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GASTÓN UGALDE, LA HONDA CONTEMPLACIÓN Y EL SENTIDO DE LA OPORTUNIDAD

Un día me desperté y dije: ¿dónde estoy? Me di cuenta que estaba habitando el arte. Esto me pasó hace unos cuatro o cinco años. Habitar el arte es cuando verdaderamente eres un hombre libre, eres un artista. Es una sensación bien linda.

Gastón Ugalde, 2022


La influencia que Bolivia, o las diferentes Bolivias que coexisten, tuvieron en Gastón Ugalde (1944-2023) dieron como resultado el surgimiento de un artista ingenioso y resolutivo. Aunque tenía la opción, al igual que María Luisa Pacheco en los años 50, de emigrar a Nueva York y establecerse allí como artista, prefirió quedarse y crear desde su propio país. Con esta decisión abrió camino a un tipo de arte que no era ni el figurativo ni el abstracto; se trataba del arte contemporáneo, un lenguaje aún un tanto alienígena para ciertos sectores del público hasta el día de hoy.

Ser un artista contemporáneo significaba no temer a la experimentación radical, y así fue como todo comenzó para Ugalde. Él exploraba diversas formas de expresión a través de diferentes medios, técnicas, lenguajes y conceptos, lo que lo llevó a desarrollar un arte verdaderamente experimental.

Gastón Ugalde, Flying weavings II, 2012, impresión fotográfica en papel de algodón, 120 x 180 cm. Cortesía: Ministry of Nomads
Gastón Ugalde, Flying weavings II, 2012, impresión fotográfica en papel de algodón, 120 x 180 cm. Cortesía: Ministry of Nomads

El hippie experimentador

La vida y obra de Gastón Ugalde están profundamente entrelazadas, reflejando su espíritu de experimentación tanto en el arte como en su vida cotidiana. En una larga entrevista que le hicieron en el 2022[1], recordó que había escalado por primera vez el nevado del Illimani a sus 62 años, que vivió en comunas junto a otros hippies en Canadá, y que fue el único boliviano en estar presente en el legendario Festival de Woodstock de 1969 en Nueva York.

El paradigma del ser hippie marcó fuertemente su manera de relacionarse con el mundo. Un amante de la aventura, nada afecto a las convenciones, Ugalde menospreciaba los valores rígidos del sistema y los roles asignados según las clases sociales.

La mayoría de las personas lo ven al hippie de manera menoscabada, pero no. Los hippies son los que han contribuido a lo que somos ahora: el internet, el desarrollo, la comunicación. Son unos pensadores.

Ugalde, 2022

También era un artista energético: se movía con las energías, necesitaba de su terruño para recargarse. Su forma de producir requería respirar el aire de La Paz, la cercanía de las montañas, el contacto con los símbolos locales, las noticias del lugar y de la vida urbana boliviana con todas sus contradicciones entre tradición y modernidad.

Gaston Ugalde, Marcha por la vida, 2001. Registro de performance
Gaston Ugalde, Marcha por la vida, 2001. Instalación

El territorio que más marcó su obra debió ser el Salar de Uyuni. Pero hay que decirlo de entrada: la relación de Ugalde con el Salar no pasaba por la muerte, sino por la búsqueda de una honda contemplación. Es lo que hace una sala de exposición: retardar el tiempo, ampliar las posibilidades de sumergirse en la reflexión, o en la respiración profunda de un meditador.

Así se pasó su vida, casi seis décadas como gestor de arte, obsesionado por la fotografía, dejando la sensación de haberlo entendido: el arte es un medio, no un fin. La manera en que su trabajo reinventó la percepción turística del Salar es una muestra de cómo logró trascender lo artístico. Su amiga personal, la curadora Cecilia Bayá, organizó una exposición de homenaje al artista en octubre del 2023, y en la ocasión dijo: “Gastón era un artista que se alimentaba de las vivencias”.

Artista de vivencias, o vividor del arte, Gastón las tenía íntimamente interconectadas. En el fondo, creemos, lo que buscaba era modos de vivir en libertad, en todo lo posible, y por ello el arte le vino bien en un trayecto que fue de la fotografía al grabado, explorando con diferentes estilos: litografía en piedra, grabado en metal y en madera.

Descubrí la serigrafía, que llegó a ser un instrumento muy especial para mi expresión. La serigrafía me derivó a la pintura. La pintura me brindó solvencia económica.

Ugalde
Gastón Ugalde, Coca-Cola, 2010, collage de hojas de coca, 101,6 x 139,7 cm.
Gastón Ugalde, Coca-Cola, 2010, collage de hojas de coca, 101,6 x 139,7 cm.

