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DESCOLONIZANDO EL SUR (Y EL SER) DE CALIFORNIA

La historia de Los Ángeles no puede no leerse sino desde su historia colonial y lo que Aníbal Quijano llamó la “colonialidad del poder”, es decir, la continuidad del genocidio humano y epistémico colonial luego de las independencias en América Latina a comienzos del siglo XIX. Así lo muestra, por ejemplo, el famoso mural en el Valle de San Fernando Great Wall of Los Angeles. Realizado en 1978 por la muralista chicana Judy Baca en colaboración con más de 400 jóvenes afiliados al Social and Public Art Resource Center (SPARC) -una comunidad artística fundada por Baca y con sede en Venice-, en media milla de longitud el mural narra una historia decolonial que va desde la vida nativa antes de la “invención” de América, por citar a Edmundo O’Gorman, hasta el trabajo forzado asiático, la deportación de mexicano-americanos, y las luchas por los derechos del trabajo de activistas mujeres, como la inmigrante guatemalteca Luisa Moreno. Así, el mural enfatiza el rol central en Los Ángeles de los pueblos nativos, las culturas afrodescendientes, las diásporas asiáticas, armenias y latinoamericanas y, por su puesto, del mundo chicano, y lo hace desde una perspectiva feminista y plural.

Localizado a pocos kilómetros del Paseo de la Fama de Hollywood y del muelle de Santa Mónica, Great Wall of Los Angeles bien se aleja de la “industria cultural” que criticaba Theodor W. Adorno en su Dialéctica de la Ilustración (1944). Escribiendo desde el exilio por la masacre nazi en los Pacific Palisades del Gran Los Ángeles, con el concepto de “industria cultural” Adorno alertaba del peligro que generaba la homogenización de la cultura de masas en el imperio hollywoodense. Pero si bien es cierto que dicho imperio aún da forma a la homogeneidad de la cultura de masas en el contexto del neoliberalismo global, también es cierto que más allá de aquella forma hiperreal existen otras formas, otras culturas y comunidades que, entre otras cosas, reclaman las tierras que les siguen siendo robadas por el colonialismo y la colonialidad en curso.

Judith Baca y 400 jóvenes del Social and Public Art Resource Center (SPARC), The Great Wall of Los Angeles, 1978. Valle de San Fernando, CA, EEUU. Foto: Florencia San Martín
Judith Baca y 400 jóvenes del Social and Public Art Resource Center (SPARC), The Great Wall of Los Angeles, 1978. Valle de San Fernando, CA, EEUU. Foto: Florencia San Martín

El mural de Baca y el SPARC muestran esa historia oculta por la idea de Hollywood sobre el colonialismo y su continuidad. De hecho, la primera retrospectiva de esta artista, educadora, intelectual pública y activista comunitaria llevada a cabo actualmente en el MOLAA, el único museo dedicado al arte latino y latinoamericano moderno y contemporáneo en Estados Unidos, ubicado en Long Beach (California), se titula Judy Baca: Memorias de Nuestra Tierra.

Más recientemente, la instalación Never Forget del artista tlingit y unangax̂, Nicholas Galanin, bien visibiliza el problema de la tierra en relación con la memoria y la idea de lo “nuestro” vinculados con la colonialidad, haciendo un paralelo discursivo con la retrospectiva de Baca en el MOLAA.

Realizada este año para la bienal Desert X 2021, en el Valle de Coachella, el artista expande y problematiza, diríamos, el concepto de Adorno, criticando la promoción de una modernidad blanca que deviene del Hollywood sign. Es así que Galanin “escribe” Indian Land con la misma tipografía del mítico cartel de la fama y en formato de escultura pública. Y lo hace en dicha bienal del desierto en California del Sur y, más específicamente, en la nación Cahuilla o, agregaríamos, en su versión colonial conocida como Palm Springs. Sí, el lenguaje no es para nada invisible o universal.

Desde una perspectiva decolonial, museos como el MOLAA y muchas otras instituciones en California del Sur no hegemónicas como LACE (Los Angeles Contemporary Exhibitions), además de bienales como Desert X y, ciertamente, el muralismo y el pensamiento de borde de las “movidas” chicanx, han venido elaborando discursos críticos estéticos, afectivos y políticos que avanzan hacia la descolonización del ser, como lo pone la crítica chicana Chela Sandoval en su libro Methodology of the Oppressed (2000). Sin embargo, y esto tampoco es de extrañar, el llamado “mundo del arte”, en la promoción constante de su fachada y rapidez, ha ignorado muchas de estas prácticas y discursos.

Este año, por ejemplo, durante la llamada Semana del Arte en Los Ángeles, llevada a cabo entre finales de julio y comienzos de agosto, Felix Art Fair, una feria inaugurada recientemente y producida por un coleccionista en el hotel Roosevelt, en Hollywood, ofrecía a los visitantes la posibilidad de contemplar las obras desde una lujosa piscina localizada al centro del espectáculo. Para ello, el público debía pagar una entrada de $75 dólares, desenterrando ejemplarmente la relación entre mercado, arte y entretenimiento al que se refería Adorno con el concepto de “industria cultural”.

