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DAGMARA WYSKIEL SOBRE LA BIENAL SACO 1.0 Y SU PROYECCIÓN HACIA EL ALTIPLANO SUDAMERICANO

Para su décima edición, el Festival de Arte Contemporáneo SACO pasa a convertirse en Bienal y, sin duda, se consolida como el evento artístico más importante del Norte de Chile. Desde el 30 de septiembre y hasta el 15 de diciembre, la Bienal de Arte Contemporáneo SACO1.0 presenta, bajo el título de Aluvión, unas 14 exhibiciones, así como talleres y conversatorios de la mano de 23 artistas provenientes de Chile, Alemania, Argentina, Bélgica, Brasil, Colombia, Costa Rica, España, Estados Unidos, Francia, Polonia, México y Nigeria.

El título de la Bienal se remite al aluvión que en 1991 arrasó con Antofagasta. En el otoño de aquel año, ríos de barro de hasta dos metros de altura terminaron por hundir a la capital del desierto más árido del planeta. A este trágico evento, del que se cumplen 30 años este 2021, responden los artistas convocados a SACO1.0, a través de un nutrido programa que incluye la exhibición tradicionalmente realizada en el Muelle Histórico Melbourne Clark de la ciudad (del 21 de octubre al 15 de diciembre), integrada por las intervenciones site-specific Cuando habla la tierra, de Julio César Palacio (España); Dominium, de Aimée Joaristi (Costa Rica); El día siguiente del aluvión, de Carolina Cherubini (Brasil); Seguridad simulada, de Miguel Sifuentes (México); Media-aguas, de Martina Mella (Chile); Idei Ama Oke Ala (La inundación no tiene fronteras), de Rita Doris Ubah (Nigeria); y TILT, de Marina Liesegang (Brasil).

Destacan, además, las muestras de Óscar Muñoz (Colombia), La línea del destino, en la sala de arte de la Fundación Minera Escondida, Antofagasta; La memoria de las rocas, de Johannes Pfeiffer (Alemania), en el Sitio Cero del Puerto de Antofagasta; y La ventana deviene viento, de Nicolás Consuegra (Colombia), en el Parque Cultural Ruinas de Huanchaca.

Para profundizar en las novedades de esta versión Bienal de SACO y su rol como vitrina para la investigación, creación y distribución artística, la descentralización y democratización del acceso al arte y la cultura desde el norte de Chile, conversamos con su directora, Dagmara Wyskiel.

Idei Ama Oke Ala (La inundación no tiene fronteras) | Rita Doris Ubah (Nigeria). Exhibición Aluvión, Muelle Histórico de Antofagasta. Foto cortesía de SACO
Dominium | Aimée Joaristi (Costa Rica). Exhibición Aluvión, Muelle Histórico de Antofagasta. Foto cortesía de SACO

Alejandra Villasmil: Cuando se celebró la 9° edición de SACO, en plena pandemia, hubo que reformular el festival, y a colación escribiste un texto muy incisivo, el cual nosotros publicamos, en el que sostienes algo así como que la cultura del mall le ganó a la experiencia artística en vivo. Había mucha frustración y enfado en esas líneas de resistencia frente a la adversidad, en una edición que, además, llevaba por título Ahora o Nunca. Ya que las fronteras se han abierto, ¿cómo miras el panorama en el país para la realización de la Bienal SACO 1.0? ¿Aun sorteando desafíos?

Dagmara Wyskiel: Hay un error en pensar que las fronteras ya están abiertas, porque las complejidades siguen siendo no menores y, en algunos casos, incluso son mayores que el año pasado, porque en 2020 se estaba recién diseñando el sistema de entrada de los extranjeros al país, mientras que ahora todas las reglas son extremadamente burocráticas. En Chile, el proceso de la entrada de los artistas es muy complejo, y además tremendamente costoso.

El hecho de obligar a todo el mundo a hacer la cuarentena en Santiago nos absorbió casi la mitad del presupuesto de la Bienal, ya que todos los artistas y curadores que vinieron este año tuvieron que hacerlo obligatoriamente, aunque muchos estaban completamente vacunados y tuvieran el PCR al día. Sabemos que desde el 1° de este mes la situación se va a facilitar, pero nosotros a esta fecha ya vamos a tener el 80% de los ingresos realizados. Esta decisión viene totalmente tarde y significa millones pagados a la hotelería autorizada para realizar la residencia sanitaria.