Entre todos los artistas bolivianos, Gastón Ugalde se destaca por su habilidad para insertarse exitosamente en el mercado internacional del arte. Es innegable que parte de su trabajo reflejaba un espíritu altamente comercial. Basta con recordar la cantidad de obras por encargo que realizó, incluyendo los retratos de hojas de coca para el expresidente Evo Morales[2].

Sobre esto, su hija Canela Ugalde señala que su padre no perseguía la riqueza personal, sino que buscaba financiar proyectos más ambiciosos en el ámbito del arte. Lo cierto es que ni los credos personales, ni las distintas líneas políticas de los gobiernos de turno le impidieron hacer negocios con el Poder.

Durante largo tiempo hemos vivido con dictadores en Bolivia […] El socialismo está en el poder ahora. Y es gracioso, porque el socialismo no cree en el arte.

Ugalde, 2018 [3]

Cabe tener presente que Ugalde ya producía arte cuando el país vivía en dictadura. Vivió con entusiasmo la transición a la democracia en los 80, y después del cambio de milenio aseguró que empezaría recién su obra mayor. En definitiva, un artista atravesado por rupturas, con distintas versiones a lo largo de seis décadas de trabajo, siendo quizá el afán por la aventura uno de los ejes centrales de su búsqueda.

¿Que buscaba? Nada. La aventura nomás. Soy muy aventurero. En las caminatas que he tenido, cuando descubrí las cascadas, por ejemplo, no las buscaba: se me aparecieron de repente. Frente a esa maravilla tienes que quedarte a vivir un par de días, porque eres un hombre libre, no viajas con itinerarios… eso es lo lindo de ser hippie también, eres libre, el hippie siempre ha buscado la libertad…

Ugalde, 2022 [4]

Podrían ser las palabras de cualquier otro artista con perfil hippie, pero más allá de los estereotipos, Ugalde inventó su propio personaje. Era un hippie en su proceso artístico, pero con mentalidad de CEO en la comercialización. Lejos le quedaba la imagen romántica del artista, de aquel incomprendido que vive en la pobreza o sufre hasta morir abandonado. Una de las apreciaciones que repitió en varias entrevistas fue: «Ya no estamos en los tiempos en los que para ser artista hay que sufrir, pintar en un cuarto oscuro o cortarse la oreja”[5], haciendo clara alusión a Van Gogh.

Ugalde tenía otros planes: el arte no era más grande que la vida; él quería ser libre haciendo arte, y además quería destacarse haciéndolo. Así fue como, al retornar de su estadía en Canadá, se encontró con otros artistas bolivianos con grandes aspiraciones que también se repatriaban, como Marcelo Callaú o Roberto Valcárcel, quienes lo influyeron poderosamente. La curadora Cecilia Bayá, que trabajó con todos ellos en envíos nacionales e internacionales de sus obras, comenta:

Gastón pensaba en grande. La magia que tenía era la de tomar las cosas más cotidianas o insignificantes que podría encontrar, y las volvía valiosas usando la cámara o la instalación. Creaba un valor que otros artistas no lograban generar.[6]

Gastón Ugalde, Sin título, 2013, fotografía, 110 x 160 cm.
Gastón Ugalde, Sin título, 2013, fotografía, 110 x 160 cm.

Promotor del arte contemporáneo

Ugalde encontró en Roberto Valcárcel (1951-2021) un compañero de ruta a finales de los años 70. Juntos se especializaron en hacerse “notorios”, por así decirlo. Ante la inexistencia de salas para exhibir arte contemporáneo, había que crearle su entorno a ese arte, y la calle fue su amiga. La legitimidad, sin embargo, la ganaron en la Bienal de São Paulo. Literalmente usaron todos los recursos a disposición para llamar la atención. Sus intervenciones hicieron entender que gran parte del arte contemporáneo recaía en las particularidades de cómo se exhibe.

Probablemente, todo comenzó en 1979, en esa participación como artistas invitados en la 15ava Bienal Internacional de Arte de São Paulo, en Brasil. La investigadora Valeria Paz realizó una entrevista muy esclarecedora a Ugalde y Valcárcel en el año 2017, en el Espacio Patiño de La Paz, en la que dieron a conocer los detalles tras bambalinas de aquella colaboración [7]. Descubrimos que, en gran parte, todo era bastante anecdótico, espontáneo, sin darle muchas vueltas.

