deber (11 de junio de 2016), un artículo de Marie France Perrin en la Revista Cosas (2 de enero de 2000), varios catálogos sobre la obra de Schwartz y el blog de arte contemporáneo de Rodrigo Rada (Cimientos).

Imagen de archivo cortesía de Kiosko

El inicio

«La historia comenzó cuando Roberto Unterladstaetter (diseñador), Sergio Antelo (arquitecto) y yo decidimos abrir un estudio de diseño y una productora de arte. Encontramos una casa en alquiler en la calle Monseñor Santiesteban a principios de 2006. Como la casa tenía un garaje, decidimos convertirlo en una galería de arte […]. Respecto a los nombres, optamos por la simplicidad: al estudio de diseño lo llamamos SIMPLE y a la galería KIOSKO». 

Aquel año abrió otro importante emprendimiento que persevera hasta el día de hoy, Manzana 1 Galería de Arte, impulsada por otro trío de notables artistas (Juan Bustillos, Ejti Stih y Valia Carvalho). Algo diferente estaba emergiendo en la escena de la gestión cultural cruceña. En el contexto político-social del país, Bolivia estaba a punto de vivir uno de sus eventos históricos, aún marcado por la crisis política que se remontaba al infame ‘Octubre Negro’ de 2003.

El país demandaba una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución Política del Estado, mientras el sistema político partidario experimentaba una decadencia. Todo esto culminaría con la elección del primer presidente indígena en la historia de Bolivia, lo que llevó a la transformación del país en el Estado Plurinacional de Bolivia.

Simple Estudios abarcó inicialmente toda la operación. En términos de diseño, uno de sus principales productos fue la ya mencionada Revista Vamos. En el número 25, celebrando cuatro años de existencia, Schwartz se refirió de la siguiente manera a su trabajo:

Tenemos dos espacios: Kiosko y sala Simple. Hay una curaduría a partir de lineamientos internos. Tenemos dos exposiciones mensuales. Tenemos otras actividades, como cursos y talleres, también organización de eventos como el Arte Huari y las residencias de artistas.

Schwartz, 2010.

La idea de este emprendimiento era funcionar como una oficina de producción que ofreciera servicios de diseño gráfico y, al mismo tiempo, promoviera la producción de arte contemporáneo mediante actividades, convocatorias y la venta de obras.

Más que nada, yo me iba a preocupar de la productora de arte, y ellos del diseño gráfico como empresa para sustentar la galería. Parte del proyecto era tener una residencia para artistas, y realizar workshops relacionados con arte contemporáneo. Las residencias se materializaron en 2007. En el proceso fuimos contratando gente y en un momento dado llegamos a ser 26 personas en la oficina.

Schwartz, 2024.
Imagen de archivo cortesía de Kiosko

Recuerdo haber visitado aquella oficina en los primeros meses del 2010, cuando empezaba a migrar desde La Paz hacia Santa Cruz. Aquella revista parecía una buena oportunidad para que un escritor publicara sus artículos. La persona encargada me dijo que les interesaba gente que cubriera la movida de la noche cruceña, entre otras cosas. La publicación necesitaba en gran medida de patrocinadores publicitarios para sostenerse. No sabíamos en aquella época la dimensión que iba a tomar internet en nuestras vidas, con las publicaciones digitales y el impacto de los teléfonos inteligentes.

No había conocido tampoco en aquella época a Julio Vargas, el responsable del montaje en la galería, hombre ingenioso y ocupado siempre, que se inició trabajando en el taller de Raquel Schwartz. Así recuerda Julio los inicios:

A Raquel la conocía desde 1994; empecé a trabajar con ella en su taller de cerámica, junto a Vivian Salinas, Carolina Sanjinés y otros artistas que pasaron por ahí. Después vino lo de Simple Estudios. Estábamos en una casa con garaje, y en el garaje poco a poco fuimos armando las exposiciones de Kiosko. La primera exposición fue de Roberto Valcárcel. Con eso se abrió las puertas al público en mayo del 2006. Y pasó por ahí mucha gente linda que trabajó con nosotros.

Vargas, 2024.

La administradora Graciela Arnez también recuerda los primeros días que la llevaron a encariñarse con la institución y el significado de hacer crecer algo en equipo:

Yo había trabajado en otra galería antes, y me hablaron un 15 de febrero para trabajar en Simple Estudios y Kiosko, justo en la fecha de mi cumpleaños. Acepté porque me gusta este tipo de trabajo. El segundo día junto a los socios fuimos a la casa que habían alquilado y estaba completamente vacía. Entraron junto conmigo Julio Vargas y también Marcela Rivera como diseñadora. Y ahí eran nuestras primeras reuniones, en el piso. Poco a poco fue tomando forma. De ahí viene el apego que tengo, porque comencé con ellos desde cero.