Resumiendo, no ha mejorado la situación, para nosotros incluso ha empeorado. Algunos artistas de SACO9 pudieron realizar el año pasado su residencia en Antofagasta, pues el tema reglamentario era más flexible. Organizar la Bienal es en ese sentido aún más complejo que la novena versión del festival en 2020.

Nosotros fuimos precursores abriendo caminos para que los representantes de otros países pudiesen ingresar, argumentando que la cultura es prioridad, cosa que escuchamos frecuentemente en discursos gubernamentales, pero, sin embargo, cuando llega el momento de solicitar el trato prioritario, se nos cuestiona o ignora. Estamos especialmente orgullosos, porque el público de Antofagasta tiene la posibilidad de ver las obras site-specific y tener contacto directo con los artistas a través de charlas, talleres o conferencias. Sin embargo, quisiera subrayar que, para variar, la cultura no lo tuvo fácil y tuvimos que estar todo el tiempo convenciendo a miles de personas que es seguro de un lado, y absolutamente necesario de otro. Esperamos que otros proyectos internacionales en Chile que vendrán más adelante tengan el camino un poquito más fácil.

TILT | Marina Liesegang (Brasil). Exhibición Aluvión, Muelle Histórico de Antofagasta. Foto cortesía de SACO
TILT | Marina Liesegang (Brasil). Exhibición Aluvión, Muelle Histórico de Antofagasta. Foto cortesía de SACO

AV: Cuéntanos respecto al formato Bienal. SACO viene a ser una de las dos bienales artísticas de Chile, junto con la de Artes Mediales de Santiago. ¿Qué llevó a la organización a realizar este evento internacional en formato bienal y cómo se articulará en relación con el camino ya andado en estos diez últimos años?

DW: Debo primero recordar que la construcción de SACO está basada en tres pilares: museo sin museo, que es la parte expositiva; escuela sin escuela, que son todos los acontecimientos de índole de traspaso de conocimientos; y el contexto y territorio, donde se realizan diferentes tipos de residencias. Durante el festival, los tres carriles corrían al mismo tiempo, a veces solapándose, a veces apoyándose, lo que tenía su plus porque los artistas que llegaban a hacer su residencia ofrecían a la comunidad una instancia pedagógica. No obstante, como el final o el punto de culminación de la experiencia del múltiple diálogo del artista con el contexto, era y lo es, la obra, a veces los dos restantes, sea el proyecto de conexión con la comunidad, el territorio y la ciencia, o el elemento educativo, necesariamente tenían que reducirse para asegurar un espacio de tiempo y atención para el óptimo proceso de producción.

En búsqueda del equilibrio entre los tres pilares, los que deben funcionar sin subordinación, necesitábamos entregar más tiempo a las residencias. Hay cada vez más movimiento en áreas de geología, astronomía, microbiología, arqueología, como también en temáticas conectadas con la sociedad contemporánea, la inmigración, los arquetipos masculinos mineros, el renacimiento de la cultura changa, entre varios otros. Hay ciertos perfiles de residencias que por su complejidad investigativa deberían durar tres meses o más.

Por otro lado, el pilar educativo ha atraído un tremendo interés de parte de la comunidad. Estamos prontos a enfrentar tres grandes desafíos en este ámbito: Paseo interestelar, mediación presencial que aborda el concepto de cosmovisión como acto creativo primigenio de cada cultura; Bienal en el maletero, itinerancia de exposiciones en realidad virtual por los pueblos del desierto y la costa del desierto de Atacama; y el primer diplomado no formal de curaduría en el contexto latinoamericano, Microcuradurías, curadurías desde la marginalidad, para la zona del Altiplano, que es un programa de formación no formal para todos los líderes del campo que quieren convertirse en curadores, no de una manera académica elitista, impuesta por las metrópolis de Latinoamérica, sino pensando en rearticular la figura del curador para que este pueda por fin surgir desde el no-lugar.

Entonces, durante el primer año, que siempre será par, proponemos a los artistas y curadores dedicarse a programas de investigación. El territorio con el cual nos identificamos es el del Altiplano. Es donde quisiéramos provocar una activación, porque además de ser una zona muy coherente en el contexto identitario, es un terreno absolutamente invisibilizado en el mundo cultural contemporáneo. Estoy hablando del norte de Chile, noreste argentino, Perú y Bolivia.

