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CONSERVAR ‘UN METRO DEL ECUADOR’, Y MÁS ALLÁ. LA COLECCIÓN GIACONI RAAD

La exposición Un metro del Ecuador, que se presenta en Il Posto hasta el 13 de enero, da cuenta del compromiso de una pareja de coleccionistas con la producción artística más reciente de ese país. Bajo la curaduría de Rodolfo Kronfle Chambers, las quince obras allí reunidas marcan la primera oportunidad para que el público chileno conozca algunas de las derivas históricas que han marcado al Ecuador a través de la práctica de sus artistas.


El momento cero de su colección se remonta a 2004, cuando Andrés Giaconi quedó maravillado con la serie de máscaras de soldar Escape al Paraíso (2004-2013) de Patrick Hamilton, expuesta en el Museo Nacional de Bellas Artes. Entusiasmado, propuso comprar una de las piezas a su esposa, Ana María Raad, quien estuvo de acuerdo, aunque no con la misma que él tenía en mente. Después de múltiples conversaciones sin pactar, la decisión salomónica fue comprar ambas piezas.

Otro fue el caso de Nowhere 5, de Pablo Cardoso, la primera obra de arte ecuatoriano que adquirieron por consenso. Dos décadas más tarde, la pieza se incluye de manera simbólica en la exposición Un metro del Ecuador, que presenta por primera vez al público chileno una selección de arte ecuatoriano de la colección binacional Giaconi Raad, que también abarca obras de arte chileno creadas a partir de la década de 1970.

El historiador del arte, Rodolfo Kronfle Chambers, quien había publicado el libro 101 Arte Contemporáneo Ecuador en el 2021, emergió como el curador más apropiado para la muestra. Kronfle es un experto en arte contemporáneo ecuatoriano y estaba familiarizado con todas las piezas que conforman la Colección Giaconi Raad.

El curador articuló la muestra en torno a dos ejes. El primero se centra en el papel fundamental de las características particulares del territorio ecuatoriano en la construcción de una identidad nacional, así como en la historia del país, una trayectoria marcada por ilusiones desarrollistas y de crecimiento económico que permiten comprender el presente de Ecuador mediante la reflexión sobre sus fracasos.

La segunda parte se enfoca en artistas cuyos intereses trascienden el imaginario local y la identidad nacional para centrarse en el desarrollo de poéticas personales y temas universales, como el medio ambiente, la espiritualidad, la memoria o fenómenos perceptivos.

Manuela Ribadeneira,
One meter of the Equator [Un metro del Ecuador], 2007. PVC, madera contrachapada, 14 x 104 x 4 cm [Ed. 1 de 40’076.000]. Colección Giaconi Raad. Foto: Felipe Ugalde. Cortesía: Il Posto
Manuela Ribadeneira, One meter of the Equator [Un metro del Ecuador], 2007. PVC, madera contrachapada, 14 x 104 x 4 cm [Ed. 1 de 40’076.000]. Colección Giaconi Raad. Foto: Felipe Ugalde. Cortesía: Il Posto

METERSE EN UN LÍO DE 200 METROS

El recorrido comienza frente a una repisa blanca que sostiene Un metro del Ecuador. La obra, compuesta por una franja de PVC al interior de una caja de madera, simula ser un extracto de la línea que divide los hemisferios norte y sur. La obra, de Manuela Ribadeneira, nace al evocar las dificultades que tuvo su abuelo al intentar enviar un telegrama al Ecuador en los años 30. Ante su requerimiento, el encargado de la oficina de correos habría dicho que tal envío no era posible, puesto que el Ecuador no era más que una división imaginaria.

“Es curioso venir de un país cuyo nombre sale de una línea que sabemos ficticia. Piensen ustedes todo lo que eso hace a las nociones identitarias de las personas; somos imaginarios de alguna manera”, expresa la artista.

En su texto curatorial, Kronfle recuerda cómo la línea del Ecuador está posicionada en la conciencia nacional como su rasgo más sobresaliente, y cómo, “de manera inexplicable, aquella línea resulta ser una fuente de orgullo —y un atractivo turístico mayor— a pesar de atravesar otras 13 naciones… que coinciden en su pobreza”.

Un metro del Ecuador se exhibe en cajas como un producto de exportación y su edición limitada corresponde a la extensión de su propia circunferencia (40’076,000 de ejemplares).

