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“EL HACINAMIENTO LE DIO OTRA DINÁMICA A LA ESCUCHA”. COLECTIVO SUR AURAL ENTREVISTA A SONANDES

La última edición del Festival de Arte Sonoro Tsonami, realizado en diciembre del 2020, ocupó por primera vez el formato radial para su realización, proponiendo formas alternativas de encuentro y escucha ante la crisis sanitaria global.

En su XIV edición, el festival se expandió de la ciudad de Valparaíso como centro de la acción/investigación hacia el territorio radiofónico y, en este contexto, se produjeron instancias colaborativas con otras organizaciones y colectivos del mundo. Desde Bolivia, Sonandes y Sur Aural desarrollaron trabajos radiales para el festival, dando cuenta del vínculo entre el territorio boliviano y lo sonoro.

Sonandes es una plataforma para la experimentación e investigación de arte sonoro dirigida por Guely Morató. En 2018, se une el artista Víctor Mazón aportando en la curaduría y coordinación de contenidos. El colectivo Sur Aural es una organización dedicada a investigar la relación del sonido y la escucha en el territorio latinoamericano que opera desde Santa Cruz de la Sierra. 

Tsonami en colaboración con Artishock articulan un diálogo entre Guely Morató, de Sonandes, y Ozzo Ukumari, del colectivo Sur Aural, para pensar las dinámicas de un año de confinamiento, las prácticas de arte sonoro en Latinoamérica y su relación con Tsonami.

Ozzo Ukumari: ¿Qué es Sonandes hoy en día? ¿Bajo qué circunstancias nace? 

Guely Morató: Sonandes es una plataforma para la experimentación e investigación. Nace en 2014 como la Bienal Internacional de Arte Sonoro en Bolivia. En ese momento, el interés se centró en valorar la escucha; de hecho, las tres ediciones realizadas son Escucha y Memoria (2014), Escucha y Espacio Público (2016) y Escucha expandida (2018). Percibíamos que no existía un espacio dedicado al sonido como materia plástica y tema de investigación. Casi toda la producción artística estaba centrada en lo visual, y lo sonoro se comprendía desde la música formal, la cual estaba rompiendo caminos formales y académicos. Había una escena under que se vinculaba con el ruido, pero todo se activaba desde la interpretación y los escenarios.

Desde Sonandes logramos forjar el concepto de arte sonoro en la sociedad y en las instituciones que al día de hoy han abierto este espacio en sus convocatorias y categorías.

Una característica de la bienal fue realizarla en el espacio público; creo que ese es uno de los valores más relevantes: nos enseñó mucho y generó otra dinámica tanto para los creadores como para los interlocutores que se encontraban con las obras en la ciudad.

OU: ¿Qué espectros y qué amplificaciones han resonado, o tal vez aciertos o desaciertos que forjan ese rango dinámico en el paso del tiempo y que de alguna manera ecualizan o filtran intereses y posiciones, desde las ediciones pasadas hasta ahora?

GM: Sacar los contenidos de las galerías y espacios convencionales representaba retos en muchos sentidos, tanto para la logística de la organización como para los creadores que abandonaban la cómoda y segura caja y se enfrentan a interlocutores que cuestionan o se impresionan, es decir, la reacción en la calle es muy distinta a la que pueda tener la gente en un espacio cultural. Remarco esto como algo fundamental de la identidad de la Bienal.

También nos esforzamos por alejarnos de los audífonos, trabajando con el sonido en el espacio. Es una línea de trabajo que queremos seguir. Entiendo que los audífonos pueden acercar a una experiencia de escucha de “mayor calidad”, pero por otro lado me parece un camino fácil.

Es interesante trabajar con el sonido del entorno, la espacialidad, entendiendo la contaminación como una oportunidad. Eso fue creando una identidad en los encuentros.  Actualmente Sonandes cuenta con una Bienal, un programa de residencias, laboratorios, e impulsa procesos formativos y publicaciones.

OU: ¿Desde dónde y cómo se articula Sonandes con la «escena» sonora en Latinoamérica y a nivel global?

GM: Los laboratorios son el pulso de Sonandes, son la esencia desde su fundación, son colaboratorios. Como mencionaba antes, la bienal impulsó la creación de obras colaborativas e individuales. Al ser una Bienal, creíamos que era importante generar actividades el año que no sucede la bienal. De esta manera, fuimos impulsando distintos procesos de investigación a lo largo de los años, siempre con la idea de crear desde la reflexión colectiva.