Además de Ugalde y Valcárcel, los otros representantes bolivianos en aquella Bienal en Brasil fueron Inés Córdoba, Hugo Lara y Machicano López, de acuerdo con el catálogo. La organización les había pedido con antelación que enviaran fotografías de las obras con las que participarían. Ni Ugalde ni Valcárcel tenían aún las obras.

Fue así como Gastón, de espíritu más descontraído, convenció a Valcárcel de enviar imágenes de algo como si fueran las obras, de modo provisional. Para Valcárcel, que era más serio y rígido en cuanto a seguir las normas, aquello era “grave”, pero finalmente la suprema confianza en el pragmatismo de su amigo Ugalde lo convenció.

Si yo admiro algo de Gastón es que no le importa nada, no hay nada grave, nada serio, así nomás es, y con patada de burro.

Valcárcel, 2017 [8].
Detalle de las obras de Ugalde y Valcárcel, según el Catálogo de la 15ª Bienal de São Paulo (1979).
Detalle de las obras de Ugalde y Valcárcel, según el Catálogo de la 15ª Bienal de São Paulo (1979).

Deseaban presentarse con algo grande, notorio, y evitar repetir lo de siempre. Luego, cuando llegó la Bienal, participaron con otras obras, y pensaron que nadie se dio cuenta. La clave estuvo en cómo participaron:

Otros artistas como Inés Córdoba enviaron sus cuadros a la Bienal, y esos cuadritos los colocaron ahí abajo, al lado de los baños. Porque en la Bienal de ese momento no se esperaba cuadritos y mucho menos de esa índole. Nosotros, Gastón y yo, destacamos notablemente porque fuimos con nuestro propio periódico y teníamos una cantidad de obras grandes, teníamos unos espacios enormes arriba.

Valcárcel, 2017

Valcárcel resaltó el hecho de que la planificación de su participación fue lo más trabajoso, mucho más que la producción de las obras en sí, que en su caso fueron los cuadros de los gritones. Confiando ya en que sabían ofrecer un producto bien logrado, lo que les ocupó mucho más fue el cómo presentarlo.

Esto fue planificado militarmente, rigurosamente. La inspiración artística estaba al 0,3%, y el otro 99,7% era qué presentar de manera que entremos, y uso las palabras de Gastón, con patada de burro. Queríamos mostrar que Bolivia era capaz de sorprender al mundo, y no con la bolivianidad y el Altiplano y los mineros y los reprimidos. El modo de hacer arte tenía que ser con patada de burro. (Valcárcel, 2017).

Gastón Ugalde, ARUSKIPT’ASIPXAÑANAKASAKIPUNIRAKISPAWA, 1992-2018⠀⠀⠀⠀

¿Cómo lograr la mayor notoriedad? Pregunta que todo artista contemporáneo se hará antes o después. Ugalde es en Bolivia quien más lejos llevó las respuestas a esa pregunta. Ya no era sólo una cuestión de talento, sino de oportunidad, de relaciones, de saber gestionar los recursos materiales para trabajar en formatos grandes y tener la capacidad operativa de trasladar al exterior esas obras.

A partir de estas experiencias, ambos ganaron fama de ser muy hábiles y pragmáticos. Ugalde devino un notable productor de arte, y continuó esa práctica el resto de su vida, a diferencia de Valcárcel que se volvió más un formador. Mientras Valcárcel se especializó como pedagogo del arte y la creatividad en Santa Cruz, Ugalde perseveró desde La Paz como productor de situaciones de arte en formatos grandes.

Uno de los trabajos donde Ugalde hace uso de las grandes escalas es el que realizó el 2017 en la Feria del Libro, dentro del Campo Ferial “Chukiago Marka” de La Paz. Retomando un enunciado de Jesús Urzagasti, hizo de la palabra aymara Aruskipt’asipxañanakasakipunirakispawa una instalación de letras de 175 x 20 x 10 metros.

El significado en español, “tenemos que comunicarnos”, ayudó para que el auspiciador fuera la Fundación VIVA. Se publicitó como la palabra más larga del mundo, aunque no lo sea realmente. Pero logró concitar la atención del público y generar una reflexión en torno a una lengua indígena originaria. Y esto aún no era nada; sería en el Salar de Uyuni donde desataría sus proyecciones al infinito.

Gastón Ugalde, Sin título, 2008. Impresión inkjet en papel de algodón, 127 × 177.8 cm. Edición de 3. Cortesía de Salar Galería de Arte
Gastón Ugalde, Sin título, 2008. Impresión inkjet en papel de algodón, 127 × 177.8 cm. Edición de 3. Cortesía de Salar Galería de Arte

La co-substancialización con el Salar de Uyuni

Era un artista que necesitaba de la vivencia, el contacto con la sal, la tierra, la montaña. Le gustaba atrapar el instante.

