Skip to content

CABO DE HORNOS. OBRAS RECIENTES DE ADOLFO MARTÍNEZ Y RODRIGO CANALA

En el marco del proyecto Cabo de Hornos, organizado por el artista y académico Enrique Matthey para la Galería de Arte Posada del Corregidor, en Santiago, se presentaron entre el 11 de agosto y el 15 de septiembre pasados las exposiciones Escuela Politécnica, de Rodrigo Canala (1972), y Una cosa lleva a la otra, de Adolfo Martínez (1976).

Cabo de Hornos es un proyecto iniciado en el 2019 que presenta, a través de una serie de duplas de exposiciones, el trabajo de artistas chilenos durante un ciclo de cuatro años. Las muestras se acompañan de un programa de actividades de extensión y mediación en la Posada del Corregidor.

Compartimos los textos que acompañaron a ambas exposiciones.

Adolfo Martínez, “Una cosa lleva a la otra”, Posada del Corregidor, Santiago de Chile, 2022. Foto cortesía del artista.

ADOLFO MARTÍNEZ: UNA COSA LLEVA A LA OTRA

Por Gonzalo Arqueros

Tres obras conforman esta exposición del escultor Adolfo Martínez: Mirar arriba, pasar por alto; Tema libre; y Una cosa lleva a la otra. En la astucia de tomar la parte por el todo, el autor ha dado el nombre de esta última obra al conjunto de las tres –Una cosa lleva a la otra-, con lo que de inmediato queda sugerida la unidad de la exposición, que ahora se nos presenta como una totalidad significante compuesta de tres unidades diferentes pero ligadas con un mismo perfil procedimental, material, formal, temático y, sobre todo, combinatorio.

Adolfo Martínez trabaja en una frontera; su arte se ubica en una zona crepuscular habitada por el mito de la extinción del arte y la certidumbre documental de la cultura. El crítico de arte Guillermo Machuca (1961-2020) observó también el carácter fronterizo en la obra de Martínez y, con su estilo característico, que combinaba agudeza crítica con ironía y adjetivación fisonómica, quiso comprenderla desde el ánimo melancólico y el perfil biográfico que, según él, traducen la experiencia doméstica de los tránsitos del autor entre el campo y la ciudad, entre la ciudad y el campo. Dice Machuca: “Lo campestre o rural se mezcla con lo urbano y citadino. En su obra destacan diversos objetos de uso agrícola untados con otros de procedencia santiaguina” (Todo ruidoso, todo blando, 2020, manuscrito inédito).

Si en sus análisis y notas críticas sobre la obra de Martínez, Machuca no dejó de observar la matriz biográfica que la sustenta, nosotros advertimos que no se trata de hacer obra con la biografía, sino más bien, de la ligadura que esta obra premedita entre biografía y proceder. Lo interesante entonces es que la doble matriz anímica y biográfica que observó Machuca funciona como marco para el desarrollo de la obra en cuanto constituye ante todo una experiencia concreta con la materia y la forma. Esto quiere decir que Martínez nunca deja de ser escultor y su trabajo, es decir, su proceder, consiste en la relación plástica con lo material y lo formal, con las cosas y las palabras, con la historia y la ficción, con la poesía y la prosa. “Plástica” (del latín tardío plastĭca, y este del griego πλαστική plastikḗ) quiere decir modelado, modelar, formar, dar forma.

«Mirar arriba, pasar por alto», de Adolfo Martínez, en “Una cosa lleva a la otra”, Posada del Corregidor, Santiago de Chile, 2022. Foto cortesía del artista.
«Tema Libre», de Adolfo Martínez, en “Una cosa lleva a la otra”, Posada del Corregidor, Santiago de Chile, 2022. Foto cortesía del artista.

El proceder de Adolfo Martínez se compone de un extenso -pero no infinito- inventario de acciones que encuentra su horizonte ahí donde la combinatoria de éstas deviene operación. Es decir, ahí donde la comisión de los actos encuentra sentido, o también, ahí donde se produce sentido o vaciamiento de sentido. Y precisamente una operación fundamental de esta obra consiste en excavar en la existencia material y formal de las cosas y en las relaciones éticas y estéticas, prácticas y teóricas, concretas y simbólicas, aprendidas, ignoradas u olvidadas, que con ellas establecemos.