El día siguiente del aluvión | Carolina Cherubini (Brasil). Exhibición Aluvión, Muelle Histórico de Antofagasta. Foto cortesía de SACO
Media-aguas | Martina Mella (Chile). Exhibición Aluvión, Muelle Histórico de Antofagasta. Foto cortesía de SACO
Seguridad simulada | Miguel Sifuentes (México). Exhibición Aluvión, Muelle Histórico de Antofagasta. Foto cortesía de SACO

AV: Destaca en la Bienal su despliegue de manera paralela en tres espacios abiertos emblemáticos de Antofagasta: el Muelle Histórico Melbourne Clark, en plena ciudad; Sitio Cero del Puerto de Antofagasta, que tiene un área cercana a los 5 mil metros cuadrados; y el Parque Cultural Ruinas de Huanchaca, el vestigio de una antigua fundición de plata, hoy monumento nacional. En los tres ya han estado presentes, en distintas ediciones, pero esta es la primera vez que SACO ocupará los tres al mismo tiempo, además de otros espacios abiertos e interiores del circuito expositivo de la Bienal…

DW: Ya hemos hablado sobre las razones relacionadas al crecimiento de los tres pilares (museo sin museo, escuela sin escuela y residencias) y la necesidad de darle el espacio que se merece cada uno. Paralelamente a eso, museo sin museo, es decir, la parte expositiva de la Bienal, también crece. La obra es la columna vertebral. La investigación, educación y teoría no tienen sentido si no existe el arte mismo.

En el Parque Cultural Ruinas de Huanchaca hemos realizado las versiones 2º, 3º y 4º de SACO, después estuvimos en el Muelle Histórico Melbourne Clark, y el año pasado en el Puerto de Antofagasta. Con la Bienal, estamos en estos tres gigantescos e impactantes espacios de manera paralela. Dos de ellos son además de relevancia patrimonial. Estamos hablando de espacios de lujo para los que piensan en intervenciones site-specific de gran formato.

A todo eso, se suma el contexto que estamos atravesando a fines del 2021, que no sé si podría atreverme a llamarlo post-COVID o etapa de pandemia tardía, durante el cual, por un lado, ya nos sentimos más libres, un poco menos asustados, pero por otro lado todavía queda un aroma a tensión, control, miedo y desconfianza al acercarnos al otro. En este contexto, focalizamos el encuentro con el arte en zonas que tienen miles de metros cuadrados y están al aire libre, pero sin dejar de lado espacios más pequeños como el Centro Cultural Casa Azul o Esquina Retornable, que son lugares aliados autogestionados. Entonces, tenemos este año en la Bienal dimensiones extremas, desde parques, muelles y mega estacionamientos, donde no hay ninguna limitación en cantidad de público y el acceso es libre, espacios medianos como el Instituto AIEP o Biblioteca Regional, hasta espacios con aforo mucho más limitado, como la Sala de la Fundación Minera Escondida en San Pedro de Atacama.

La línea del destino, muestra de Oscar Muñoz en la sala de arte de la Fundación Minera Escondida, Antofagasta.

Uno de los hitos de esta edición es sin lugar a dudas la exposición La línea del destino de uno de los más grandes representantes de la fotografía contemporánea latinoamericana, Óscar Muñoz. De hecho, la conexión entre Cali (donde vive el artista) y Antofagasta es bastante fuerte, a tal nivel que existe un vuelo directo. Tenemos agendadas varias visitas de la comunidad colombiana en la muestra. Resulta esencial difundir e invitar a la gente a que venga a visitarla porque es la primera vez que Muñoz está exponiendo en Chile.

Exponen artistas de Estados Unidos, Nigeria, Brasil, Polonia, Alemania, Argentina, Bélgica, Francia, entre otros. Y también artistas chilenos de Concepción, Santiago y Antofagasta, manteniendo cierto equilibrio y generando diálogo norte-sur.

Además, junto con el fotógrafo belga Alexandre Christiaens, realizamos una acción ocupa, interviniendo vallas publicitarias abandonadas en el sector norte de la ciudad, devolviéndole la imagen de la costa a través de su creación. En Quillagua, el lugar más árido del planeta, nuevamente tuvieron lugar intervenciones en el cráter. El alemán Johannes Pfeiffer, autor de la obra La memoria de las rocas, estuvo trabajando en el desierto envolviendo rocas con tela roja y memorizando sus formas, para de allí trasladarlas al puerto de la ciudad. Eric Conrad provocó una bomba en redes sociales, colocando como parte de su intervención, sobre el solemne edificio de la Biblioteca Regional en la Plaza Colón, unos calzoncillos blancos gigantes. Los antofagastinos no paran de especular de qué se trata, creando teorías de las más increíbles, y bueno, se trata justo de esto.