Bayá, 2023.

¿Dónde está finalmente el límite a esta posibilidad de lograr siempre algo más grande? Probablemente fue el Salar de Uyuni donde encontró la respuesta: el infinito. El Salar de Uyuni, ¿qué otro lugar para hacer levitar los pensamientos más hondamente? En el fondo, el juego con obras de gran escala era también parte de un artificio para el fin buscado: provocar una contemplación cada vez más honda. Los taoístas lo entenderían perfectamente como el Tao. Ese parecía ser uno de los ejes en las fotografías de texturas de colores flotantes tomadas en el Salar como horizonte. Taoísmo y andinismo propulsándolo en partes.

En términos de locación, debido a su preferencia por trabajar in situ, el desierto de sal en el norte de Potosí se convirtió en uno de los destinos favoritos de Ugalde. Allí, logró maximizar los efectos de los espejismos y las ilusiones ópticas que surgen en la perspectiva y los tamaños.

De manera indirecta, Ugalde promovió la apropiación visual del imaginario del Salar de Uyuni en un modo que las empresas hoteleras y turísticas no habían considerado. Lo hizo aplicando las artes visuales, cámara en mano, usando los recursos de la instalación artística, del land art, el environmental art, o incursionando en otros proyectos de intervención más permanente, como el punto turístico la Escalera al cielo.

“Mi relación con el Salar tiene que ver con la muerte. Estoy muy seguro de que así debe ser la muerte”, decía Ugalde en un breve reportaje, ya en sus últimos años.[9] Pero esta se antoja como la afirmación de un maestro yogui un tanto cursi. Hay que leer con cierta reserva algunas cosas que dicen los artistas.

La comparación entre el Salar y la muerte fue en realidad hecha por el escultor boliviano Ted Carrasco, a quien llevó para conocer aquel desierto blanco. Así lo testimonia el amigo personal de Ugalde, Pablo Cingolani, quien los acompañó en ese viaje:

Ted nunca había visto el Salar, y cuando tuvo ante sus ojos la sal radiante, el sol reverberándola, sólo pudo pronunciar una frase que nunca olvidaremos: Así debe ser la muerte, así de bella.

Cingolani, 2018 [10].
Gastón Ugalde, Sin título, 2019. Impresión inkjet en papel de algodón, 50 × 70 cm. Edición de 3. Cortesía de Salar Galería de Arte, La Paz
Gastón Ugalde, Sin título, 2019. Impresión inkjet en papel de algodón, 50 × 70 cm. Edición de 3. Cortesía de Salar Galería de Arte, La Paz

En concreto, lo que Ugalde hizo con el Salar de Uyuni fue convertirlo en su cubo blanco, o estudio fotográfico al aire libre, una arquitectura hecha de sal y de luz donde entendió que podía crear algo único respecto del arte producido en el exterior. Más relevante que oírlo hablar de metafísica, es escuchar lo que tenía que decir en términos de su investigación artística:

Pensé que tal vez con mi fotografía podía empezar a experimentar y expresarme a mí mismo con la teoría del color. La temperatura en estos desiertos es tan alta que los colores se expresan en una manera muy distinta que en otras partes del planeta. Estoy trabajando mucho con el color y terminé teniendo mucha respuesta.

Ugalde, 2001.

He mencionado en este texto su búsqueda de una contemplación profunda, la cual encontró en armonía con el Salar de una manera más efectiva. Lo más hondo para el ser humano tiene que ver con un efecto de suspensión del tiempo en la percepción. La suspensión del tiempo pareciera referirnos a la atemporalidad. Quizá era este el término más preciso que el artista buscaba transmitir, y que fue hábilmente captado por la curadora Cecilia Bayá en la exposición de honor Gastón Ugalde – Atemporal (Manzana 1, 2018).

Acaso las fotografías de Ugalde con telas flotantes monocromáticas, aparentemente suspendidas en el aire, tenían el objetivo de transmitir ese no-tiempo. No era algo nuevo, como sucede mucho dentro del arte contemporáneo, tan cargado de juegos de ensamblajes, de ejercicios meta referenciales, de resignificaciones de símbolos, descontextualizaciones de objetos, o apropiaciones de obras de otros.