Lalimpia (Stéfano Rubira, Fernando Falconí, Óscar Santillán, Ricardo Coello Gilbert, Pilar Estrada), Prolongación, 2007. Instalación (dispensador de gasolina y manguera).
Medidas variables. Colección Giaconi Raad. Foto: Felipe Ugalde. Cortesía: Il Posto
Lalimpia (Stéfano Rubira, Fernando Falconí, Óscar Santillán, Ricardo Coello Gilbert, Pilar Estrada), Prolongación, 2007. Instalación (dispensador de gasolina y manguera). Medidas variables. Colección Giaconi Raad. Foto: Felipe Ugalde. Cortesía: Il Posto

Igualmente poética es la obra más notoria del espacio, Prolongación, del colectivo Lalimpia (compuesto por Oscar Santillán, Ricardo Coello Gilbert, Fernando Falconí, Pilar Estrada y Stéfano Rubira), una larga manguera que sale de un viejo dispensador de gasolina y que, como un sinuoso dibujo, invade la sala central. Con sus 200 metros de longitud obstaculizando sutilmente el recorrido, la manguera representa de manera contundente la desilusión surgida a raíz de la promesa no cumplida de un futuro próspero asociado al llamado «boom petrolero» de los tempranos años 70 en el Ecuador.

Kronfle pensó en un principio que los coleccionistas podrían objetar la idea de que la vista de otras obras se viera obstruida por la maraña de Prolongación, pero al final todo tiene su razón de ser. “Esa manguera era un gran problema, y ha sido un problema histórico, entonces, entrar en este lío se convertía también en una gran metáfora”.

La manguera se interpone entre las obras Medio Camino, de Adrián Balseca, y El Peligroso Viaje de María Rosas Palacios, de Karina Aguilera Skvirsky, dos videos que entablan un diálogo en su documentación de un viaje.

Adrián Balseca, fotogramas de «Medio Camino», 2014. Acción/Video HD, 15’41’’ (loop). Cortesía del artista y Colección Giaconi Raad
Karina Aguilera Skvirsky, El peligroso viaje de María Rosa Palacios, 2016. Video, 30’45’’. Cortesía del artista y Colección Giaconi Raad

Adrián Balseca se desplaza entre la capital de Quito y el Museo Municipal de Arte Moderno con el objetivo de llegar a la XII Bienal de Cuenca. La procesión se realiza en un auto Andino de 1977 ensamblado en el Ecuador, del cual ha retirado el tanque de gasolina y necesita ser empujado. Mediante esta hazaña de proporciones épicas, el artista alude al espíritu colaborativo de la sociedad ecuatoriana, que ha tenido que recurrir a su creatividad para avanzar en un país marcado por una historia de fracasos económicos.

Karina Aguilera Skvirsky, en tanto, emprende un recorrido a pie entre el Valle de Chota y la ciudad de Guayaquil, recreando así el viaje realizado por su tatarabuela, quien llegaría a su destino para trabajar como empleada doméstica. Mediante la representación de este viaje, la artista -nacida en Estados Unidos- busca ahondar en sus raíces afro-andinas, al tiempo que explora los paralelos entre la esclavitud y el trabajo doméstico.

— Haber puesto la obra de Adrián prácticamente enfrentada a la pieza de Karina calza perfecto, en el sentido de que ambas comparten este recurso de seguir el trayecto de un personaje. Lo mismo ocurre en el caso de Medio Camino junto a Prolongación: este carro al que se le ha sacado el tanque de gasolina se vincula perfectamente al dispensador de gasolina, lo que tiene que ver con la complejidad y las implicaciones de la dependencia histórica de Ecuador en la industria petrolera. Es lo que podríamos llamar karma económico, porque es la contracara de ese supuesto desarrollo.

Izq: Roberto Noboa, Gallina, 1995. Óleo sobre lienzo, 200 x 170 cm. Der: Leandro Pesantes, El animal soñado, 2018. Plumas negras de ave, 285 x 225 cm. Colección Giaconi Raad. Foto: Felipe Ugalde. Cortesía: Il Posto
Leandro Pesantes, El animal soñado, 2018. Plumas negras de ave, 285 x 225 cm. Colección Giaconi Raad. Foto: Felipe Ugalde. Cortesía: Il Posto
Leandro Pesantes, El animal soñado (detalle), 2018. Plumas negras de ave, 285 x 225 cm. Colección Giaconi Raad. Foto: Felipe Ugalde. Cortesía: Il Posto

Al centro de la sala y en diagonal, una pintura de Roberto Noboa, una instalación de Leandro Pesantes y dos objetos de Juana Córdova marcan la transición hacia el segundo eje de la muestra, relacionado con vivencias y preocupaciones personales.