Arnez, 2024.

Desde 2007, cuando comenzaron las residencias de Kiosko, más de un centenar de artistas nacionales e internacionales han pasado por sus instalaciones. La institución garantiza una estadía de dos meses en una habitación personal con todos los servicios básicos, y organiza una exposición para mostrar los resultados de su proceso, convirtiéndose en uno de los principales highlights de Kiosko.

Imagen de archivo cortesía de Kiosko

Adaptarse a los cambios

Al remontarse en el tiempo, los tres entrevistados coincidieron en valorar la calidad de las personas que pasaron por la institución, como José Luis Exeni, Brenda Bazán, Matías Mendoza y Bernardo Rocabado, entre otros. Desde Simple Estudios también se diseñaba la Revista ‘Celeste’ de Blooming, así como postales, y se alentó a músicos a tocar sus propias canciones con el proyecto “Sonidos de acá”, retomado después por el Espacio Patiño de Santa Cruz.

No obstante, el país estaba cambiando y la dialéctica entre lo analógico y lo digital seguía generando fricciones que desafiaban a las publicaciones impresas del mundo periodístico a reinventarse. Los vientos cambiaron de orientación, y Kiosko tuvo que moverse de ambiente cuando los dueños de la casa alquilada decidieron demolerla, según recuerda Raquel Schwartz. No fue solo un traslado, sino una reconfiguración.

Al cambiarnos de lugar tuvimos que cerrar la plataforma Simple Estudios por cuestiones económicas. También sucedió que Sergio Antelo se casó y Roberto Unter conoció a su pareja con la que se fueron a vivir fuera del país. Al cerrar la SRL, iniciamos el trámite para abrir una Fundación bajo la cual continúe operando Kiosko Galería. A partir de ahí ya fue un emprendimiento más personal de mi parte. Con los años seguimos trabajando e impulsamos un departamento de venta de obras, lo cual ha sido clave para hacer sostenible el proyecto Kiosko.

S., 2024.
Imagen de archivo cortesía de Kiosko
Imagen de archivo cortesía de Kiosko
Imagen de archivo cortesía de Kiosko

A partir del año 2014 comenzaron a operar desde una infraestructura propia, en la calle Arenales en el centro de la ciudad. En este lugar se consolidaría más el deseo que Raquel manifestaba desde un comienzo:

Yo deseaba tener una productora de arte, algo desde donde pudiéramos organizar residencias, workshops, etc. ¿Qué me impulsaba? La necesidad de tener un espacio alternativo donde los artistas pudiéramos expresarnos de una manera más directa, ya que en Santa Cruz teníamos la Casa de la Cultura y el Museo de arte, pero ahí no podías poner ni un clavo, todo estaba marcado por unos lineamientos muy rígidos, había que colgar todo en alambritos. Si bien estaba también la Galería de Hotel Los Tajibos, aun así, faltaba un espacio independiente donde pudiéramos expresarnos haciendo instalaciones y otro tipo de arte.

Schwartz, 2024.

Aquí es donde nos encontramos con una misión clara y definida, que responde a la pregunta de por qué Raquel decidió perseverar y hacer que Kiosko sobreviviera al cierre de Simple Estudios. Hay que tomar en cuenta que ella ya había pasado la década de los 90 trabajando desde su propio taller, siguiendo un camino que la llevó de su primera gran pasión, la cerámica, al mundo de la pintura abstracta, y de ahí a la instalación. A propósito de una de sus principales instalaciones, Bajo el cielo más puro de América, compuesta por piezas de cerámica, carbón y pintura, Valcárcel le dedicó estas palabras en el catálogo de la Fundación BHN de 1997:

Con Raquel Schwartz se inicia en Bolivia una nueva era en el arte de la cerámica, era en la que se conjuncionan los atributos atemporales de esta milenaria técnica con uno de los lenguajes visuales de mayor actualidad: la instalación. De esta manera, atributos como lo manual, el contacto directo con la materia, la disciplina del proceso, el valor de lo inesperado, se tornan contemporáneos, y el lenguaje contemporáneo (la trascendencia de lo material–espacial a lo evocativo poético) se vuelve, en un sentido histórico, atemporal.