Pero, al mismo tiempo, al menos en lo que se refiere al arte latinoamericano y latino y de manera más visible después de la ambiciosa iniciativa de la Fundación Getty titulada Pacific Standard Time: LA/LA (PST: LA/LA), realizada entre 2017 y 2018 en California del Sur, otras ferias de arte, como la sección DIVERSEartLA en el LA Art Show, han mirado con más detención prácticas desobedientes respecto a la producción artística de la región.

Nicholas Galanin, Never Forget, 2021. Cortesía: Desert X

DIVERSEartLA la organiza cada año la curadora argentina radicada en Los Ángeles, Marisa Caichiolo. Con experiencia en las bienales de La Habana, Casablanca y Denver, en Colorado, y participando además de PST: LA/LA con la muestra Deconstructing Liberty: A Destiny Manifested en Muzeo Museum en Anaheim (CA), Marisa ha trabajando con artistas tan diversos como el cubano Carlos Martiel y el pintor japonés naturalizado brasileño, Manabu Mabe. Al mismo tiempo, en 2005, Caichiolo fundó Building Bridges Art Exchange (BBAX), una organización de arte centrada en arte latinoamericano localizada en Bergamot Station Arts Center en la ciudad costera de Santa Mónica.

Debido a su labor como curadora independiente y como fundadora de BBAX, desde hace seis años Caichiolo organiza DIVERSEartLA, en cuyo corazón se encuentra la inclusión de prácticas museales y artísticas críticas desarrolladas por artistas e instituciones latinoamericanas y latinas. “LA Art Show tiene 26 años y, hasta hace dos años cuando llegó Frieze, era la feria más grande de Los Ángeles”, explica Marisa. “Se trata de una feria muy diversa que funciona como espejo de la ciudad”. El marco curatorial, explica, tiene dos objetivos: primero, generar diálogos en torno a problemáticas estéticas contemporáneas con foco en América Latina y el mundo Latino; y segundo, educar e integrar a la comunidad para desterrar la idea de que las ferias de arte son solo para la elite, invitando al público a pensar temas actuales en el campo de lo cultural, lo político y lo social.

En su versión actual, esta sección se centró en el tema de las mujeres y las subjetividades y cuerpos no binarios en relación con el arte y la tecnología, incluyendo, entre otras, una curaduría propuesta por Chon Noriega, académico del departamento de Cine, Television y Medios Digitales y del Chicano Studies Research Center en UCLA, y otra por Fabian Goncalves, curador de fotografía del Art Museum of the Americas (AMA).

La curaduría de Chon Noriega, cuyo trabajo explora el arte Chicano y Latino desde sus historias estéticas, sociales e instituciones, examina el arte mediático reciente producido durante la pandemia por dos artistas basadas en Los Ángeles: Carmen Argote (México, 1981) y Zeynep Abes (Turquía, 1993). Como se explica en el sitio web de DIVERSEartLA, estas artistas abordan el momento cultural y político actual en relación al cuerpo, la memoria, las huellas del archivo y el paisaje urbano, tomando como punto de partida la experiencia de la inmigración en tanto relato personal y realidad sociopolítica. En Last Light, por ejemplo, Argoteutiliza imágenes y sonidos que encuentra en sus paseos por Los Ángeles durante la pandemia como sustrato para una meditación sobre la enfermedad y la destrucción. Recurriendo a la ciencia y la medición, Argote propone medir su cuerpo en relación con la escala de la ciudad y el mundo, utilizando la base de todo el arte, la mano, para establecer la escala”.

Conversando con Fabian Goncalves, a cargo de la otra curaduría para DIVERSEartLA, me comenta sobre la visión hemisférica del AMA, centrada en la colección, exhibición y promoción del arte y la cultura desde Canadá hasta Tierra del Fuego. Este es un punto importante, considerando la exclusión del Caribe no hispanohablante y de países en América Central por los “grandes relatos” del arte en las Américas. Más específicamente, respecto al tema de este año de DIVERSEartLA, Goncalves me explicó que, para él, lo femenino y lo no binario existen más allá del autor, incorporando en dicho relato el referente de la imagen en el medio fotográfico. Por lo mismo, dicho stand incluía una serie de fotografías que, habiendo sido exhibidas anteriormente en el museo, celebraban la existencia de la pluralidad en oposición a lo heteronormativo. Se celebraba entonces el rol de la mujer en relación, por ejemplo, al ganado en la Patagonia, como también el rostro y la mirada femenina enfrentando al lente unidireccional de la cámara fotográfica.