En 2018 creamos la primera edición de Puertos: Programa de residencias de creación, activándose en seis ciudades de Bolivia: Santa Cruz, Tarija, La Paz, El Alto, Cochabamba y Copacabana. Puertos se compone de tres claves: un residente invitado-visitante, un residente local, y una comunidad específica de trabajo. En la primera edición las residencias tenían una duración aproximada de 3 a 4 semanas y todas concluían con una muestra pública en la ciudad en las que se desarrollaron. De esta forma se aporta a la formación de públicos y expande las prácticas sonoras contemporáneas en otros territorios, además de La Paz, la cual es la sede de Sonandes.

OU: Tras romper la primera barrera entre la idea y el hecho, o cómo se configuran las redes y qué proyectos conllevan, ¿podrías contarnos sobre las experiencias de los laboratorios realizados con DLP y Víctor Mazón? ¿Cómo se dan alianzas concretas y futuras?

GM: Las primeras cuatro residencias generaron instalaciones que fueron montadas en cuatro contenedores de barco que se distribuyeron en lugares claves de La Paz y El Alto. INFRA: Variaciones para cuerpos, espacio y sistema de subgraves es el resultado de la residencia realizada en Cochabamba, dónde Víctor Mazón (España), DLP (Bolivia/Argentina) y un grupo de jóvenes de ASORCO (Asociación de Sordos Cochabamba) realizaron una experiencia de escucha expandida a partir de las vibraciones y el cuerpo. Para ello, trabajaron con infrasonidos, generando una gran presión acústica. Esa semilla permitió desarrollar un proyecto mucho más grande. Con el apoyo de distintas instituciones y premios internacionales logramos organizar una gira por La Paz, Medellín, Buenos Aires y Montevideo. Desarrollamos laboratorios con comunidades de sordos en cada ciudad, diseñamos una plataforma online y actualmente estamos terminando un documental y un libro sobre la investigación.

La experiencia con INFRA nos abrió muchas puertas-puertos, nos recargó las energías y hoy representa un modelo de lo que se puede alcanzar a partir de Puertos. En 2021 se lanzará la segunda edición con procesos de residencias más extensos y estará activo de enero a diciembre. Puertos forma parte de The Witness, una investigación intercontinental y colaborativa que se activa de 2021 a 2023. El primer año se centra en América y participan las Universidades de Concordia, McGill, Harvard, Sapahara Nation, Labverde y Sonandes. La investigación recorre Canadá, Estados Unidos, Ecuador, Brasil y Bolivia, con una exhibición a final de año en Zürich (Suiza).

Puerto Minas es parte de The Witness pero se abren tres puertos más. En 2021 nos centraremos en los departamentos de Chuquisaca, Potosí y Oruro. Estamos en plena implementación y tenemos muchas expectativas para esta segunda edición.

OU: ¿Cuáles crees que sean los aportes del arte sonoro en el contexto de crisis/pandemia que estamos viviendo actualmente?

GM: Tengo muy presente una frase de Ana Lidia Domínguez (México), Coordinadora de la Red de Estudios sobre el Sonido y la Escucha, con quien tuve la fortuna de trabajar en 2020. Ella sostuvo que “durante la pandemia, la gente se dio cuenta que el mundo suena”.

El encierro significó un momento de escucha, la retina estaba vomitando imágenes que le llegaban de internet y estaba aburridísima de ver las cuatro paredes que la rodeaban. El hacinamiento le dio otra dinámica a la escucha. Todas estaban grabando desde sus ventanas, maravilladas y aterradas por el cese de los sonidos del Antropoceno. En este punto creo que fue importante este giro sensorial.

OU: ¿Crees que es necesario tener un rol político como festival?

GM: Creo que todo arte es político, somos seres políticos. Por ello decidimos no realizar la cuarta edición de la Bienal. Para nosotros la Bienal es un encuentro y un momento de celebración, no había mucha coherencia ante la situación: gente perdiendo a sus seres queridos y el clima de represión y terror desatado desde los Estados.

Desde Sonandes apoyamos plenamente a los colegas que optaron por desarrollar sus festivales y actividades online y participamos activamente en la programación de los mismos. Aunque abro una crítica al entendimiento de que lo online, tristemente para muchos -no todos-, es sinónimo de redes sociales.