Valcárcel, 1997.
Raquel Schwartz, Bajo el cielo más puro de América, instalación. Galería de Arte Fundación BHN, 1997. Foto cortesía de la artista

Una historia de espacios

La Galería de Arte de la Fundación BHN (La Paz) fue un espacio valioso en la década de los 90 para la promoción de lenguajes experimentales. La historia del arte es también la historia de los espacios de arte, de cómo estos contenedores influyen en la significación del contenido. Santa Cruz no es una excepción.

En esta cronología, Kiosko Galería juega un papel central en el diagrama de arte en Bolivia. En la ciudad de La Paz, sede de gobierno, existían instituciones como el Museo Nacional de Arte, la Galería Emusa, el Goethe Institut y varias embajadas europeas que promovían la expresión de nuevos lenguajes y modos de exhibición de las artes visuales. Experiencias importantes se estaban desarrollando allí en la primera década del siglo XXI, como el taller internacional de arte contemporáneo El Quinto Pasajero (2007).

En Cochabamba, en 2002, tuvo lugar el primer concurso nacional de arte específicamente contemporáneo, el CONART, que abrió paso a la creación del Martadero, otro espacio de arte. De modo que Santa Cruz necesitaba crear sus propios trampolines para desarrollar una escena más allá del arte mayormente tradicional, figurativo y costumbrista que se producía, y que casi siempre se exponía en salones de pintura.

Marcelo Callaú y su introducción de la escultura contemporánea, Lorgio Vaca y sus murales públicos en relieve cerámico, y la ceramista Olga Ribera con su trabajo minucioso junto a las artesanas de Cotoca, representaban algunas de las raras excepciones al estatus quo.

Sin embargo, en Santa Cruz había una línea discontinua de arte experimental que se iba abriendo paso. Raquel Schwartz estuvo involucrada en casi todas las experiencias significativas desde los años 90 hasta mediados de los 2000, las cuales le abrieron camino al arte consciente de su propia práctica, dispuesto a cuestionar los cánones y discutir las reglas del arte clásico.

Destaca aquí la plataforma ARTE-FACTO (1996-2000), que se llevó a cabo en el Museo Regional de Historia. La primera edición fue impulsada por cinco artistas, incluyendo a Schwartz: Roberto Valcárcel, Ejti Stih, Guido Bravo y Sol Mateo. En aquel entonces, el museo más parecía una casona abandonada, donde los artistas se distribuyeron por los patios y las habitaciones desocupadas para intervenirlas de manera efímera. Fue una oportunidad única para crear sin fines comerciales ni afán, una oportunidad de modificar la experiencia del arte para los espectadores en la ciudad.

En el prólogo de la 1ra edición de Aquí y ahora conversaciones con artistas cruceños, la autora Eva Sofía Sánchez escribió su testimonio:

Una tarde de 1996, junto a un par de amigos, ingresé al Museo de Historia y Archivo Regional de la Universidad Gabriel René Moreno. Habíamos leído acerca de una exposición, así que fuimos. No podría describir con exactitud lo que presenciamos, pero recuerdo la emoción. Vi ataúdes fosforescentes, habitaciones repletas de arena, hamacas gigantes y multicolores, espacios ilusorios. Se trató de Artefacto. […]. Ese nuevo arte me hablaba y me representaba.

Sánchez, 2020.

También cabe mencionar la organización de los Talleres Kilómetro Cero (2001 y 2005), que Schwartz produjo junto a la curadora Cecilia Bayá, otra impulsora incansable del arte desde el ámbito privado. Siempre amiga de la exploración de técnicas y la experimentación con espacios no tradicionales, Raquel fue forjando paralelamente su visión como gestora. Ahí, creemos, radica el germen del cual nació Kiosko, de ese caudal de experiencias desde los años 90 hasta 2005.

Probablemente, la visión de tener un espacio permanente que brindara posibilidades similares a las de la plataforma temporal ARTE-FACTO fue un detonador decisivo. En nuestro arte no se hacen escuelas ni se avanza en grupo, pero existen trayectorias individuales que se favorecen del roce, del contacto con los pares, en espacios donde se han creado las condiciones para experimentar e interactuar.

