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DESDE EL DILATADO TIEMPO DE LAS METAMORFOSIS. ENTREVISTA A LUCÍA PIZZANI

ANTESALA

LGI Querida Lucía, no podía comenzar esta entrevista sin recordar que nos conocemos desde hace tiempo, y que he tenido el gusto de formar parte de tu trabajo artístico en diferentes momentos y desde diversos ángulos y perspectivas: como curadora, como jurado, como crítico de arte y, finalmente, como amiga. Para esta entrevista estuve revisando muchas cosas, me hace gracia porque podría escribir un libro sobre tu obra pues viendo tu desarrollo me doy cuenta de que de algún modo he estado en muchas ocasiones. En este caso, quisiera entonces pensar en este proceso y en nuestra relación de trabajo a lo largo de los años como una metáfora de ese tiempo membrana que ahora nos convoca y que nos invita a observar los dilatados procesos de las metamorfosis, de esa que nombras y de otras en las que nosotras mismas estamos…

Vista de la exposición “Tiempo Membrana”, de Lucía Pizzani, en Casa de Hacienda La Trinidad Parque Cultural, Caracas, 2022. Foto: Julio Osorio

MEMBRANA 1

LGILa primera pregunta se desvía inevitablemente hacia los tiempos del origen. Me gustaría recordar cómo empezó todo; hay una inevitable relación familiar con las artes visuales en tu caso, pero no sé si eso fue relevante en tus primeras aproximaciones a la obra de arte como suceso. Recuerdo en tus inicios una producción que giraba en torno a la inestabilidad del yo y las fracturas del sí mismo dentro del mundo contemporáneo; tus investigaciones te llevaron a usarte como sujeto-objeto de la representación. La fotografía y el video eran entonces los principales materiales de tu trabajo… ¿Qué había allí? ¿Qué te ocupaba en ese momento? ¿Cómo se delinearon esas apuestas visuales por la fragilidad arquitectural de un lugar deshabitado, por la presencia-ausencia de un sujeto transpuesto que se multiplica en halos de luz, por el surgimiento de esos microespacios en esquinas confusas: puertas por abrir, manchas del perímetro, materias por deliberar, vagas aproximaciones y desapariciones constantes?

LP La infancia, yo creo, determina muchas cosas, incluso si estas quedan alojadas en el inconsciente y no se nos hacen evidentes o fáciles de revisar. Las experiencias participativas en los videos de mi madre (Nela Ochoa), y vivir rodeada de las pinturas y el mundo de mi padre (Jorge Pizzani) son pilares de mi educación visual. Vivimos entre Caracas y Paris, y luego un tiempo en Turmero con mis abuelos. Supe de estos contrastes desde temprana edad, del añorar y de ser de otro lugar que el resto de las personas.

Con respecto a tu pregunta sobre los inicios de ese yo fragmentado, un quiebre a nivel personal causado por mi migración a Nueva York disparó esos procesos. Pasé de vivir en un lugar al cual pertenezco y trabajar en pro de su ambiente y naturaleza a vivir en la megalópolis de NY, bastante sola y en un nuevo territorio. Pero fue ese cambio y el tiempo y espacio que allí se abrió lo que me llevó a desarrollar la fotografía de forma más seria, ya que siempre había sido un hobby. Comencé a exponer en NY con bastante rapidez y el sujeto del afuera me fue llevando al yo. De hacer detalles de musgos en los bosques de Turgua cuando visitaba a mi padre, a buscar texturas entre la nieve y las pisadas en el metro de NY, y así fui poco a poco mirando hacia adentro. Comencé a retratarme, aunque siempre hubo un juego en el cual me borraba o desaparecía y solo mostraba fragmentos de miradas, de movimientos o reflejos.

Para el 2007, cuando trabajamos juntas en la muestra Retratos Ausentes, ya tenía un cuerpo de trabajo con estas imágenes y lo mostramos con Carmen Araujo en La Carnicería y Andreína Fuentes con su espacio en Miami. Ese tiempo de nuevo fue de grandes cambios. Me separaba de mi pareja en NY y volví a vivir en Venezuela por un tiempo. Mudaba de ciudad, mudaba de cuerpo y de espacio.