No comparto que Facebook sea el repositorio de contenidos culturales porque es una corporación disfrazada de “espacio público”, y este fenómeno quedó al descubierto durante la pandemia, donde los museos y centros culturales usaron las redes para verter sus contenidos sin ninguna posición crítica, ni reparo de lo que ello significa.

OU: ¿Cuál es la postura o desde dónde se posiciona Sonandes como medio de propagación-amplificación sonora?

GM: Desde la Bienal hicimos silencio. Este es un tiempo muy sensible que significa mucha introspección y escucha, por ello no elegimos, como sugiere la pregunta, propagar o amplificar, por lo menos no como Bienal. Nos resonó la mítica frase “el show debe continuar”. Desde nuestra autonomía podemos parar, no hay un POA (Plan Operativo Anual) que sea obligatorio. Como seres sentipensantes tenemos la oportunidad de guardar silencio y ser resilientes. Esa fue nuestra alternativa política como Bienal.

Desde la gestión cultural se observa con sensibilidad el hecho de no realizar una edición, romper la continuidad. El confinamiento significó una crisis del cuerpo individual y social. Estamos pensando las acciones que queremos tomar para las siguientes ediciones, desde los contenidos hasta la materialización de estos.

La bienal trabaja con el espacio público, con procesos de creación colectivos, con la geografía y topografía de la ciudad. Hay mucho que toca replantear para tomar un nuevo rumbo para la Bienal.

Sin embargo, desde los laboratorios desarrollamos interesantes proyectos como [e.] Espaciario, una muestra virtual generada para el Festival In/Out con sede en Brasil. Este festival, en su primera edición, proponía formas de imaginar el uso de internet. Realizamos ocho ensayos multimedia con diferentes creadores bolivianos, en los que reflexionamos críticamente sobre temas sensibles que provocó el encierro: cierre del año escolar, violencia estatal, crisis del cuerpo, hacinamiento, relación con la respiración y los espacios fuera de la urbe.

También colaboramos con Auditum, festival en Medellín, para quienes realizamos una pieza llamada Necropólicas, un acercamiento al lenguaje y los medios. Además, realizamos un conversatorio en coordinación con la Red de Estudios sobre el Sonido y la Escucha, junto a Ana Lidia Domínguez, con quien realizaremos la investigación en 2021 y 2022.

Tsonami nos invitó a participar con dos piezas realizadas especialmente para la edición de este año, que se llevó a cabo en formato radial, dándonos la oportunidad de presentar la investigación Puerto Minas.

Desde agosto empezamos a trabajar de cerca con el equipo de Novas Frequências de Brasil, festival que recibirá The Witness en 2021. Formaremos parte del encuentro de Toda la Teoría del Universo 2021, en Concepción, Chile. La situación nos permitió cooperar con colegas con los que venimos trabajando hace muchos años. Fue muy grato percibir el espacio que Sonandes tiene dentro del trabajo realizado desde el sonido en Latinoamérica. Hemos activado muchas líneas de trabajo y procesos de pensamiento crítico. 

OU: ¿Cuál es el vínculo entre Sonandes y Tsonami? Más allá de la obvia relación sonora (comisariado-curatorial-artístico), podríamos hablar de las experiencias de Sonandes, las visitas y trabajos de acompañamiento y voluntariado en Valparaíso.

GM: En 2013 se realizó Reudo en Arequipa y asistimos por invitación de Marco Valdivia. Estaba presente Ana María Romano, directora del Festival Tiempo Real de Colombia, Agnes Paz también asistió, y en ese entonces aún no existía Electromagnética, ni Sonandes. Allí conocí a Fernando Godoy y Rodrigo Ríos, que llevaban varias ediciones de Tsonami. Meses más tarde participé en una pieza en Tsonami facilitada por John Grzinich. Ese fin de año me reuní con Fernando y él me impulsó a realizar la primera edición de Sonandes; generamos una alianza que permitió la llegada de Francisco López (España) y Diatribes (Suiza). Tanto Godoy como Ríos fueron invitados por Sonandes para desarrollar distintos procesos formativos y creativos; a partir de ese momento se mantiene una relación de cooperación y trabajo internacional que permitió una interesante circulación de artistas.

Las visitas a Tsonami han servido para identificar e invitar a creadores de distintas latitudes que a lo largo de los años han nutrido los procesos de creación colectiva tanto para las bienales como para los laboratorios de Sonandes. Tsonamies un festival enorme que permite acceder a creadores de gran renombre y nuevos talentos.

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