Gallina, de Roberto Noboa, es la obra de un artista que perseguía ampliar los gustos estéticos de la sociedad ecuatoriana. Según el curador, “su pintura figurativa, sin afiliaciones políticas evidentes, y sin señas particulares que revelaran su origen nacional, le proporcionó una libertad única que se anclaba en una subjetividad radical”.

En diálogo con Gallina encontramos El Animal Soñado, de Leandro Pesantes, una obra plumaria, negra y abismal, que podemos leer a partir del interés del artista por lo oculto, el esoterismo, la magia, y los rituales ancestrales.

De Juana Córdova, que vive en una casa-observatorio en un peñasco al borde del mar, se exhiben Corriente Blanca II y Pasamontañas, obras realizadas a partir de materiales orgánicos con los que la artista explora la relación entre los humanos y el mundo que los rodea.

Juana Córdova. Izq: Pasamontañas, 2021, semillas de huayruro; Der: Corriente blanca II, 2014, caracoles y madera, 30 x 30 x 15 cm. Colección Giaconi Raad. Foto: Felipe Ugalde. Cortesía: Il Posto

La muestra cierra con una pequeña sección dedicada a Eduardo Solá Franco, que incluye una pintura y dos videos. En la primera, Autorretrato con Desgarre (1950) vemos al artista con una gran herida en el tórax, una suerte de reinterpretación del corazón sangrante de la iconografía cristiana. La piel del lado izquierdo del pecho del artista está siendo desgarrada por un niño que tira de un anzuelo, simbolizando la nostalgia de su infancia.

Al igual que el autorretrato, los videos están profundamente ligados a la vida de Solá Franco, aunque de maneras distintas. El video experimental Encuentros Imposibles es una aproximación pionera hacia el cuerpo masculino en el arte ecuatoriano, realizado bajo un enfoque intimista y subjetivo que hoy contrasta con los videos abiertamente políticos y confrontadores que caracterizan a los movimientos queer y sexodisidentes contemporáneos.

El otro video, que de manera simbólica cierra la exposición, establece un fascinante vínculo entre Ecuador y Chile. La pieza reúne acuarelas de sus Diarios Ilustrados realizadas durante varias estancias del artista en Chile, alternadas con recortes de prensa y documentos significativos de sus álbumes fotográficos. De esta manera, se crea un retrato singular de la vida social y cultural de la alta sociedad chilena entre los años 1938 y 1968.

Eduardo Solá Franco. Izq: Encuentros imposibles, 1959. Película Super 8, 7’ 38”. Der: Autorretrato con desgarre, 1950. Colección Giaconi Raad. Foto: Felipe Ugalde. Cortesía: Il Posto
Eduardo Solá Franco. Izq: Encuentros imposibles, 1959. Película Super 8, 7’ 38”. Der: Autorretrato con desgarre, 1950. Colección Giaconi Raad. Foto: Felipe Ugalde. Cortesía: Il Posto

Rodolfo Kronfle explica que concluir el recorrido con la obra de Eduardo Solá Franco es como una suerte de «provocación curatorial», ya que el artista se sitúa fuera del marco temporal establecido para la exposición. Si bien la mayoría de los artistas presentados pertenecen al período posterior a 1990 y la producción de Solá se da desde la década de 1930, para el curador se trata de un legado que establece profundas conexiones con la noción de “lo contemporáneo” que caracteriza a la producción posterior del Ecuador.

—  Solá Franco vivió su carrera bajo la acusación de no estar a tono con su tiempo, y de ser todo lo contrario, de ser alguien que estaba mirando hacia atrás; pero, justamente, lo que estaba haciendo era algo muy propio de los artistas de ahora, que están permanentemente reactualizando, cuestionando y dialogando con estéticas del pasado. O sea, en cierto modo él estaba haciendo arte contemporáneo antes de su tiempo.

El curador destaca la presencia de prácticas contemporáneas en el arte de Eduardo Solá Franco, como el uso de la diarística, evidenciado en el último video de la muestra. La inclusión de sus diarios no solo resalta esta práctica contemporánea, sino que también crea un vínculo con el público local al referirse a las vivencias de Solá en Chile. Los visitantes pueden reconocerse en lugares, personajes, costumbres y vestimentas propias de su país.