«Putos Modernos», muestra realizada en el marco de la Bienal del Cartel Bolivia BICeBé. Cortesía: Kiosko Galería
Placeres Mundanos, exposición individual de Cuyo Hijo Será. Cortesía: Kiosko Galería
Vista de la exposición "Cidios", de Juan Fabbri, en Kiosko Galería, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 2018. Cortesía: Kiosko
Vista de la exposición «Cidios», de Juan Fabbri, en Kiosko Galería, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 2018. Cortesía: Kiosko
"Prueba de Supervivencia", exposición de Andrés Felipe Castaño (Colombia) y Hernán Paganini (Argentina). Cortesía: Kiosko Galería
«Prueba de Supervivencia», exposición de Andrés Felipe Castaño (Colombia) y Hernán Paganini (Argentina). Cortesía: Kiosko Galería

Con los años, Kiosko se ha convertido en una parada imprescindible, un lugar donde cualquiera que ama el arte contemporáneo se siente en casa. No es tan sencillo amar este arte disruptivo, amigado con la precariedad y lo pasajero, polisémico y rebelde, e interpelador hasta la náusea en ocasiones. La ambivalencia de este arte se refleja bien en estas palabras del escritor francés Michael Houellebecq en su libro Intervenciones:

Esa atmósfera de descomposición, de fracaso triste que acompaña al arte contemporáneo, acaba por hacerle a uno un nudo en la garganta; y se echa de menos a Joseph Beuys con sus propuestas llenas de generosidad. Aun así, el testimonio sobre nuestra época que implican cosas como ésta es de una precisión que le deja a uno impresionado.

Houellebecq, 2009.

El tiempo y la vida enseñan que no es el arte en sí lo que uno ama, sino lo que el arte permite conectar: los modos de vida que inventa y las personas que atrae hacia un camino compartido. Los hombres y mujeres pasan por cargos o puestos de poder de manera ocasional, pero lo que quedan son las instituciones, y más aún, lo que persevera son los proyectos serios, tal como los árboles frondosos que alientan la amplia circulación de oxígeno y embellecen el planeta.

Por ello, más allá de las exposiciones con artistas locales, nacionales e internacionales, de las residencias artísticas y talleres, las otras dos grandes atracciones de Kiosko son su biblioteca –una de las más completas de la ciudad en cuanto a producción e historia de arte– y el gran árbol del fondo, el Toborochi, que se yergue solitario como un gigante oculto en el patio de atrás, donde ha creado su propia atmósfera.

Equipo Kiosko.Imagen de archivo cortesía Kiosko Galería
Raquel Schwartz en la celebración de los 18 años de Kiosko. Imagen de archivo cortesía Kiosko Galería

Epílogo

No habría algo parecido a una escena de arte contemporáneo en Santa Cruz de no ser por la presencia de Kiosko, así de claro. Para un filósofo y gestor cultural que se enamoró de lo que el arte contemporáneo traía consigo en una Bienal SIART (2009) en La Paz, encontrarse con la continuidad de esta galería en Santa Cruz ha sido una salvación, un faro de complicidad.

Este espacio ha facilitado una serie de conversaciones interesantes con el curador y artista Rodrigo Rada, quien también se encarga de la edición de publicaciones en Kiosko. La amistad con Raquel Schwartz, a nuestro parecer, representa una continuidad de presencia y autoridad artística en la escena, especialmente después de la pérdida de dos referentes tan importantes como Roberto Valcárcel y Gastón Ugalde en los últimos tres años.

En el cierre, le preguntamos a Raquel Schwartz cómo veía los próximos años de Kiosko, hacia dónde iba.

Bueno, viendo hacia el futuro, Kiosko es una fundación, así que espero sigamos creciendo, y los clientes sigan con nosotros, y si no estoy yo que otros puedan seguir aportando para que exista. Mientras, seguiremos trabajando largas horas, con sueldos apretados muchas veces y con mucho amor, que eso es el equipo. Estaremos abiertos también a que Kiosko vaya cambiando junto con los cambios del contexto, pero buscando que no deje de ser espacio de encuentro y de libertad.

S., 2024.
Imagen de archivo cortesía Kiosko Galería

Jorge Luna Ortuño

Nacido en La Paz –Bolivia (1980), radica hace más de 10 años en Santa Cruz de la Sierra. Es Licenciado en Filosofía por la Universidad Mayor de San Andrés con estudios de especialización en artes y educación. Combina en su trabajo la gestión cultural, la docencia y escritura de artículos en diarios y revistas como vértices de un mismo diagrama, intercalando la lectura filosófica con investigaciones de tipo analítico descriptivo principalmente en artes visuales. Gestiona la plataforma de investigación artística boliviana Ecléctica. Autor de los libros "Pensamiento inalámbrico", Plural Editores, La Paz (2012) y "Lorgio en los anillos. Murales en relieve cerámico realizados por Lorgio Vaca en Santa Cruz de la Sierra", CCP (2019). Recientemente realizó la curaduría de la exposición colectiva "Minúsculas revoluciones de la empatía ecológica" (Fundación Patiño Santa Cruz).

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