Vista de la exposición “Tiempo Membrana”, de Lucía Pizzani, en Casa de Hacienda La Trinidad Parque Cultural, Caracas, 2022. Foto: Julio Osorio

MEMBRANA 2

LGI Luego viene la mutación hacia otros componentes del proceso artístico, aparecen la cerámica y el performance, profundizando también en el video como ambientación. ¿Qué produjo esa extensión de los elementos? Recuerdo un texto que escribí sobre tu muestra Vessel, donde hablaba de espacios de entrada y salida abordados a través de tres estrategias principales: el cuerpo y su doble en acciones fotográficas que los espejos multiplican hasta el infinito, el cuerpo y la máscara a través de vinilos, pintura y fragmentos que solapan y ocultan los rastros de la identidad; y el cuerpo agredido donde la propia piel se disuelve en la materia arcillosa a través de incisiones, rendijas, heridas y cortes. Me interesa mucho en esta etapa de la membrana, saber cómo sucedió esa expansión de los elementos y también que me hables de cómo entonces —creo yo— aquel cuerpo filosófico del proceso fotográfico comenzó a convertirse en cuerpo político: el tema de la equidad y de la lucha política de la mujer en distintas épocas fue un extenso campo que vino a abrigar tu producción artística con y desde la materia. Cuéntame sobre esa prolífica diversidad de elementos que desde entonces has trabajado: placas fotográficas, gráfica, arcilla, cerámica, ambientaciones, video y muchos tejidos más…

LP Otra migración trajo nuevas oportunidades. Me fui a vivir a Londres, donde realicé mi Maestría en Bellas Artes en el Chelsea College of Arts. El departamento de cerámica enseguida me atrajo. Desde pequeña había disfrutado con la arcilla junto a mi amiga Mariana Monteagudo en el taller de Maruja y Reina Herrera. Ahora en Londres regresaba a la arcilla como una forma de buscar esa tridimensionalidad que siempre había estado presente en mi fotografía. Las primeras esculturas tenían tonos de piel y la materia se abría y fragmentaba mostrando unas especies de heridas o cortes.

Entre ensayo y error durante mi maestría llegué a estructurar el tema y título de mi tesis. Se llamó Vessel, que significa navío y también vaso o contenedor. Este concepto hace referencia a la impermanencia del ser y al cuerpo como envase o nave. Hace poco en una conferencia escuché que uno tiene un solo proyecto en la vida, aunque muta y varía, uno siempre vuelve a ese tema central, y creo que estas ideas definitivamente siguen conmigo y en mi obra. 

Desde que terminé mis estudios en Londres todos los proyectos que he desarrollado han sido construidos en base a la investigación. Temas de género en momentos históricos claves, como por ejemplo la lucha por el voto de las sufragistas en Reino Unido, pero también una revisión de culturas ancestrales mesoamericanas e incluso viajes hasta la prehistoria. Esto lo desarrollé en particular cuando visité las cuevas de Lascaux en Francia como parte de la residencia que hice en LaunchPad Lab en la Charente en el 2020.

Hace poco escribí esto como parte de mi artist statement: “Los viajes y ese sentido de estar fuera de lugar han sido parte de mi vida desde muy temprana edad (…) En los últimos años, desde mi estudio en Londres combino materiales e historias de diferentes territorios tratando de reconciliar esas distancias. Mi producción e investigación es a menudo híbrida, sincrética y sin una temporalidad definida, lo que les permite a las obras tener una multiplicidad de lecturas”.

Al basar la obra en investigación, la producción no se limita a un solo medio, sino que utilizo el medio que se adecue mejor a esa indagación conceptual. Esto, sin quitarle la importancia que tiene el dedicarse a aprender y profundizar en lo específico de cada metier. Con respecto a la cerámica, tengo 15 años trabajando en ese medio, sólo el tiempo te va llevando por nuevos caminos. En mi caso el proceso se ha dirigido en los últimos años hacia una preocupación mayor por la materia como tal, sin esmaltes, como posibilidad para admirar los pigmentos naturales de cada territorio. He ido desnudando las piezas y llenándolas de texturas de plantas y vegetales. El maíz, por ejemplo, debido a su valor simbólico y real para las Américas, ahora marca muchas de mis esculturas. Estas obras son en sí una mezcla de dos territorios, ya que uso barro inglés y lo texturizo con maíz de México, un país que adoro. He estado pasando temporadas en México en los últimos cuatro años. Primero fui invitada a exponer en Zona Maco en los Solo Projects en 2018, luego en 2019 hice una residencia en la Fundación Marso de dónde salió la muestra Coraza, presentada allá y en Londres, en Cecilia Brunson Projects, y luego el año pasado fui invitada a hacer la residencia en Casa Wabi en la costa de Oaxaca.  