Eduardo Solá Franco. Imágenes seleccionadas de álbums y Diarios Ilustrados del artista, 1938, 1941-1944, 1947 y 1968. Col. Biblioteca Nacional de Francia / Archivo Solá Franco
Eduardo Solá Franco. Imágenes seleccionadas de álbums y Diarios Ilustrados del artista, 1938, 1941-1944, 1947 y 1968. Col. Biblioteca Nacional de Francia / Archivo Solá Franco
Eduardo Solá Franco. Imágenes seleccionadas de álbums y Diarios Ilustrados del artista, 1938, 1941-1944, 1947 y 1968. Col. Biblioteca Nacional de Francia / Archivo Solá Franco
Eduardo Solá Franco. Imágenes seleccionadas de álbums y Diarios Ilustrados del artista, 1938, 1941-1944, 1947 y 1968. Col. Biblioteca Nacional de Francia / Archivo Solá Franco
Eduardo Solá Franco. Imágenes seleccionadas de álbums y Diarios Ilustrados del artista, 1938, 1941-1944, 1947 y 1968. Col. Biblioteca Nacional de Francia / Archivo Solá Franco
Eduardo Solá Franco. Imágenes seleccionadas de álbums y Diarios Ilustrados del artista, 1938, 1941-1944, 1947 y 1968. Col. Biblioteca Nacional de Francia / Archivo Solá Franco
Eduardo Solá Franco. Imágenes seleccionadas de álbums y Diarios Ilustrados del artista, 1938, 1941-1944, 1947 y 1968. Col. Biblioteca Nacional de Francia / Archivo Solá Franco

PRESERVAR EL PRESENTE

Aunque en la familia de Andrés existía cierto interés en el arte, fue cuando se casó con Ana María que su pasión despertó. De hecho, Giaconi trabaja en finanzas, un sector que él mismo considera “muy alejado del arte”. Ana María, quien trabaja en educación, también experimentó un cambio similar. Aunque ya había adquirido algunas obras antes de conocer a Andrés, la idea de comenzar una colección surgió tras el compromiso.

Antes de entrar de lleno en las artes visuales, la pareja se inclinaba hacia otras áreas artísticas, como la escritura en el caso de Ana María y el cine y la música en el caso de Andrés. Valoraban especialmente la dimensión histórica y el carácter crítico y reflexivo de estas disciplinas, por lo que no resulta sorprendente que su interés se ampliara hacia el arte.

“El arte es como una extensión de esa reflexión que cada uno tenía en sus intereses. Era un lugar de llegada natural, no solo desde lo estético, sino que como un espacio para seguir con nuestras búsquedas o reflexiones sociales y culturales”, cuenta Raad.

Óscar Santillán, Así vencimos a la brisa, 2010-2011. Cenizas de un coyote cremado entre láminas de acrílico. Colección Giaconi Raad. Foto: Felipe Ugalde. Cortesía: Il Posto
Óscar Santillán, Así vencimos a la brisa, 2010-2011. Cenizas de un coyote cremado entre láminas de acrílico. Colección Giaconi Raad. Foto: Felipe Ugalde. Cortesía: Il Posto
Óscar Santillán, Alumbramiento (La habitación impasible), 2009-2010 [versión: 2023]. Pintura removida de la pared para revelar el concreto y reorganizada en el suelo. Medidas variables. Colección Giaconi Raad. Foto: Felipe Ugalde. Cortesía: Il Posto

Después de Un metro del Ecuador ya no hay vuelta atrás para los coleccionistas: han abrazado el desafío de participar en la preservación del legado artístico de ambos países. La muestra enIl Postopresenta solo 15 de la sección ecuatoriana de su colección de arte. La mayoría de ellas se encuentra en bodega, listas para ser prestadas o exhibidas en otros espacios.

— Ya no es el tema de colgar o no colgar de un primer momento, sino que transitamos a una segunda fase en la que ya compramos obras que nunca vamos a tener expuestas en la casa. Lo hacemos porque ya estamos asumiendo una suerte de rol más público, enfocado en conservación y en adquirir obras para exhibición externa.

La preservación de obras efímeras o que se materializan in situ a partir de instrucciones también es parte de la gestión de una colección como la de Giaconi y Raad. En la muestra se exhibe Alumbramiento (La habitación impasible) de Óscar Santillán, una pieza que solo existe al ser tallada en una pared, acompañada de los residuos generados por el picado. Al tratarse de una obra procesual, el gesto artístico de Santillán va más allá del acto de tallar para abordar asuntos como la materialidad, la durabilidad y la autoría en la obra de arte. Esta aproximación resuena especialmente en una actualidad marcada por la creación de arte mediante Inteligencia Artificial.