Este stand, al mismo tiempo, incluía performances de tres artistas que, durante los días de la feria, los expandieron por todo el LA Convention Center, sede de la feria. El artista venezolano Luis Cobelo (él), por ejemplo, asistió a la feria como la hermana que siempre deseó y nunca tuvo: Pilar (ella). Radicado en San Francisco, Cobelo elabora un duelo que es al mismo tiempo su deseo por lo familiar ausente, con una Pilar que camina, observa, mira, sonríe, se enoja. Así, Pilar existe en su totalidad, cuestión que se genera desde los complejos tejidos que permite el género desde el lugar de la representación. No se trata de una travesti que mantiene la identidad de Cobelo mediante el vestuario femenino y transitorio, sino de Pilar, una mujer de mediana edad que al existir se reúne con Cobelo, construyendo una memoria doméstica familiar en el espacio de la imaginación que permite la representación.

Luis Cobelo, Pilar, performance, 2021. Curado por Fabian Goncálves, AMA Art Museum of the Americas, Washington DC. Foto cortesía de Marisa Caichiolo

Otra artista invitada por Goncalves es la artista chilena radicada en Nueva York, María Verónica San Martín*. Intercalando escultura y performance, su obra, Dignidad, se compone de un complejo sistema de códigos transnacionales que develan los crímenes llevados a cabo en Colonia Dignidad. Creando una escultura de acero que recuerda la contingencia del caso en el presente, mediante su manipulación en el espacio la artista convierte un objeto geométrico en esvástica y luego lo borra, una y otra vez. Dicho de otro modo, una forma a primera vista abstracta termina por representar algo tan horroroso como el genocidio nazi mediante su signo mas atroz, cuestión que luego la artista hace desaparecer, aunque nunca del todo.

Así, San Martín politiza la abstracción negando su afiliación a la modernidad universal y trascendente, añadiendo a dicha forma el discurso abierto de la memoria. Alterando bruscamente la estructura como si fuera una extensión en su cuerpo, la artista se arrastra por el espacio de la feria abriendo y cerrando el objeto de acero, como si su cuerpo sintiera el dolor del archivo, de la existencia nazi en el sur de Chile. Se trata de un caso abierto, como lo puso el escritor chileno Matías Celedón leyendo Dignidad. Y, como tal, la caja que es el objeto que la artista manipula y extiende en su cuerpo existe para activarse en el momento siempre presente del performance, conectando de manera refrescante dos medios diferentes mediante temporalidades en curso.

María Verónica San Martín durante su performance «Dignidad» en el Archivo Nacional de Chile, 2018. Cortesía de la artista
María Verónica San Martín durante su performance «Dignidad» en DIVERSEartLA, Los Ángeles, CA, EEUU, 2021. Foto cortesía de Marisa Caichiolo

La tercera artista invitada por Goncalves fue la mexicana Yolanda Leal. Para la ocasión, Yolanda presentó su performance Gorilla Nature. Vistiendo de gorila para desafiar los estereotipos del público y, con ello, recordando las performances y el anonimato feminista de las Guerrilla Girls, Yolanda caminaba por la feria filmando al público, invirtiendo la relación entre espectador y objeto. Como me explicó la artista, Los Ángeles provoca el deseo de ser filmado, reproducido, tal como lo pensaba Adorno desde el exilio frente al mar. Por lo mismo, Yolanda se desplaza por la feria como un paparazi más en la alegoría y la presencia de la alfombra roja y de los flashes, resistiendo a ser objeto tanto de la mirada heteronormativa como de la catarsis del espectáculo. Yolanda, vestida de gorila, desenmascara las máscaras del espectáculo y la cultura machista del mundo como lo conocemos. La máscara, en otras palabras, es la que le permite a Yolanda pensar críticamente la colonialidad masculina de la mirada en el contexto postcapitalista del presente.


*N.d.E: María Verónica San Martín es hermana de la autora.

Florencia San Martin

Nace en Santiago, en 1982. Profesora asistente de Historia del Arte y Culturas Globales en California State University, San Bernardino, donde enseña y escribe sobre arte contemporáneo, metodologías decoloniales y políticas de memoria en las Américas. Sus escritos han aparecido en inglés y español en publicaciones como ASAP/Journal, Latin American and Latinx Visual Culture, ILLAPA Mana Tukukuq y Transmodernty, y su investigación ha sido apoyada por instituciones como el Smithsonian American Art Museum, Rutgers University y CONICYT. Florencia tiene un doctorado en historia del arte por Rutgers University, un magister en escritura creativa en español por New York University y un BA en artes visuales por la Universidad Católica de Chile. En la actualidad trabaja en tres libros: el volumen "The Routledge Companion to Decolonizing Art History", que coedita junto a Tatiana E. Flores y Charlene Villaseñor Black; el volumen "Within and Beyond Chile: Notes on Contemporary Art and Visual Culture", que coedita junto a Carla Macchiavello y Paula Solimano para Amherst College Press; y una monografía basada en su disertación doctoral titulada "The Decolonial Project of Alfredo Jaar".

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