Vista de la exposición “Tiempo Membrana”, de Lucía Pizzani, en Casa de Hacienda La Trinidad Parque Cultural, Caracas, 2022. Foto: Julio Osorio

MEMBRANA 3

LGI La tercera pregunta parte entonces de allí y viene ya hacia el campo actual, pensando en tu obra en estos momentos. Aquí hay dos cosas que desde mi punto de vista se mezclan. Una, es tu vida como migrante, la cual ya nombraste, pero me parece crucial porque tienes muchos años fuera del país y además es una especie de vida migratoria compuesta de diversas transiciones… ¿Cómo repercute eso en tu trabajo, en tu reflexión como artista y en tu nacionalidad distendida a múltiples territorios?

En segundo lugar, no sé si tiene que ver con la pregunta anterior —como puedes ver las preguntas han sido elaboradas tipo membrana pues en cada una se tejen varias inquietudes— , quiero decir, en tu trabajo actual ha empezado a despuntar un tema o una preocupación global por las relaciones entre cuerpo, sociedad, poder y naturaleza. En medio de pandemias y caos, de conflictos bélicos, totalitarismos y cegueras generalizadas, y por entre el conjunto de esas convulsas dicotomías que afectan sobremanera el desarrollo de nuestro cuerpo cívico, privado y social, pareciera que esa fusión del ser con la naturaleza, que ese respeto o devoción por lo que no hemos respetado desde las sociedades industriales, aflora ahora en tu desarrollo creador de una manera contundente y, parece que en estos tiempos membrana, es una vuelta al origen. ¿Podríamos pensar que has regresado, luego de muchas migraciones, a aquellos estudios de biología, a las ONG ambientales de las que partiste para convertirte en artista? ¿Será mi querida Lucía que te has vuelto una con ese todo original del que una vez saliste a explorar otras cartografías? Y si es así… ¿Cuál es el ciclo que has cumplido? 

LP La idea de los ciclos ha estado muy presente en mi obra. He hecho referencia a la imagen del Ouroboros, esa culebra que se muerde la cola, en varias ocasiones. Las metáforas de transformación y renovación las he explorado a través de los capullos y la mariposa en El Adorador de la Imagen, presentada en la Sala Mendoza como resultado de haber recibido el XI Premio Mendoza, y en simultáneo con Mariposario en Oficina#1, ambas en Caracas en 2014.

Las cerámicas con sus múltiples capas de esmaltes casi en estado de ebullición fueron llevadas a una escala humana a través de los capullos textiles que hice para el video Las Cáscaras y las placas de colodión húmedo, que fueron adquiridas el año pasado por TATE, y están también en la colección del Archivo de Fotografía Urbana, e incluidas en esta muestra. Los capullos estaban habitados por mujeres, quienes intentaban salir de esa piel. Esta idea recurrente de una segunda piel la he manifestado a través de varios medios y estrategias.

Una de mis obras más recientes, como tú bien dices, vuelve al origen, a mi país y a la naturaleza y responde a las crisis ambientales que estamos viviendo a nivel planetario. Se trata de la instalación Acorazada, presentada en la exposición PlanetB: Climate Change and the New Sublime, curada por Nicolas Bourriaud, que abrió hace un par de meses en simultáneo con la 59° Bienal de Venecia en el Palazzo Bolanni. 

El punto de partida de esta obra fueron los collages que hice durante el confinamiento por el Covid. Encerrada en mi taller me vi rodeada de libros y revistas que venía coleccionando con imágenes de cortezas de animales y al mismo tiempo de paisajes de parques nacionales venezolanos. 