“Hemos pasado de una lógica de coleccionar obras que nos han interesado y gustado, a aquellas que nos parece que hay que resguardar. Por ejemplo, que pasaría con la obra de Lalimpia si nadie la colecciona, si nadie la preserva… porque no hay una institucionalidad que lo haga”, reflexiona Raad.

La pareja ha asumido una responsabilidad con la que el Estado de Ecuador aún no se compromete. Según Rodolfo Kronfle, “el hecho de que una pareja de coleccionistas se haya dedicado, así sea de manera limitada, a escoger ciertas piezas emblemáticas para resguardarlas de manera que puedan ser investigadas, compartidas y exhibidas, es una cuestión que debe ser celebrada con fuegos artificiales. Esto contrasta significativamente con la gestión de las instituciones locales”.

En Ecuador no existe coleccionismo institucional de obras producidas después de 1990. Una de las razones que Kronfle le adjudica al fenómeno es la disolución del área cultural del Banco Central del Ecuador, pues, aunque parte de su colección fue absorbida por instituciones como el MAAC (Museo Antropológico de Arte Contemporáneo) de Guayaquil, este museo no sostiene una política de adquisiciones, lo que impide establecer un coleccionismo sostenido y meditado. Un objetivo que pareciera aún más inalcanzable en un ambiente en el que la venta de arte directa a través de redes sociales ha degradado la formalidad de los procesos de compra.

Pablo Cardoso, Nowhere 5, 2008. Acrílico sobre madera (8 cuadros de 15 x 28 cm y 8 cuadros de 10 x 15 cm c/u). Colección Giaconi Raad. Foto: Felipe Ugalde. Cortesía: Il Posto
Pablo Cardoso, detalle de Nowhere 5, 2008. Acrílico sobre madera (8 cuadros de 15 x 28 cm y 8 cuadros de 10 x 15 cm c/u). Colección Giaconi Raad. Cortesía del artista.
Juan Carlos León, Proyecto 2 para paso a desnivel, 2007. Técnica mixta sobre lienzo, 80 x 100 cm. Colección Giaconi Raad. Foto: Felipe Ugalde. Cortesía: Il Posto

El inventario de la Colección Giaconi Raad está meticulosamente organizado, y esto podría ser bien un reflejo de la naturaleza reflexiva de Andrés, quien ha adquirido obras tras años de consideración. Aunque Ana María se reconoce como más impaciente, ha sabido enfrentar la ansiedad asociada a la espera en las adquisiciones adoptando un modo de coleccionismo más reposado.

—  Siento que no ha sido un coleccionismo ni visceral, ni apresurado. Llevamos 20 años en esto, y tampoco es que tengamos muchas obras, pero todas las que hemos adquirido han sido piezas que se han pensado.

Rodolfo Kronfle destaca la rareza de la naturaleza binacional de la colección, una cualidad asociada a otra particularidad que la distingue: su diversidad.

—  Ana María y Andrés han definido un periodo dentro del cual han optado por hacer algo inteligente: no centrarse solo en una línea, como, por ejemplo, haberse restringido a obras contexto activas, que impliquen revisión de narrativas históricas. Sin embargo, creo que han hecho algo que a mi criterio es mucho más sabio, que hace que la colección sea más rica, más valiosa, más multidimensional. 


Un metro del Ecuador

Adrián Balseca (Quito, 1989), Pablo Cardoso (Cuenca, 1965), Juana Córdova (Cuenca, 1973), Lalimpia (Guayaquil, 2002-2009), Juan Carlos León (Guayaquil, 1984), Roberto Noboa (Guayaquil, 1970), Leandro Pesantes (Guayaquil, 1986), Manuela Ribadeneira (Quito, 1966), Óscar Santillan (Milagro, 1980), Karina Skvirsky – Aguilera (Providence, 1970) y Eduardo Solá Franco (Guayaquil, 1915 – Santiago de Chile, 1996).

Il Posto, Espoz 3150 piso -1 ofic. 080, Vitacura, Santiago de Chile

Curaduría : Rodolfo Kronfle Chambers
Montajista : Joaquín Henríquez y Sergio Parraguez

Victoria Abaroa

Licenciada en Comunicación Social por la Universidad del Desarrollo (UDD - Chile), donde se desempeñó como ayudante de Periodismo Interpretativo. Cuenta con una especialización en Social Marketing de Northwestern University, y ha realizado múltiples cursos sobre comunicaciones en el campo de las artes visuales dictados por Node Center for Curatorial Studies (Berlín). Sus textos han sido publicados en Artishock y en la Revista Ya.

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