Cabe recordar aquí a uno de los pioneros del arte conceptual, el alemán Hans Haacke (1936) quien, ya en los años 60, produjo este tipo de instalaciones de telas translúcidas azules o blancas, usando efectos de aire para que se mantuvieran flotando en medio del espacio de una sala expositiva.

Gastón Ugalde, Sin título, 2011, fotografía, 110 x 160 cm. Cortesía: Ministry of Nomads
Gastón Ugalde, Sin título, 2011, fotografía, 110 x 160 cm. Cortesía: Ministry of Nomads

Ugalde viajó mucho y conoció el trabajo de diversos artistas. Supo tomar y adaptar, haciendo que eso que llamamos Bolivia juegue como contexto simbólico particular. Llevó su práctica al máximo nivel de producción en la época en que un indígena se convirtió por primera vez en presidente de un país. Fue un contexto ideal para jugar con elementos simbólicos culturales identitarios a nivel local, mezclándolos con su pericia en los lenguajes del arte contemporáneo, que se leen con mucha mayor aceptación en el exterior que en nuestro país Bolivia.

En términos de su búsqueda artística, se fue de esta vida habiendo marcado una época en la historia del arte boliviano. Quedó en manos de sus hijos un enorme archivo de registros de viajes, obras no concluidas y posiblemente apuntes y correspondencias, los cuales, con el tiempo, podrían ayudar a nuevas generaciones de investigadores en la comprensión de su trayectoria y legado artístico.

Por lo pronto, queda un gran archivo de energías en el Salar, donde sobrevuelan remanencias de su singularidad. Allá queda el recuerdo, la silueta borrosa a lo lejos de un hippie con paletó, avanzando despacio con los cabellos alborotados por el viento, hasta difuminarse en ese paisaje infinito que es una memoria.     

Hay mucha energía ahí (a orillas del Thunupa). Te digo, no estaría aquí todavía si no iría al Salar tan a menudo. Porque te cargas. Debe ser por el litio [risas]. De hecho, en la Casa Museo, en el Salar, quiero abrir un Centro de Bienestar, y estamos experimentando ya con baños de litio.

Ugalde, 2022.
Gastón Ugalde, Otro planeta

[1] “Gastón Ugalde artista multidisciplinario”. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=zrE5GPZ6qP4

[2] La investigadora y artista Carla Espinoza analiza este tema en el artículo “Where everything is posible. Arte, coca y cocaína en el siglo XXI”, publicado en el libro “Cerro saqueado. Selva desangrada. Coca profanada”. Ed. Santiago García Navarro, pp.

[3] «A minute with Gastón Ugalde. Ministry of Nomads». Disponible en: https://ministryofnomads.com/video/4-a-minute-with-gaston-ugalde/

[4] “Gastón Ugalde, artista multidisciplinario”. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=zrE5GPZ6qP4

[5] “Nota Ugalde”. Disponible: https://www.youtube.com/watch?v=pJ3tkk54igA&list=PLR9h6Wa6R5W0TLnTTgDEkPUNvHq3bUy84&index=3

[6] Comunicación personal, 27/11/23.

[7] “Reencuentro VALCÁRCEL-UGALDE (1/2)”. Disponible: https://www.youtube.com/watch?v=-bqa5KhnA1M&t=729s   

[8] “Reencuentro VALCÁRCEL-UGALDE (1/2)”. Disponible: https://www.youtube.com/watch?v=-bqa5KhnA1M&t=729s   

[9] “Gastón Ugalde (1944-2023). Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=NsO1vURfk0s

[10] Catálogo de la exposición de honor “Gastón Ugalde-Atemporal” (Manzana 1 – 2018).

Jorge Luna Ortuño

Nacido en La Paz –Bolivia (1980), radica hace más de 10 años en Santa Cruz de la Sierra. Es Licenciado en Filosofía por la Universidad Mayor de San Andrés con estudios de especialización en artes y educación. Combina en su trabajo la gestión cultural, la docencia y escritura de artículos en diarios y revistas como vértices de un mismo diagrama, intercalando la lectura filosófica con investigaciones de tipo analítico descriptivo principalmente en artes visuales. Gestiona la plataforma de investigación artística boliviana Ecléctica. Autor de los libros "Pensamiento inalámbrico", Plural Editores, La Paz (2012) y "Lorgio en los anillos. Murales en relieve cerámico realizados por Lorgio Vaca en Santa Cruz de la Sierra", CCP (2019). Recientemente realizó la curaduría de la exposición colectiva "Minúsculas revoluciones de la empatía ecológica" (Fundación Patiño Santa Cruz).

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