Ahí donde podemos observar que la proximidad o la distancia entre la composición de una obra de arte  y la disposición a empuñar una azada, más allá de analogías y diferencias, deviene paradoja. De modo que será el proceder del autor, incluidos los viajes periódicos que le llevan más allá del Mapocho, lo que abre el espacio biográfico, mas no como certidumbre sino como lugar de sentido no resuelto, es decir, como un topos que inscribe enigmas y convida espectros.

Una fuente imprescindible para comprender el proceder del autor nos ha sido suministrada por él mismo. Martínez recuerda haber escuchado a los parroquianos de “El Aterrizaje”, un bar de Lampa, un relato que narra cómo su abuelo materno y un amigo se propusieron cazar sesenta tórtolas vivas untando un árbol con pegamento, pero cuando quisieron atraparlas volaron llevándose con ellas el árbol.

Teniendo como fuente la poética de “el mundo al revés” que introduce el relato de los parroquianos del Aterrizaje, podemos aventurar una conclusión parcial y declarar que, en su contextura plástica y de contenido, Una cosa lleva a la otra se experimenta como la articulación sensible de tres configuraciones plástico/formales, compuestas por una diversidad de gestos y elementos técnicos y materiales, combinados y recombinados, unidos unos con otros con el mismo pegamento con que el abuelo del autor embadurnó el árbol de las sesenta tórtolas. 

Vista de la exposición «Escuela Politécnica», de Rodrigo Canala, en Posada del Corregidor, Santiago de Chile, 2022. Foto: Pía Bahamondes

RODRIGO CANALA: ESCUELA POLITÉCNICA

Por Adolfo Matthey

0. ¿Qué elemento distingue a las tutorías de Escuela Politécnica? El paradigma desde el cual se hace, piensa y siente el arte, uno distinto. ¿Cuál es éste? El arte no existe. O, más bien, no existe en tanto absoluto; sería, paradojalmente, un atentado contra la imaginación y la creatividad, un dogma. Solo acontece como forma (visual, sonora, etc.) si se lo experimenta auténticamente, sin instrucciones; un impulso vital. De lo contrario, no es posible.

1. Nada hay que defender –quien defiende, compite– ni nada hay que argumentar –quien argumenta, confunde–; solo la confianza y convicción en aprender de unx, así como el desarrollo de la capacidad de autonomía, autocrítica y autoproducción, bastan; la práctica del arte como una prueba consigo mismx y no frente a otrxs; sin concursos ni sorteos.

2. Las tutorías de Escuela Politécnica –su profe y tutor– cuentan con más de 10 años en el rubro y más de 20 años en el quehacer y la docencia. Su régimen flexible permite que la cantidad y frecuencia de reuniones sea variable (mínimo 4), tanto en formato on-line como in-situ, siendo lxs inscritxs quienes deciden el tiempo/energía invertido.

3. Al concluir el período acordado, Escuela Politécnica emite y entrega un certificado (gráfica autoral) que acredita la participación en el taller. ¿Para qué acreditar? Para registrar una marca, un signo, una huella, un dibujo, una imagen.

Vista de la exposición «Escuela Politécnica», de Rodrigo Canala, en Posada del Corregidor, Santiago de Chile, 2022. Foto: Pía Bahamondes
Vista de la exposición «Escuela Politécnica», de Rodrigo Canala, en Posada del Corregidor, Santiago de Chile, 2022. Foto: Pía Bahamondes

También te puede interesar

CLAUDIO BERTONI, El taller del artista, circa 1980
,

Algunas Reflexiones para el Momento Actual

Como artistas, debemos tener mucho cuidado con creer que estamos combatiendo, "evadiendo" o burlando al sistema, cuando en realidad le estamos siguiendo el juego, alimentándolo y fortaleciéndolo. Hace mucho rato que el capitalismo se...