Aquí estos caparazones y pieles me sirven de armadura de protección, pero es una protección dentro y como parte de la naturaleza. Al usar el pangolín, quien fuera encontrado como la especie donde el Covid mutó y luego se trasmitió a los humanos, intenté más bien hacer ver que la naturaleza no es la fuente de la enfermedad sino una protección contra ella. Al deforestar, eliminamos la barrera que impide que muchos virus lleguen a nosotros y al traficar con estos animales empeoramos aún más la situación.

Otro grupo de obras importante, de las cuales hemos incluido varias en Tiempo Membrana, son las que hice durante mi residencia en Casa Wabi. El proyecto que desarrollé allá, titulado Seres Vegetales, consistió en una instalación de esculturas de terracota texturizadas con plantas locales de interés medicinal y/o alimenticio que quedó montada de forma permanente en el Jardín Botánico de Puerto Escondido. También desarrollé una serie de fotografías con las mismas especies donde estas se vuelven parte de mi cuerpo, el brazo se vuelve árbol y los dedos son una mezcla de corteza y piel. 

Al descubrir que Oaxaca significaba Tierra de Guajes en náhuatl, debido a la variedad de estas vainas cargadas de semillas de árboles increíbles, decidí incorporarlas de diversas formas al proyecto. Las esculturas del botánico están hechas cada una con una especie y ahora son parte de recorridos educativos para los visitantes. Para los talleres de barro en Casa Wabi hice una serie de sellos con dichas plantas, para que las escuelas que visitan los usen creando máscaras y objetos utilitarios. 

Finalmente, también use los guajes en una serie de impresiones solares hechas el día del solsticio de verano, como un homenaje a la estrella que hace posible la vida en la Tierra. Usando tintas fotosensibles sobre papel y pintando con ella y con las sombras dejadas por las plantas, realicé figuras antropomórficas y otras más abstractas. En esta exposición las llevé a tela de muselina para que floten en los espacios de Casa de Hacienda y se transformen nuevamente en otra piel, en otra membrana.

Todos estos intentos de volverme uno con lo que nos rodea a través del barro que es la tierra misma, las plantas y sus cortezas, los animales y sus corazas no dejan de cuestionar la materialidad. Quizás es la pregunta sin respuesta sobre nuestra propia corporalidad: ¿de qué estamos hechos? ¿cómo viajamos en este envoltorio a través del tiempo? Quizás somos una existencia dentro de una membrana…                                           

Vista de la exposición “Tiempo Membrana”, de Lucía Pizzani, en Casa de Hacienda La Trinidad Parque Cultural, Caracas, 2022. Foto: Julio Osorio

ANTESALA 2

LGI La conversación se cierra, pero marcando el inicio de nuevas resonancias: las de la obra de arte en sus muchas posibilidades, las de la vida de una artista que migra constantemente y las de una curadora que persiste en un territorio discontinuo y voluble. Sobre la mudanza de todas las cosas, algo permanece. El vínculo se abre paso entre los ecos, bifurcaciones de una materia que se agita, armando y desestructurando la consolidación de un lenguaje. Desde allí la mirada se refracta, desciende hacia la obra y vuelve hasta nosotras, todo intenta fijarse y desprenderse, mutar, desde el dilatado ciclo cuya unidad está cabalmente aferrada a los fragmentos de aquello que nunca dejará de transformarse.


TIEMPO MEMBRANA. Revisión de la obra de Lucía Pizzani (2008-2022)

Curaduría de Lorena González Inneco

Casa de Hacienda La Trinidad Parque Cultural, Calle Rafael Rangel Sur, Urbanización Sorocaima, La Trinidad, Baruta, Caracas

Del 31 de julio al 2 de octubre de 2022

Con la colaboración de Abra Caracas y el apoyo de Cecilia Brunson Projects, Londres

Lorena González Inneco

Caracas, 1973. Curadora independiente, formada en diversas áreas de investigación como la literatura, las artes plásticas, la fotografía, el teatro y los nexos que en la actualidad estas disciplinas generan entre sí. También es ensayista, dramaturga y docente. Fue curadora de la Colección Banesco y del Archivo de Fotografía Urbana (Caracas). También ha sido curadora y coordinadora de artes visuales del Centro Chacao de Caracas. Entre 2003 y 2009 trabajó como Administradora de la Colección de Arte Mercantil y entre 1999 y 2003 se desempeñó como curadora en la Fundación Museo Alejandro Otero, en Venezuela.

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