La belga Elodie Antoine imaginó el post aluvión en forma de grandes hongos que aparecieron sobre el monumento patrimonial; sus compatriotas Carole Louis y Adrien Tirtiaux instalaron una avalancha de viejos refrigeradores y una mascarilla sobre el Museo de la Ruinas de Huanchaca, respectivamente. Carole además realizó un performance vinculado a la búsqueda, la pérdida y la necesidad humana de tener claridad sobre los que se han ido.

En general, estamos trabajando mayormente en espacios abiertos -y eso es una característica de SACO-, haciendo a los artistas transformar el territorio en un white cube sin cube.

La presencia del arte contemporáneo en espacios públicos sin lugar a dudas aporta a la democratización del acceso al arte. El público se apropia del espacio público con su tiempo, con su cuerpo y a su manera, por lo tanto, si en ese lugar encuentra una obra, es mucho más probable que se atreva a observarla, a reflexionar y a comentar, porque el espacio pertenece a ambos. Entre la persona y la obra se genera un contacto horizontal. Mientras que en el museo o galería la relación es vertical, es un espacio creado para acoger la obra. La obra es bienvenida, está en su casa y la persona que no sabe de arte de repente podría ser un intruso, alguien que siente que no le corresponde estar allí. La importancia de estar trabajando arte en espacios públicos tiene entonces una vertiente política. Hemos experimentado cómo ha aumentado la cantidad de público durante los últimos años; las 40 mil visitas en SACO8 mayormente en el Muelle Histórico corresponden a que la exposición se convirtió en algún momento del invierno del 2019 en moda, en algo entretenido, en algo que mucha gente hacía por pura curiosidad y es ahí donde rompemos la estructura jerárquica y elitista que hoy en día perjudica al arte contemporáneo y su circulación.

La ventana deviene viento, 2021, de Nicolás Consuegra. Intervención site-specific en el Parque Cultural Ruinas de Huanchaca, Antofagasta. Foto cortesía de SACO

AV: Aluvión es el concepto en torno al cual gira la exposición de artistas tanto nacionales como extranjeros seleccionados por convocatoria. ¿Nos cuentas por qué Aluvión y, en líneas generales, cómo las obras seleccionadas exploran esta noción?

DW: Estamos conmemorando un acontecimiento traumático, que ha marcado un antes y después en la historia de Antofagasta, y es el punto de partida para ir expandiendo el concepto de aluvión desde lo metafórico, comprendiendo que cada ciudad, persona y país, han experimentado sus aluviones y se han levantado. En esa época de pandemia tardía propuse a los artistas explorar sobre cómo se sobrevive en un post apocalipsis, el día después de un acontecimiento traumático. Obtuvimos diferentes respuestas, desde las más conceptuales hasta aquellas que se lo toman con humor, entendiendo la risa como una manera de reacción sanadora, contra un estrés que intentamos superar. Tenemos propuestas muy cálidas, como por ejemplo la intervención textil de la artista y profesora de Nigeria, Rita Doris Ubah, donde cada tela e intervención en las obras que ella hace pareciera un abrazo. Su obra contrasta con las europeas que tenemos en el Parque Cultural Ruinas de Huanchaca. Hay un factor interesante de investigar respecto a cómo se enfrenta el post-apocalipsis cuando tienes 23 años y cuando tienes más de 60. Tenemos esa diversidad de generaciones que nos hace pensar sobre ciertas preferencias de lenguajes artísticos y materialidades, los que ofrecen al público un espectro muy diverso.

Mushrooms and mould, Elodie Antoine (Bélgica). Ruinas de Huanchaca, Antofagasta. Foto cortesía de SACO
Cave in for later, de Carole Louis (Bélgica). Ruinas de Huanchaca, Antofagasta. Foto cortesía de SACO
Cave in for later, de Carole Louis (Bélgica). Ruinas de Huanchaca, Antofagasta. Foto cortesía de SACO
Living on the edge, de Adrien Tirtiaux (Bélgica). Ruinas de Huanchaca, Antofagasta. Foto cortesía de SACO

AV: Como ya has mencionado, SACO se caracteriza por sus programas museo sin museo y escuela sin escuela, únicos en su tipo en Chile, y que surgen y se han desarrollado en los últimos años -como sus nombres lo indican- por el deseo de establecer espacios para la exhibición y la pedagogía en lugares donde no estos no existen. Y esto, además, desde un punto de vista situado, es decir, tomando en cuenta las especificidades culturales locales, la incidencia e impacto social esperados, y usando como herramientas la conversación directa, la reflexión colectiva y el aprendizaje horizontal. ¿Qué busca gatillar SACO con estos procesos, no solo a nivel local, sino también en los participantes extranjeros que invitan a Antofagasta?

DW: Buscamos ofrecer una experiencia única como lo es explorar el Desierto de Atacama. El contexto expositivo conlleva en muchos de los casos co-producción con artistas o jóvenes locales; este año tenemos tres proyectos de este perfil. El producir y al mismo tiempo dialogar es una metodología que excluye la imposición, pues exige observación y diálogo. El artista trae experiencia, lenguaje profesional, elementos valiosos que comparte con la comunidad, pero también este grupo le enseña el contexto, hace mucho más real y tangible su experiencia, lo aterriza. Sin la gente ese paisaje es solo una bella foto. Deja de serla cuando aparecen las personas; allí la experiencia deja de ser solo la superficie del landscape y empieza a construirse otra capa. Ahí surgen situaciones muy efímeras, que a veces ni siquiera logramos documentar, sin embargo, estamos convencidos que son de un valor absolutamente esencial y único.

El área expositiva y el área educativa se van cruzando todo el tiempo. Este lugar es una plataforma: el espacio, la producción, la difusión, el networking, la conexión con científicos, todo eso… y esperamos que el invitado a su vez entregue su conocimiento de vuelta, formando un círculo que se cierra: recibo y doy.

Eric Conrad, Mooring, 2021. Intervención site-specific en la Biblioteca Regional de Antofagasta. Foto cortesía de SACO

AV: Tomando en cuenta los escenarios global y local, aún inciertos debido a la pandemia, así como el próximo cambio de gobierno en Chile y la redacción de una nueva Constitución para el país, ¿cuáles son los desafíos que enfrentan ustedes como organización y cuáles crees que son las medidas que aún es necesario tomar para construir mancomunadamente espacios como SACO, que persisten en el tiempo frente a todo tipo de crisis, dedicándose al intercambio de experiencias y saberes en su vinculación con el arte?

DW: Esperamos cambios, que se nos felicite menos a nivel gubernamental, pero que la valoración, tantas veces expresada, se haga realidad con el apoyo no concursable extendido en el tiempo. La inseguridad del sector impide construir proyecciones a mediano o largo plazo, funcionando con un presupuesto que debe adjudicarse anualmente. El sistema de financiamiento nos pone lentes que transforman una vista aguda en una miopía y nos obligan a limitarnos a planificar solo unos meses hacia adelante.

En el contexto más amplio, esperamos que la cultura tenga el lugar que se merece en la constitución de cada país latinoamericano, porque es vital. Deben asegurarse los derechos mínimos de acceso, educación, circulación y dignificación laboral del sector. Esperamos que se comprenda y se plasme en la Carta Magna en Chile el rol que tiene la cultura en el desarrollo integral de la sociedad, que su interacción sea integrada y se expanda de manera transversal a las áreas de educación, ciencia, medios y mundo editorial, con la creación de espacios públicos y comunitarios, valorando el rol de los recursos humanos y la importancia de contar con la infraestructura adecuada para cada fin.

Un factor muy importante es la descentralización del acceso a los bienes culturales, tanto en contexto expositivo como educativo. Es insostenible que, para estudiar artes visuales, historia del arte o cine, desde el norte de Chile se tenga que obligatoriamente emigrar a Santiago. Necesitamos escuelas creadas en base a la historia, valores, contextos, culturas originarias y problemáticas contemporáneas arraigadas en el territorio. No una copia de lo que ya existe en el centro del país, que a su vez es normalmente una copia de Europa. SACO está construyendo desde el contexto local y no desde una matriz ya existente, y eso es lo que deseamos que se desarrolle institucionalmente, por fin, en lo investigativo, en lo formativo y en lo expositivo para el norte y el sur de Chile.


Toda la información de la Bienal SACO la encuentras en su sitio web

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.

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